La relación entre escritor y lector

El lector. Qué importante es la figura del lector para un escritor.

Él es el destinatario último de todos tus libros, de cada una de las palabras que escribes. Él completará tu obra, le dará sentido. Comprenderá tus intenciones y aun las rebasará, poniendo en el texto parte de su propia esencia, como antes hiciste tú al escribirla.

La figura del lector es tan importante que en ocasiones llega a obsesionar al escritor novel. ¿Debes tenerle presente a lo largo del proceso creativo?, ¿hay que tenerle en cuenta antes de decidir el tema o el argumento de una novela?, ¿es obligatorio darle lo que quiere, atraparlo, escribir lo que le gusta?… Con frecuencia nos planteáis estas preguntas, que son las que os soléis hacer a vosotros mismos.

Este es un tema importante, porque para un escritor es básico que la relación con el lector sea sana, que no cree dudas e inseguridades y, sobre todo, que sea una palanca para impulsar su obra y nunca una barrera que la coarte.

Y es que, como toda relación, la relación entre escritor y lector debería basarse en el respeto.

Respeto del escritor hacía sí mismo

Con la relación entre escritor y lector sucede lo mismo que con las relaciones amorosas: el amor al otro debe cimentarse en el amor hacia uno mismo.

Así que lo primero que debes hacer es respetarte a ti mismo como autor.

Hay escritores, sobre todo principiantes, que no se deciden a empezar a escribir una novela si sospechan que es un tema que no despertará el interés de los lectores. Por eso muchos eligen temáticas y argumentos que están de moda: saben que eso es lo que interesa al público y prefieren seguir ese cauce marcado (y más o menos seguro) que buscar sus propias ideas y probar sus propios argumentos.

Sinceramente, no te recomendamos pensar en el lector para decidir sobre qué tratará tu próxima novela. Los temas y argumentos sobre los que vas a escribir deberían ser siempre temas que te interesan, que llaman tu atención, sobre los que te apetece reflexionar (y compartir tu reflexión).

Si eres escritor es porque tienes algo que decir. Fíate de ti mismo, de la relevancia de tu mensaje. Muestra respeto por tu pensamiento y por la forma en que tu creatividad y tu instinto te dicen que debes plasmarlo.

Respeto del escritor hacia el lector

Pero, además, un escritor debe mostrar un enorme respeto hacia el lector.

Tal vez la primera forma de mostrárselo sea no dar por sentado que el lector no va a apreciar lo que tú tienes que decir solo porque no has elegido para hacerlo un argumento similar a los que están de moda en ese momento.

Hay un lector para cada obra. Por inusual que sea el tema de tu novela, por enrevesada que sea la trama, por complejo que sea el uso del lenguaje siempre habrá un lector al que tu libro llegue e impacte. Y, como decíamos hace poco, tal vez llegar a él sea más una cuestión de marketing que de escritura.

Una cosa es que en ocasiones tengas lógicas dudas sobre tu escritura o que siempre te acompañe el deseo de mejorar, pero eso no significa que te debas plegar a los deseos de nadie, sino a tu propio anhelo de hacerlo bien y superar tus propios límites.

A no ser, claro, que tú seas un escritor que prefiere escribir lo que se vende, en ese caso sí debes tener muy en cuenta al lector a lo largo de todo el proceso de escritura.

El respeto al lector se muestra también confiando en su inteligencia.

Con frecuencia nuestros alumnos nos confiesan que temen que el lector no sea capaz de seguir el desarrollo de la acción. Otras veces no nos lo confiesan, pero esa desconfianza hacia el lector se aprecia de manera manifiesta en el texto, que es sobreexplicativo o timorato.

Pero el lector es listo: el lector comprende, interpreta, se adelanta, apuesta, lee entre líneas.

El lector es listo y no es preciso que uses con él truquitos para atraparle, hacerle volver las páginas, engancharle hasta el final… Basta con que escribas bien, con que domines los elementos que componen una historia y sepas emplearlos de manera inteligente y creativa. No hay más fórmulas. Aunque, por supuesto, lograr la pericia necesaria para escribir una buena obra requiere grandes dosis de estudio, práctica y paciencia.

