Cómo crear el hábito de la escritura

Cómo crear el hábito de la escritura

Imagínate a una persona que escribe desde siempre. Escribir es su pasión y sueña con convertirse algún día en escritor: ser publicado y tener miles de lectores.

Vamos a ponerle un nombre a nuestro escritor en ciernes: se llama Laura. Laura quiere escribir una novela (no es la primera vez). Sabe cuál es la historia que quiere contar, pero tiene problemas para escribirla.

Laura siempre tiene dificultades para terminar sus proyectos de escritura: quiere contar muchas cosas y no sabe cómo hacerlo; no deja de posponer el momento de empezar a escribir, a veces con la excusa de que está aprendiendo cómo mejorar su escritura, otras con la de documentarse para escribir su historia.

En realidad, lo que Laura hace es procrastinar, aplazar el momento de ponerse a escribir palabras en una página. El motivo por el que nunca termina sus proyectos de escritura es el miedo: miedo a empezar, miedo a la página en blanco. Miedo a terminar una obra y toparse con que la gente la lee y no les gusta.

Esos miedos logran que siempre haya una excusa para no escribir. A pesar de que Laura disfruta con la escritura y desea de verdad escribir una novela (y luego otra y otra y otra más).

¿Te has sentido identificado? ¿A ti también te sucede como a Laura?

Pues lo que a Laura y a ti os falta es crear el hábito de la escritura.

Seguro que ya sabes que para ser escritor necesitas tener el hábito de la escritura: escribir todos los días y de forma regular.

Tal vez tú sientas que no puedes encontrar en tu día a día el tiempo y la calma necesarios. Hacer un paréntesis en las obligaciones diarias para encerrarte a escribir, desconectado de todo y sin otro pensamiento que lograr que tu novela tome forma. Tú no eres tan organizado ni disciplinado.

La realidad es, sin embargo, que si quieres escribir una novela (detrás de otra) tienes que hacer de la escritura un hábito y una prioridad. Tienes que crear el hábito de la escritura.

Por suerte, crear el hábito de la escritura no es difícil si sabes cómo y si estas dispuesto a poner un poquito de voluntad.

Busca lo que te motiva

Motivación lejana

Lo primero que necesitas hacer es encontrar tu motivación.

Empezando por lo básico: ¿qué te motiva a escribir?

Muchas personas que escriben, incluso que desean hacer de la escritura una ocupación profesional, no se han detenido a responder a esta pregunta elemental: «¿Por qué escribo?».

Responde con sinceridad y no te pongas literario ni sentimental. No valen respuestas tipo «Porque lo hago desde pequeño», «Porque es mi pasión», «Porque no puedo resistir el impulso de crear historias»…

La motivación no está en el pasado. Lo que nos motiva es el futuro, algo que anhelamos alcanzar. ¿Qué es lo que deseas alcanzar tú? ¿Éxito y reconocimiento?, ¿fama?, ¿dinero?, ¿una obra que te perviva?, ¿saber que hay lectores al otro lado que esperan tus textos, que los comprenden y se identifican con ellos?

Recuerda, no hay respuestas incorrectas. No se trata de quedar bien, se trata de ser honesto y encontrar aquello que resuena contigo. Solo así podrás usar esa motivación como motor.

Motivación cercana

Hemos dicho que la motivación está en el futuro. Sin embargo, para crear el hábito de la escritura también necesitas tener motivación en el presente. Una motivación cotidiana que te empuje cada día a sentarte y escribir.

Hay personas para las que funciona el castigo, para otras funciona la recompensa y para otras lo que funcioan es el compromiso. También puede funcionar un cóctel de los tres, castigo, recompensa y compromiso.

