Algunas reflexiones sobre la importancia de la acción

Los escritores principiantes parecen obsesionados por la acción. Para ellos es lo determinante en una obra de ficción, especialmente en la novela, y se afanan por buscar temas y argumentos que tengan una buena dosis de acción. La idea es que eso es lo que el lector quiere: acción, mucha acción, cuanta más mejor.

Pero la realidad es que la acción es solo una pieza más de la ficción y, como tal, debe mezclarse sabiamente con el resto de los elementos para crear un conjunto equilibrado y expresivo. Por tanto, la acción puede no ser tan imprescindible como crees.

Es cierto que hay determinados géneros que demandan altas dosis de acción: novelas de espada y brujería, novelas de corte negro, novelas de aventuras en un sentido amplio… Pero ¿qué sucede si tu novela no se engloba en esos géneros?, ¿debes saturarla de acción a pesar de todo porque has leído que es un ingrediente indispensable si deseas que tu obra guste al lector?

Habría que comenzar a repensar las ideas sobre lo que el lector quiere y lo que el lector es. Hay muchas obras donde la acción no resulta primordial y no por ello dejan de tener lectores, muchas de ellas forman parte del canon literario y se continúan leyendo décadas e incluso siglos después de haber sido escritas.

Pero tal vez los escritores noveles no tenéis en mente ese tipo de obras cuando planeáis escribir vuestras primeras obras, sino más bien los best sellers de los últimos años. En esos libros sí suele haber acción a raudales y tienen millones de lectores, lo que parece confirmar que a los lectores sí les gusta la acción. Excepto por un detalle: los lectores de best sellers no son lectores habituales; son lectores ocasionales y, por ello, valoran las tramas muy accidentadas, con mucha acción, bruscos giros argumentales y una buena dosis de sorpresa.

Una visión más amplia de la literatura, no circunscrita a los libros superventas, resulta muy útil para tener un mejor conocimiento de lo que el lector busca y poder así entablar una relación más fructífera con él. Conviene dejar de verlo como un ser pasivo al que se debe «enganchar», alguien que abandonará el libro en la primera página si la primera línea no resulta prodigiosa, que solo busca acción y que se saltará todas aquellas páginas en las que no la encuentre. Ese ser no es un lector, desde luego no es un buen lector, no permitas que ese falso lector os tiranice a ti y a tu obra.

En este artículo hablamos de la relación entre escritor y lector.

¿Qué es la acción?

Pero, entonces, ¿qué es la acción?

La acción es, simplemente, lo que sucede. Pero «lo que sucede» no tiene por que ser una secuencia de imprevistos, azares y sorpresas, peleas y reconciliaciones, huidas y persecuciones al estilo de una novela bizantina.

No pienses que la acción consiste solo en mantener a tus personajes en movimiento, yendo de un lado para otro. En La señora Dalloway de Virginia Woolf hay tanta acción como en El Código Da Vinci de Dan Brown, si bien es cierto que se trata de un tipo diferente de acción en cada caso.

En ambas novelas «pasan cosas». Pero mientras en la novela de Woolf la acción es casi toda interna (pensamientos, recuerdos, proyectos de la señora Dalloway) y la externa puede parecer banal (las compras y preparativos de una mujer para una fiesta que va a ofrecer por la noche); en la novela de Brown la acción arrastra al protagonista, Robert Langdon, por París en busca de las pistas que le ayuden a resolver un asesinato.

La acción es, por tanto, los sucesos que hacen avanzar la trama. Pero para que la trama avance esos sucesos no tiene por qué ser acciones impactantes, a decir verdad ni siquiera tienen que ser acciones, también pueden ser reflexiones, decisiones, momentos de comprensión… «Movimientos» que suceden en el interior del personaje y que tiene que ver con su psicología y su carácter.

Hemos hablado ya de que acción y personaje se retroalimentan y se influyen mutuamente. Lo que sucede hace cambiar al personaje, permitiendo que este recorra su arco dramático; pero al cambiar el personaje, los sucesos también se ven alterados. Por ejemplo, si el personaje se vuelve desconfiado por algo que le ha sucedido, decidirá no aceptar la invitación de su nuevo compañero de trabajo, lo que a su vez alterará el curso de la acción.

