Cómo hablar de los libros que no se han leído

En el artículo de la semana pasada hablamos sobre si un escritor necesita leer a los clásicos (no), sobre si deben gustarle necesariamente por el hecho de serlo (tampoco) y de si es preciso leerlos todos (imposible).

En el artículo explicamos que no es obligatorio leer a los clásicos, si bien para un escritor sí es muy recomendable. Son varios los beneficios que tu escritura va a recibir de la influencia beneficiosa de los clásicos, por eso te conviene que formen parte de tus lecturas. Eso no significa, sin embargo, que todos los clásicos vayan a gustarte. ¿Te gustan acaso todos los libros que lees? Seguramente no. Pues otro tanto sucederá con las obras clásicas y canónicas. Pero cuántos más clásicos leas, más podrás reconocer sus valores literarios y mejor juzgarás qué es lo que no te gusta de un libro y lo que sí, lo que sin duda va a beneficiar tu narrativa.

Por cierto, si quieres aprender a emitir juicios críticos de tus lecturas, que vayan más allá de un simple «me gusta, no me gusta», tal vez quieras unirte a la nueva edición del Curso de Crítica Literaria. Comenzamos el 9 de mayo y puedes conseguir ahora mismo una de sus plazas limitadas.

En el curso conocerás los elementos básicos de la narratología, para que sepas qué elementos componen una obra literaria y sus usos. Con esos conocimientos estarás en mejores condiciones de valorar los libros que leas y emitir un juicio razonado sobre ellos. Además, también aprenderás cómo escribir reseñas críticas que plasmen por escrito tus juicios.

En este enlace tienes toda la información sobre el curso (precio, duración, metodología) y puedes conseguir ya tu plaza. Hazlo ahora.

De modo que no es obligatorio leer a los clásicos ni estos tienen que gustarte siempre. Además, no es posible leer todos los libros considerados como clásicos. Esa es, simplemente, una tarea imposible de abarcar para un ser humano. Como apuntó Hipócrates, Ars longa, vita brevis. La vida de un ser humano es demasiado corta para que en ese parpadeo entre dos eternidades nos dé tiempo a leer todos los libros que nuestras culturas han reconocido como canónicos.

Ars longa, vita brevis

En su ensayo Lecturas de ficción contemporánea. De Kafka a Ishiguro (Cátedra, 2008), el crítico y profesor Javier Aparicio Maydeu incluye como apéndice una lista que reúne más de doscientos cincuenta títulos que destacaron a lo largo del siglo XX. Más de doscientos cincuenta títulos de solo un siglo de literatura. Imagina la cifra para una lista que recoja los títulos más significativos desde la Antigüedad clásica a nuestros días. Piensa ahora en el número de libros que lees al año (esperemos que hayas aceptado nuestro reto de leer cincuenta). Comprenderás que leer todos los clásicos resulta de todo punto imposible.

Sin embargo, un escritor debe tener un buen conocimiento de la tradición literaria, una visión amplia de la historia de la literatura, de su evolución a lo largo de los siglos y de las obras culmen que la jalonan. Podría decirse que ese conocimiento forma parte de su oficio, es un requisito que debe cumplir.

Un escritor necesita conocer la tradición literaria

Camilo José Cela decía:

La literatura es una carrera de antorchas. En cada generación se lleva el testigo hasta donde se puede y ahí se le entrega al escritor de la etapa siguiente.

Los escritores que te preceden te tienden el testigo. Por eso debes conocer quiénes son esos autores y en qué consiste el testigo que te entregan. Porque lo cierto es que las obras que tú escribes (o aspiras a escribir) se inscriben dentro de esa enorme corriente que forma el río de la literatura, el flujo constante que es la tradición literaria.

Conocer a los clásicos es una forma de conocerte a ti mismo, a tu propia obra. Los libros que tú escribes no están solos y aislados. Por el contrario, forman parte de un riquísimo ecosistema de obras y autores: se relacionan con las obras de tus contemporáneos, pero también con las de los autores que te precedieron. Conocer ese ecosistema de influencias, oposiciones, afinidades, antinomias… es conveniente, por no decir necesario. Aun si tú no lo conoces, tus lectores y la crítica sí lo harán. Es posible que encuentren en tus textos ecos de otras obras, ¿no sería extraño que tú no tuvieras la referencia de los textos con los que te compararán?

De modo que para poder ejercer con propiedad tu oficio de escritor es necesario que conozcas la tradición literaria de la que, como autor, formas parte. Pero, como hemos dicho, leer todos los libros que componen esa tradición es imposible. ¿Cuál es la solución? En su obra Cómo hablar de los libros que no se han leído (Anagrama, 2008), Pierre Bayard nos da algunas ideas.

Pierde el miedo a decir que no has leído un libro

Como primera medida debemos perder el miedo a reconocer que no hemos leído algún libro, por canónico que este sea.

Los libros reconocidos como clásicos por lectores y críticos son miles, como ya hemos visto, y nosotros solo somos frágiles lectores mortales. No podemos abarcar tan ímproba tarea, hacemos, sencillamente, lo que podemos.

Por otro lado, cada lector traza un camino personal y propio a través de los vastos territorios de la república de las letras. Las lecturas se encadenan de manera curiosa, azarosa, extraña; unos libros nos llevan a otros, posponemos obras en favor de otras, descartamos algunas a las que más adelante les damos una nueva oportunidad; hacemos listas, acumulamos libros que tardarán en ser leídos. La relación de un lector con sus lecturas es única, no hay dos iguales.

