Creación de personajes: cuidado con los detalles irrelevantes

La creación de personajes es una de las partes del proceso de escritura de la que más disfrutan los autores. Concebir un ser desde la nada, imaginar su aspecto físico, darle rasgos morales e intelectuales… Al crear un personaje el escritor se torna en demiurgo y da vida.

Pero a pesar de que crear personajes puede ser la parte más divertida del trabajo de planificación que debe anteceder siempre a la escritura en sí, a menudo la creación de personajes se aborda de manera superficial o directamente errónea.

En este artículo veremos lo que sí es importante tener en cuenta a la hora de abordar la creación de un personaje y señalaremos algunos errores que se suelen cometer cuando llega ese momento crucial para la concepción de una obra de ficción.

El carácter es el destino

Hay autores que no profundizan lo suficiente en el carácter de su personaje. Sin embargo, como apuntó Sigmund Freud, «el carácter es el destino».

El carácter de tu personaje será lo que determine cómo actúe este ante los acontecimientos que la historia le reserva. Por ejemplo, si un rasgo del carácter de tu personaje es la valentía, actuará de una determinada manera, mientras que si no es valiente, actuará de otra.

Al tiempo, el destino se identifica con el carácter: tu personaje es como es por las cosas que le han sucedido y las que le sucederán a lo largo de la narración. De modo que el carácter es el destino también por los avatares que ese destino (entendido como fatum) ha hecho que sucedan al personaje. Puede que un principio tu personaje no fuera valiente, pero las circunstancias le obligan a serlo y al final la valentía sí acaba siendo un rasgo de su personalidad.

Por eso, como bien apunta Henry James, no hay personaje sin acción ni acción sin personaje. En el prefacio de Retrato de una dama, James insiste:

Me resultaba extraño pensar en una historia que no necesitase de inmediato unos personajes para ponerla en marcha; en una situación que para tener interés no dependiese de la naturaleza de las personas en ella inmersas y, por lo tanto, en su manera de afrontarla.

¿Qué significa esto? Que personajes y acción se retroalimentan.

Por eso al construir tu personaje no te debes limitar a imaginar su aspecto físico y algunos atributos superficiales (como «es una persona amable» o «le gusta pintar marinas»). Antes bien, tienes que ahondar en su psicología, en su ética, en sus experiencias… porque esos rasgos son los que determinarán cómo se enfrentará a los acontecimientos que la historia, la acción, reserva para él.

Así es como te enseñamos a trabajar en el Curso de Novela.

Pese a la importancia de hacerlo, muchos autores no profundizan en la psique de sus personajes, sino que, cuando llega el momento de la creación de personajes, se limitan a quedarse en lo externo o en lo anecdótico.

Detalles externos

A la hora de completar una ficha de personaje lo primero que decidirá el escritor es el aspecto físico del personaje: ¿tiene el pelo rubio o moreno?, ¿la piel pálida?, ¿pecas?, ¿hermosos ojos?, ¿es alto o bajo?, ¿rechoncho o esbelto? Hay incluso autores que buscan imágenes de modelos o actores que tengan un aspecto semejante al que ellos han imaginado para sus personajes para así tenerlos siempre presentes.

Conocer el aspecto físico de tu personaje es relevante, no vamos a negarlo. Es necesario a la hora de armar buenas descripciones, y las buenas descripciones son uno de los elementos claves de la buena literatura.

Concretar el color de pelo o la estatura de tu personaje también te va a ayudar a no cometer errores y que el personaje de ojos azules de la página quince no termine teniendo los ojos negros en la página ciento cincuenta.

Aunque ese tipo de errores puede ser disculpable si la obra es buena. En El loro de Flaubert, Julian Barnes cita a la crítica Enid Starkie quien señaló que Flaubert prestaba tan poca atención a la caracterización externa de sus personajes que «en una ocasión dice que los ojos de Emma (Bovary) son pardos; en otra muy negros; y, en otra, azules».

Pero si por algo es importante el físico de tus personajes es por la forma en que puede marcar su destino y, por tanto, su carácter (o viceversa). Un personaje con un gran atractivo físico puede estar acostumbrado a que todo el mundo se muestre bien dispuesto hacia él y, en consecuencia, tener tendencia a pensar que no tiene que esforzarse demasiado para agradar a los demás; o, por el contrario, puede que todo el mundo piense que es guapo pero tonto, lo que hace que se sienta frustrado porque nadie toma en serio sus ideas.

Detalles anecdóticos

Los escritores que ya tenéis algo más de experiencia sabéis que el aspecto físico es importante, pero no determinante, y estáis dispuestos a ahondar en vuestros personajes para darles características que los conviertan en seres únicos y reconocibles.

