La importancia de definir quién es tu lector

Si te planteáramos la pregunta «quién es tu lector», ¿qué nos contestarías? ¿Serías capaz de definir quién es la persona que disfrutaría leyendo tu obra y, no menos importante, que estaría dispuesta a pagar algunos euros por leer tus libros?

Parece una pregunta sencilla y, sin embargo, la mayoría de las veces los escritores no sabéis responderla con certeza. Y eso tiene graves consecuencias. Consecuencias que afectan tanto a la concepción de la obra como a su posterior difusión. Por eso es hora de que empieces a reflexionar con seriedad sobre quién es tu lector.

La relación entre escritor y lector

Curiosamente, los autores viven en cierta manera obsesionados con sus lectores. Para ellos pergeñan sus historias, ellos son los destinatarios de cada palabra, por ellos tantas horas de esfuerzos y trabajo. La realidad es que sin lector no hay obra.

En Sinjania creemos que la relación entre escritor y lector debe estar basada en el respeto: respeto del escritor hacia sí mismo y respeto del escritor hacia el lector.

Es inevitable que la figura del lector esté en tu mente mientras escribes, pero debe hacerlo bajo una figura benigna: un lector que disfrutará tu obra tal como la has concebido, que sabrá comprenderla y valorarla y que estará dispuesto a pagar un precio justo por ella.

Cómo puede afectar a la concepción de tu obra no conocer a tu lector

No todo lector es tu lector, esa es una verdad incuestionable (aunque a menudo olvidada).

Un lector de romántica no se va a interesar por una obra de ciencia ficción. Y un lector de ciencia ficción no se va a interesar por una novela psicológica. Es cierto, existen las excepciones, pero no deberías basarte en lo excepcional a la hora de concebir tu obra.

Un escritor quiere tener lectores, como es natural, por eso a veces se tiene la comprensible tentación de hacer pequeñas trampas para alcanzar ese objetivo. Piensas que si incluyes algunas escenas de sexo tórrido lograrás interesar a los lectores de ese tipo de obras; si incorporas algo de misterio te ganarás a quienes leen ese género; si transformas a tus personajes en elfos atraerás a los lectores de fantasía…

Estas dispuesto a hacer pequeñas (o grandes) concesiones para lograr interesar a un público amplio. Como si tu historia fuera un bufé libre, esperas que cualquiera pueda encontrar en ella una porción de algo que satisfaga su gusto.

Por desgracia, ese tipo de actitud no engendra buenas novelas. Una historia que tenga «un poco de todo» tiene muchos visos de ser un pastiche, no una obra literariamente solvente. Y una mala obra no gustará a ningún lector.

Es más, al incorporar elementos extraños, lo más probable es que estés ahuyentando a aquel lector que sí se hubiera interesado en tu novela de no haberla transformado en una amalgama de ficciones. Si tú querías escribir la experiencia transformadora que puede suponer para una persona el viaje a una ciudad con siglos de historia, hazlo. No es preciso que conviertas ese argumento en el trasfondo de una trama de intriga. Porque de este modo tu obra será algo que se quede a medio camino: no será una buena novela de intriga y no será una buena novela de experiencia. Defraudará al lector de novelas de intriga y defraudará al lector de novelas de experiencia.

Al concebir y escribir tu obra no te dejes llevar por las modas, no te obsesiones por lo que «le gusta al lector». La realidad es que nadie sabe lo que le gusta al lector, como ya explicamos cuando hablamos de la fórmula para escribir un best seller.

Hay lectores para todo tipo de novelas, también para la tuya. Confía en que tu lector, si haces bien tu trabajo, sabrá disfrutar tu obra tal como tú la has ideado, sin necesidad de que tengas necesariamente que añadir intriga, sorpresas, sexo o crímenes.

El trabajo de un escritor no consiste en saber qué le gusta al lector. Consiste en saber manejar los recursos de la ficción para plasmar con el mayor acierto, interés y expresividad la idea que un día concibió. La mayor parte de los grandes autores que hoy veneramos escribieron obras rupturistas, muy distantes de los gustos de los lectores del momento, y triunfaron.

En el fondo, se trata de la eterna duda entre escribir lo que se vende o vender lo que se escribe, cuando en realidad no hay por qué elegir.

Pero el no tener claro quién es tu lector afecta a tu obra a otro nivel: su difusión.

Cómo puede afectar a la difusión de tu obra no conocer a tu lector

Lo cierto es que detrás de ese deseo por complacer al lector lo que se manifiesta es el lógico deseo de tener un gran número de lectores, de ser publicado, de ganar dinero con la venta de tus libros. Todos ellos deseos perfectamente válidos y respetables.

Nada hay de malo en querer ser leído, en querer captar el interés de los editores y recibir buenas propuestas para la publicación de tu obra y en cobrar sustanciosos royalties que te permitan vivir de tu escritura. Por el contrario, en Sinjania defendemos a capa y espada la faceta comercial del oficio de escritor, existe y debes reconciliarte con ella. Estamos convencidos de que sí se puede vivir de la escritura (más que nada porque la realidad empírica demuestra que hay muchos autores que lo hacen).

