Cómo hacer un uso inteligente de los recursos del escritor

Un texto literario está compuesto de multitud de elementos y en él se aplican diversos recursos: diferentes tipos de narradores, personajes, diálogos, descripciones, el lenguaje como soporte de todo, distintas estructuras y posibilidades formales…

Ante semejante variedad y complejidad el escritor en ciernes se siente abrumado. ¿Cuál es la mejor forma de escribir una novela o un relato?, ¿cómo aplicar los distintos elementos que integran un texto de ficción?, ¿hay una receta o fórmula que se pueda seguir para asegurarse de que se está haciendo bien?

La respuesta honesta es que no hay recetas, fórmulas o normas que se puedan aplicar. Como autor debes simplemente asegurarte de que conoces bien los ingredientes y luego crear tus propias formulaciones.

Como en un laboratorio, es un proceso de ensayo y error. Practicando y explorando las diversas posibilidades de combinación de los elementos es como lograrás dar con tu propia fórmula. Si eres un buen escritor esa fórmula dará lugar a buenas obras; si eres un escritor excelente tu formulación dará lugar a esas obras que acaban por resultar canónicas porque en ellas hay nuevos modos de hacer gracias a los cuales la ciencia literaria avanza un paso.

¿Qué es lo primero que necesitas, entonces? Conocer los elementos de la ficción para hacer el mejor uso posible de ellos.

La etapa de formación

Todos los autores pasan por una etapa de formación. No hablamos de la formación continua que es la característica del oficio de escritor: como escritor siempre habrás de estar indagando sobre tu arte, afinando tu proceso de escritura, elaborando y reelaborando tu propia poética; amén de permanecer al tanto de lo que sucede a tu alrededor, ser un buen conocedor del alma humana, estudiar el pasado e incluso pronosticar el futuro. Así construirás tu mundo imaginario, el que luego volcarás en tu obra.

Pero eso será después, al principio debes comenzar por pasar tu etapa de formación. En ella te emplearás en conocer los elementos de la ficción, en hacerte con los necesarios referentes literarios y en ir practicando la escritura. Muchas de las piezas que escribas serán meras tentativas, esbozos, textos titubeantes y con fallos. Pero día a día, texto a texto, cada vez lo harás mejor.

Si quieres aprender los diferentes elementos que componen una obra de ficción, así como los recursos literarios, técnicas y herramientas que un escritor tiene a su disposición nada mejor que participar en cursos de escritura.

Durante el proceso de formación irás descubriendo recursos, pero también descubrirás que, como ya te hemos adelantado, no hay fórmulas.

Pero, aunque no haya fórmulas, si hay cuatro cosas que debes tener en cuenta para hacer un uso inteligente de los recursos literarios, sobre todo mientras te encuentres en tu fase de formación.

Cuatro formas de no hacer un uso inteligente de los recursos del escritor

1. No hay reglas

Nunca tomes por dogma el uso de los diferentes recursos y elementos que vayas conociendo. En escritura no hay reglas, no hay fórmulas, no hay nada prohibido. No te aferres a la explicación de un recurso o al ejemplo con el que llegaste a comprenderlo como si fuera algo inmutable, una ley que sí o sí hay que acatar.

Somos conscientes del mal que puede hacer un blog como este. Al hablar de creación literaria, al mencionar un uso determinado de una técnica corremos el riesgo de que nuestras explicaciones sean tomadas por preceptos inamovibles. No lo son. No existen preceptos inamovibles en la creación literaria.

2. No hagas una lectura ingenua de las propias capacidades

Cuando eres un escritor principiante puedes tener la tentación de creer que has descubierto una forma original de usar un determinado recurso. «Se me ha ocurrido usar varios narradores», «Voy a comenzar a narrar por el final», «Crearé una novela con varios personajes, pero sin que exista un protagonista identificable»….

Después de varios siglos de historia de la literatura (casi) todo está inventado. Con un número finito de elementos las distintas combinaciones posibles ya han sido probadas, a veces con éxito resonante. Lo cual no significa que tú no debas seguir explorando posibilidades.  

