Seis cosas que eliminar al revisar tu borrador

Durante la fase de revisión y reescritura una de las labores que deberás hacer para mejorar tu obra es suprimir: eliminar aquellas partes que, por diversos motivos, pueden estar perjudicándola.

Eliminar duele, lo sabemos, pero toca hacerlo. Duele porque cada frase, cada escena, cada personaje implican esfuerzo, horas de trabajo, una pequeña parte de ti que volcaste con ilusión en el texto, una gota de tu sangre artística. Y ahora debes enfrentarte a la difícil tarea de suprimirlo de la obra y mandarlo a la papelera. Sin embargo, es necesario. Y debes aprender a hacerlo porque solo así serás capaz de escribir obras dignas.

Pero eliminar es una labor delicada. En su libro Zen en el arte de escribir, Ray Bradbury apuntaba:

A los amigos que escriben siempre he intentado enseñarles que hay dos artes: primero, terminar una cosa; y luego el segundo gran arte, que es aprender a cortarla sin matarla ni dejarle ninguna herida. Cuando empieza la vida de un escritor ese trabajo le repugna, pero ahora que soy más viejo se me ha vuelto un juego maravilloso, un reto que me gusta tanto como escribir el original, porque es un reto. Tomar un escalpelo y cortar al paciente sin matarlo es un reto intelectual.

Por qué eliminar al revisar

Es común que, mientras escribe, el autor se detenga en aspectos secundarios que luego deberán ser eliminados, o al menos recortados, en detrimento de partes que en realidad son fundamentales. Te dejas llevar por la historia y no te das cuenta de que esta a veces da rodeos innecesarios o se demora en detalles que no son relevantes.

Sin embargo, en una obra literaria cada elemento debe tener un propósito.

Debes concebir el texto literario como un tapiz. Todos y cada uno de los hilos de ese tapiz tienen un propósito. En unas ocasiones ese propósito será estructural y en otras será estético, pero en cualquier caso el propósito existe. Sin tal propósito, el tapiz podría deshacerse con facilidad porque su urdimbre sería débil, o bien el diseño en su superficie podría no estar claro o resultar poco atractivo.

Por eso en la fase de revisión debes tener muy presente el propósito de cada elemento para asegurarte de que tu historia no falla ni a nivel de estructura ni a nivel estético.

Es importante aclarar que la conveniencia de eliminar no proviene de la necesidad de que la obra se adapte a una determinada extensión.

Ya hablamos de que no hay una cifra estándar de palabras que una novela deba ocupar y que lo importante no es la extensión de la obra, sino que esta se desarrolle de forma armónica y equilibrada, que no haya lagunas argumentales, pero tampoco relleno o partes que la lastren; que el arco argumental se desarrolle con limpieza y los personajes cumplan también sus arcos dramáticos.

En resumen, a la hora de eliminar es preciso aprender a distinguir lo que sobra de lo que vale, so pena de escribir una obra sin tono narrativo, en la que el conflicto se pierda entre la hojarasca de acontecimientos poco significativos o el carácter de los personajes se desdibuje entre los detalles accesorios.

Aunque resulte difícil, que no te tiemble la mano a la hora de eliminar lo superfluo, incluso aunque sean partes que te encantan. Porque toda esa maleza dificulta el avance del lector y es un lugar idóneo para perder su atención.

Cabe destacar que, una vez más, realizar un trabajo previo bien orientado y concienzudo facilita en gran manera (aunque no la excluye) la labor de eliminar durante la fase de revisión. Por un lado, porque te permite decidir de antemano los elementos y partes que compondrán tu obra y asegurarte así de que tienen un propósito. Por otro, porque a la hora de revisar puedes cotejar el borrador con los esquemas preliminares para localizar posibles desviaciones y, nuevamente, comprobar que cumplen un propósito.

¿Quieres aprender a hacer un buen trabajo de planificación? Los veinte módulos y las hojas de trabajo del Curso de Novela te enseñarán a distinguir lo importante de lo accesorio y a trazar con buen pulso la línea argumental de tu novela.

Dónde eliminar  

Una vez claro el motivo por el que es tan importante que cada elemento de tu novela tenga un propósito, resulta más sencillo discernir qué debe ser eliminado.

Si un elemento de tu historia no fortalece la trama, contribuye al desarrollo de tus personajes, profundiza en los temas de la obra o proporciona contexto es hora de aplicar el escalpelo.

1. Personajes

Ya hemos hablado de que es común que en las novelas de autores principiantes haya un exceso de personajes.

Esto sucede porque crear personajes es una de las tareas más gratas para los escritores, de ahí que mientras tú pasas un buen rato el número de personajes pueda incrementarse sin querer.

No hay que perder de vista tampoco que, al escribir, a menudo se busca imitar la vida real. Y en la vida real por lo general todos tenemos un gran número de relaciones y conocidos. Pero aunque la ficción se inspira en la vida real, debe ceñirse también a los dictados de la narrativa para hacer que la obra funcione. Y la narrativa propone alcanzar el máximo resultado expresivo con la menor cantidad de recursos posible.