Por desgracia, en más ocasiones de las deseables no os detenéis a pensar en su carácter y en cómo le hará reaccionar al conflicto; en las cualidades que atesora para superar (o no) las pruebas que la historia le depara. En lugar de eso, buscáis una característica secundaria o un detalle anecdótico y lo usáis en un intento de darle consistencia al personaje.

Puede ser un gesto, como apartarse el pelo de la cara; una manía, como morderse las uñas; o una afición, como coleccionar frascos de perfume. Tomáis ese gesto, manía o afición y lo hacéis aparecer aquí y allá a lo largo de la narración con la ingenua idea de dar así solidez al personaje.

Además, ese gesto, manía o afición sirve también, desde el punto de vista de los escritores novicios (o menos cuidadosos) para dar naturalidad al personaje. Es un rasgo de verosimilitud el que un personaje se quite el flequillo de la cara, se rasque una oreja o coleccione posavasos.

Sin embargo, la verosimilitud de un personaje radica en que sea un «hombre corriente», en el sentido que apunta el narrador de Berlin Alexanderplatz, de Alfred Döblin:

Un hombre corriente en la medida en que lo entendemos muy bien y nos decimos a veces: podríamos haber hecho paso a paso lo mismo que él y haber sentido lo mismo que él.

El lector no entenderá mejor a tu personaje por su colección de posavasos o ese gesto con el que se aparta el pelo de la cara. Lo entenderá si comprende sus motivaciones y objetivos, sus flaquezas, sus ideales y, en resumen, su idiosincrasia.

El nombre

Otro característica que suele abrumar a los autores es el nombre de sus personajes, especialmente de sus protagonistas. No es un detalle baladí, pero de nuevo tiene una importancia relativa.

Muchos de los nombres de personajes célebres que forman parte del imaginario colectivo (como la propia Emma Bovary, que hemos citado antes) resuenan en nosotros por la grandeza de la obra que protagonizan y por la fenomenal forma en que su autor les dotó de vida. El nombre por sí solo no tendría ninguna resonancia sin una buena obra y una buena construcción del personaje que lo sostengan.

A menudo los escritores se esfuerzan en buscar nombres que tengan un significado o connotación que concuerde con la psicología del personaje: Roque, por su fortaleza de roca, o Laura, que se asocia al laurel y, por tanto, al triunfo.

La idea es buena, y ha sido usada con acierto por grandes autores, como en seguida veremos; pero solo si eres capaz de construir de manera consistente y facetada esa personalidad que concuerda con el nombre. Lo importante no es que el nombre represente el carácter del personaje, sino que tú logres construir ese carácter de manera sólida a través de su arco y de cada página que escribas.

En la novela Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos, su protagonista, Santos Luzardo, llega a los llanos venezolanos con un espíritu renovador: quiere modernizar su hacienda e imponer costumbres más civilizadas a unas tierras que en palabras del propio autor son «tierras propicias al bárbaro brote, tierras que vuelcan el fondo del alma y abren la jaula a los pájaros negros de los torvos instintos».

Doña Bárbara será la antagonista de Santos. Es la cacica de la zona y se ha hecho con el poder a fuerza de violencia, miedo y corrupción. Gallegos acertó al elegir el nombre de su personaje, porque doña Bárbara representa efectivamente la barbarie que Santos anhela combatir. Pero Gallegos no se limito a elegir un nombre, por el contrario, construyó un personaje supersticioso, sensual, codicioso, asesino y sin ninguna de las cualidades femeninas de ternura y compasión que, en aquella época (la novela fue publicada en 1929), se daba por hecho que una mujer debía tener. Aún más, Gallegos redondeó su personaje dándole un pasado trágico en el que se halla el origen de esa personalidad salvaje y funesta. Y es que los motivos tienen una importancia crucial al escribir ficción.

En resumen…

En resumen, ¿significa esto que no debes dar importancia al aspecto físico, los rasgos secundarios o el nombre en el momento de la creación de personajes? En absoluto. Significa que primero tienes que desarrollar bien el núcleo de tu personaje, su esqueleto, y a partir de ahí, añadir esas capas de carácter más secundario o externo.

