Diez consejos para escribir malos diálogos

Escribir malos diálogos es una buena forma de estropear tu novela.

Sabemos que es algo que tú no quieres hacer, pero escribir malos diálogos es una costumbre más extendida de lo que sería deseable.

Así que nos permitimos usar la ironía y darte algunos consejos para escribir malos diálogos. Si no quieres cometer ese error en tu novela, no los sigas. O. aún mejor, dales la vuelta y haz justo lo contrario de lo que recomendamos a continuación.

1. Generaliza

Para escribir malos diálogos haz que tus personajes digan «Te veré en una esquina de Caracas» o «Te haré daño». La generalización es enemiga de la verdad y de la verosimilitud. Los personajes creíbles viven en un mundo de datos concretos, donde las esquinas tienen nombre y las amenazas son más crudas si describen los centímetros de largo de un gancho de alambre que le haremos tragar al oponente. La generalización pertenece al mundo de las ideas y las ideas causan emociones laterales, si es que causan algunas. La acción que es movilizada por las palabras concretas, genera emociones concretas.

2. Haz que tus personajes se expliquen a través de sus diálogos

Haz que tus personajes mencionen sus objetivos, expliquen sus obstáculos y describan lúcidamente sus motivaciones. Como en la vida real, lo que se dice siempre quiere decir otra cosa y unos personajes que se explican a sí mismos cuando dialogan no son sino máscaras del escritor que habla detrás del mampuesto.

3. Haz que tus personajes describan sus sentimientos y sus emociones

Para escribir malos diálogos haz que tus personajes digan que están tristes, que su corazón se desgarra, que el amor que sienten es inconmensurable. De esta manera te asegurarás de que sustituyes el sentimiento por la descripción abstracta del sentimiento. Los sentimientos y las emociones son un asunto práctico, que ilumina u obstruye las palabras, que las pone a titubear, a farfullar, a decir otra cosa, que hace hablar a los personajes como personas dolidas, conmovidas, rabiosas o enamoradas. Las emociones no se describen, se actúan —como dicen los psicólogos— y un diálogo pleno de emoción pocas veces describe las emociones sentidas.

4. Utiliza groserías para darle «realismo» a tus personajes

Si quieres escribir malos diálogos, haz que tus personajes imprequen indiscriminadamente, que utilicen las muletillas y que copien las malas palabras tuyas y del hombre de la calle. De esta manera obtendrás personajes despersonalizados y diálogos presuntamente intensos, degradados por el abuso y la utilización de términos tomados fuera de contexto. Sucede que el diálogo es un sistema tanto textual como contextual, y que así como una palabrota puede mover a la risa o a la solidaridad cuando se coloca en el lugar adecuado, una grosería mal puesta, no sólo puede resultar malsonante (que es lo de menos), sino, lo que es peor, dramáticamente contraproducente.

5. Haz que tus personajes tengan diálogos inteligentes

Convierte a tus personajes en la vitrina de tu inteligencia y de tu agudeza. Con eso lograrás la celebración de los cómplices y los entendidos, y obtendrás una pobre caracterización y el achatamiento de tus personajes. Un diálogo inteligente es aquel en el que la inteligencia irradia desde el núcleo de su armazón, no el que exhibe la agudeza en su superficie narcisista. Tus personajes no tienen que ser todos inteligentes; y tú tienes que mostrar tu inteligencia cuando haces hablar a tus personajes desde su esencia y en su circunstancia.

6. Haz que tus personajes hablen y contesten

Haz el registro exacto y cronológico de los intercambios lingüísticos de tus personajes en el que los personajes siguen el hilo exacto de sus interacciones (en un mundo ideal porque hasta en el mundo real nunca las conversaciones son perfectas):

—Hola.

—Hola.

—¿Cómo estás?

—Bien.

—¿Y tú cómo estás?

—Bien.

De esta manera obtendrás diálogos predecibles capaces de desesperar al lector. Los diálogos sólo son estables cuando un personaje necesita echar un largo cuento para que el otro personaje (y sobre todo el lector) entienda.

7. No utilices la narración y el monólogo

Para escribir malos diálogos utiliza siempre el diálogo para contar aspectos relevantes de la trama, de los personajes o de lo que estos sienten y tu historia no naufragará. No analices el contexto y la imbricación de lo que quieres contar en la totalidad de la trama, no te preocupes de la verosimilitud o de la artificialidad. La narración y el monólogo son recursos menores que restan expresividad, prescinde de ellos.

8. No compongas tus diálogos con la exactitud lógica y morfosintáctica propia de un texto escrito

Al escribir, no busques lograr ese difícil equilibrio entre la naturalidad del habla y la corrección del texto escrito. Cuidar tanto su coherencia sintáctica como su consistencia semántica es una pérdida de tiempo. Y olvida aquello de que tanto o más importante es lo que el diálogo comunica que lo que el diálogo dice.

9. Intelectualiza

Haz que tus diálogos sean intelectuales, que el personaje intelectualice, desde la interpretación de sus propias vivencias, hasta el significado de la historia que estás contando (que, en última instancia, es el significado que tú quieres transmitir). Obtendrás así personajes intelectualizados, que habitan mundos intelectualizados. Los personajes vivos, intelectuales o no, sin embargo, sólo intelectualizan en los momentos que necesitan intelectualizar, incluso en aquellos casos en los que la intelectualización constituye una caricatura.

10. Haz que tus personajes, en vez de hablar, emitan proclamas

Convierte tus parlamentos en proclamas, tus diálogos en argumentaciones, tus conversaciones entre personajes en detalladas exposiciones retóricas. Es la acción la que tiene la mayor fuerza argumentativa (fuerza retórica, en el sentido general del término): las tesis más abstrusas pueden ser expuestas con claridad (emocional, que es la que importa), si se les vierte en el adecuado molde dramático. Corolario: haz que sean tus personajes los que se apasionen con sus tesis, no te apasiones tú con las tesis que pones en boca de tus personajes.

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  • Muy curiosa entrada… y muy irónica. Me ha gustado el tono y el fondo, y, además, son verdades como puños.

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