Por qué el abuso de los diálogos puede estropear tu novela

Estás en plena fase de escritura. Avanzas capítulo tras capitulo, escena tras escena, pero… la mayoría de lo que escribes son diálogos.

Repasa la obra que estás escribiendo, ¿es eso lo que sucede? Probablemente sí y es que el diálogo es uno de los recursos más utilizados a la hora de escribir, sobre todo por los escritores primerizos (pero también por muchos que ya tienen algunas tablas).

Es lógico, escribir diálogos es (en apariencia) sencillo. Solo tienes que imaginar la escena, ver a tus personajes frente a frente y escuchar lo que se dicen. Tú pasas a ser casi un mero transcriptor de la conversación.

Por otro lado, en un país con los índices de lectura en permanente caída, nuestra cultura narrativa es mayormente de carácter audiovisual. Seamos francos, incluso quienes queréis ser escritores no leéis demasiado, pero en cambio veis muchas películas y series. Eso hace que muchas novelas sean concebidas como filmes donde, como es lógico, la historia se cuenta siempre a través de los personajes, apoyándose casi sin cesar en el diálogo.

Otro motivo por el que se abusa del diálogo es que a los escritores os parece un método efectivo de proporcionar información. Cuando tenéis que incluir datos relevantes, hacéis que sea un personaje el que se los revele a otro mediante un diálogo. Esto ocurre todavía con más frecuencia en las obras narradas en primera persona, en las que el autor a menudo no encuentra otra manera de hacer que el narrador conozca una información si no es haciendo que otro personaje se la dé, ya que el narrador suele ser el protagonista y, por tanto, no es omnisciente.

Pero la literatura dispone de muchos otros recursos y el diálogo solo es uno más. Igual que no escribirías una novela donde solo hubiera descripciones, no deberías escribir una novela donde solo haya diálogos.

Si quieres aprender todos esos recursos y cómo utilizarlos con propiedad para escribir obras excelentes, no te pierdas el Curso de Novela.

Problemas relacionados con el abuso de los diálogos

Contar toda tu historia a través de los diálogos de los personajes hará que la obra adolezca de una serie de fallos.

El primero de todos es de índole estructural. Una novela debe ser equilibrada y guardar una proporción adecuada entre sus diferentes elementos, tanto externos como internos: narración, descripción, diálogo, personajes, acontecimientos, objetos, etc. Pero cuando todas tus escenas están contadas a través de diálogos se produce un desequilibrio y, además, el texto se vuelve repetitivo, redundante. Usas y abusas de un único recurso y eso lastra el conjunto. Es como si, cuando cocinas, abusaras de un ingrediente en una receta, la desvirtuaría por completo.

Cuando se escriben demasiados diálogos se corren además otros peligros.

  • Repetir información. Volver a contar a través del diálogo algo que el narrador ya ha explicado antes (o que volverá a explicar más tarde).
  • Escribir diálogos muertos. Llamamos diálogos muertos a aquellos que en realidad son mero relleno. No aportan nueva información ni sobre la acción ni sobre el personaje o se pierden en largas digresiones o disertaciones. A menudo están plagados de clichés, tópicos y frases hechas. Los diálogos muertos no tienen por qué ser diálogos completos, pueden simplemente ser algunas partes del diálogo que convendría eliminar en la fase de revisión.
  • Escribir malos diálogos. Aunque se abuse de él porque parece una manera sencillísima de contar, en realidad escribir buenos diálogos es realmente difícil. Hay que tener muy buen oído para captar y reproducir el habla tal como la usamos en la vida real. Sin olvidar, por otro lado, que por mucho que un diálogo sea realista también debe ser literario.

Los malos diálogos, por su parte, suelen tener varias características en común.

