Por qué puedes dejar de buscar la originalidad

La originalidad. La originalidad es un tema que suele preocupar a los escritores, hasta el punto de que muchos se sienten paralizados por la búsqueda de un tema, un argumento o una idea que sean originales.

Para esos escritores ese es el principio. A partir de ahí pueden comenzar a desarrollar su idea, a esbozar tramas y a escribir. Pero el punto de partida tiene que ser algo original.

¿Y si te dijéramos que puedes dejar de buscar la originalidad? Aun más, ¿y si te dijéramos que estás buscando la originalidad donde no está? Pues dicho queda.

Se acostumbra a decir que solo hay dos grandes temas: el amor y la muerte. Y después de siglos de literatura resulta difícil que esos grandes temas (e incluso los temas menores) no hayan sido tratados ya por algún autor.

De modo que vete haciendo a la idea: la historia que quieres escribir no es original, ya se ha escrito mil veces. Y no pasa nada.

Dónde está la originalidad

La mayoría de los escritores os obsesionáis con buscar la originalidad al principio: buscáis un tema original, un personaje original, un argumento original…, lo que a menudo solo da lugar a temas, personajes y argumentos rocambolescos o impostados.

Os olvidáis de que la originalidad es algo que atañe más que a la premisa de partida. La originalidad incumbe a toda la obra: a cómo abordas la idea, por común que esta pueda ser, a cómo la desarrollas, a los recursos que utilizas en ella, a cómo la encarnas en personajes y cómo la vuelcas en palabras.

Según Ernesto Sabato:

No tiene sentido pretender […] que hay temas grandes y temas pequeños, asuntos sublimes y asuntos triviales. Son los artistas y sus realizaciones los que son grandes o pequeños, sublimes o triviales. La misma historia de un modesto cuentista italiano del Renacimiento sirvió para que Shakespeare escribiera uno de sus más hermosos dramas.

Piensa en las novelas sobre mujeres adúlteras, un tema muy en boga en el siglo XIX. El mismo tema, una mujer que engaña a su esposo, dio lugar a novelas tan dispares y geniales como Anna Karénina, de Lev Tolstói, Madame Bovary, de Gustave Flaubert, Effi Briest, de Theodor Fontane o El primo Basilio, de José María Eça de Queirós.

Todas ellas son novelas que comparten una misma temática, pero cada personaje y cada argumento han sido tratados de acuerdo con la sensibilidad de su autor, con sus ideas, con su cultura…, cada uno de ellos ha puesto en juego diferentes recursos y técnicas, una poética propia. Y el resultado es que cada una de esas novelas es por derecho una obra maestra muy diferente de las demás de su mismo género.

Valor añadido

Se puede considerar, por tanto, que el escritor aporta algo propio a cada una de sus obras. Ese «algo propio» emana directamente de su propia creatividad, de sus lecturas, de su formación…, de su cosmovisión, en una palabra.

La ficción, según el novelista Thomas Keneally, depende de un cierto valor añadido que se crea por encima de la materia prima. La materia prima es la historia de una mujer adúltera. El valor añadido lo ponen en cada caso Tolstói, Flaubert, Fontane o Queirós.

De manera que, en lugar de obsesionarte con la originalidad de tu obra, busca la manera de aportar ese valor añadido, busca la manera de otorgar, parafraseando a Sabato, una realización personal que convierta tu novela en sublime.

A nuestro juicio hay dos fuentes en las que un escritor puede buscar ese valor añadido: la formación y la lectura.

La formación es imprescindible para un escritor. Debes conocer los mecanismos de la ficción para poder manejarlos con pericia. Tienes que conocer los elementos que componen una obra literaria, cómo se relacionan entre sí, las diversas formas en que pueden usarse persiguiendo según qué efectos. En resumen, tienes que conocer el oficio como paso previo para poder escribir no ya una obra original, sino simplemente un texto que pueda ser tenido por una novela.

