Para ser escritor, ¿mejor talento o vocación?

Si a los que aspiráis a convertiros en escritores se os diera la oportunidad de escoger entre talento o vocación, como una cualidad que os ayudara a convertiros en el escritor que queréis llegar a ser, seguramente muchos elegiríais sin dudar el talento.

Lo habéis oído un millón de veces: el talento es indispensable para ser escritor. Sin talento difícilmente se llega a ningún lado en una carrera de índole artística como es la escritura.

Sin embargo, la vocación no parece tan importante. De hecho, teniendo talento puede considerarse casi como algo secundario. Pero en realidad es justamente al contrario.

Déjanos contarte por qué.

Qué es el talento

El Diccionario de la real Academia Española define el talento como

1. m. inteligencia (‖ capacidad de entender).
2. m. aptitud (‖ capacidad para el desempeño de algo).

Por tanto el talento consiste en «inteligencia» y «aptitud».

Por ejemplo, inteligencia para comprender las estructuras narrativas, las técnicas literarias, la función de cada elemento de un texto literario, etc. Aptitud para trabajar con las palabras, con las frases, para detectar buenas historias…

Por tanto, ¿son necesarias ambas cualidades para llegar a ser escritor, incluso un buen escritor? La respuesta es sí.

Pero ¿bastan por sí solas para convertirte en escritor? Absolutamente no.

Muchas personas tienen talentos que no utilizan: podrían ser músicos, deportistas de élite, matemáticos o filósofos. Pero su talento languidece durante toda su vida.

Recuerda los versos de Gustavo Adolfo Bécquer:

¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz como Lázaro espera
que le diga «Levántate y anda»!

¿Qué les falta a esas personas? Lo has adivinado: la vocación.

Ahora hablaremos sobre la vocación, pero antes déjanos darte un consejo.

Muchos de vosotros nos escribís para contarnos que dudáis de vuestro talento. No sabéis si lo tenéis y quisierais estar seguros sobre ese punto antes de comprometeros más con la escritura.

Es como si os dijerais: «Si tuviera la certeza de que tengo talento, iría más en serio con lo de ser escritor. Me esforzaría más, tal vez me apuntaría a algún curso de escritura, y entonces sí que buscaría el tiempo para escribir a diario, para convertir en relatos o novelas esas ideas que me rondan por la mente.»

Por desgracia, no existe una máquina para medir el talento. Y mientras pierdes tu tiempo dudando sobre si lo tienes o no lo tienes, estás perdiendo la ocasión de trabajar duro: formarte, escribir a diario y progresar.

En resumen, estás renunciando a desarrollar tu vocación.

Así que deja de obsesionarte con el talento y empieza a prestarle atención a tu vocación.

Qué es la vocación

El Diccionario de la RAE define vocación como «Inclinación a un estado, una profesión o una carrera.»

¿Puedes estar seguro de que tienes talento? Tal vez no.

¿Puedes estar seguro de que tu vocación es la escritura? Al cien por cien.

Si no tuvieras vocación no estarías leyendo este artículo. Nunca nos hubieras encontrado un día buscando ideas para mejorar tu escritura, no formarías parte de nuestra comunidad de escritores.

Sí, la escritura es para ti una vocación.

Ahora bien, fíjate de nuevo en la definición: Inclinación a un estado, una profesión o una carrera. Y piensa, ¿es la escritura un estado?

Déjanos ayudarte con la respuesta: No, la escritura no es un estado.

Precisamente, los que confunden la escritura con un estado son los que confían en el talento. Esas personas no se esfuerzan día a día, sino que esperan que algo externo suceda (algo como un rapto de inspiración) y les lleve en volandas hasta el éxito.

Aquellos que creen que la escritura es un estado, esperan despertarse un día por arte de magia convertidos en escritores. Teniendo además una obra maestra en la memoria de su ordenador y un correo de una prestigiosa editorial en el buzón de entrada.

Pero eso rara vez sucede. No si no han desarrollado antes su vocación de una forma plena y deliberada.

Porque la escritura es una profesión, una carrera.

La escritura es una profesión

¿Qué significa esto?

Pues algo tan sencillo como que necesitas prepararte para desempeñarla.

Piensa en cualquier profesión que se te ocurra, desde diseñador gráfico hasta taxista. En todas ellas necesitas una preparación previa.

Esa preparación requiere la adquisición de unos determinados conocimientos y de unas herramientas concretas.

En el caso del diseñador gráfico, necesitará aprender diseño, composición, teoría del color y a manejar unas determinadas herramientas. También necesitará comprar la licencia de uso de los softwares de diseño que necesitará usar en su día a día, un ordenador, y otros hardwares como una tableta gráfica.

Por su parte, un taxista debe saber conducir, el código de circulación y el callejero de la ciudad donde vaya a ejercer su profesión. Además necesitará un coche y una licencia que expide el Ayuntamiento.