Características de los malos diálogos

  • Suenan artificiales, no dan con el tono natural del habla auténtica. Muchas veces suenan «peliculeros» y, de hecho, a menudo reproducen giros o expresiones que son calcos de otras lenguas. Como el típico «¿Estás bien?», que se pronuncia cuando alguien ha podido sufrir algún daño y que es traducción directa de «Are you okey?». En español diríamos «¿Estás herido?» o «¿Te has hecho daño?».
  • No juegan con los registros del habla. Es decir, es imposible distinguir por su manera de hablar a los distintos personajes y a menudo tampoco se puede diferenciar a estos del narrador. Esto sucede cuando el autor no ha tenido en cuenta que todos hablamos de una manera particular en función de nuestra educación, posición social, trabajo, cultura, región…
  • O se pasan al extremo contrario. Hay escritores que toman buena nota del consejo de que cada personaje tenga su propia manera de hablar y se afanan en que resulte claramente distinguible cómo habla Juan de cómo habla Pedro y de cómo habla Laura. A vece se llega a extremos tales como a hacer tartamudear a un personaje o darle un fuerte acento solo para que se diferencie de los demás. Ahora bien, a menudo los personajes de una novela comparten un mismo sociolecto porque todos provienen de un mismo lugar, de una misma clase social y tienen similar educación. Por ejemplo, un grupo de personajes que son compañeros de trabajo hablarán de manera muy parecida entre sí.
  • Se abusa de las palabras fuertes y del lenguaje malsonante. En un vano intento de añadirle expresividad y realismo se trufa el diálogo de palabras como «joder», «mierda» o «coño». Hay muchos otros recursos (y mejores) para lograr que un diálogo sea expresivo y con frecuencia el que un personaje diga tacos no aporta realismo porque ese modo de hablar no se corresponde con el registro del personaje: ¿Un alto ejecutivo hablando como un carretero?
  • No son literarios. Con frecuencia el autor se esfuerza tanto en que el diálogo suene real, en «copiar» la manera de hablar de la gente de la calle, que se olvida de que está escribiendo literatura, haciendo arte. Los diálogos deben mantener cierto registro poético, literario. Si el lector quisiera simplemente oír hablar pondría la radio o la televisión, pero lo que quiere es literatura, adentrarse en ese juego fascinante de palabras que retrata la vida, pero de una manera especial.

Te hemos dado algunas pistas para que averigües por dónde pueden estar fallando tus diálogos. Pero antes de ponerte a revisarlos uno a uno, valora el conjunto de tu novela y comprueba si, en general, no deberías eliminar algunos (quizá muchos) diálogos.

Valorar si un diálogo sobra conlleva tiempo y esfuerzo, pero no resulta especialmente difícil si tienes claro la relevancia del diálogo.

La relevancia de los diálogos

En efecto, presentar una escena a través de un diálogo la hace resaltar entre el resto de la narración. Al poner a los personajes a hablar estarás llamando la atención del lector de manera especial sobre lo que sucede, y eso es algo que deberías reservar para momentos destacados de la historia.

El narrador, que es la voz predominante en la novela y a la que está acostumbrado el lector, se interrumpe. Esto crea una disrupción en el relato que por sí sola atrae la atención, de modo que es mejor que aproveches ese pico de interés del lector para contarle algo verdaderamente relevante.

El diálogo muestra al personaje de manera directa, con una mínima (a veces incluso nula) intervención del narrador. Un diálogo bien escrito es capaz de condensar mucha información.

Por un lado, el diálogo no solo aporta la información literal que los personajes se dicen; por ejemplo, que Juan le diga a Pedro que Laura ha sufrido un accidente. Dicha información puede aparecer de forma explícita en la conversación, por lo que en efecto el diálogo es un buen modo de proporcionar datos que no quieres que pasen desapercibidos para el lector.

Pero además el diálogo también aporta información mediante el subtexto. Hemos hablado ya de cómo el registro del habla del personaje proporciona información sobre su educación, cultura, origen, profesión… Eso es subtexto.

De igual manera el diálogo puede aportar otro tipo de información: ¿se muestra el personaje abierto o reticente?, ¿está enfadado?, ¿se calla algo que el lector sabe que podría compartir con su oyente? El estado de ánimo del personaje, que aparece implícito en sus palabras, también esta proporcionando información al lector y creando subtexto, lo que contribuye a que el diálogo aporte al conjunto de la historia.

En resumen, los buenos diálogos contienen múltiples significados que van más allá de aquello evidente que transmiten las palabras pronunciadas por los personajes.

Eso significa que escribir buenos diálogos no es tan fácil como a primera vista pudiera parecer. Y si un diálogo no es realmente bueno, ¿debe permanecer en tu novela?

Pero también significa que tienes que elegir con cuidado cuáles son los momentos y escenas de tu novela que están tan cargados de significado que el mejor recurso para plasmar esa multiplicidad de implicaciones es, sin lugar a duda, el diálogo.

Esperamos haberte hecho reflexionar sobre la verdadera importancia del diálogo y a sopesar si tal vez no estás abusando de él. Cuéntanos tus dudas o tus experiencias escribiendo diálogos en los comentarios para que «dialoguemos sobre el diálogo».

Y si no lo has hecho todavía, únete a nuestra comunidad de escritores en el cajetín que encontrarás aquí debajo. Todas las semanas te enviaremos nuevos artículos con reflexiones e ideas que te ayudarán a refinar tu escritura.

Deja un comentario:

9 comments
Añade un comentario
Gracias por compartir este contenido.
Puedes seguirnos en las redes para estar al tanto con los próximos artículos:

Comparte esto con quien quieras