  • Puedes probar a castigarte si no cumples con el tiempo o la cuota diarios que te hayas fijado. Te quedas sin la noche de pizza o sin ver tu serie favorita.
  • Puedes probar a recompensarte. Por ejemplo, si mantienes el hábito durante treinta días consecutivos puedes comprarte esa camiseta que tanto te gusta o ir a cenar a tu restaurante favorito.
  • O bien puedes probar a comprometerte con alguien. Dile a alguien cuya opinión sobre ti te resulte importante lo que quieres hacer: escribir todos los días mil palabras, escribir todos los días durante dos horas… Y luego permite que esa persona compruebe que estás cumpliendo con lo que has prometido. Incluso puedes incluir la opción de recompensa o castigo y dejar esas opciones en sus manos.

Tienes más consejos para trabajar en tu motivación en este artículo.

Márcate un objetivo

Seguro que tenemos un mote: «Sinjania, los pesados de los objetivos».

Pero es que realmente marcarse objetivos funciona. Y si no lo has hecho antes, es hora de que lo hagas para crear el hábito de la escritura.

Para que no tengas que pensar, nosotros te proponemos una serie de objetivos que te ayuden a crear el hábito de la escritura.

  • Vas a comenzar por escribir todos los días durante una semana. Tienen que ser días consecutivos. Si fallas un día, la cuenta comienza de nuevo.
  • Cuando superes esa semana, tendrás que escribir todos los días durante una quincena.
  • Y cuando superes esa quincena, tendrás que escribir todos los días durante un mes. Ahora, si fallas un día no pasa nada. Procura que no sea así, pero si un día no escribes no hace falta que empieces la cuenta desde cero.

Para cuando superes ese mes ya deberías tener interiorizado el hábito de la escritura. Pero no todos somos iguales, por eso, si sientes que todavía puedes flaquear, repite las veces que consideres necesarias el objetivo de escribir durante un mes completo.

Fija además un número de palabras o un lapso de tiempo que debas completar cada uno de los días.

Para que te resulte sencillo, no seas demasiado ambicioso en un primer momento. Puedes ponerte una cuota modesta, como trescientas palabras; y un tiempo breve, por ejemplo media hora.

Luego ve incrementando la cantidad de palabras o el tiempo a medida que pasen las semanas.

Crea el entorno adecuado

Escribir es una tarea exigente. Es un trabajo intelectual que requiere esfuerzo y concentración.

Por eso no es algo que pueda hacerse en cualquier lugar. Tampoco puede hacerse hoy aquí y mañana allá.

¿Recuerdas los consejos que nos daban cuando éramos estudiantes? Nos decían que para estudiar era preciso contar con un lugar tranquilo en el que dispusiéramos de todo lo preciso para poder concentrarnos en la tarea de manera ininterrumpida, sin tener que levantarnos a buscar un libro, un bolígrafo o un cuaderno.

Pues exactamente eso es lo que necesitas para concentrarte en la escritura. Así no correrás el riesgo de interrumpir una sesión para levantarte a buscar tu cuaderno de notas en la cocina, ver que la lavadora ha terminado y abandonar la escritura para ponerte a tender. Porque sí, esas cosas pasan.

Pero tener un lugar de escritura es importante no solo porque ayude a la concentración o porque te permita tener controlados todos los materiales de tu novela: esquemas, fichas, notas, etc. Es importante porque puede ser un elemento más que refuerce tu motivación.

Pon a la vista tu objetivo

Aprovecha para poner bien visible en tu escritorio (y cuando decimos escritorio vale también el de tu portátil o un tablero de Pinterest) el objetivo en el que estés trabajando. Ya sabes, el de la semana, la quincena o el mes.

Puede bastar con un calendario en el que vayas tachando los días en los que has cumplido con la cuota o el tiempo fijados. Puede ser una nota en la que apuntes cuántas palabras o durante cuánto tiempo has escrito cada día.

Pon a la vista tu recompensa

Si trabajas por recompensas, pon la que te hayas prometido bien a la vista en tu lugar de trabajo.

Una fotografía de esa chaqueta preciosa que vas a comprarte cuando escribas durante un mes completo. O el menú que pedirás en tu restaurante favorito.

También puedes poner una imagen que represente el castigo que te espera si no cumples tus objetivos, si eres de los que funciona mejor con amenazas que con promesas.