Por tanto, llegado el momento de la revisión, comprueba que no hay más personajes de los precisos. Si en tu historia hay personajes que podrían eliminarse con pocas consecuencias, plantéate eliminarlos.

2. Tramas secundarias

Eres un buen escritor y conoces un montón de recursos, pero, como dijimos en otro artículo, eso no significa que debas incluirlos todos en tus obras. (Recuerda la economía de medios). Sabes que las tramas secundarias son un modo de añadir complejidad a una obra y no hay novela en la que no incluyas varias.

Es un error común pensar que las novelas en las que hay tramas secundarias son necesariamente mejores. En realidad no es así. A menudo una trama principal bien desarrollada es más que suficiente; y, desde luego, más vale una única trama robusta que varias tramas flojas.

Si las tramas secundarias no refuerzan la trama principal, si no profundizan de algún modo en los temas que aborda la obra solo lastrarán tu historia, elimínalas. Puede que tengan una oportunidad como historias exentas en forma de relatos o sean el germen de una nueva novela.

Mención especial merecen las tramas secundarias de índole romántica. No hay nada de malo en incorporar una historia de amor a tu novela, pero ten cuidado de que ese no sea el tema de todas tus subtramas; especialmente cuando las usas para que esos personajes secundarios bonachones obtengan su recompensa al conseguir al amor de su vida.

3. Escenas

Una de las premisas básicas de la narrativa es que en cada escena debe suceder algo que haga avanzar la acción o que ayude a conocer mejor al personaje y sus motivaciones.

No obstante, es fácil dejarse llevar y añadir escenas en las que no sucede nada significativo, solo por el placer de ver actuar a los personajes o con la intención de que la narración de determinadas acciones «dé realismo» a la historia.

Repasa una a una todas tus escenas y pregúntate si la obra se entendería igualmente sin ellas. ¿Contribuye esa escena a desarrollar el arco dramático?, ¿aporta información necesaria sobre el personaje? Si la respuesta es no, coge las tijeras.

4. Contexto

El contexto es absolutamente imprescindible para que el lector pueda comprender adecuadamente la historia que le cuentas. Es preciso que conozca el entorno —físico, social, moral…— en el que todo sucede. De igual manera es necesario que conozca aquellos detalles de tus personajes que contribuyen a entender sus motivaciones, sus aspiraciones y su manera de enfrentarse al conflicto.

Pero puede suceder que el contexto se hipertrofie y ahogue la acción. Hay dos puntos negros que debes vigilar en lo relativo al contexto: los personajes y, si escribes fantasía o ciencia ficción, el worldbuilding.

Los escritores noveles a menudo se esfuerzan en imaginar hasta el más pequeño detalle de la vida de sus personajes, pero volcar toda esa información en la novela resulta un error. Por eso basta con tener claros aquellos aspectos de su biografía y de su carácter que afectan al desarrollo de la historia. Todo lo demás sobra.

Otro tanto sucede con el worldbuilding. En tu intento de introducir en la novela todo lo que has ideado sobre tu mundo, puedes dar al traste con el precioso equilibro que toda historia debe guardar entre sus diferentes elementos. Asegúrate de que no estás ahogando la acción con capas de detalles superfluos.

5. Prosa y estilo

También conviene revisar el estilo y la prosa para comprobar que sostienen la historia y la vuelven expresiva y literaria sin caer en lo redicho o excesivamente florido. Esto no significa que debas escribir de forma parca o escueta, sino que debes elegir bien cada palabras y formar bien cada frase para, una vez más, conseguir el mejor resultado con los menores medios.

Atento entonces a las frases redundantes. Con frecuencia el escritor novel teme no ser adecuadamente entendido por el lector, de manera que repite varias veces una misma información con pequeñas variaciones en su formulación. Si crees que corres el riesgo de no ser entendido, busca una manera mejor de explicarte, en lugar de repetirte.

Ojo a las frases artificialmente largas. No se es más literario por escribir largas frases rimbombantes y, además, cuando no se tiene un buen manejo de la gramática, se puede acabar cometiendo errores sintácticos. De nuevo, no se trata de que no sea correcto escribir frases largas, pero a la hora de revisar conviene examinar las que lo sean para comprobar que están bien escritas y que no hemos acumulado palabras sin ton ni son.

Cuidado también con el exceso de adjetivación. Horacio Quiroga advertía: «Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil». Una vez más, se trata de dar con la palabra justa.

Localiza y elimina los clichés. Esas ideas, expresiones o fórmulas que han sido tan usadas que han perdido su brillo no tienen nada que hacer en tu obra.

6. Prólogos

Hay una alarmante tendencia a comenzar cualquier novela con un prólogo. Parece que fuera un requisito indispensable. Sin embargo, a menudo esos prólogos no contienen más que información de contexto que podría darse sin ningún problema a lo largo de la obra. Valora si ese no es el caso del tuyo.

