Por qué para escribir es mejor la concentración que la inspiración

Se habla mucho de la inspiración como condición sine qua non para escribir. Si la inspiración falla, se dice, la escritura no fluye y cuesta horrores dar forma a la historia, o bien su calidad se resiente y lo que escribamos solo merecerá ir al cesto de los papeles. En resumen, no es posible escribir bien sin estar inspirado.

Sin negar que la inspiración existe y que, en determinadas ocasiones, se dan momentos en que la escritura mana desde lo más profundo, el tiempo parece detenerse o alargarse y la obra avanza de un modo que el escritor sabe perfecto; lo cierto es que esos momentos no son tan comunes y un escritor sensato no debería estar esperando por ellos para avanzar en su trabajo.

Por eso, más que aguardar la inspiración, el escritor debería propiciar la concentración. Y es que, para escribir, es mejor la concentración que la inspiración. De hecho, justamente un trabajo concentrado es lo que da lugar a esos raptos de inspiración que tanto entusiasman a los autores. A lo mejor, cuando tradicionalmente se habla de inspiración, en realidad de lo que se habla es de concentración.

A qué llamamos concentración

La concentración consiste en fijar nuestra atención de manera sostenida en una tarea. Y es especialmente necesaria cuando esa tarea es una actividad intelectual demandante, como lo es la escritura.

Pero, en realidad, la concentración va más allá de fijar la atención. Cuando estamos verdaderamente concentrados, además, nos exigimos más, hacemos un esfuerzo voluntario por llevarnos al límite de nuestras capacidades en un intento de crear algo que merezca la pena y de hacerlo del mejor modo posible.

Es cuando trabajamos concentrados cuando nos esforzamos en dar lo mejor de nosotros mismos. Por eso las obras que escribimos en ese estado son necesariamente mejores que las que escribimos en un estado de semidistracción.

Por qué un escritor necesita concentración

Un escritor trabaja en el mundo de las ideas, su herramienta es su cerebro, porque en él nacen a menudo las historias que quiere escribir y con él les da forma, valora las mejores formas de plantearlas, toma decisiones acerca de los recursos y técnicas que empleará o elige con cuidado palabras y frases.

En consecuencia, un escritor necesita agudeza mental, centrar intensamente su atención en el trabajo, huyendo de las distracciones, para así llevar sus capacidades mentales a su máxima expresión. Solo así será capaz de dar a luz una obra de verdadero valor.

Sin concentración, solo se puede producir un trabajo mediocre, igual al de muchos. No vas a destacar entre los mil originales que tiene un editor en su mesa o entre los miles de autores autopublicados. Para lograrlo, tienes que crear lo mejor que tus capacidades te permitan escribir. Y eso solo se consigue cuando se trabaja concentrado.

Pero trabajar concentrado no solo te permitirá escribir obras mejores, sino que además te permitirá llegar a un mejor conocimiento de tu oficio, de sus herramientas y recursos, de cómo te gusta usarlos a ti y de tu propio proceso de escritura.

Cuando admiramos el talento de un escritor, su estilo, la brillantez de su producción literaria, por logeneral admiramos (sin saberlo) a alguien que ha aprendido a trabajar concentrado. Alguien que ha enfocado durante tanto tiempo su atención en su escritura que ha alcanzado la maestría.

Es la práctica deliberada y el trabajo concentrado lo que lleva a la excelencia, y no tanto la inspiración o el talento innato, porque los primeros son los que nos permiten afinar nuestras destrezas y llevarlas a un nivel superior, adquiriendo un dominio excepcional sobre ellas.

Por si esto fuera poco, la concentración es gratificante en sí misma. Diversos estudios sobre neurociencia han descubierto que los seres humanos nos sentimos más felices y más realizados mientras nos empeñamos en desarrollar una actividad que pide de nosotros esfuerzo y atención, que nos obliga a dar lo mejor de nosotros mismos. Aunque resulte paradójico, esos estudios han demostrado que somos más felices trabajando de este modo que en los momentos de relax de nuestro tiempo libre.