Recuerda las palabras de Paul Auster:

El libro no solo pertenece al escritor, sino que también pertenece al lector, y luego, juntos, lo convierten en lo que es.

La figura del lector para el escritor

Entonces, el lector puede estar presente en la mente del escritor mientras trabaja.

No como un tirano en favor del cuál debas modificar tu obra, para atenerte a sus gustos, exigencias o a lo que crees que él espera de ti o del texto en el que trabajas; antes bien como una figura ideal cuya inteligencia valoras y respetas.

Porque mientras escribes albergas la convicción de que ahí fuera hay lectores que van a apreciar tu novela. La van a leer, van a comprender su sentido, van a deleitarse con el argumento y van a valorar la pericia que has demostrado para exponerlo. Paladearán las palabras que escribes y volverán la última página con un suspiro de reconocimiento hacia tu trabajo.

Ese es tu lector ideal. Por cierto, que tú eres tu primer lector ideal, por eso en este artículo te contamos cómo entrenar a tu lector interno.

Muchos escritores confiesan haber tenido presente la figura del lector de una u otra forma.

Saul Bellow, preguntado en una entrevista concedida a The Paris Review sobre si era consciente del lector cuando escribía, respondió:

Tengo en mente a otro ser humano que me entienda. Cuento con eso. No con un entendimiento perfecto, que es algo cartesiano, sino con uno aproximado, que es algo judío. Y una suma de afinidades, que es algo humano.

John Cheever esperaba que sus libros los leyeran:

Todo tipo de personas agradables e inteligentes […] No sé quiénes son, pero son maravillosos y parecen vivir bastante independientes de los prejuicios de la publicidad, el periodismo y el estrafalario mundo académico. La habitación donde trabajo tiene un gran ventanal que da a un bosque, y me gusta pensar que esos lectores serios, adorables y misteriosos están ahí dentro.  

Por su parte, Georges Simenon apuntaba:

Sé que hay muchos hombres que tiene más o menos los mismos problemas que yo, con mayor o menor intensidad, y que disfrutarán leyendo el libro para encontrar la respuesta, si es que esta puede encontrarse.

Pero, como siempre, en Literatura no hay normas que aplicar a todo el mundo. Por eso la opinión de William Faulkner era diametralmente opuesta.

Yo mismo estoy demasiado ocupado para preocuparme del público. No tengo tiempo de preguntarme quién me lee. No me importa la opinión del americano medio sobre mí o sobre el trabajo de cualquier otro. Tengo que cumplir con mi propio estándar, que es lo que se da cuando la obra me hace sentir lo que experimento cuando leo La tentación de San Antonio o el Antiguo Testamento.

La relación ente escritor y lector

En resumen, puede decirse que una relación entre escritor y lector sana se engloba dentro de dos tipologías.

  • La primera no tiene para nada en cuenta al lector en el momento de concebir y escribir la obra. En este caso el escritor crea libremente, entregado a alcanzar su propio estándar, como indicaba Faulkner, a plasmar la obra tal como la ha ideado sin pararse en ulteriores consideraciones acerca de su recepción.
  • En la segunda tipología, el escritor tiene al lector presente, pero es un lector anónimo, una persona ideal y abstracta para la que el autor escribe su libro, sabiendo que está ahí, en algún lugar, y que disfrutará con esa obra que ahora el escritor prepara.

Pero no olvides que en uno y otro caso, después, cuando llegue el momento del marketing, sí que deberás emplearte a fondo en conocer al dedillo a ese lector ideal para dirigir a él las oportunas acciones de marketing. Sin embargo, esa es ya otra historia.

Aunque si quieres saberlo todo sobre cómo determinar quién es tu lector ideal y cómo crear un plan de marketing para tus libros enfocado en él, puedes comprar hoy mismo el curso de Marketing Online para Escritores.

El turno de debate se abre ahora en los comentarios. Cuéntanos cómo imaginas a tu lector, si es que te has detenido a hacerlo, o dinos si tú prefieres no pensar en él hasta que la obra está finalizada.

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