Los cuatro focos fatídicos de procrastinación del escritor

La procrastinación es uno de los grandes enemigos de los escritores productivos.

Por suerte es un enemigo fácil de reconocer, al que puedes ponerle cara. ¿O no?

Lo cierto es que hay muchos escritores que procrastinan y no son conscientes de ello.

Hay formas insidiosas en las que la procrastinación se manifiesta y en ocasiones cuesta reconocerla. Formas tras las cuales se esconden temores y miedos.

Hablamos sobre ello de manera extensa en este vídeo. Deberías verlo, incluso si piensas que lo tienes todo bajo control y que la procrastinación no es uno de tus problemas. Puede que te lleves una sorpresa.

Después están los escritores que saben que procrastinan. Tal vez tú seas uno de ellos.

«Lo confieso, soy un procrastinador»

Pues sí, eres un procrastinador y lo sabes (perdón por la frase hecha).

Eres consciente de que muchas veces no haces lo que deberías hacer. Que aplazas la tarea del día sin un motivo justificado, ya sea trabajar en tu novela, trabajar en tu plataforma de autor o leer.

El primer paso para superar un problema es reconocer que se tiene.

Así que el que seas consciente de que eres un procrastinador es muy positivo.

Ahora bien, no basta con reconocerlo. También hay que intentar vencer el obstáculo.

No seas acomodaticio y te conformes con señalarte con el dedo y admitir que sí, que eres un procrastinador. Trata, por el contrario, de identificar cómo y por qué procrastinas para ponerle remedio.

En los más de diez años que llevamos trabajando con escritores hemos podido identificar algunas de las formas favoritas en que aplazáis lo que deberíais estar haciendo. Hoy vamos a repasarlas, para que la próxima vez que te sorprendas haciendo algo de esto sepas a qué atenerte.

Son los cuatro focos de procrastinación del escritor.

Cuatro acciones a las que puedes dedicar tiempo y que parecen respetable trabajo de escritor, pero que en realidad son una excusa inconsciente para no hacer lo que en realidad deberías estar haciendo.

Y ahí radica su peligrosidad, porque aunque parece que trabajas, en realidad no es así. Y eso afecta a tu productividad.

Repasemos uno a uno.

1. Abandonar un proyecto de escritura sin terminarlo

Estás trabajando en tu novela cuando una idea estupenda para un nuevo libro te ilumina y aparcas momentáneamente la obra que estabas escribiendo para empezar con la nueva idea.

Lo malo es que pasado el tiempo acabarás por aparcar también esa idea para empezar a trabajar en una tercera. Y así hasta el infinito…

El resultado es que tienes una bonita colección de novelas y relatos inacabados. Y aunque siempre estás escribiendo, nunca puedes dar por terminado un trabajo.

Esta es una forma de procrastinar terriblemente habitual, aunque seguro que nunca has pensado en ella.

Como decimos en el vídeo que enlazamos más arriba, detrás de la procrastinación siempre se esconde algo. No se procrastina porque sí.

En este caso pueden suceder tres cosas:

  • No tienes los conocimientos necesarios para escribir una obra literaria. Así que llega un punto en el que sencillamente ya no sabes qué más hacer. En ese momento empezar a trabajar en un nuevo proyecto parece una buena idea, pero en realidad no es más que una excusa para no reconocer tu falta de preparación.
  • No has hecho el necesario trabajo previo que escribir exige, sobre todo cuando hablamos de escribir una novela. En este caso también llega un punto en que no sabes por dónde continuar tu historia (por lo general una vez escrito el planteamiento, ¿a que sí?). Por tanto, aparcar esa obra y empezar a trabajar en el planteamiento de otra novela es la forma en que tu subconsciente te engaña: parece que estás trabajando, nadie diría que procrastinas, pero en realidad es justo lo que estás haciendo.
  • La última razón por la que abandonas un proyecto para empezar uno nuevo es porque te asusta terminar aquel en el que estás trabajando. Lo que viene después te paraliza. Puede que te dé miedo el proceso de revisión, puede que temas afrontar la calidad de tu trabajo (por cierto, no sabes lo mucho que suaviza la revisión haber hecho un buen trabajo previo). O puede que te asuste enfrentarte a un posible rechazo editorial o a las mil tareas que caerán sobre tus hombros si te decides a preparar tu obra para la autopublicación.

Si eres de los que abandona los proyectos sin terminarlos, aquí te damos algunas ideas para que acabes lo que empiezas.

2. La formación autodidacta

La formación autodidacta es otro enorme foco de procrastinación del escritor.

Somos fervorosos defensores de la formación del escritor, también de la formación autodidacta. Pero no vale utilizarla como excusa para no hacer lo que deberías hacer.

Párate un momento a pensar el tiempo que pierdes leyendo blogs de escritura en lugar de estar, en su lugar, poniendo en práctica lo que esos blogs te enseñan.

