Algunas reflexiones sobre el cliché

Un consejo que se repite a menudo a los escritores es que evitéis el cliché. Sin embargo, hemos constatado que muchos de vosotros no tenéis una idea clara de lo que un cliché es.

Como resulta evidente que no se puede vencer al enemigo sin conocerlo, hoy hablaremos del cliché: de por qué evitarlo o de cuándo, sin embargo, conviene usarlo.

Qué es un cliché

El término cliché se refiere a una expresión que se ha usado en exceso hasta el punto de que ha llegado a perder gran parte de su fuerza expresiva. Los clichés son, por tanto, aquellas frases comodín de las que se echa mano casi de forma inconsciente en una situación dada.

Los clichés son «el salvavidas del idioma, que utilizamos cuando no sabemos qué decir o queremos simplificar una idea de forma eficaz», en palabras del profesor de Periodismo en la Universidad Miguel Hernández de Murcia, que ha coordinado la creación del Diccionario del cliché. En él reúne tres mil quinientos clichés, esos «atajos del lenguaje que nos permiten acortar distancias a través de lugares comunes, que al ser compartidos por los hablantes, facilitan la comprensión».

Puedes consultar el Diccionario del cliché en este enlace.

Tal vez te estés diciendo que si los clichés facilitan la comprensión o sirven para simplificar no puede tener nada de malo servirse de ellos. El problema radica en que el abuso de clichés denota falta de ideas originales y frescas, algo que no puede enorgullecer a un escritor.

Nabokov definía el cliché como «trozos de prosa muerta y de poesía podrida».

En su Curso de literatura europea decía:

Cuando decimos cliché, estereotipo, frase trillada pseudoelegante y demás, nos referimos entre otras cosas a que, cuando se utilizó por primera vez en literatura, la frase era original y tenía un intenso significado. De hecho, se convirtió en frase manida porque su significado al principio era vivo, claro y atractivo, por lo que se siguió empleando una y otra vez, hasta volverse un estereotipo, un cliché.

Muchos autores se han ocupado del cliché de manera humorística. El escritor irlandés Flann O’Brien escribió una miscelánea de tópicos bajo el título de «El catecismo del cliché de Myles na gCopaleen»; presentado como una serie de preguntas y respuestas, tal como se aprendía antaño el catecismo. Lo encuentras en el libro La gente corriente de Irlanda.

El catecismo del cliché de Myles na gCopaleen. En 356 partes trisemanales. Un compendio único de cuanto hay de nauseabundo en la escritura contemporánea. Compilado sin la más mínima consideración al gasto en que haya de incurrir o al sentimiento del público. Un desgarrador estudio de la subliteratura y todo lo que es sucedáneo, detestable y cruel en los bajos fondos de la letra impresa. Gratis con el Irish Times. […]

¿Alguna vez alguien resulta lastimado en un accidente de coche?

No. Sufre heridas.

¿Alguna vez este alguien muere por sus heridas?

No, fallece a causa de ellas.

Correcto. Pero imagine que se llama a una ambulancia, lo meten en esta y es evacuado al hospital. ¿Está muerto cuando llega allí, suponiendo que no está vivo?

No, no está muerto. Ingresa cadáver.

Correcto nuevamente. Una última pregunta. ¿Fue al hospital, entró en él o fue llevado a él?

No, fue trasladado a él.

Bueno. Es suficiente por hoy.

También Bouvard y Pecuchet, la novela inconclusa de Gustave Flaubert que fue publicada tras su muerte, incluye al final un «Diccionario de tópicos» que recoge ideas y actitudes manidas.

ÉCHECS (JEU DES) (Ajedrez, juego de).— Imagen de la táctica militar. Todos los grandes capitanes jugaban bien. Demasiado serio para juego, demasiado fútil para ciencia.

ÉCHO (Eco).— Citar los del Panteón y los del puente de Neuilly.

ÉCLECTICISME (Eclecticismo).— Denigrarlo como una filosofía inmoral.

ÉCOLES (Escuelas).— Politécnica, sueño de todas las madres (anticuado). Terror del burgués en los motines cuando se sabe que la Escuela Politécnica simpatiza con los obreros (anticuado). Decir simplemente: «la Escuela» hace creer que se ha estado allí. En Saint-Cyr: jóvenes nobles. En la Escuela de Medicina: todos exaltados. En la Escuela de Derecho: jóvenes de buena familia.

Como se desprende del diccionario de tópicos de Bouvard y Pecuchet, los tópicos no son solo expresiones, maneras de hablar o —lo que nos ocupa en este caso— escribir. El cliché también atañe a ideas preconcebidas y prejuicios: «las mujeres conducen mal», «los andaluces son graciosos». Por eso, a la hora de plantear los temas de tu novela o de crear tus personajes ten mucho cuidado de no estar haciéndolo desde el lugar común.