Eso significa que, en efecto, hay libros que no has leído (y siempre los habrá). Hay también libros que no leerás nunca. Y aunque sean libros canónicos no pasa nada. Tú estás trazando tu propia senda, y es válida.

Visión de conjunto

Ahora bien, decíamos que un escritor necesita tener un conocimiento bastante certero de la tradición literaria. Incluso de aquellos libros que no ha leído todavía y quizá no leerá jamás. ¿Cómo se consigue? Teniendo lo que Pierre Bayard llama, parafraseando a un personaje de Robert Musil de El hombre sin atributos, una «visión de conjunto».

Pese a las apariencias, la mayoría de mis conversaciones acerca de un libro no tratan sobre él, sino sobre ese conjunto mucho más amplio que es el de todos los libros determinantes sobre los cuales descansa cierta cultura en un momento dado. Es ese conjunto, que denominaré de ahora en adelante la «biblioteca colectiva», lo que cuenta verdaderamente, pues es su dominio lo que está en juego en el discurso a propósito de los libros. Ese dominio es un dominio de las relaciones, no de tal o cual elemento aislado, y se conforma perfectamente con la ignorancia de una gran parte del conjunto.

Las personas cultivadas lo saben —y sobre todo, para su desgracia, las personas no cultivadas lo ignoran—, la cultura es en primer lugar una cuestión de orientación. Ser culto no consiste en haber leído tal o cual libro, sino en saber orientarse en su conjunto, esto es, saber que forman un conjunto y estar en disposición de situar cada elemento en relación con el resto. El interior importa aquí menos que el exterior, o, si se prefiere, el interior del libro coincide con su exterior, pues lo que cuenta en cada libro son los libros adyacentes.

Por esto, no haber leído tal o cual libro carece de importancia para la persona cultivada, pues si bien no está informada con precisión acerca de su contenido, es a menudo capaz de conocer su situación, es decir, el modo en que este se dispone en relación con los otros libros.

No vamos a negar que conseguir esa visión de conjunto que permita al escritor moverse con acierto por los miles de títulos que componen esa biblioteca colectiva implica tiempo, dedicación y esfuerzo. Fijémonos en que Bayard alude sin cesar a las personas cultivadas. Es decir, aquellas que ya han adquirido una cultura. Pero precisamente tener cultura es algo que va (o debería ir) aparejado al hecho mismo de ser escritor. Para ser un gran autor no necesitas solo dominar las herramientas propias de la narrativa, también necesitas disponer de una amplia cultura general y, por supuesto, literaria.

Esa cultura literaria se consigue, cómo no, teniendo trato constante con los libros (algo por otro lado muy placentero). Cuanto más leas, más sabrás de libros, autores, corrientes, géneros y épocas. Cuanto más leas más vasta será tu cultura literaria.

Pero, además, al leer mucho tus referencias literarias se multiplicarán. A menudo, en una obra se mencionan otras obras y otros autores, cuyas referencias quedan en tu mente. Puede que nunca leas esos libros o a esos escritores, pero a partir de ese momento los conocerás y podrás ubicarlos en el conjunto. Si eres curioso tal vez busques más información sobre esos libros y esos autores que has encontrado mencionados aquí y allá, ampliando tu visión de conjunto y, gracias a tu cada vez mayor conocimiento, relacionándolos a su vez con otros autores y libros.

Otra forma de ampliar esa visión de conjunto y comprender mejor la posición que ocupan unos libros con respecto a otros en la biblioteca colectiva consiste en leer libros sobre libros. Libros de reseñas y crítica literaria, historias de la literatura, incluso obras sobre creación literaria (aquí te dejamos un listado con algunas). Naturalmente, también leer crítica y reseñas en buenos blogs (como el excelente de Cicutadry) va a ayudarte a comprender la magnitud de esa carrera de antorchas en la que participas. Acostúmbrate a leerlos.

En resumen, leer todos los libros (clásicos o no) es una aspiración imposible. No nos debe dar vergüenza reconocer que no hemos leído tal o cual libro, por canónico que sea. Sin embargo, un escritor sí debería plantearse la labor constante de acercarse a ellos de forma metódica. Solo de esta manera se hará con esa necesaria visión de conjunto que un autor literario necesita para comprender bien su oficio y poder crear así las mejores obras que su intelecto, su cultura y su sentimiento sean capaces de dictarle.

Sobre lectura y escritura tratan nuestros artículos, si no te quieres perder ninguno únete a nuestra comunidad en el formulario que encontrarás aquí debajo y te los haremos llegar directamente a tu correo.

Ahora, responde estas preguntas en los comentarios: ¿te habías planteado alguna vez la imposibilidad de leer todos los libros?, ¿qué te parece darte permiso para hablar de ellos sin haberlos leído?, ¿trabajas en construirte una visión de conjunto amplia que te ayude a valorar mejor tu propia obra?

2 COMENTARIOS


Otros artículos:

¿Es importante lo que el escritor siente hacia sus personajes?
El villano: cómo y cuándo incorporarlo a tu novela
¿Necesita un escritor leer a los clásicos?
  • Lo de la visión de conjunto me ha gustado muchísimo. Vuestros artículos siempre son super interesantes. Por desgracia, leemos mucho menos de lo que nos gustaría. Un abrazo.

  • {"email":"Email address invalid","url":"Website address invalid","required":"Required field missing"}
    >