Internet es un enorme ladrón de tiempo. Una página te lleva a otra a través de un inextricable laberinto de enlaces y cuando quieres darte cuenta has perdido una tarde entera. Lo sabemos, en realidad no es perdida, porque has sacado un montón de ideas y consejos que poner en práctica en tus textos.

Pero resulta que luego nunca llegas a usar nada de lo que aprendes porque a la tarde siguiente volverás a perderte en el laberinto de enlaces en lugar de estar escribiendo.

Una forma de evitar este foco de procrastinación es la siguiente:

  • Marca en tu agenda un tiempo limitado para dedicar a la lectura de blogs y otras fuentes de información. Dependiendo del tiempo del que dispongas en general para dedicar a la escritura podrás emplear más o menos tiempo en la lectura de blogs. Si usas la técnica Pomodoro que te recomendamos, tal vez solo puedas emplear un pomodoro a leer blogs, o tal vez puedas dedicar dos o más pomodoros.
  • A continuación selecciona los blogs de tu interés en función del tiempo del que dispongas. Si dispones de poco tiempo no añadas a tus marcadores decenas de blogs. En cualquier caso, te recomendamos que no sean más de media docena (incluido el nuestro, claro está). Léelos fielmente, pero procura dedicar el grueso de tu tiempo a poner en práctica lo que te enseñan y recomiendan.

De nada te sirve aprender si no pones en práctica lo aprendido.

Valora incluso si no sería más efectivo que invirtieras tu tiempo en hacer un curso de escritura o leer un manual para adquirir un buen lote de conocimientos de una vez y poder luego pasar a la acción.

3. La fase de documentación

La fase de documentación forma parte de todo buen proceso de escritura. No puedes saltártela. Sin embargo, muchas veces es un foco contumaz de procrastinación del escritor.

Ya sea porque aplazas el momento de empezar a escribir para recopilar toneladas de documentación, o porque interrumpes una sesión de escritura con la finalidad de localizar algún dato que necesitas, la documentación es terreno abonado para la procrastinación.

Engañarte a ti mismo diciéndote que te estás documentado para escribir una buena novela es una forma de procrastinar que en realidad oculta un miedo. Miedo a ponerte a escribir de verdad.

Suspender una sesión de escritura para localizar un dato también es una forma de procrastinación. En este caso puede ocultar dos cosas:

  • Que has llegado a un punto en el que no sabes cómo continuar la historia. Así que cualquier excusa es buena para disimular y que parezca que sigues en la brecha.
  • Que lo que estás escribiendo no te convence y en lugar de confesarlo abiertamente y tratar de solucionarlo, cambias de tercio porque no hay nada tan sencillo como el autoengaño.

Procrastinar a la hora de documentarse tiene además un riesgo asociado: acabar haciendo infodumping en tu novela. Porque ya que has invertido tanto tiempo en localizar toda esa información, ¿cómo no vas a incluirla en la historia? Así que lo haces, aunque para lo único que sirva es para ocultar el camino de la trama entre una espesa maleza de datos.

Para no caer en ella lo que debes hacer es situar la fase de documentación después de la fase de trabajo previo y antes de la fase de escritura. Una de las tareas de la fase de trabajo previo es determinar qué datos necesitas para desarrollar tu historia. A continuación dedica el tiempo que necesites para localizarlos. Y luego ya empieza a escribir.

Si mientras escribes te das cuenta de que necesitas alguna información más, no te pongas en ese momento a recabarla. Toma nota de la información que te falta y dedica parte de una sesión de escritura a localizar los datos que precises.

4. La fase de revisión

Los escritores tienen una relación curiosa con la fase de revisión. Muchos se la saltan, bien porque no le dan la importancia que tiene, que es mucha; bien porque pertenecen a la categoría de escritores que procrastinan dejando sus trabajos sin concluir.

El de revisión es un trabajo duro, por eso la tentación de procrastinar es tan fuerte.

Por lo general el momento de la corrección suele posponerse por dos motivos:

  • El temor de enfrentarse al propio texto con ecuanimidad y reconocer los errores que tiene.
  • La conciencia de que no se tienen los conocimientos precisos para llevar ese trabajo a término con la eficacia necesaria.

En ambos casos puede que te saltes la fase de revisión. Pero lo harás usando un subterfugio, como por ejemplo fingir que tienes que empezar ya a trabajar en esa nueva idea que la musa te ha susurrado al oído. O que en este momento no dispones de tiempo. O que vas buscar alguna información sobre cómo se hace un buen trabajo de revisión.

(La tienes en este artículo sobre cómo abordar la revisión de una novela.)

Mira a ver qué se oculta de verdad detrás de tus pocas ganas de ponerte a corregir. Afronta tus temores y ponles remedio.

Pero la fase de revisión tiene todavía otra cara que la señala como foco de procrastinación del escritor.

Se trata del caso contrario: el caso del escritor que alarga y alarga el proceso de revisión.

Corrige una vez, dos veces, tres veces, infinitas veces su novela. Modifica una y otra vez lo que ya había modificado. Nunca se da por satisfecho.

