Por qué deberías prestar atención a las descripciones y al lenguaje

Cuando como escritor te interesas por mejorar tu escritura casi siempre vas a preocuparte por aspectos tales como la estructura, la trama, los personajes, etc. Tu interés se centra, por ejemplo, en escribir mejores finales o personajes más reales.

Pero al hacerlo es común que te olvides de un elemento que es en realidad fundamental y, de hecho, nada fácil de manejar con soltura: el lenguaje.

Cuando leemos, por lo general las palabras se nos hacen invisibles y la página se transforma por arte de magia (de la magia de la literatura) en una ventana. Por esa ventana contemplamos la historia que se nos cuenta y nos sumergimos tanto en ella que llegamos a olvidarnos de nosotros mismos, de nuestra vida y de nuestros problemas. Somos la historia.

Aunque, en realidad, los mejores lectores, aquellos a los que tú quieres conquistar con las historias que creas para ellos, sí reparan en el lenguaje. Para ellos, una imagen certera, una palabra bien elegida, la cadencia y la armonía de las frases son una razón más para internarse en un libro.

El reino ilusorio de la literatura está construido sobre una base indiscutible de palabras y frases. Por tanto, como escritor debes prestar una gran atención al uso del lenguaje, a las figuras que construyes con él y a la manera en que lo utilizas para crear personas, pensamientos, calles, paisajes, habitaciones, ideas…

Cuando, una vez hecho el trabajo de planificación, llega el momento de ponerte a escribir y volcar en miles de palabras esa historia que has pensado hasta el último detalle, llega también el momento de la verdad.

En el manejo del lenguaje se ve la verdadera talla de un escritor.

Cómo el lenguaje te ayuda a atrapar la atención del lector

Estarás pensando que todo esto del uso del lenguaje en realidad no es para tanto. Todos hemos aprendido a escribir en el colegio y, a poco que se tenga un correcto manejo de ortografía y gramática, ya se está listo para enfrentarse a la fase de escritura.

Por desgracia, no es así. No es suficiente tener ideas bien organizadas expresadas en oraciones y párrafos completos y coherentes. También debes pensar en el estilo, el tono, las atmósferas… También debes pensar en resultar literario (que para eso eres escritor).

¿Todavía no estás convencido?

¿Y si te dijéramos que el lenguaje es una poderosa herramienta para atraer y mantener la atención del lector? Sí, más que los puntos de giro, más que los finales inesperados, el lenguaje tiene la capacidad de capturar la atención del lector y hacerle devorar página tras página.

Esto sucede porque cuando leemos, como han demostrado diversos estudios neurológicos, en nuestro cerebro se activan las mismas áreas que si de verdad estuviéramos experimentado en primera persona las vivencias que nos describe el libro.

Es decir, la manera en que nuestro cerebro lee sobre experiencias sensoriales es de hecho idéntica a la forma en que las experimenta.

Esta maravillosa capacidad del cerebro humano supone por tanto una ayuda inestimable para ti como escritor. Pero tienes que saber utilizar el lenguaje para transmitir de forma adecuada las impresiones y sensaciones que buscas que crucen la mente de lector.

De nuevo, hay estudios que revelan que al leer metáforas, símiles, imágenes o adjetivos se activa el sistema somatosensorial en nuestros cerebros, que es la parte responsable de percibir cosas como el olor, los sonidos o el tacto.

Cuando el lector se encuentra el adjetivo «chirriante», en su cerebro se activa el área del sonido y se representa claramente el ruido estridente que brota cuando la tiza patina en la pizarra o los frenos de un coche chillan.

Mientras que si lee el símil «tenía una mirada aterciopelada», de inmediato otorga a esos ojos la suavidad caliente y mullida del terciopelo y en su cerebro se activa al área responsable del tacto.

Diversas maneras de usar el lenguaje

Ahora ya sabes que, como escritor, es importante no solo pensar en lo que dices, sino en cómo lo dices.

Desafortunadamente, demasiados escritores solo tenéis una comprensión muy superficial de la forma en que el uso de palabras y frases puede influir en el lector.