Como cualquier otro elemento de la obra el prólogo debe cumplir un propósito. Si el del tuyo es meramente dar contexto, poner en antecedentes al lector, puedes eliminarlo sin titubear e incorporar los datos que contiene a otras partes del texto.

Una última advertencia

Hemos hablado de eliminar todo aquello que no tiene un propósito claro en la novela, esas partes que han crecido demasiado, pero que en realidad no contribuyen de manera decisiva al desarrollo de la obra. Hilos del tapiz que no son ni estructurales ni estéticos y que, por tanto, no tienen razón de ser.

Entre esos hilos no pueden estar las descripciones o los pasajes introspectivos (o no todos).

Las descripciones de paisajes, de personajes, de habitaciones y ropas; las inmersiones en los sentimientos y pensamientos del protagonista suelen tener una función tanto estructural —saber dónde sucede la acción o a quién— como estética —en ellas reposa a menudo parte importante del valor estético de la obra—. No son relleno, son literatura.

Por supuesto, debes valorar esas partes y juzgar si son pertinentes y si cumplen su función, pero sin dar por hecho que una descripción demasiado larga no tiene lugar en una buena obra y que por tanto debe ser eliminada. Recuerda que no todo tiene que ser acción.

¿Sueles eliminar muchas cosas cuando entras en fase de revisión? ¿Qué partes son aquellas que en tu caso medran sin control?, ¿qué estrategias adoptas para eliminarlas sin que la obra o tú sufráis demasiado? Charlamos en los comentarios.

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14 COMENTARIOS


Otros artículos:

  • Muy claro respecto a los criterios para eliminación de sobrantes.
    Me gustó mucho.
    Gracias

  • Ciertamente, al revisar mis anteriores escritos, me daba cuenta que gregaba demasiados personajes que si bien, algunos si decidi eliminarlos, otros decidi dejarlos con la particularidad que no pienso dejarlos como punto de narración (puesto que como soy más de escribir en tercera persona, yo solía intercambiar el eje narrativo a varios personajes y ahora veo que eso más que darme variedad, lo volvía pesado). Me duele eliminar escenas pero es lo ideal. Muy inspirador el blog, me hizo sentir más segura con mi toma de decisiones para mis trabajos

  • Muy bueno el artículo, muchas gracias. Me ha caído como anillo al dedo ya que precisamente me cuesta mucho eliminar algunas cosas de mis escritos.

  • Todo lo que acabo de leer me sirve muchísimo para mi primera novela. Esta mal incluir actos de sexo entre los protagonistas o es poco adecuado hacerlo?

  • Excelente lo que nos explica. Aclara con precisión. En mi caso personal me gusta mucho pero mucho apoyarme en la narrativa. Gracias por las indicaciones.

  • Una duda que siempre me ha rondado la cabeza: ¿Por qué hay escritores de renombre que usan las frases rimbombantes y se salen de las escenas una y otra vez, y sin embargo, a los escritores noveles se nos aconseja huir de ello? A ellos se les alaba por tales proezas mientras que a nosotros (los escritores sin nombre alguno) se nos ¨prohibe¨ hacer tales hazañas. Gracias.

    • Hola, Jon:

      Porque la veteranía es un grado. Un escritor de renombre (o mejor: un buen escritor —porque hay escritores de renombre que no son buenos escritores y escritores buenos que no son de renombre—) conoce muy bien las técnicas del oficio y sabe manejarlas a conveniencia.

      Tiene un buen manejo del lenguaje que le permite encontrar la palabra exacta (aunque sea de uso poco común), mientras que un escritor principiante a veces elige una palabra rebuscada que a menudo no es la más indicada por el contexto. También maneja bien la gramática y no comete errores que en un escritor novato son frecuentes.

      Asimismo maneja bien el tiempo de la narración, su ritmo, la dosificación de la información y los distintos recursos para presentarla… Algo en lo que un escritor principiante todavía se está ejercitando.

      Es como si alguien que empieza a correr hoy se preguntara por qué no puede participar ya en una maratón, puesto que hay otras personas que lo hacen. La escritura es un camino y hay que recorrerlo paso a paso. Ahondar tanto en el manejo de los recursos como en el propio proceso. Por eso lo mejor es mantener las cosas sencillas al princpio (como en cualquier arte) y a medida que se vayan dominando técnicas, recursos y lenguaje ir aumentando la complejidad.

      Pero esto es solo un consejo, porque cada autor es libre de enfrentarse a la escritura como prefiera.

      Saludos.

      • Admiro la forma tan diplomática, precisa y acertada de responder a las dudas. Felicitaciones y gracias por compartir su punto de vista y conocimiento.

  • Muchas gracias, estas recomendaciones serán de mucha utilidad en mis proximos escritos.

  • Muy interesante.
    Suelo escribir y leer mucho antes de darlo por terminado y sé lo que cuesta soltar escenas.

  • Hola
    Me ha parecido una información fundamental en especial para mí que soy un escritor novel.
    Lo que creo que falta a mí entender son ejemplos en las distintas explicaciones

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