Si perteneces a esta categoría, tu afán de perfección te honra. Pero lo más probable es que esté ocultando un miedo.

Tal vez el miedo a someter al juicio de un lector un texto que no sea perfecto. Pensar que puedan señalarte cualquier error te hace correr el sudor por la frente.

Tranquilo, ninguna obra es absolutamente perfecta, porque la perfección no existe. Y, en cualquier caso, es mejor tener un trabajo terminado y recibir el juicio del lector que encadenarse para siempre a una obra inacabada.

Todavía hay una manera más en que la revisión se relaciona con la procrastinación. Cuando escribes cinco páginas y en lugar de proseguir, te detienes para revisarlas.

Empiezas a reescribir un párrafo, cambias la descripción del personaje, reelaboras varias frases… Lo que sea en lugar de proseguir con la escritura, que es lo que deberías hacer.

La fase de revisión viene después de la de escritura. Tienes que haber acabado de escribir para poder corregir.

Cuando detienes la escritura para revisar suele ser porque, una vez más, no has hecho el trabajo previo y te encuentras con que no sabes por dónde continuar tu narración. Así que en lugar de mirar hacia adelante, donde solo ves un vacío desconcertante que no sabes cómo abordar, miras hacia atrás.

Por supuesto que puedes hacer una pequeña revisión de lo que escribiste el día anterior. Pero será una revisión somera, que te ayude a reorientarte en el texto y que solvente pequeños errores ortográficos o gramaticales. La revisión y reescritura de verdad vienen después, cuando hayas concluido la fase de escritura.

Identifica tus focos de procrastinación

Hemos analizado los cuatro focos principales de procrastinación del escritor.

Como has visto son fáciles de detectar y relativamente sencillos de neutralizar.

Muchas, muchas veces la procrastinación del escritor se relaciona con la falta de un adecuado trabajo preliminar que le ayude a enfocar el trabajo de manera efectiva y lo vuelva más sencillo.

Pero también se relaciona con la sensación de que no tienes capacidad para escribir. Tal vez porque sientes que te falta información o porque sufres el síndrome del impostor.

Se trata de identificar en qué foco de procrastinación sueles enredarte tú. Y averiguar qué miedo o temor subyace detrás para después trabajar sobre él.

No hace falta que lo hagas solo. Únete a nuestra comunidad de escritores para estar al tanto de técnicas y recursos que te ayuden a vencer a la procrastinación y ser más productivo. Deja abajo tu nombre y tu correo para unirte.


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Otros artículos:

  • Gracias, gracias. Creo que puedo enunciar otra forma de procrastinar, me explico.
    Intento escribir una novela y aunque estoy convencido de que lo que escribo es totalmente ficción. Me sucede que llego a creerme lo que escribo y me sucede algo extraño; me vienen ideas pensamientos de dentro de la misma novela, que me dicen que no hable de ellos. Ellos están en el tema de la novela son alienígenas-extraterrestres. Mis fuentes son, las mil y una historias que cuentan en internet sobre estos seres.
    ¿Creen que estoy procrastinado?

  • Mi caso es clarísimamente el primero. Miles de ideas y todas son mejor que la anterior, y así pasa lo que pasa. La solución más efectiva que encontré fue la presión exterior, idea que me dio Miguel Ángel Alonso Pulido. Cada mes hago un balance mensual con lo que he escrito y cómo van mis proyectos, de esa forma mis suscriptores saben qué progresos he hecho y algunos se interesan por el ritmo de trabajo o cuál es el mayor problema para mantener un calendario. De este modo, si no escribo todos lo saben. Y como no quiero que lo sepan, escribo.

    Y respecto a la fase de corrección, desde que utilizo el sistema de ocho borradores de Brandon Sanderson voy cumpliendo los plazos porque tengo muy claro qué debo hacer y qué no a cada paso. Si escribes la novela de un tirón tendrás un borrador de mierda, pero ya tendrás un borrador; y eso es lo más básico para poder publicar una novela.

    El punto tres no es tan preocupante, porque en revisiones posteriores se puede arreglar lo que no sabías al empezar a escribir. De hecho, descubres que parte de lo que investigas nunca termina incluido en la novel. Conclusión: investiga un poco, pero de ja la gordo para más tarde.

    Y lo de perderse en Internet es pura vagancia. ¡No lo hagas!

    • Hola, Carlos:

      Gracias por compartir tu experiencia.

      Contarle a alguien las metas que te has puesto (como en tu caso haces tú con tus suscriptores) es un truco que funciona muy bien. Hablamos de él aquí: https://www.sinjania.com/lo-verdad-falla-escritura/ En realidad es algo que puede usarse hasta que se adquiere la disciplina, el hábito y el compromiso para trabajar sin que sea porque se lo hemos dicho a los demás.

      Respecto a la fase de corrección ayuda mucho haber hecho el suficiente trabajo preliminar que ayude a crear un primer borrador solvente sobre el que luego resulta más sencillo trabajar. Al tiempo, ponerse metas y fechas límite es básico para comprobar que se avanza.

      Saludos.

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