Tampoco significa que vayas a escribir una mala obra si optas por usar los recursos literarios a tu disposición como otros autores ya lo hicieron antes que tú. A veces buscar la originalidad denodadamente da lugar a obras artificiales y faltas de naturalidad. Por otra parte, y como ya comentamos en este otro artículo, suelen ser el público y la crítica quienes conceden el marchamo de la originalidad.

3. Querer probar todos los recursos literarios en una misma obra

Un escritor en su etapa de formación es como un niño el día de Reyes: tiene un montón de juguetes nuevos y los quiere probar todos.

En ocasiones no es solo el prurito de experimentar, sino también el deseo de hacer un pequeño alarde lo que le lleva a acumular recursos sin ton ni son en una obra.

Otras veces lo que busca es precisamente ser original o «más literario» y eso le conduce a imprimir a sus textos una complejidad que, así lograda, solo resultará impostada y poco natural.

4. Cada recurso literario tiene su aplicación, no los fuerces

Debes imaginar los distintos recursos que tienes a tu disposición como si se tratase de una caja de herramientas. Si necesitas clavar un clavo no vas a usar un destornillador solo porque no se suele hacer así, por buscar la novedad o lo original; usarás un martillo porque es la mejor herramienta para lograr lo que quieres, que es clavar un clavo.

Pues lo mismo sucede en la literatura: busca la mejor manera de contar la historia que quieres contar, busca el recurso o la técnica o el elemento que mejor cumpla el objetivo que pretendes conseguir, antes que la originalidad o lo alambicadamente literario.

Un texto literario es un todo

Los elementos de la ficción pueden estudiarse por separado, pero en la obra no funcionan como piezas aisladas. Por el contrario, juntos forman un todo orgánico e indiviso que tiene una finalidad expresiva.

Piensa en el texto literario como un reloj: está formado por un diferentes piezas, muelles, ruedas, engranajes y resortes. Un relojero sabe para qué sirve cada una de ellas, las conoce de manera individual. Y sabe cómo organizarlas para convertirlas en un instrumento que sirve para medir el tiempo.

La diferencia (importante) es que no existen muchas maneras de montar un reloj. Mientras que existe un número bastante amplio de formas de montar un texto literario.

Por tanto, no se trata meramente de conocer las técnicas narrativas. Se trata de comprenderlas, de no usarlas como una mera fórmula, sino de comprender las diferentes maneras en que se pueden engranar en un texto.

Por eso, es tan importante para el escritor ser un buen lector.

La lectura como base de la etapa de formación

Cuando conoces ya los elementos de la ficción y lees narrativa puedes apreciar mejor cómo los diferentes autores han usado las herramientas de las que disponían. Este escritor usó este elemento así, pero aquel otro lo usó de esta otra forma, y puedes juzgar con conocimiento los diferentes efectos logrados.

La lectura consciente te ayudará a comprender que todo está permitido, que todo es posible. Te proporcionará ideas para aplicar a tus propias obras. Y, por qué no decirlo, también puede ser una cura de humildad, ya que podrás comprobar que muchas de las ideas que tú ingenuamente considerabas novedosas han sido ya usadas con gran pericia por otros. (Lo que no quita que tú las lleves a la práctica también, porque tú les vas a imprimir tu sello y tu carácter).

Leer buena ficción, cuando ya se tienen algunas nociones de narratología, es como abrir la caja del reloj y ver sus engranajes funcionando. Puedes contemplar cómo gira cada ruedecita, sabiendo por qué gira y por qué el relojero la puso en ese lugar.

Con ese sencillo y placentero ejercicio llegarás a entender las lógicas de la narración y podrás trabajar tus propios textos narrativos con mucha más amplitud.

¿Consideras que tienes un buen conocimiento de los elementos de la ficción y que, por tanto, haces buen uso de los recursos a tu alcance? ¿O por el contrario te has encontrado alguna vez temiendo infringir una regla o pensando que tenías una forma novedosa de plantear una obra, para encontrarte después con que no lo era? Tu experiencia nos interesa, compártela en los comentarios.