Cuando os detenéis a pensar en el lenguaje (lo cual no siempre sucede), os conformáis con que vuestras palabras sirvan para que el lector se haga una impresión de lo que está pasando, que permitan que se cree una imagen en la cabeza o, en el mejor de los casos, intentáis que vuestras frases sean capaces de suscitar en él una emoción.

Nada que ver, por tanto, con la búsqueda desesperada que tantos grandes autores emprendieron una y otra vez hasta dar con la palabra justa para componer cada una de sus frases.

Sin embargo, hay diversas formas en que el uso del lenguaje puede afectar al lector:

Intelectualmente

El lenguaje transmite ideas, impresiones, conocimientos o reflexiones al lector.

Al leer aprendemos. Descubrimos cosas nuevas acerca del mundo a nuestro alrededor y de nosotros mismos como seres humanos. Recreamos el pasado, comprendemos el presente, proyectamos el futuro.

Los libros son un poderoso vivero de ideas. No en vano se han quemado, prohibido y censurado.

Imaginativamente

Solo con tus palabras creas un mundo entero y a las personas que lo habitan. No hace falta que sea una comarca imaginaria como la de El señor de los anillos, puede ser simplemente una recreación de Madrid, Nueva York o Buenos Aires.

El lector te seguirá por calles, campos y jardines. Entrará en habitaciones, tiendas y palacios. Montará en avión, en barco o en camello.

Son las palabras que tú eliges las que ponen en marcha su imaginación.

Emocionalmente

Al escribir creas sentimientos en el lector, como miedo, hilaridad, pena, ira, suspense, amor…

Por supuesto, las emociones experimentadas por el lector pueden resultar diferentes de las que vive el personaje. Por ejemplo, el miedo que sufre el personaje puede conducir al lector al nerviosismo y al suspense, de manera que mientras ve al protagonista adentrarse en el sótano donde sabe que está escondido el asesino, experimenta un chute de adrenalina a expensas del personaje.

Estéticamente

La literatura es un arte y lo es porque es capaz de crear belleza. Tu lenguaje debe apelar al sentido del lector de lo que es bello.

Como hemos dicho, un lector atento y exigente sabe disfrutar de la hermosura que el escritor crea con las palabras. No se trata de que el lector describa cosas bonitas o de que hable de hermosos sentimientos. Se trata de que el lenguaje en sí cree belleza.

Si describes los colores rosados y malvas del crepúsculo lo más seguro es que escribas unos párrafos hermosos. Pero un buen escritor es también capaz de extraer belleza de las cosas más banales, como por ejemplo hace Andréi Platónov al hablar de una locomotra en su novela Chevengur.

A través de la somnolienta lluvia sin viento, algo había empezado a sonar sorda y tristemente, tan lejos que seguro que no llovía en el lugar de donde provenía aquel ruido y que era allí de día. Zajar Pávlovich se olvidó enseguida del campesino menesteroso, de la lluvia y del hambre, y se levantó. Lo que sonaba era una máquina lejana, una locomotora de vapor, viva y en funcionamiento. Zajar Pávlovich salió al aire libre y permaneció de pie un rato, inmerso en la humedad de la templada lluvia que canturreaba sobre la pacífica vida y sobre la extensión de ilimitada tierra. Los oscuros árboles dormían desparramados, envueltos en la caricia de la calmosa lluvia; estaban extenuados de tan bien como se sentían, y movían tenuemente sus ramas sin necesidad de viento. Zajar Pávlovich no reparó en el gozo de la naturaleza: le había emocionado la desconocida locomotora de vapor, que en ese momento acababa de callar.

Físicamente

Ya hemos visto como las palabras pueden transmitir impresiones sensoriales, especialmente efectos visuales y auditivos. Aunque recuerda que no debes olvidar el resto de los sentidos: el olfato, el tacto e incluso el sabor.