El cliché y la literatura de género

El cliché puede asomarse también a las convenciones de género, aunque aquí la línea es difusa. Que muchas novelas de fantasía usen la estructura del viaje del héroe como armazón para sus historias o que en las novelas románticas haya un triángulo amoroso puede rozar el cliché (a fin de cuentas es algo que se repite sin cesar). Pero, al tiempo, no dejan de ser rasgos propios del género que el lector espera encontrarse. Una novela que los cumpla no tiene porque entrar dentro del cliché, aunque una buena novela que no los incluya probablemente sea un hito en su género.

Aunque lo recomendable es esquivar el cliché, lo cierto es que en ocasiones puede ser conveniente usarlo. David Lodge, en El arte de la ficción, considera que es una forma de convencer (o de jugar a convencer) al lector de la veracidad de lo narrado. Al expresarse el narrador de un modo convencional el lector le otorga credibilidad. Por ello una escritura basada hasta cierto punto en el cliché puede resultar apropiada para obras de misterio sobrenatural.

Los cuentos extraordinarios clásicos invariablemente usan narradores en primera persona e imitan formas documentales de discurso como confesiones, cartas y declaraciones para hacer más creíbles los acontecimientos. (Pensemos en Frankenstein de Mery Shelley y en Dr. Jeckyl y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson). Y esos narradores tienden a escribir en un estilo convencionalmente «literario» que en otro contexto uno podría considerar insoportable de tantos tópicos como emplea: por ejemplo, «frenesí de excitación», «la fuerza de toda una multitud», «brutal ferocidad» […] Toda la tradición de horror gótico a la que pertenece Poe, y a la que dio un poderoso ímpetu, está llena de buena-mala literatura de este tipo. La previsibilidad de la retórica, su misma falta de originalidad, garantiza la credibilidad del narrador y hace su extraña experiencia más creíble.

Lo que apunta Lodge es, quizá, otro ejemplo de cómo en la literatura de género no es posible distinguir por completo el cliché de la convención.

El cliché con intención paródica

Para concluir, el cliché puede usarse también con un sentido paródico. Así lo hace por ejemplo Galdós (pero no es el único), cuyas novelas «vienen a constituir una enciclopedia de todos los estratos y formas del lenguaje literario [pues la narración] reproduce paródicamente las formas de la elocuencia parlamentaria, de la elocuencia judicial, (…) las formas de las noticias periodísticas, (…) la murmuración de los chismosos, el habla pedante de los sabios, el estilo épico elevado, el estilo bíblico, el de los hipócritas sermones moralizantes», como apunta Isabel Román en su breve ensayo Galdós ante el tópico y la afectación estilística.

Valga este ejemplo tomado de La familia de León Roch:

Y aquel ser vacío y sin luz tenía palabras abundantes no exentas de expresión, y manejaba a maravilla todos los lugares comunes de la prensa y de la tribuna, sin añadirles nada, pero tampoco sin quitarles nada. Era, pues, un propagandista diligente de ese tesoro de frases hechas que para muchas personas es compendio y cifra de la sabiduría. Era de los que constantemente desean que haya mucha administración y poca política; estaba convencido de que este país es ingobernable; deseaba que se conservasen las venerandas creencias de nuestros antepasados, para que volviéramos a ser asombro de propios y extraños; creía firmemente que aquí no puede haber nada bueno; que este es un país perdido, a pesar de la fertilidad del suelo; y al mismo tiempo sostenía con rutinaria devoción los dogmas inquebrantables de la hidalguía castellana, de la religiosidad nunca desmentida del pueblo español, de la tendencia materialista del siglo, etc. Tenía, además, grandísimo horror a las utopías, y para él todo lo que no entendía era una utopía. A la pandereta de su verbosidad no le faltaba, como se ve, ninguna sonaja.

En él, Galdós resalta con cursivas las ideas preconcebidas de su personaje, el marqués de Fúcar, y la forma estereotipada en que las expresa. Y se ocupa a lo largo de toda la novela de que el marqués hable usando esas expresiones manidas y lugares comunes que son el único contenido de su inteligencia roma.

En resumen, la recomendación es evitar en lo posible el cliché porque por lo general significa que no te has esforzado lo suficiente para encontrar tus propias palabras para expresar una idea. O bien que te estás sirviendo de tópicos e ideas preconcebidas. Y ninguna de las dos cosas sirve para escribir buena literatura. Pero, si eres un escritor hábil, puedes usarlo de forma paródica con resultados ingeniosos.

¿Has hecho alguna vez la prueba de buscar clichés en tus textos? Siempre se cuela alguno, ¿verdad? ¿Cuál es tu rutina para no incurrir en ellos? ¿Y qué te parece la idea de usar el cliché de forma paródica? Hoy hablamos sobre el cliché en los comentarios y nos interesa lo que tengas que decir.

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3 COMENTARIOS


Otros artículos:

  • Muchas gracias, me resulto interesante. En mi caso muchas veces, utilizo el mensaje del cliché con palabras mías. Por lo general suelen ser unos excelentes «detonantes».

  • Me ha parecido muy interesante ese uso paródico, y también que pueda formar parte del armazón de ciertos géneros. Gracias por ese diccionario. Sois geniales, como siempre.

  • Gracias por el artículo.A pedir de boca….será cuestión de revisar y releer..a lo echo, pecho. Saludos.

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