Cómo programar sesiones de escritura fructíferas

Llega septiembre y, con él, los buenos propósitos.

Ya es un lugar común plantearnos nuevos objetivos en esta época o desempolvar los que nos hicimos el pasado enero e incluso el septiembre anterior. De hecho, también es un lugar común hablar sobre ello y en los próximos días te vas a topar con más de un artículo, vídeo o podcast que hable sobre este tema.

Ahora bien, lo cierto es que septiembre, al menos en el hemisferio norte, parece proponernos un reseteo: volvemos descansados de las vacaciones y toda esa energía pide ser empleada. ¿En qué? Naturalmente, en todos esos proyectos y planes que nunca te has decidido a abordar o en esos otros que alguna vez comenzaste, pero que fueron quedando abandonados por el camino.

Cuando eres escritor, septiembre es un momento ideal para repasar tus proyectos de escritura, evaluar qué necesitas hacer para concluirlos y ponerte manos a la obra. Y eso significa una cosa: escribir.

Hay dos cosas que debes tener si eres escritor:

En el par de artículos que te enlazamos tienes algunos consejos para edificar tu hábito y construir tu rutina que seguro que te serán útiles. Si todavía no los tienes puedes empezar por ahí.

Ahora bien, supongamos que ese no es tu caso. Tú sueles escribir de forma habitual, incluso has reservado un momento determinado del día o de la semana en que no hay nada que te pueda apartar de trabajar en tu obra. Lo que sucede es que tus sesiones de escritura no son todo lo productivas que a ti te gustaría.

Al final el tiempo reservado finaliza y tú te quedas con la sensación de que no has avanzado todo lo que quisieras. Puede que no hayas escrito la cuota de palabras que te habías fijado; puede que lo que has escrito te parezca errabundo y sospeches que lo más probable es que acabe por ser eliminado; o puede que directamente no sepas en qué se te ha ido el tiempo, porque has escrito más bien poco.

Todos esos problemas son fruto de no programar adecuadamente tus sesiones de escritura.

Cómo programar sesiones de escritura fructíferas

Cuando ya tienes el hábito de la escritura y esta forma parte de tu rutina debes ir todavía un poquito más allá programando bien tus sesiones de escritura.

De acuerdo, tú te has reservado todos los días un par de horas de cuatro a seis para escribir, pero ¿cómo organizas ese par de horas para sacar de ellas el máximo rendimiento? ¿Te sientas a escribir y esperas que la inspiración fluya?, ¿o tienes un plan al que tratas de ceñirte?

En el fondo ya lo sabes: cuando dejas que las cosas rueden por sí solas es muy difícil alcanzar las metas que te has propuesto. Y esa es una verdad que sirve lo mismo para tu sesión de escritura de hoy que para tu carrera de escritor en general.

Por tanto, vamos a repasar cuatro sencillas cosas que puedes empezar a hacer para que tus sesiones de escritura sean realmente efectivas y provechosas.

Desglosa por fases tu proceso de escritura

La mayoría de vosotros no tenéis un proceso de escritura bien definido y tendéis a mezclar tareas.

Escribes un par de páginas y te detienes para revisarlas, entonces te das cuenta de que te falta un dato y abres el navegador para localizarlo (en internet además te entretienes durante un rato mirando las últimas publicaciones de tu timeline) y cuando llegas a esa escena un poco complicada se te ocurre hacer un esquema que te ayude a aclararla.

¿El resultado? Una sesión de escritura algo caótica, en la que has hecho un poco de todo, pero en la que en realidad no has avanzado de manera significativa en nada.

Nuestra recomendación es que empieces por definir de manera adecuada tu proceso de escritura: primero se planea, luego se documenta, a continuación se escribe, después se revisa, luego se reescribe y por último se corrige.

Hacerlo así te permitirá determinar qué tarea exacta vas a hacer ese día: escribir, revisar, reescribir, planificar, documentarte…

Tus sesiones de escritura deberían estar dedicadas a una de esas cosas y solo a una.

Trabaja por bloques

Es el consejo más efectivo que te podemos dar y está directamente relacionado con el punto anterior.

Cada fase del proceso de escritura es distinta y requiere diferentes recursos y niveles de concentración. No es lo mismo crear el plan previo de tu novela, que recopilar información para documentarte, que entrar en modo escritura.

Algunas de estas tareas son más distendidas, otras requieren una gran concentración y otras todavía ponen en juego además tu creatividad. Por eso los expertos en productividad te dirán que agrupes tareas similares o, mejor todavía, que te concentres en una sola durante toda la sesión e incluso durante varias sesiones consecutivas.

Este modo de abordar el trabajo tiene dos ventajas:

La primera es que evitas saltar de tarea en tarea. Los expertos señalan también que se pierden entre seis y nueve minutos cada vez que saltas de una actividad a otra. Ese es el tiempo que tarda el cerebro en llegar de nuevo a su máximo rendimiento.

Si te centras en una única actividad te ahorras esos minutos de desajuste que merman tu productividad sin que te des cuenta.

La segunda ventaja de trabajar por bloques es que cuando te centras te concentras (perdón por el mal juego de palabras).

Cuando te dedicas durante varias horas seguidas e incluso durante varios días a una tarea en exclusiva, logras meterte en ella de una manera que no alcanzarás si le dedicas tu tiempo y tu atención de manera ocasional o fragmentaria.

Esto, que vale para cualquier actividad, es especialmente cierto cuando hablamos de la escritura.

Escribir es un trabajo intelectual y creativo, requiere concentración e incluso un estado anímico especial. Sabes que en Sinjania abjuramos de las musas y de la inspiración, pero no se nos escapa que escribir es una actividad mental y especulativa que requiere un talante propicio para desarrollarse.