Ese es el disfrute con su arte al que debería aspirar un escritor: el de esforzarse para hacerlo lo mejor posible, empujando una y otra vez sus propios límites y aprendiendo en el proceso. Y no tanto concebir la escritura como una especie de ocio ligero, pensado para el divertimento.

Superficialidad frente a concentración

Lamentablemente, nuestro modo de vida actual tiende a fragmentar nuestra atención y, así, resulta más difícil llevar a cabo un trabajo concentrado, pues este requiere de largos periodos de actividad intelectual ininterrumpida. Por eso no hace mucho te recomendábamos tratar de reservar parcelas de tiempo extensas para dedicar a tu escritura, mejor que escribir durante periodos de tiempo breves, aunque estos sean muchos.

El dedicar poco tiempo a una tarea, el saltar de una a otra de modo sistemático, la distracción perpetua a la que nos someten los dispositivos móviles con sus mil estímulos luchando por nuestra atención, incluso mientras estamos trabajando… dan lugar a que trabajar verdaderamente concentrado hoy día resulte difícil. Hasta tal punto que nuestra capacidad de concentración se ve seriamente mermada y cuando queremos concentrarnos en una actividad ya no somos capaces de hacerlo.

De modo que si pasas la mayor parte de tu tiempo dedicado a tareas de índole superficial —desde un punto de vista cognitivo, es decir, tareas que no necesitan que concentres tu atención al máximo para realizarlas—, luego ya no serás capaz de desarrollar esa capacidad de concentración sostenida en el tiempo que implica una actividad como la escritura (o la lectura).

La concentración se entrena

Por suerte, la concentración también se entrena. (Aquí tienes algunas ideas para mejorar la tuya).

Para ello, debes comenzar por propiciar las condiciones que faciliten realizar un trabajo concentrado, desarrollando una rutina de escritura consistente y propiciando unas condiciones a tu alrededor que faciliten que te centres en la tarea.

Haz un hueco en tu agenda para dedicarte a escribir y procura que sea siempre a la misma hora y en el mismo lugar y, como ya hemos dicho, durante espacios de tiempo amplios. Ordena tu entorno para evitar distracciones y ten a mano todos los materiales que necesites para desarrollar tu labor. Aleja de ti focos de distracción (como el móvil). Desarrolla un proceso de escritura efectivo y adaptado a ti. Y, por último, ten un plan de trabajo que seguir día a día. Por ejemplo, comenzar cada sesión de escritura releyendo lo escrito en la sesión anterior, escribir concentrado durante un par de horas y finalizar preparando el trabajo del día siguiente.

Pero la concentración no solo se fomenta mientras trabajamos, sino también durante el tiempo de ocio. Organiza tu tiempo libre y planea actividades enriquecedoras, que fomenten tu capacidad de atención y concentración (como la lectura). Si no tienes ningún plan para tu tiempo libre, es más probable que lo malgastes en actividades que tiendan a mantenerte en un estado de distracción.

Pero, además, mantén la concentración mientras escribes. Debido a esos mil estímulos que demandan nuestra atención a diario hemos perdido en gran parte nuestra capacidad de sostener la concentración. Tan pronto como llevamos un rato concentrados, sentimos la necesidad de cambiar de actividad, de «descansar». Por eso abandonas la escritura y te pones a revisar el correo, a repasar la planificación o directamente a wasapear con tus amigos.

Podríamos decir que la concentración es como un músculo que ha perdido su potencia por falta de uso. No queda otro remedio que volver a fortalecerlo, «obligándolo» a trabajar. De manera que cuando estés escribiendo y sientas la tentación de hacer una pausa «solo un momento» para «descansar» mirando Instagram, no te lo permitas. Sigue centrado en tu tarea.

Así irás incrementando el tiempo que puedes escribir verdaderamente concentrado. Primero será media hora, después una, y finalmente serás capaz de sostener tu atención durante horas enteras.

Y será entonces cuando tu escritura dé un vuelco. Serás capaz de propiciar todos los días un estado mental semejante al que habitualmente se llama inspiración, pero que en realidad es simplemente concentración.