Pero es que además las palabras pueden afectar al lector de una forma física. Por eso nos excita leer una novela erótica, nos pone la piel de gallina leer un relato de miedo o sentimos verdadero malestar cuando leemos la escena del empalamiento descrita por Ivo Andrić en Un puente sobre el Drina. (No leas el siguiente fragmento si eres muy sensible).

Sin pronunciar una palabra más el campesino se tendió boca abajo, tal como le habían ordenado. Los cíngaros se aproximaron y le ataron primero las manos a la espalda, y, después, le ligaron una cuerda a los tobillos. Cada uno tiró hacia sí, separándole ampliamente las piernas. Entretanto, Merdjan colocaba el poste encima de dos trozos de madera cortos y cilíndricos, de modo que el extremo quedaba entre las piernas del campesino. A cotinuación, sacó del cinturón un cuchillo ancho y corto, se arrodilló junto al condenado y se inclinó sobre él para ensenachar la abertura a través de la cual el poste penetraría en el cuerpo. […] No más hubo terminado, el cíngaro dio un lígero salto, tomó del suelo el mazo de madera y comenzó a martillear la parte inferior y roma del poste, con lentitud y mesura. A cada dos martillazos, se detenía un momento y miraba, primero, el cuerpo en el que el poste se iba introduciendo, y, después, a los cíngaros, exhortándoles a que tirasen con suavidad y sin sacudidas. El cuerpo del campesino, con las piernas separadas, se convulsionaba instintivamente; a cada mazazo, la columna vertebral se plegaba y se encorvaba, pero las cuerdas mantenán su tensión y obligaban al condenado a enderezarse. […] Los que estaban más cerca podían oír como Radislav golpeaba con la frente sobre las tablas, y, además, otro ruido insólito que no era un gemido ni un lamento, ni un estertor ni nigún sonido humano determinado. Aquel cuerpo torturado emitía una especie de chirrido y un crujido, como cuando se voltea a patadas una empalizada o se derriba un árbol. El cíngaro, a cada dos martillazos, se dirigía al cuerpo tendido, se inclinaba, examinando si el poste iba en buena dirección, y, cuando se había cerciorado de que ningún órgano vital estaba herido, volvía a su sitio y continuaba su tarea.

Transformacionalmente

Todos hemos leído frases que nos han impulsado a emprender una acción y que han sido motor de cambio en nuestras vidas.

Son esas frases que parecen hablarnos directamente a nosotros y que nos repetimos a menudo como un leitmotiv.

Como el «Amar significa no decir nunca lo siento» de la novela Love Story de Erich Segal.

Dos pasos para que tu lenguaje atrape al lector

El uso del lenguaje es básico, por no decir que es el elemento más importante de tu novela.

Puedes haber ideado el argumento más original, pensado la trama más apropiada, cuidado a los personajes con mimo. Si tu libro está mal escrito, si la forma de expresarse es trivial o confusa o abstracta… el lector no te lo va a perdonar. Lo más probable es que con un suspiro cierre tu libro y busque una nueva lectura en su pila de pendientes.

Por suerte hay dos cosas que puedes hacer para darle al lenguaje y a todas y cada una de las palabras de tu novela la importancia que merecen.

La primera es empezar hoy mismo a incluir adjetivos, metáforas, imágenes, símiles… en tus textos. No seas un escritor vago. Usa todos aquellos recursos literarios que tienes a tu disposición para que tu lenguaje sea capaz de activar el sistema somatosensorial de tus lectores.

Te sorprendería saber cuántos de los escritores que pasan por nuestra Tutoría de Proyectos Narrativos reciben el consejo de ampliar las descripciones.

Sin ellas la acción parece transcurrir en un espacio vacío y el lector es incapaz de recrear el entorno en el que sucede la historia o la apariencia de sus personajes.

Pero no te quedes en lo obvio. Cuando el lenguaje se usa de manera apropiada es capaz de volver concretos incluso los pensamientos de tus personajes o las ideas que apunta el narrador.

