Por qué el perfeccionismo no es una buena cualidad

Hace unos años se solía dar un consejo a las personas que iban a enfrentarse a una entrevista de trabajo. Si el reclutador te pedía que dijeras una cualidad que te caracteriza, tú debías responder que eres una persona perfeccionista.

Por algún motivo el perfeccionismo se entiende como una cualidad positiva. Y en parte lo es, pero solo hasta cierto punto. Cuando sobrepasa ese punto, el perfeccionismo empieza en realidad a ser un lastre: merma tu productividad, hace que tus proyectos se eternicen o, directamente, nunca vean la luz y enmascara miedos y complejos.

¿Te consideras tú una persona perfeccionista? Pues sigue leyendo, porque el perfeccionismo es una de las ocho razones por las que esa idea tan buena que tienes para un argumento todavía no se ha convertido en una novela.

Qué es en realidad el perfeccionismo

En efecto, el perfeccionismo parece, en principio, una cualidad positiva. Implica que quieres hacer las cosas bien, lo mejor posible; que no te gustan el error ni los fallos; que eres consciente de que tu trabajo te define y no quieres ser tenido por alguien que no hace las cosas como es debido.

Pues bien, en realidad el perfeccionismo no es nada de todo eso. La RAE define el perfeccionismo como la «Tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado».

A la luz de esa definición la cosa cambia. El perfeccionismo no radica en hacer las cosas bien, sino en «mejorar indefinidamente», en «no decidirse» y en «no considerar acabado» un trabajo.

Así que, como ves, al final el perfeccionismo no resulta tan bueno. Y termina por ser una cuestión de productividad, porque puede ser la causa de que nunca finalices tus proyectos de escritura, enredado para siempre en tu intento de hacerlo un poquito mejor.

Porque el perfeccionismo es una manera de manual de procrastinar.

Qué se esconde detrás del perfeccionismo

Una vez más nos topamos de frente con la procrastinación. Esa malhadada tendencia a aplazar lo que sabes que debes hacer e, incluso, a aplazar lo que quieres hacer.

Porque sin duda tú quieres terminar tu novela, ¿verdad? Estás deseando que llegue el día de tenerla finalizada.

O tal vez lo que deseas es publicar por fin tu página web de escritor. Tienes grandes proyectos para el momento en que la tengas por fin operativa.

Pero en uno u otro caso, te faltan algunos retoques. Una última revisión, porque el final de la novela (o el principio o ese personaje o aquella escena o el estilo…) no te terminan de convencer. En cuanto a la web, es que los textos no te convencen, tienes que reescribirlos, y hacer un menú desplegable como el que quieres poner te está costando.

Te entretienes, corriges, rectificas, revisas, vuelves al principio, repasas, lo compruebas de nuevo… Y siempre hay algo que no está como tú querías. Porque tú eres una persona perfeccionista, no puedes tolerar que algo que tú hayas hecho tenga el más mínimo fallo o imperfección.

Olvida ese discurso tan halagador que te cuentas, porque en realidad te estás engañando. Tu afán de perfeccionismo enmascara a nuestra amiga la procrastinación.

De la procrastinación hemos hablado ya largo y tendido. Te remitimos al artículo que publicamos en su día.

Pero como detrás de la procrastinación siempre se oculta algo, vamos a repasar algunas de las cosas que puede haber detrás de ese perfeccionismo tuyo que te impide finalizar tus proyectos de escritor.

Síndrome del impostor

El síndrome del impostor te hace sentir que eres un fraude como escritor. No importa lo que hagas o cuántos logros consigas, no importa si publicas libros o ganas premios, no puedes dejar de sentir que tú en realidad no eres escritor. Todavía no, te falta algo.

Mientras consigues ese «algo» indeterminado que te falta y que te hará sentir justificado para, por fin, poder considerarte escritor, temes mucho al que dirán. Temes que alguien un día alguien se encare contigo y te diga: «Pero si tú no eres escritor».

Así que tratas de evitar cualquier crítica haciendo un trabajo perfecto. Nadie te va a pillar en un renuncio. Revisarás una vez más la novela antes de darla por concluida, volverás a repasar la web de cabo a rabo antes de publicarla.

También hemos dedicado ya un artículo al síndrome del impostor en el escritor. Léelo aquí.

Miedo a la crítica

Acabamos de mencionar la crítica, y el miedo a recibirla es otro de los motivos que pueden provocar tu perfeccionismo.

A nadie nos gusta ser criticados, sobre todo porque la crítica suele hacerse buscando zaherir al que la recibe, antes que ayudarle. Pero en el caso de un escritor debe aprender a convivir con ella (e incluso buscarla, siempre que sea una crítica constructiva) porque tarde o temprano va a exponer su trabajo a los ojos de terceros.

