8 razones por las que tus ideas no se materializan

Nadie puede negar que tú eres un escritor lleno de ideas. Acumulas cuadernos y documentos con notas y apuntes para decenas de futuras novelas. Líneas argumentales, personajes, desenlaces y puntos de giro: tu cerebro bulle con las mil y una ideas que surgen a cada instante en tu imaginación.

El problema es que, después, eres incapaz de materializarlas. La idea está ahí, y es buena, sin embargo por un motivo u otro nunca se convierte en una novela terminada. Algunas nunca pasan de ser eso, una idea; mientras que con otras haces un intento: comienzas a escribir, pero en algún momento el impulso que te guiaba en un primer momento se desvanece.

Muchos nos escribís para contarnos este mismo problema: sois incapaces de materializar vuestras ideas, de trabajar en ellas hasta el final para convertirlas en novelas. Por eso hoy vamos a hablar de ocho razones por las que tus ideas no se materializan.

1. La zona de confort

Ya sabes lo que es la zona de confort. Ese espacio intelectual/emocional en el que estás tan a gusto que no quieres salir de él. Ahí te sientes protegido, seguro, no necesitas hacer ningún esfuerzo, simplemente estarte quietecito y dejar el tiempo pasar.

La trampa de la zona de confort es que en ella se está fenomenal, por lo que resulta muy sencillo que te quedes para siempre en ella. Eso significa que frenarás tu progreso, tu formación y tu desarrollo y nunca harás cosas nuevas.

Tienes que saber que tu cerebro no está programado para animarte a mejorar, progresar y tener nuevas experiencias que te enriquezcan o te lleven a cumplir esos objetivos que anhelas alcanzar. Tu cerebro está programado para protegerte y mantenerte a salvo.

Por eso en cada cambio el cerebro no ve una oportunidad, sino una amenaza. Ese es el motivo de que, tal vez incluso a nivel subconsciente, cuando tienes una idea que te gustaría poner en práctica te digas: «Bueno, convertir esa idea en una novela estaría bien, pero es demasiado trabajo. Tendría que dedicarle todos los días un rato, pensar cómo hacerlo, aprender cosas que no sé… Si ahora estoy bien, ¿qué necesidad tengo de meterme en ese embrollo? Ya lo haré más adelante».

Y es así como tu cerebro te engaña para que no abandones tu zona de confort y aceptes el reto de convertir esa idea en una novela.

2. Excusas

Somos maestros a la hora de ponernos excusas.

«Es que no tengo tiempo» (la favorita). «Cómo voy a escribir yo una novela». «En el fondo no es una idea tan buena». «Seguro que alguien ya ha escrito una novela con un argumento similar»… En cuanto piensas en hacer algo, sobre todo si te saca de tu zona de confort, tu cerebro empieza a disparar excusas con la intensidad de una metralleta.

Las excusas tratan de librarte de la responsabilidad que te corresponde por no ponerte de inmediato a trabajar en esa idea que sabes que es buena y que puede convertirse en una novela excelente.

Cuando pones una excusa es como si dijeras «Yo quiero, pero es que el tiempo, mi familia, el trabajo… me lo impiden». Es decir, la responsabilidad queda fuera de ti y así tú puedes sentirte tranquilo y confortado. Si nunca escribes esa gran novela, la culpa no es tuya.

Pues debes saber que tus excusas son tus límites. La gente que logra lo que persigue no se pone excusas.

Hay dos maneras de encauzar el por qué no estás haciendo aquello que quieres (o debes) hacer.

La primera se ampara en la excusa, arguyendo: «No puedo convertir esta idea en una novela porque no tengo tiempo/ porque no es tan buena idea/ porque cómo voy a escribir yo una novela»…

La segunda lo hace desde la responsabilidad: «Todavía no he empezado a convertir esa idea en una novela, pero estoy aprendiendo lo necesario para saber cómo hacerlo bien/ pero ya estoy reorganizando mis jornadas para tener tiempo para dedicarle»…

Cuando pienses en materializar tus ideas piensa en si lo haces desde la excusa o desde la responsabilidad. Fíjate en si tus pensamientos empiezan con un «No, porque…» o con un «Todavía no, pero…»

3. Procrastinación

Seguro que a ti también te pasa, quieres (o debes) hacer algo, pero lo pospones para otro momento. La procrastinación es el mal de nuestros días y el motivo por el cual tantas personas no consiguen lo que quieren.