Fíjate en cómo lo hace Robert Penn Warren en Todos los hombres del rey:

Durante aquella época no vi a Willie. No volvimos a encontrarnos hasta que anunció que se presentaba candidato a gobernador por el Partido Demócrata en las elecciones primarias de 1930. Solo que aquello no fueron unas primarias. Aquello fue una verdadera hecatombe. En términos cinematográficos se lo podría definir como una combinación de carga de la Brigada Ligera y pelea del sábado por la noche en un saloon del Oeste al que los vaqueros han acudido a divertirse. Cunado el polvo y el humo se disiparon no quedaba ni un cuadro en las paredes. Tampoco quedaba nada del Partido Demócrata.

En unas pocas líneas Warren describe de manera muy gráfica la debacle del Partido Demócrata en las elecciones primarias de 1930. El lector puede no saber nada sobre política ni sobre el funcionamiento de unas elecciones, pero sí ha visto en el cine una carga de caballería o una pelea en el saloon.

Warren elige una imagen potente y clara para contar de manera breve algo que puede resultar tedioso. Y ha elegido las palabras apropiadas para convertir en realidad esa imagen.

Por tanto, el primer paso que debes dar para que el lenguaje sea un elemento más en tu novela y que te ayude a capturar la atención del lector es usarlo.

Describe, enumera, elige imágenes, crea metáforas, busca la palabra exacta que transmite a la perfección la idea que quieres introducir en el lector. No te limites a escribir telegráficamente lo que sucede en tu novela. Dispones de millones de palabras, úsalas.

La segunda cosa que puedes hacer es aprender a usar las palabras y los recursos literarios del lenguaje con maestría. Este es un aprendizaje que nunca podrás dar por concluido; de manera que cuanto antes empieces a andar por él, más trecho de ese camino inacabable recorrerás y mejores serán tus textos.

Como siempre, la lectura será tu gran aliada. Sigue una dieta variada de autores, épocas y géneros. Cincuenta libros al año es una buena media para comenzar.

Y, al leer, presta gran atención a las palabras que usa cada autor, a cómo maneja el lenguaje. A si apuesta por un registro coloquial o culto, lírico o sencillo. A las imágenes y metáforas que crea y a su manera de transmitir las ideas y reflexiones que contiene toda novela.

Lee (y escribe) también poesía. La poesía nos obliga a prestar una gran atención a las palabras y es por tanto un excelente ejercicio para mejorar la prosa.

Algunos errores que no debes cometer

Todo lo que aprendas al leer los textos de otros puedes ir aplicándolo a los tuyos propios. No se trata de imitar, se trata de recrear, de experimentar con nuevas formas, de tantear límites y de adaptar esas enseñanzas a tu propio estilo de escritura.

En este momento debes tener mucho cuidado de no caer en la grandilocuencia ni en la abstracción.

Cuando queremos escribir bien, cuando tratamos de ser más literarios, a menudo caemos en el error de escribir frases que parecen hermosas, pero que en realidad no transmiten nada. Están vacías de significado.

No seas efectista. Un escritor tiene primero algo que decir. Y luego lo dice de la mejor manera posible que, en ocasiones, es una manera muy bella de decirlo

Otro riesgo es usar mal palabras de cuyo significado no estamos seguros. Pasa a menudo cuando se escogen sinónimos. Leer te va a vacunar contra esa enfermedad, pero ante la duda consulta el diccionario.

Por último, también se corre el riesgo de caer en el cliché y expresar ideas manidas con expresiones trilladas. Huye de los lugares comunes y de los tópicos. Y si tienes que incluir alguno, busca una manera nueva y fresca de expresarlo. Hacerlo es tu trabajo como escritor.

El lenguaje es parte importante de una novela y probablemente sea la herramienta que todo escritor debe manejar con mayor maestría. Por eso en el curso de novela le dedicamos dos módulos repletos de ejemplos: uno a las descripciones y otra al uso del lenguaje en sí.

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  • Muy interesante los tips entregados. La espontaneidad del autor también es vital, la que debe encausar con narrativa fresca y caitivadora. Espero más de vuestros tópicos.
    Saludos

  • Miguel dice:

    Michael gracias.

  • >
    Gracias por compartir este contenido.
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