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Cómo crear personajes inspirados en personas reales

Un escritor debe ser un buen observador. Ernest Hemigway decía «Si un escritor deja de ser observador está acabado».

En especial, el escritor debe ser un buen observador de lo humano. Por eso es habitual que el escritor encuentre inspiración en las personas de su entorno y que, en ocasiones, las utilice como base para crear a sus personajes.

Tolstói decía que nunca inventó ni un solo personaje. Para crear a los suyos se basaba en las personas que tenía a su alrededor. Y no es el único escritor que se ha servido de ese método para crear a los personajes que pueblan sus obras.

Entrevistado por The Paris Review, E. M. Forster decía:

Aunque todos pretendamos que no utilizamos a personas reales, la verdad es que lo hacemos. Yo me inspiré en algunos miembros de mi familia. […] En todos mis libros escribo sobre las personas que me gustan, las que me irritan y la persona que creo que soy.

El problema de crear personajes inspirados en personas reales

Eso lleva a que, inevitablemente, las personas reales del entorno del escritor —su familia, sus amigos y conocidos— crean reconocerse en los avatares que el autor ha creado para desarrollar su obra.

Así le sucedió a George Meredith, cuando un amigo suyo creyó reconocerse en el personaje de sir Willoughby Patterne, el protagonista de su novela El egoísta. También a John Dos Passos su amigo Robert Hillyer le culpaba de haberse inspirado en él para crear el personaje de Richard Elsworth Savage, uno de los personajes de su novela 1919, segunda parte de la trilogía U.S.A.

Sin embargo ni el uno ni el otro admitieron la correspondencia entre esas personas reales y sus personajes. Al menos no la correspondencia exacta.

Es en El arte de escribir donde Robert Louis Stevenson cuenta la anécdota sobre George Meredih (que él a su vez oyó contar) en los siguientes términos:

Un joven amigo del señor Meredith (según me contaron) se dirigió a él, angustiado: «Ha sido muy perverso por tu parte», exclamo, «Willoughby soy yo». «No, mi querido amigo», respondió el escritor, «Es todos nosotros».

Y es que la realidad es que la mayoría de los autores reconocen que nadie puede saber lo bastante de las personas de la vida real como para convertirlas en personajes. Dado que un autor necesita conocer a la perfección a sus personajes, el conocimiento —únicamente imperfecto— que puede tener de las gentes de su entorno no es suficiente para crear un personaje bien facetado, con múltiples dimensiones.

Por ello el escritor no debe limitarse a copiar del original, a trasladar a una persona de la vida al papel. Por lo general, el trabajo de elaboración del personaje es más complejo, y aunque el personaje tenga rasgos tomados de personas reales, estos rasgos siempre se amalgaman con elementos de ficción e incluso autobiográficos. Por eso Forster señala que escribe en parte sobre «la persona que creo que soy».

La forma de crear personajes inspirados en personas reales

En respuesta a su amigo Robert Hyllier, que creía reconocerse en el personaje de Richard Elsworth Savage, John Dos Passos le escribió:

Savage era un personaje sintético como lo son todos los personajes de mis novelas. […] Empiezas con unas pocas nociones y anécdotas sobre alguien a quien conoces y luego se cuelan otros fragmentos de las vidas de otras personas y una gran porción de tu propia vida, y entonces, si tienes suerte, el amasijo empieza a fermentar y se convierte en algo bien distinto.

Preguntado E. M. Forster por su proceso para convertir a una persona real en un personaje de ficción, explicó:

Un truco útil es contemplar a esa persona con los ojos entornados, centrándose exclusivamente en algunos de sus rasgos. De este modo retengo dos terceras partes de un ser humano y a partir de ahí puedo ponerme a trabajar. No se trata de conseguir que se parezcan a las personas reales, en buena medida porque eso es imposible, ya que las personas solo son ellas mismas en circunstancias particulares de su vida y no en otras. […] Cuando todo va bien, el material original desaparece pronto y surge un personaje que pertenece única y exclusivamente al libro.

El apunte de Forster de que «las personas solo son ellas mismas en circunstancias particulares de su vida y no en otras» resulta muy interesante y es una idea muy ligada a la realidad de crear personajes. Como ya hemos indicado en otras ocasiones, personaje y acción se retroalimentan: el personaje es como es precisamente por las cosas que le suceden y le han sucedido; y las cosas le suceden precisamente porque es como es.

Esto implica que un personaje, por mucho que esté inspirado en una persona real, variará en cuanto se lo someta a las vicisitudes y conflictos de la trama (que no son hechos que le hayan acontecido a él en realidad, sino que han sido inventados por el autor). Y de ese modo, la esencia de esa persona real se transforma: ya es personaje, ya es ficción.

Por eso cuando a Hemingway le preguntaron si todos sus personajes estaban tomados de la vida real contestó:

Por supuesto que no. Algunos están basados en personas reales, pero, la mayoría de las veces, uno inventa personajes a partir de sus conocimientos generales del ser humano y sus experiencias con la gente.

Recordemos, no obstante, que para un autor, la experiencia no tiene por qué circunscribirse únicamente a sus vivencias personales, a aquellos hechos que el escritor experimenta de primera mano. La experiencia para un escritor viene a ser un concepto mucho más amplio que incluye lo vivido, sí, pero también observaciones, reflexiones, lecturas…

Quedémonos con el concepto de «personaje sintético» que apuntaba John Dos Passos. Un personaje que sintetiza rasgos de la personalidad de una o varias personas reales que el autor ha podido conocer y los une con rasgos de ficción, tomados en parte de la observación y de «sus experiencias con la gente». A lo que se añade «una gran porción de tu propia vida». Porque no hay que perder de vista que en gran medida los personajes vienen a ser como partes del propio escritor, partes ocultas, recónditas, subconscientes… que se desgajan de él y toman vida en el texto. Por eso sucede en ocasiones que un personaje parece tomar vida propia y escapar al control de su autor.