En el caso de la procrastinación no te pones excusas, simplemente aplazas el momento de empezar el trabajo. Claro que vas a convertir esa idea en una novela, pero primero tienes que documentarte bien; o aprender un poco sobre escritura; o vas a hacerlo en vacaciones, que tienes más tiempo.

El problema es que cuando procrastinas y dejas para más adelante empezar una tarea lo que sucede es que pierdes el impulso inicial, que es un buen motor de arranque para obligarnos a salir de nuestra zona de confort. Y a esa pérdida de impulso se le une la odiosa sensación de tener una tarea pendiente, que hace que pienses en ella cada vez con más desgana y que la veas como una carga antes que como algo ilusionante.

Fíjate además en que la procrastinación suele estar relacionada con nuestros miedos. Si estás aplazando el momento de sentarte a pensar seriamente en esa idea y ver cómo puedes convertirla en una gran novela, lo más probable es que tras ese aplazamiento se esconda un miedo: a no saber hacerlo, a hacerlo mal, a lo que vayan a decir los demás de ti, a fracasar e incluso a triunfar.

Si te interesa el tema, en este artículo hablamos de la relación entre la procrastinación y nuestros temores.

4. Miedo a fracasar

Ya que estamos hablando de miedos, continuemos con ellos. Porque los miedos son uno de los motivos por los que con frecuencia una idea no se materializa.

Puedes tener miedo a no ser capaz de escribir una buena novela; miedo a empezar pero no terminar jamás; miedo a terminar y descubrir que lo que has hecho es una basura; miedo a lo que los demás vayan a pensar de ti por intentarlo; miedo a la crítica… La carta de miedos a los que se enfrenta un escritor es muy variada.

Lo malo del miedo es que suele camuflarse. A veces detrás de excusas, a veces detrás de la procrastinación. Por eso es tan difícil identificar qué es lo que está jugando en tu contra para poder así neutralizarlo.

Sentimientos como el miedo a fracasar o a equivocarse son perfectamente normales, sobre todo cuando sales de tu zona de confort y dejas de ponerte excusas para hacer algo que, tal vez, nunca hayas intentado antes.

Pero no puedes permitir que el miedo te paralice. Tienes que aprender a convivir con él y a no hacerle demasiado caso. Para ello piensa en todo lo que te motiva para continuar adelante: el gozo de escribir, la satisfacción de cumplir un objetivo, el día en que tus primeros lectores te cuenten lo mucho que tu novela les ha ha hecho disfrutar…

5. Pensamientos negativos

Otra forma que a menudo adopta el miedo y por la cuál tus ideas no toman la forma de una novela acabada son los pensamientos negativos.

Hay una voz en tu interior que empieza a decirte:

«Ni lo intentes, ¿para qué? Anda que no hay gente mejor que tú por el mundo y no escriben novelas. Y no lo hacen porque no es fácil, ¿cómo vas a hacerlo tú si no tienes ni idea? Si además tú nunca terminas nada, ya lo sabes. E imagínate las caras que van a poner todos cuando les digas que vas a escribir un libro, se van a reír de ti. Si es que además esa idea es una bobada, no tiene ni pies ni cabeza y seguro que ya hay alguien que la ha escrito mejor de lo que tú puedes hacerlo. No te molestes».

Los pensamientos negativos pueden llegar a ser terriblemente paralizantes, porque suenan continuamente en tu interior. De hecho, el ochenta por ciento de tus pensamientos diarios son de cariz negativo.

Estás sometido a un continuo bombardeo que te infliges tú mismo para decirte que no puedes, que no sabes, que no lo mereces, que los demás se van a reír, que otros ya lo han hecho mejor.

En este artículo te contamos seis pensamientos negativos que a menudo afectan al escritor. Aprende cuáles son para identificarlos y acallarlos cuando sus voces empiecen a sonar.

6. Perfeccionismo

Pareciera que el perfeccionismo es una virtud, pero en realidad no es así.