Pero para vender libros (como cualquier otro producto) hay que identificar quién será el destinatario de tus esfuerzos de marketing.

Cuando has escrito una novela «con un poco de todo» tu lector ideal se difumina. Tu novela no es netamente romántica, o ficción literaria, o de acción… ¿A quién dirigirla entonces?

Cuando consideras que todo el mundo puede estar interesado en tu novela, que cualquiera puede ser tu lector potencial, lo más probable es que acabes por cometer flagrantes errores: llevar a cabo estrategias de marketing poco afinadas, tener un mensaje estereotipado y vacío o poner precios ridículamente baratos a tus libros.

Estrategias poco afinadas

Cuando crees, erróneamente, que todo el mundo es tu lector tratas de estar en todas partes, lo que supone una gran inversión en tiempo, energía y, si haces campañas pagadas de publicidad, dinero. Pero los resultados que esperas no llegan porque en realidad no te estas dirigiendo a quien verdaderamente sí compraría tu libro, aquel lector a quien meramente su sinopsis ya le resultará interesante y atractiva.

Sin embargo, cuando sabes quién es tu lector sabes también ante quién debes hacerte visible. Solo se trata de buscar aquellos lugares donde él, tu lector, acostumbra a estar y, mejor todavía, acostumbra a buscar sus próximas lecturas: páginas de recomendaciones, grupos en redes sociales, blogueros o youtubers literarios, determinadas librerías…

Mensaje difuso

Cuando no tienes claro quién es tu lector y consideras que «cualquiera» puede serlo, tus mensajes de promoción resultan siempre difusos: «si te gusta disfrutar de la lectura…», «no podrás parar de leer…», «una historia apasionante…».

Esos mensajes no solo son lugares comunes y frases manidas, sino que además no apelan a tu lector. Desde luego a todos los lectores les gusta disfrutar de la lectura, pero un lector de novelas de terror es posible que no disfrute para nada con una sesuda novela psicológica. Y si tu obra no le gusta, no le costará nada parar de leer ni encontrará la historia para nada apasionante.

Tienes que conocer bien a tu lector para saber qué cosas puedes decirle que le apelen, que resuenen con él y de verdad le resulten sugerentes. Si has tenido en mente a tu lector desde el principio y has escrito tu historia pensando en ese tipo de lector al que esa novela le encantará, sabrás qué decirle; si por el contrario has escrito una novela al gusto de todos, probablemente no sepas afinar tus mensajes y estos no podrán dar en la diana.

Precios bajos

La última manera en que no conocer a tu lector afecta a la difusión de la obra se relaciona con el precio que fijas para tus libros.

Cuando tus estrategias de marketing se dirigen a todo el mundo porque no sabes quién es en realidad tu lector suele caerse en el error de tirar los precios. En primer lugar porque de forma errada se cree que poner los precios bajos es una estrategia de marketing (no lo es, en realidad ni siquiera es una estrategia). Pero también porque se tiende a pensar que a todo el mundo le gustan los precios bajos, algo que tampoco es cierto.

Hay estudios de economía conductual que demuestran que todos asociamos precio bajo con falta de valor y calidad. Si el precio de tu libro es 0,99 € el lector dará por sentado que debe tratarse una novela equivalente a los productos que se compran en el «todo a un euro».

Pero en realidad tú no dispones de otra forma de seducir al lector, porque tus estrategias de marketing son errabundas y tu mensaje difuso, por eso tratas de convencerle con el precio. Al fijar precios bajos es como si dijeras al lector: «No confío demasiado en que mi libro te vaya a gustar, pero al menos no podrás achacarme que te costó caro». ¿Se te ocurre una proyección peor?

Hemos hablado ya sobre cómo fijar el precio de un libro, no te pierdas el artículo.

Si te interesa este tema y quieres saber más sobre cómo identificar a tu lector ideal, cómo construir tu marcar personal y un mensaje persuasivo y, en especial, técnicas concretas que te aseguren ventas sin tener que poner precios bajos, apúntate hoy mismo al Curso de Marketing para Escritores. Con su temario y sus hojas de trabajo te ayudará a crear un plan de marketing personalizado y accionable que podrás poner en marcha desde el primer momento.

Cómo ves conocer a tu lector resulta esencial tanto en el momento de escribir tu obra, cuando corres el riesgo de consentir que consideraciones externas al acto literario sean las que conduzcan la creación; como en el momento de su difusión, cuando no saber quién estará interesado en leerte puede llevarte a cometer terribles errores en la promoción de tu obra que, en el caso de los precios bajos, van a condicionar además tu vida.

¿Te habías planteado alguna vez cómo el hecho de no conocer a tu lector puede condicionar tu obra, tanto en el momento de su creación como en el momento de su promoción? ¿Tienes claro quién es tu lector?, ¿o has cometido alguno de los errores que glosamos aquí, como bajar los precios o usar mensajes de venta estereotipados? Tu visión nos importa, así que te esperamos en los comentarios.

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