Por qué nos reconocemos en los personajes

Con esa compleja receta el escritor logra crear un personaje en el que el lector puede reconocerse. Por eso los amigos y familiares de los escritores se sienten identificados, pero olvidan que, cuando el autor es bueno, todos los lectores reconocen rasgos suyos en ese personaje. Por eso George Meredith podía afirmar que Willoughby Patterne «Es todos nosotros».

Constantino Bértolo, en su breve recopilación crítica ¿Quiénes somos?, en la que recoge y comenta cincuenta y cinco libros de la literatura española del siglo XX, apostilla:

Los personajes de las novelas son al mismo tiempo tipos y arquetipos. Tipos concretos con los que entramos en conocimiento. […] Y arquetipos universales, prototipos diríamos, porque poseen características reconocibles en personas y gentes que conocemos […] en nuestra existencia real. Esa mezcla entre tipos y arquetipos, entre lo familiar y lo extraño, es lo que nos facilita la impresión de que están vivos y nos permite proyectar sus vicisitudes y experiencias sobre las nuestras. Por eso al leerlos nos leemos, leemos sus vidas, la vida y nuestras vidas.

¿Te inspiras tú en personas de tu entorno para crear tus personajes? ¿Te ha sucedido alguna vez que una de ellas creyera reconocerse en uno de tus personajes? ¿Cuánto de ti tienen tus personajes?, ¿y cuánto de ficción? Hay tertulia en los comentarios y nos encantará que cuentes tu experiencia.

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11 COMENTARIOS


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  • En las pocas novelas que he escrito y sigo escribiendo, me baso en los personajes, en gente que conozco, pero mas por inspiración, y en pocos pongo muy pocas características personales, para que nadie se sienta identificado.

  • Tus temas me han enseñado mucho, no soy escritora , tengo ya 65 años y desde muy joven he querido escribir mi historia, siempre tuve el título aunque hoy lo cambiaría. Pienso ya que estoy muy mayor para ponerme en eso, pero tengo mi historia y lo que más deseo es poder escribirla. Que opinan, todavía estoy a tiempo?.Leo todos sus artículos, he hecho talleres Online sobre cómo escribir una historia, leo mucho sobre esto, pero no he tenido o no me he sentido capaz. Tengo un borrador con toda mi historia, pero sin estructurarla ni crear los personajes.
    Quisiera que me asesoraran en lo que debo o no debo hacer . Muchas gracias y un cordial saludo.

  • Genial. Parto con ideas autobiográficas, que a Dios gracias, se desvirtúann, se difuminan. Y el resultado, es la creacción de nuevos personajes que nada y todo tienen que ver conmigo.Es mágico.

  • Superinteresante. Mi amiga y yo estamos escribiendo una novela a cuatro manos (!) y resulta clara la influencia de nuestras biografías y las personas de nuestro entorno. Aunque por suerte, no reconocemos una voz concreta en los capítulos de la otra… 🙂

  • Creo que si un escritor no se inspirara para nada en personas reales, incluído él mismo, las reacciones de los personajes no seían creíbles. Perderían “realidad”. Y eso es lo que buscamos al crear un personaje: que sea lo más real posible.
    Gracias por el artículo. Por cierto, en este nuevo diseño de vuestra web, a veces el texto se ve con el margen derecho semicortado…

  • Yo creo y soy un escritor novato qué es inevitable no narrar acerca de lo que uno conoce es la fuente primaria y los personajes deben tener rasgos reconocibles.

  • El artículo me ha parecido muy interesante. Estoy empezando a escribir mi primera novela y para crear algunos de los personajes me he inspirado conscientemente en personas que conozco. Tras leer el artículo me he dado cuenta de que, efectivamente, mis personajes tienen rasgos de esas personas reales, pero también van reaccionando y evolucionando conforme se enfrentan a los diferentes conflictos que se les presentan en la novela. A partir de ahí ya son ficción, reaccionan y evolucionan según la trama que he trazado. Nunca sabré cómo habrían reaccionado las personas reales si hubiesen tenido que enfrentarse a esos mismos conflictos. Por otra parte, también hay mucho de mí en alguno de los personajes, pero no soy realmente yo, pues tampoco sé cómo habría reaccionado ante circunstancias como las que afectan al personaje. Me inquietaba la idea de que alguien pudiese reconocerse en alguno de mis personajes, pero tras leer detenidamente el artículo me he tranquilizado. Creo que será bueno que haya personas que se reconozcan, en parte, en ellos, eso querrá decir que quizá he acertado un poco a plasmar sentimientos e inquietudes universales. Bueno, ya veremos en qué para todo esto de la novela.

  • Indudablemente que los personajes no se originan de la nada. Experiencias vividas y personas que han pasado por nuestras vidas son necesariamente la fuente de inspiración aunque no en su totalidad. Sería casi un plagio copiar a una persona (que ella misma puede reconocerse como tal en la obra) para incluirla como personaje, casi como copiarle una pintura a otro pintor. No hay nada más hermoso que darse cuenta durante la escritura que “aquel personaje lo cree yo y cómo disfruto de sentir cómo actúa”. E incluir rasgos de mi propia persona nunca he tenido necesidad de hacerlo.

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