Y puedes completar el refuerzo con citas e imágenes inspiradoras. Esas palabras que suenan como si alguien las hubiera pronunciado pensando en ti y que te impulsan a seguir adelante. O la fotografía de tu escritor favorito, aquel cuyos pasos deseas emular.

Pon a la vista a tus personajes

Muchos de vosotros usáis imágenes de personas reales (actores, modelos, gente conocida) para recrear a vuestros personajes y tenerlos en mente. Si ese es tu caso, pon esas imágenes a la vista.

De esta forma serán un recuerdo permanente de que la historia de esos personajes solo puede ser contada por ti. Y que tienes que hacerlo ahora.

Usa la técnica de las escenas inconclusas

Uno de los motivos por los que se abandona la escritura es porque se llega a un momento en que no se sabe por dónde continuar.

Déjanos decirte que una manera de poner coto a esa situación es hacer una buena planificación previa de tu novela. Así tendrás un mapa que te oriente y siempre sabrás por dónde proseguir, sin parones ni bloqueos.

Pero incluso cuando planificas, el final de un capítulo o de una escena puede ser un momento problemático. ¿Cómo abordar el siguiente? Ya sabemos que el momento de empezar a escribir, ya sea una novela, ya una simple escena dentro de ella, supone siempre un reto: encontrar la frase, las palabras, el momento… que haga que todo encaje.

Por eso una buena manera de no romper tu rutina de escritura es asegurarte de que el momento de escribir un comienzo de escena o de capítulo nunca coincide con el principio de tus sesiones de escritura.

Sentarte a escribir y tener que trabajar en el principio de una escena o de un capítulo es abonar el terreno para caer en la tentación de mirar las redes sociales en busca de inspiración o levantarte a buscar un vaso de agua. No corras el riesgo.

Para ello, cada día, cuando termines de escribir, trata de dejar el trabajo en medio de una acción, un diálogo o una descripción. Así al día siguiente solo tendrás que retomar desde donde lo dejaste y te resultará muy sencillo continuar a partir de ahí.

Durante la revisión podrás retocar los desajustes que pueda provocar esta técnica.

Date permiso para hacerlo mal

Lo repetimos con frecuencia, también a los alumnos del curso de novela: date permiso para hacerlo mal.

Muchos escritores abandonan un proyecto de escritura simplemente porque sienten que no están escribiendo una obra perfecta. Percibir que lo que escribiste el día anterior es una perfecta basura es causa de que hoy decidas no escribir. Y tal vez mañana tampoco. Y así resulta imposible crear el hábito de la escritura.

Pero la solución es tan sencilla como acallar a tu crítico interno. Amordázalo y enciérralo en el sótano de tu conciencia. Tú, simplemente, escribe.

Habrá días en los que sientas que solo hay un lugar para lo que escribes: la papelera. Y habrá otros que sientas que estás en racha. Es perfectamente normal.

Y la realidad será que tu novela será un texto irregular. Tendrá partes brillantes y otras desastrosas. Pero para eso está la revisión y la reescritura.

Solo que, ya lo sabes, no se puede revisar algo que no se ha escrito. Por eso, aunque te parezca que lo que estás escribiendo apesta, no te levantes de la silla, no interrumpas el trabajo y al día siguiente prosigue.

Crear el hábito de la escritura no es algo tan difícil como piensas. Los que lo tienen no son superhéroes con poderes especiales. Son gente como tú.

Así que ya sabes: busca lo que te motiva. Fíjate tus objetivos. Crea el entorno adecuado. Procura dejar el trabajo en un momento en el que, al día siguiente, no te cueste demasiado retomarlo. Y no interrumpas el trabajo solo porque sientas que lo que has escrito no está lo bastante bien.

Con estas sencillas guías verás que tú también puedes crear el hábito de la escritura.

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  • henry chique abad dice:

    …gracias amigos , por su dedicaciòn, he comenzado, espero continuar, no es fácil, pero he decidido.¡

  • >
    Gracias por compartir este contenido.
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