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4 comentARIOs


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  1. Hola, amigos de Sinjania, gracias por irnos ilustrando en este mundo de escritores; sin duda lo major sería inscribirse a sus cursos, aunque en mi caso no es posible por la precariedad de mi economía.
    Pretendiendo ser escritor,, allgo que he ejercido por muchos años, en un principio sin mas guía que mi deseo de hacerlo, partiendo del gisto por la lectura; y de hace poco tiempo aprendiendo de generosas personas que me han corregido algunos textos, pienso que he ido mejorando en mi narrative.
    He explorado diferentes géneros: Infantil, cuento corto y largo; policiaco, ciencia ficción, realidad fantástica, etc. Me gusta el policiaco, pero mis personajes principals, que se repiten en varias historias, están lejos de pertener al esteorotipo del investigador metido en los negros abuismos de la delincuencia;no obstante haber salido de dos cuestionadas instituciones policiacas mexicanas: El Servicio Secreto, ya desaparecido y la policia judicial del Distrito Federal. estos excomandantes, uno de cada corporación, son investigadores reales, personas honestas que no se valen de métodos de tortura para encontrar culpables a modo. De esta forma, algunos pocos que me han leído, me dicen que son «demasiado» educados para el medio en que se mueven, casi como monjes cartujos. Mi idea es salir del estereotipo; no dudo que hay gente honesta dentro de los cuerpos policiacos.
    Otro tema o género que me agrada, es la ciencia ficción. Temngo unos cuentos de viajes al pasado; en especial uno al tiempo de los tres últimos días de Jesucristo y me acaban de dar a entender que he copiado lo escrito por J.J. Benítez. He leído y disfrutado los «Caballos de Troya», pero partiendo de la idea de que no hay temas exclusivos, le doy una vision diferente, bíblica, pero con una realidad de su propio tiempo en una ciudad judía sometida por los romanos; una última cena lejana a la pintura de Leonardo, apegada a la Ley mosaica en sus usos y costumbres.
    En fin, leyendo su presente artículo en que hacen hincapié en la ausencia de reglas o recetas de cocina para escribir, creo que estoy bien al dar mi propia vision del momento de mis personajes o historias. Que nececito seguir aprendiendo, es indudable, solo espero que a mis setenta y nueve años logre escribir algo acceptable, luego de sesenta años de intentarlo.

    Les abrazo con afecto y espero seguir recibiendo sus artículos.

  2. Gracias por vuestros artículos me ayudan mucho. Os sigo desde hace tiempo y pongo en practica vuestros consejos. Escribo desde hace poco tiempo y no tengo ni estilo ni sé técnicas de escritura y con vosotros estoy avanzando algo. Me gusta escribir relatos que comparto con mi familia y amigos, ellos me animan a seguir y en ello estoy. Gracias un saludo.

  3. Sin ánimo de dorar la píldora a nadie, creo que todo o casi todo lo que leo de vosotros me parece de lo más interesante.

    Y en esta ocasión también.

    Supongo que se podría hacer alguna analogía con el mundo de la cocina. Tienes un buen montón de productos, de especias, de tipos de temperatura y tiempo para elaborar suculentos platos, pero para cada uno debes usar unos ingredientes que solo servirían para estropear otros platos.

    Con todo, Creo que no exagero ni un poco, si digo que hay un buen manojo de recursos a tener en cuenta para construir una novela y solo el trabajo continuo, no desfallecer, no tirar la toalla ( por utilizar un término propio de un ring) te puede llevar a que realmente conviertas el folio en blanco en un tapiz repleto de emociones.

    En fin, habrá que abrir un ventana para que la corriente no cierre jamás la puerta por donde saldrá a volar nuestra particula cometa cargada de sueños.

    Un saludo cordial
    Pablo

  4. Buen articulo y me siento algo identificado. Muchas veces
    pensaba que los escritores clasicos creaban sus reglas para seguirlas al pie de la letra, pero hoy se que no es verdad; tal como se explica en el articulo, se necesita crear y ensayar con la prueba y el error para ver a quien le va mejor con cada cosa. Los demas puntos me parecieron muy buenos y estoy de acuerdo con la parte de la humildad. Todos necesitamos de vez en cuando ese balde de agua fria que nos despierte y no diga: ¡No eres el primero, ya hay otro que lo hizo! Un saludo.

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