En ese sentido, las más de nueve horas de formación en vídeo de nuestro Curso de Novela pueden ayudarte. Tienes veinte módulos que repasan los diferentes elementos que forman una obra literaria: personajes, estructura, lenguaje, narrador, diálogos, tiempo y un largo etcétera. Aquí puedes consultar el temario y hacerte con tu curso.

Por su parte, la lectura debe formar parte de la formación integral de un escritor. Solo si tienes un amplio bagaje literario serás capaz de valorar con acierto si tu idea y la realización que quieres darle han sido ya desarrolladas por otros autores, cómo lo han hecho y con qué grado de acierto o error. Solo las muchas lecturas te permitirán ensayar nuevas formas de expresividad, o apropiarte de las que ya existen.

Por eso nosotros te proponemos un ritmo de lectura ambicioso, pero asumible: cincuenta libros al año.

Así es, ya Harold Bloom advierte de que las influencias forman cada nuevo texto. Es algo inevitable. Y prosigue:

El deseo de hacer una gran obra es el deseo de estar en otra parte, en un tiempo y un lugar propios, en una originalidad que debe combinarse con la herencia, con la angustia de las influencias.

Es decir, existe una tensión entre lo ya existente, la tradición literaria, y la originalidad que el autor busca. Por tanto, antes de lanzarte a buscar la originalidad, conviene que te asegures de conocer la tradición.

Tradición contra originalidad

Un momento, te estarás diciendo, ¿la tradición no puede pesar sobre mi obra como una losa que, precisamente, le reste originalidad?

Balthus dijo: «Todo está en todo». Como artista debes ser consciente de esa realidad y permitir que la tradición espoleé tu creatividad. No se trata de buscar la originalidad por la originalidad.

Cuando se busca crear algo novedoso o rupturista simplemente por el prurito de ser original y que esa originalidad te brinde un lugar entre los autores innovadores, tu obra se resentirá.

Los lectores más enterados (por no mencionar a los críticos) son capaces de distinguir lo verdaderamente original, precisamente porque conocen el canon y no les cuesta identificar cuándo un autor se ha alejado de él con acierto, creando una obra que, aunque rupturista, posiblemente acabará integrada a su vez en el canon debido a su solidez. De igual modo esos lectores saben distinguir cuándo el autor ha pretendido, por el contrario, una falsa originalidad a base de recursos técnicos que hacen que la obra destaque por su artificialidad.

Javier Marías apunta:

«Una de las plagas de la literatura del siglo XX ha sido el afán apriorístico de la originalidad. Una obra puede resultar original, pero si hay un afán previo de escribir algo nunca visto o de innovar tremendamente, los resultados no suelen ser gran cosa.»

Muchos autores no muestran interés en conocer la tradición porque juzgan que así su obra ganará en espontaneidad, como si el conocimiento del canon literario hubiera de suponer un escollo que limitase la originalidad de la obra que pretenden crear. Nada más lejos de la realidad.

La originalidad, como el talento, es un mérito que conceden los otros, adquiere su sentido por comparación. Los lectores juzgarán la originalidad de tu obra comparándola con las obras de los demás autores de todos los tiempos para identificar sus diferencias y sus semejanzas.

Pero, por tu parte, tú también deberías conocer esa tradición para así poder evitar las repeticiones de modelos, motivos, temas y recursos ya usados por otros autores de otros tiempos. Si es que esto es posible para un creador del siglo XXI, que jamás podrá salirse de la sombra de la gran tradición.

Por eso Andy Warhol reivindico el derecho de los creadores a no ser originales.

Para terminar, no te obsesiones con la búsqueda de la originalidad. Obsesiónate con la creación de una obra en la que pongas en juego todo cuanto eres. Para ello necesitas conocer tanto las herramientas de tu oficio como lo que otros autores han hecho en el transcurrir de los siglos. Con ese conocimiento, afánate en escribir la mejor obra que pueda salir de tu intelecto y de tu corazón.

¿Eres de los que se obsesionan con la originalidad?, ¿por dónde has emprendido su búsqueda? ¿Te has planteado alguna vez la necesidad de conocer el canon literario para ser un mejor escritor? Hay tertulia en los comentarios.

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