El perfeccionismo, antes que una virtud, puede llegar a ser un lastre que te impida materializar tus ideas y convertirlas por fin en una novela que sea el primer peldaño (o un peldaño más) de tu carrera de escritor.

Tu perfeccionismo te cuenta que necesitas un lugar idóneo para escribir y mientras tanto, no empezarás. Necesitas mucho tiempo libre para poder hacerlo bien. Necesitas darle más vueltas a tu idea para afinarla. Necesitas saber mucho más de escritura, así que empiezas a leer un blog de escritura tras otro.

Tal vez a ti tu perfeccionimo te permita llegar un poquito más lejos y sí que empieces a escribir. Pero lees, relees, revisas y reescribes tantas veces cada capítulo que nunca consigues pasar del planteamiento de la historia.

Has de saber que la perfección no existe en este mundo. Así que confórmate con tu habitación de trabajo tal como es, aprovecha mejor el tiempo del que dispones o haz un buen curso si necesitas aprender más sobre narratología.

Y aprende de una vez por toda que una novela no se escribe perfecta a la primera. Hay que escribir varios borradores (el primero de los cuales puede incluso ser terriblemente malo) antes de escribir una buena novela.

Porque la perfección no existe, existe la excelencia. Y esta solo se alcanza formándose de manera continua y trabajando con perseverancia.

7. Falta de asesoría

Acabamos de mencionar la formación continua, lo que enlaza con otro de los motivos por los que tantas y tantas ideas geniales que podrían ser novelas nunca llegan a materializarse como tales: la falta de asesoría.

Si no tienes experiencia previa y no sabes muy bien qué es lo que tienes que hacer para tomar esa idea y convertirla en una novela, con sus capítulos, sus personajes, su principio y su final, tal vez sea necesario que busques una mano amiga que pueda guiarte.

Aquellas cosas con las que solemos tener problemas coinciden con aquellos puntos en los que nos hemos negado el conocimiento. Si lo has intentado una y otra vez, pero eres incapaz de comenzar (y ya no digamos terminar) una novela, a pesar de que te consideras una persona creativa y con buenas ideas, tal vez sea el momento de aprender lo que necesitas para lograrlo.

Una idea se puede alimentar, crecer y madurar con el apoyo de otra persona que te ayude a ver las cosas con perspectiva, que te brinde su orientación, sus conocimientos y su experiencia y que te acompañe por ese camino que estás deseando recorrer.

8. Falta de interés real

Todavía hay un último motivo por el que esa idea para una novela que languidece en tu cabeza, en un documento de tu ordenador o en una hoja de tu libreta no se ha materializado: no tienes verdadero interés en ella.

No es tu cerebro tratando de retenerte en tu zona de confort, no es cuestión de excusas infundadas, miedos o procrastinación. Tampoco es que te falte un poco de ayuda o que los pensamientos negativos suenen tan alto en tu interior que te ensordezcan. Lo que sucede, lisa y llanamente, es que esa idea no tiene el suficiente brillo.

No es una idea que te emocione, que suscite en ti las ganas de ponerte a trabajar en ella de inmediato, no remueve algo dentro de ti. Y por eso es por lo que no te has puesto a trabajar en ella hasta materializarla.

Si el motivo por el que no has comenzado a trabajar ya en una idea no se corresponde con ninguno de los siete que acabamos de mencionar, evalúa con honestidad si esa idea tira de ti con fuerza. Si no es así no pasa nada, vendrán otras ideas mejores.

Bórrala de tus documentos de trabajo y dedica algo de tiempo a comprender que esa idea en realidad no te decía nada, que no era para ti. Se trata de liberarte de ella para que no ocupe tus pensamientos y deje espacio libre para otras ideas y otros proyectos.

Repasa atentamente los motivos que acabamos de exponer por los cuales tus ideas nunca pasan de ser eso, meras ideas. Trabaja sobre la causa que te impide ponerte ya manos a la obra. Y si te interesa conocer cómo convertir tu idea en una novela, no te pierdas este artículo.

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  • Jose Dilbar Sanchez Quintero dice:

    Surgen muchas ideas es difícil centrarse en una sola, hoy son importantes mañana no.

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