Eso, saber que una mirada distinta de la tuya va a examinar tu trabajo, hace en ocasiones que trates de postergar (muchas veces de manera inconsciente) el momento de darlo por finalizado.

Por tanto revisas y revisas, perfeccionas y perfeccionas, pules y vuelves a pulir. De esta forma consigues dos cosas: aplazar el momento de que tu trabajo deje de estar bajo tu control; y minimizar el riesgo de que alguien encuentre algún fallo o error que pueda echarte en cara.

A estos temores les das el nombre de perfeccionismo, y el perfeccionismo es bueno, así que todo bien.

Dónde buscan la perfección los escritores

Como es lógico, hay muchos momentos en que un escritor puede buscar la perfección y aplazar sine die el momento de dar algo por concluido porque todavía hay flecos que solucionar: la publicación de un libro, su presentación, la web, los contenidos del blog, hasta la foto de él que aparece en la solapa de su libro…

Pero hay un momento que, obviamente, es especialmente sensible a la manía del perfeccionismo en un escritor: la escritura.

En nuestros diez años trabajando con autores hemos detectado dos tipos de escritores perfeccionistas:

  • El primero es el escritor que tarda una eternidad en escribir una obra porque de continuo se detiene a revisar y corregir lo que lleva escrito. Siempre hay una parte que no termina de convencerle, así que vuelve atrás una y otra vez. A este tipo de escritor, terminar cada capítulo le cuesta un tiempo indecible.

Si perteneces a este tipo de escritor, hacer un trabajo previo sólido como el que te enseñamos a hacer en el Curso de Novela puede ayudarte mucho. Como lo tienes todo previsto de antemano y te has asegurado previamente de cómo vas a hacer las cosas, el proceso de escritura resulta después mucho más sencillo.

  • El segundo tipo de escritor es el que, con la novela ya escrita por completo, la somete innumerables veces a un proceso de revisión, reescritura y corrección. La lee y cambia párrafos, frases, escenas, capítulos. La vuelve a leer y vuelve a modificar cosas. Y así en un proceso sin final.

Si tú eres de este tipo de escritor, lo que necesitas es una mirada externa que revise tu obra con mirada ecuánime y desapasionada, te dé un veredicto y te diga exactamente qué partes debes retocar, mejorar o suprimir (si es preciso, porque no siempre lo es). Justo lo que hacemos en la Tutoría de Proyectos Narrativos.

Busca la excelencia, no la perfección

Un momento, te estarás diciendo, ¿esto significa que puedo dejar de ser exigente conmigo mismo, no dar el máximo?

En absoluto, lo que te proponemos es que busques la excelencia antes que la perfección.

Una persona que quiere ser excelente no busca la perfección, sino la mejora. Porque mientras la perfección no existe (a fin de cuentas el universo tiende al caos), la mejora depende de ti.

Si te comprometes con tus objetivos y, sobre todo, con lo que debes hacer cada día para conseguirlos, llegarás a la excelencia. Proponte cada día hacerlo mejor, no perfecto, solo un poquito mejor que ayer. Y aprende también a tolerar tus fallos y tus errores. Hoy no ha salido tan bien como te gustaría, pero mañana tendrás una nueva oportunidad.

Por otro lado, la excelencia es un hábito. Se llega a ella a través de la formación y la práctica continuas. Si no aprendes y te formas y si no insistes en poner en práctica lo aprendido no podrás desarrollar el hábito de la excelencia.

Recuerda las palabras de Pessoa y «Pon cuanto eres en lo mínimo que hagas».

Hecho mejor que perfecto

Buscar la excelencia, querer hacer las cosas bien, lo mejor que esté en tu mano, es una cualidad que te honra. Pero cuando cruzas la línea y tu perfeccionismo te frena, tienes que aprender a ponerle límites.

Analiza si detrás de tu afán de perfeccionismo no se agazapa la procrastinación, el síndrome del impostor, el miedo a la crítica.

Recuerda que hecho es mejor que perfecto. La perfección no existe en este mundo y es mejor tener una obra escrita, aunque no sea perfecta, que ninguna obra. La próxima será mejor. Y aún más la siguiente. Porque así es como se avanza hacia la excelencia.

¿Eres perfeccionista? ¿Te habías planteado alguna vez que hecho es mejor que perfecto? ¿Qué opinas de cambiar perfección por excelencia? Nos gustaría entablar un debate al respecto en los comentarios, así que déjanos el tuyo.

No hay una fórmula mágica para llegar a la excelencia, pero si tú quieres alcanzarla como escritor te invitamos a unirte a nuestra comunidad. Todos los martes te enviaremos nuevas reflexones sobre cómo puedes llegar a convertirte en el gran escritor que sueñas ser a través del trabajo bien hecho y el esfuerzo cotidiano. ¿Te interesa? Pues solo tienes que dejar tu nombre y tu correo aquí debajo.

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