En El arte de la ficción, Henry James se preguntaba:

¿Qué es el personaje sino determinación del incidente? ¿Qué es el incidente sino ilustración del personaje? Es un incidente que una mujer esté de pie con la mano reposando sobre una mesa y te mire de cierta manera. O si no es un incidente, creo que será difícil decir qué es. Al mismo tiempo es una expresión del personaje. […] Cuando un joven se convence de qué después de todo no tiene suficientes fe para entrar en el estado clerical según era su intención, eso constituye un incidente, aunque no corras hasta el final del capítulo para ver si quizás su actitud cambie de nuevo. No digo que estos sean incidentes extraordinarios o impactantes. No pretendo valorar el grado de interés que provoquen, pues esto dependerá de la habilidad del escritor.

De modo que los hechos que describa tu novela no tienen por qué ser epatantes, basta con que hagan avanzar la historia. Y para ello puede servir un momento de reflexión de tu protagonista tanto como un enfrentamiento entre dos personajes. El movimiento puede ser interior, no ha de ser necesariamente exterior. Y serán tu capacidad y tu pericia como autor las que conviertan esas escenas en escenas interesantes.

Ya hemos mencionado en otra ocasión el ejemplo de Retrato de una dama, novela en la que Henry James incluye una escena en la que Isabel Archer reflexiona a lo largo de una noche de vigilia sobre la decisión que debe tomar en un asunto importante. En el prefacio a su novela, el célebre autor defiende así su decisión de incluir esta larga escena en la que no hay acción exterior, pero hay un importante movimiento interior:

Reducida a su esencia, no es sino una vigilia dedicada a la búsqueda y a la crítica; pero impulsa la acción mucho más lejos de lo que se habría conseguido con veinte «incidentes». Fue ideada para tener toda la vivacidad de un incidente con toda la economía de una imagen. (…) Es solo una representación de cómo estando inmóvil ve y un intento de conseguir que la mera lucidez mental de su acto sea tan interesante como la sorpresa de que aparezca una caravana o la identificación de un pirata.

¿Por qué ese interés por la acción?

Ya vamos viendo que esa idea de que la historia debe ser una sucesión ininterrumpida de hechos impactantes (lo que James denominaba «incidentes») no es del todo acertada. O, al menos, que no aplica para todas las novelas ni para todos los momentos de una novela. Sucede con la acción lo mismo que sucede con la sorpresa.

Sin embargo, es creencia bastante extendida que en una buena novela no dejan de «pasar cosas», en el sentido de que no dejan de suceder hechos impactantes. ¿De dónde proviene esa creencia?

Como ya hemos apuntado, esa concepción de la narrativa tiene en parte su origen en una visión bastante restrictiva de la ficción, que tiene por modelo a los best sellers. Y no vamos a pasar por alto la culpa que en esto podamos tener las escuelas de escritores, que tratamos de buscar la fórmula del éxito para ofrecérsela a nuestros alumnos, cuando la realidad es que en el arte de escribir ficción no hay fórmulas, solo hay aprendizaje y trabajo.

Por supuesto, si tu interés estriba en escribir best sellers es lógico que les sigas la pista muy de cerca, siempre con la certeza de que no existe una fórmula, como se explica en el artículo que enlazamos más arriba. También hemos hablado ya de escribir lo que se vende o vender lo que se escribe.

Otro de los motivos por los que se considera que la acción trepidante es un ingrediente indispensable en toda obra de ficción puede tener su origen en el hecho de que la literatura trata de imitar cada vez más al cine y la televisión (con quienes compite por nuestra atención), a pesar de que la narrativa audiovisual y la narrativa literaria no son exactamente lo mismo. No en vano muchos escritores confiesan que uno de sus libros de cabecera es El guion, de Robert McKee.  

En este artículo te contamos cuatro errores que surgen de aprender a escribir viendo cine y, de propina, te damos una lista de veinticinco películas sobre escritores que deberías ver.

Pero no es menos cierto que nuestra capacidad de atención y concentración ha disminuido drásticamente en las últimas décadas. Saltamos de una tarea a otra, de una ocupación a otra en cuestión de segundos. En nuestra sociedad sobreestimulada, si algo no captura nuestra atención de inmediato y es capaz de mantenerla cautiva durante un tiempo, lo desechamos enseguida para pasar a la siguiente actividad.

De hecho, no nos concedemos el tiempo para practicar una lectura atenta y sosegada. Compatibilizamos el libro con el móvil y abandonamos la lectura para echar un ojo a las redes sociales o mirar los últimos mensajes de los grupos de wasap.