Te animamos a desarrollar tu capacidad de concentración. Sin duda, hasta ahora has sido capaz de escribir a pesar de las distracciones y el trabajo superficial. Pero incluso aunque hayas acabado una o varias obras, eso no significa que tu escritura no se vería beneficiada si cambiases tu método de trabajo en favor de la concentración.

Nos interesa conocer tu opinión y experiencia: ¿eres de los que esperas a la inspiración o tienes la disciplina para escribir a diario? ¿Qué tal llevas lo de concentrarte?, ¿lo logras o tiendes a dispersarte? Hablamos en los comentarios.

Si quieres, únete a nuestra comunidad de escritores y todas las semanas te enviaremos nuevos artículos con ideas para que mejores tu escritura. Puedes hacerlo en el formulario que encuentras justo aquí debajo. Prometemos no distraerte demasiado.

COMPARTE


Otros artículos:

  • Musa, deidad caprichosa que no viene a nosotros con la frecuencia con la que deseamos. Este artículo viene a iluminar mi camino justamente en este inicio de año en el que me propuse como meta incorporar una rutina diaria para escribir.
    En mi caso la inspiración y la concentración son ambas escasas, probablemente porque tiendo a dispersarme desde pequeña en todo: tiempo de estudio, ocio, trabajo o escritura. Supongo que la disciplina que pretendo tendrá que estar sazonada con concentración si realmente deseo ver un poco de queso en mi tostada.

  • Hola, me gusto mucho ésta publicación, es verdad que inspiración no es lo mismo que concentración. Yo me pongo los auriculares con música en otro idioma que yo no entiendo, y ahí me concentro y dejo fluir la inspiración, sin música creo que no puedo concentrarme, lo he intentado y aveces lo hago, pero pronto se va la inspiración porque no hay concentración.

  • Interesante artículo con el que estoy de acuerdo; como me suele ocurrir con todos los vuestros.
    No suelo distraerme, si bien es verdad que últuimamento no aguanto escribiendo mucho tiempo; ni siquiera el necesario como antes. Y tal vez debo trabajar más la concentración.
    Un saludo.

  • Felicidades SINJANIA por los artículos semanales, por ese motivo vuelvo a ser alumno en el curso “marketing para escritores” que esta excelente, Yo, Humberto me concentro escuchando música de Beethoven y cierto en la madrugada de 4 a 8 a.m. Son las horas más productiva en la literatura.

  • La inspiración por sí sola es una fuente creativa que depende de muchos factores, pero se disuelve muy pronto (en mi caso). La concentración, la mantiene a flote, y nos mantiene lúcidos en el proceso de escritura. Gracias por este blog.

  • Buen Articulo, gracias. Intento escribir todos los días y aislarme para hacerlo, pero a veces y ,por razones ajenas a mí, me es imposible. Pero cuando lo hago , mi propósito siempre es el mismo. Media hora, sólo media hora” y así, como por arte de magia el tiempo se va alargando

  • Creo que es cierto lo que habéis escrito sobre largos tiempos de concentración, pero a veces o se trata de breves ratos o nada. Así que prefiero algo aunque sea pequeño y voy poquito a poquito, salvo días en que se abre una ventana con más espacio y energía. Gracias y seguimos. Un saludo.

  • Creo que era Picasso el que decía «La inspiración siempre me encuentra trabajando» o algo similar. Resume lo planteado en este post, y concuerdo en que la concentración y la constancia son la clave.
    Cuando se entra en ese estado de plena concentración,es la mejor sensación del mundo. El mundo se disuelve , el tiempo desaparece y la creatividad desborda.

  • {"email":"Email address invalid","url":"Website address invalid","required":"Required field missing"}

    Conviértete en el escritor que anhelas.

    ¿ESTÁS PREPARADO PARA EMPEZAR?

    Mejora tu técnica narrativa, dispara tu productividad, potencia tu escritura creativa y aprende cómo atraer a los lectores que quieres.

    Una vez que acabas tu manuscrito es momento de revisarlo y sacar a relucir todo su potencial, con una mirada externa y profesional.

    Transforma tu manuscrito en una obra impecable, con nuestra revisión ortotipográfica y de estilo que dejará tu original libre de errores y listo para enviar a una editorial o concurso.

    >