Así definía Charlotte Brontë a Rochester, el protagonista masculino de Jane Eyre, en una carta a su editor:

El señor Rochester posee un alma reflexiva y un corazón muy sensible; no es egoísta ni autoindulgente, pero tuvo una pobre educación y se equivoca a menudo; se equivoca, cuando lo hace, por imprudencia o inexperiencia. Durante un tiempo vive como muchos otros hombres, pero como es radicalmente mejor que la mayoría de ellos, no le gusta esa vida degradada y está insatisfecho con ella. Va aprendiendo las severas lecciones de la experiencia y tiene la sensatez de extraer sabiduría de allí. Los años lo van mejorando; la efervescencia de la juventud parece menguar, pero lo realmente bueno en él perdura. Es como un buen vino añejo que el tiempo no logra agriar, sino apenas suavizar. Así es al menos el personaje que quiero retratar.

Como ves no alude a su aspecto físico, sus gestos, manías o aficiones. Brontë habla de su pasado, de su educación, de sus experiencias, de su alma y de su corazón. Concibió a Rochester de adentro hacia fuera y consiguió así crear a uno de los personajes más emblemáticos de la Historia de la Literatura, digno de la protagonista de una novela inmortal.

¿Acostumbras tú a prestar más atención a lo externo o lo anecdótico que a la psicología y lo interno cuando trabajas en tus personajes?, ¿crees que una manía o una costumbre le dan solidez? ¿O por el contrario eres consciente de que lo importante en un personaje es su psicología y cómo sus experiencias le han hecho llegar a ser? En los comentarios hay lugar para tus reflexiones.

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  1. en mi opinión yo creo que puede ser muy bueno utilizar de todo un poco para armar aun mejor a nuestro personaje, se puede escribir sobre su físico, características secundarias, carater y sobre su psicologia, como experiencias, sentimientos etc

  2. Hola!
    Me pareció muy adecuado para mi momento, masticar “el hábito de la escritura”: es muy claro, sencillo y fácil de poner en práctica.
    Gracias SINJANIA.

  3. Por lo general, se me hace más fácil describir su físico y aún más fácil sus nombres, se cuales pegan bien con los apellidos, si suenan bien (supongo que es instinto). Pero siempre se me hizo difícil describirlos por dentro. Quizás, mientras iba escribiendo, iba descubriendo características de la personalidad del personaje, pero el no tenerlo claro, hace que sea confuso y que de pronto cambie su forma de ser.
    Por esa razón, muchas veces me quedé tan enredada en los personajes, que al final ya no tenía ganas de escribir la historia, porque se me hacía más entretenido inventar e inventar personajes.
    Ahora me esfuerzo por poner más atención a los personajes principales, no hago una infinidad de personajes secundarios.
    Creo que el tema de los personajes secundarios es como en la vida real. Desde tu perspectiva, puedes conocer bien a otra persona o no, y por esa razón no sepas muchas cosas de esa persona y quizás no entiendas el porque de alguna acción suya.

    Ahora estoy tratando de darle más profundidad a mis personajes, conocerlos mejor(estoy siguiendo sus consejos).
    Por ejemplo, yo tengo un personaje bastante viejo, el cual siempre dije que es como mi polo opuesto, como si fuera mi otro yo, o alter ego(?. La cuestión es que me di cuenta es que jamás sentí aprecio por ella. Sé qué cosas le pasaron, pero tampoco a tanta profundidad o cuánto le afectó eso. Pienso descubrir todo eso, aunque sea un personaje de una historia que jamás terminé.
    En contraste con eso, ahora estoy armando a un nuevo personaje, el cual fui descubriendo más cosas(con sus consejos), los cuales me hacen querer que fuera real y poder abrazarla, ja, ja, ja.
    En fin, ¡esto me está ayudando bastante!

  4. Yo creo que una manía o costumbre puede contribuir a su solides, siempre que tengan hace en su pasado.

    Por ejemplo: Si está en un constante estrés, morderse las uñas puede ser una manía que refleja lo que siente en el interior, y si por lo general cuando está a solas es cuando se permite la mania, podría significar que trata de mostrarse firme.

  5. Al describir mis personajes me resulta más fluido y espontáneo hacerlo desde la psicología ..desde mi lugar y lo que me gusta leer me llena más su interior que su exterior, sin embargo, considero que es mi falencia la imposibilidad de imaginar el personaje desde lo externo

  6. Gracias mil .
    Me agrada todo su esfuerzo por desarrollar en mi al escritor que quisiera ser.
    En los personajes de mis novelas ,en sus viajes interiores de sus conciencias hay turbulencias y paz y ustedes me ayudan a seguirle dando forma .
    Gracias
    Jelucrecia

  7. A la hora de construir personajes procuro fijarme en personas reales para que me resulte más fácil el trabajo y evitar confusiones como la de Flaubert. A veces un personaje se parece por fuera a Pepe y por dentro a Juan, etc…
    Tal vez sea comodidad u otra cosa peor, pero me cuesta crear un personaje de la nada.

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