Entrar en ese estado de ánimo requiere algo de tiempo, no es inmediato. Cuanto más tiempo pases concentrado en la escritura, más momentum adquirirás y mejor fluirá el trabajo. Y ese momentum se mantiene e incrementa de día en día.

Planifica

Para poder trabajar por bloques, además de tener claro tu proceso de escritura, es necesaria la planificación.

Antes de sentarte a escribir esa historia que tienes en la cabeza lo primero de todo tienes que hacer el trabajo previo: desbrozar el argumento y definir las líneas argumentales, esbozar el arco dramático de los personajes, identificar el conflicto, decidir la estructura… Todo lo que te aprenderás a hacer en el Curso de Novela.

Es decir, tienes que conocer tu historia de manera detallada para que después la escritura pueda fluir.

Además, mientras realizas el plan previo detectarás sobre qué necesitas documentarte o cuánto worldbuilding tendrás que preparar. De manera que justo después de la planificación podrás ponerte a ello para que durante la escritura no te veas obligado a detenerte para recabar datos o inventar cómo son los ritos religiosos de la raza protagonista de tu novela de fantasía.

Luego, a la hora de escribir, podrás centrarte en desarrollar la historia que ya conoces tan bien, sin tropiezos ni bloqueos. Solo sentarte, crear y disfrutar.

¿Más ventajas de la planificación? Que el primer borrador es mucho más robusto y las labores de revisión y reescritura son más livianas. O que, al tener los matices de la historia claros, mientras escribes puedes prestarle más atención a la prosa, al ritmo de las frases y a la elección de las palabras. Por si te interesa, aquí tienes algunas ventajas más de refinar tu idea antes de comenzar a escribir.

Sabemos que a muchos os disgusta mucho todo esto de la planificación. Queréis sentaros y llenar de palabras un documento. Pero todo lo que acabamos de referir es también escribir, es también trabajo de escritor: la planificación, la documentación, la reescritura… Y lo mejor es que tengas un método efectivo para realizar cada una de esas tareas.

Si planificas, podrás luego dividir tu trabajo en bloques y emplear tus sesiones de trabajo de manera más productiva.

Usa la técnica de las escenas inconclusas

Ya hablamos de esta técnica cuando te dimos algunas ideas para crear el hábito de la escritura.

Con frecuencia, la causa de no escribir a diario o de que las sesiones de escritura no sean provechosas tiene que ver con que no se sabe por dónde proseguir. Escribir no es un trabajo mecánico, retomar el trabajo interrumpido el día anterior no siempre resulta sencillo.

Una manera de reanudarlo con mayor facilidad consiste en dejar el trabajo en medio de una acción, un diálogo o una descripción. Así al día siguiente solo tendrás que retomar desde donde lo dejaste y te resultará muy sencillo continuar a partir de ahí.

Juan Rulfo, en Pedro Páramo, treinta años después, explica:

Dejaba párrafos a la mitad, de modo que pudiera dejar un rescoldo o encontrar el hilo pendiente del pensamiento al día siguiente.

Prepara con antelación tus sesiones

Otro modo de asegurarte de que tu sesión de escritura será provechosa es planificarla con antelación.

Si divides el proceso de escritura en varias fases, tal como te aconsejamos, podrás en primer lugar determinar un orden al que ceñirte. En lugar de saltar de una tarea a otra, sabrás si ahora toca escribir, documentarte o revisar.

Si además has creado un plan previo al que ceñirte a la hora de escribir, durante la fase de escritura podrás avanzar de manera ordenada y lógica, lo que no solo beneficiara a tu novela, sino también a tu productividad.

Y, en definitiva, podrás preparar con antelación tus sesiones de escritura.

Al comenzar la semana, prepara las sesiones de los próximos días. Anota a qué planeas dedicar cada una de las sesiones. Por ejemplo, si estás en fase de escritura, puedes anotar qué trabajo prevés abordar en cada sesión (el plan previo de ayudará a determinarlo) o la cifra de palabras que esperas alcanzar. O si estás en fase de revisión, calcula y anota cuántas páginas revisarás por sesión.

El bullet journal puede ser un buen sistema para ayudarte a organizar tus sesiones de escritura.

Al terminar la sesión de escritura organiza el trabajo concreto que harás en la sesión siguiente. O tal vez tú prefieras hacerlo justo antes de comenzar.

  • Repasa dónde has dejado el trabajo y por dónde vas a continuar en la próxima sesión.
  • Analiza si debes hacer algún reajuste. Por ejemplo, si te habías marcado una determinada cuota de palabras, pero estás escribiendo una parte complicada y avanzas más lento de lo previsto.
  • Localiza y ten a mano aquellos materiales concretos que vayas a necesitar; como libros en el caso de la fase de documentación o el esquema del capítulo que vas a comenzar a escribir en el caso de que estés en la fase de escritura.

Como ves son consejos muy sencillos y no te va a costar nada ponerlos en práctica, pero sus resultados son asombrosos.

Si tú eres de los que no le gusta mucho la planificación y organizar tus sesiones de escritura te parece que puede coartar tu creatividad, te retamos a que lo pruebes durante un mes. Los resultados te van a encantar.

Por supuesto, cada escritor es un mundo, por lo que transcurrido ese mes verás que te apetece hacer ajustes para adaptar este sistema a tus propias costumbres y maneras de hacer. Pero una vez que descubres lo efectivo que es tener un método de trabajo, ya no querrás improvisar nunca más.

Hazlo y luego vuelve a contarnos la experiencia en los comentarios, ¿te ha ayudado organizar tus sesiones de escritura? Y si tú ya tienes tu propio método para organizar tus sesiones de escritura, compártelo. Seguro que tus ideas serán muy útiles para otros escritores.

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