Pero la lectura requiere tiempo, concentración, entrega. Requiere atención. Cuando no se dispone de estos elementos, cuesta penetrar la membrana que separa de nuestra realidad el mundo que recoge el texto, cuesta «entrar en la lectura». Y, siendo así, es normal que el autor quiera asegurarse, por medio de una sobredosis de acción, de que va a contar con la atención del lector.

Sin embargo, resulta vital que como escritor confíes en el lector. Sin lector no hay obra, él la recibe y la interpreta. Justo cuando tú sales de ella, al concluirla, entra el lector. No des por hecho que tendrás que luchar con otras actividades por su atención, piensa por el contrario en un lector abnegado, que le concede a tu obra el tiempo y la atención que se merece. Escribe para él, no para un lector esquivo que tiene tan poco interés en la historia que has ideado para él que está dispuesto a abandonarla tan pronto como cualquier otro estímulo se cruce en su camino.

¿Has recibido el consejo de añadir mucha acción y movimiento a tus obras?, ¿te sientes cómodo con él? ¿Acostumbras a incorporar muchos «incidentes» a tus historias? ¿Qué opinas de que las nuevas maneras de leer alteren a su vez las maneras de narrar? En los comentarios hay lugar para tus reflexiones.

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11 COMENTARIOS


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  • Todos los artículos que envían son muy importantes, sirven para reflexionar sobre nuestra forma de escribir, como el que en este momento estoy leyendo sobre si una novela debe tener mucha atención para llamar la atención al lector. En realidad nunca lo había pensado, pero ahora que lo pienso, la acción empieza justo en el momento de empezar a escribir, las acciones de los personajes pueden ser psicológicas también, un pensamiento malo o bueno puede hacer avanzar o cambiar el rumbo de la novela. Yo lo pienso así, empiezo a escribir y mis personajes solos, van trazando su destino.

  • Muchas gracias por el artículo. Un poco obsesionada por meter incidentes sí andaba. Da gusto leer esta visión y otorgarle el valor que tiene el movimiento interno del personaje. Un saludo.

  • Muy buen artículo. Me queda perfectamente claro: lo esencial es leer. Muchas Gracias.

  • Hola, muchas gracias por todos sus artículos. Son muy motivadores para continuar con el emocionante oficio de escribir.

  • Hola amigos. Muy acertado y oportuno el enfoque que dan a la acción. Me gustó la comparación que se hace con la acción en el cine y le TV. Lamentablemente cada vez se pierden más lectores que se pasan a estas amenidades. Quien pretende ser escritor bestseller o que su obra irá camino a convertirse en una película está muy errado. Este artículo tiene también relación con el primer párrafo y la primera línea del anterior y es motivo de mortificación para personas que se inician en la escritura. Les restringe la libertad de expresión y les frustra la creatividad.

  • La acción no siempre es convulsa, como bien explica el texto. En mis escritos no suelo ser agresiva, y la acción transcurre al compás de los hechos que le van ocurriendo a los personajes. Escribo a mi gusto. No soy altanera narrando, me gusta más la calma.
    Muchas gracias por todas las enseñanzas. Saludos.

  • Buen articulo, estoy pendiente de los correos que llegan a mi Gmail. Y vaya que si esto es información màs que útil, ¡sigan asi Sinjania!

    Hablando del artículo, me parece que una novela que se trate de algo que no tenga en acció ens su género no debería si acaso mencionarla. Pero soy todo oídos para los comentarios de Sinjania y su comunidad

  • Hola, me llamo Pere ( Pedro ), acabo de leer el artículo que has enviado Natalia. Así es, el lector de hoy en día, se le bombardea con tantos estímulos visiuales y auditivos, que el honorable acto de leer, queda rezagado a segundo, no…, quinto plano; y realmente es una lástima. Aún recuerdo cuando conocí al Maestro Tolkien, a los quince años…, leí toda la obra del Señor de los Anillos, tengo los libros, incluso el Silmarilion…, y las amistades me decían que estaba loco. Cuando llevaron la obra magana a la pantalla grande, a través del Celuloïde, las mismas personas, empezaron a decirme que era un visionario; …les contesté simplemente que estaba abierto a nuevas propuestas, que mi mente no se encasillaba en una temática y nada más. Sería muy ineresante que desde pequeñitos, nos culturizaran algo más, para ser mentes con capacidad de tener inerés para aprender cosas nuevas, y trabajar en ello. No que nos lo den todo hecho ( como puede ser en un filme ).

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