Con esa base, ambos estarán en disposición de desarrollar su profesión. Luego vendrá la práctica que les hará cada día mejores. El taxista será un experto conductor y memorizará cada callejuela y rincón de su ciudad hasta el punto de poder prescindir de guías y GPS. El diseñador será capaz de idear y realizar un logo cada vez con mayor soltura y facilidad.

Tal vez pensabas que ser escritor era más sexy que ser taxista, arquitecto o diseñador gráfico. Lo sabemos, acabamos de quitarle parte de su glamur al oficio de escribir. Pero es que eso es lo que es: un oficio.

Y desempeñar un oficio, como puedes suponer, requiere de aprendizaje, de tesón, de deseos de superarse y de práctica continuada. Es un camino que se recorre día a día y en el que no hay atajos.

El talento por sí solo rara vez te llevará allí donde quieres llegar. Por eso necesitas la vocación. Porque tener vocación implica tener pasión. Y la pasión será el motor que te empuje a recorrer el camino que te llevará a ser bueno en tu oficio, perseverando sin desmayar y superando los momentos de desaliento, que los hay.

Vocación + Plan de acción

Vale, el talento no es tan importante. Pero ¿es suficiente con la vocación?

Pues… tampoco. (No nos odies).

Recuerda que la vocación es «una inclinación». Pero esa inclinación hay que aterrizarla, hay que convertirla en algo palpable, concreto.

Una inclinación no es más que una intención. Algo que puede llegar a ser, pero que también puede quedarse en un mero sueño.

Cuando el diseñador gráfico de nuestro ejemplo decidió que quería dedicarse a esa profesión, tuvo que crear un plan de acción para asegurarse de que daba los pasos que le llevarían a convertir su objetivo en realidad.

Tuvo que adquirir todos los conocimientos que necesitaba. Tal vez lo hizo por su cuenta, pero probablemente confió en alguien que se los enseñó. De esta manera se formó a lo largo de varios años, probablemente todavía hoy sigue formándose en aquellas competencias o nuevas herramientas que le pueden ayudar a ser mejor en lo que hace.

Mientras se formaba, no dejó de practicar. A veces la práctica formaba parte de su formación. Otras veces él decidía dejar de hacer cosas más divertidas, como salir a comer con sus amigos, para poder dedicar algunas horas a mejorar alguna técnica que acababa de aprender.

Paralelamente, fue invirtiendo en aquello que consideraba necesario para poder desarrollarse en su campo: ya sea hacer un curso que le interesaba, ya comprar un programa que necesitaba para ejercer su profesión.

Puede parecer innecesario, o incluso aburrido, pero tú también necesitas un plan de acción que te lleve directo hacia tu meta: ser escritor.

¿Tienes talento? Bien. ¿Tienes vocación? Estupendo. ¿Tienes un plan de acción? Entonces nada impedirá que llegues hasta donde te propongas. Empieza hoy mismo.

Puedes hacerlo uniéndote a nuestra comunidad de escritores. Déjanos abajo tu correo y todas las semanas recibirás ideas inspiradoras para desarrollar tu carrera de escritor.


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Otros artículos:

  • No se quien escribe los post de este Blog, pero decididamente os doy la enhorabuena. Cada día aprendo más y disfruto más con todo lo que leo. Tenéis una página buenísima, aportáis un montón de ideas enriquecedoras e inspiráis para seguir adelante. Sólo puedo deciros gracias, gracias, gracias.

    • A riesgo de parecer el eco, repetimos «gracias, gracias, gracias». Gracias por leernos y por valorar el trabajo (que es mucho, pero siempre hecho con ilusión) de la web.

      Saludos.

  • Me ha parecido uno de los mejores post que habéis escrito hasta la fecha. Muchas felicidades y os deseo a todos una feliz práctica de la escritura 😉

    • Muchas gracias, Macarena:

      Es un tema que hemos detectado tanto en los que nos consultáis por correo como en nuestros alumnos. No se trata de negar la importancia del talento, pero hay que recordar que es la práctica lo que hace al maestro. Muchas veces quisiéramos tener talento porque pensamos que eso nos librará del enorme esfuerzo que supone trabajar para mejorar y hacerlo cada vez mejor.

      Saludos.

  • Hola.
    Yo siempre he sido de la creencia que el talento no tiene nada que ver con ser escritor, quizás con ningún arte.
    Solo el esfuerzo y la dedicación te va a garantizar tener buenos escritos, nada más.
    Saludos.

    • Así es, Memo. Tener talento es un plus. Si lo tienes probablemente haya cosas que te cuesten menos al escribir, porque tendrás un instinto natural para ellas. Pero con esfuerzo y dedicación se puede suplir el talento.

  • Corrección de errata: quise escribir que un curso de diseño gráfico tampoco es una materia que se estudie formalmente. Gracias, nuevamente.

  • Nuevamente: saludos y bendiciones desde Venezuela. Con el debido respeto y la venia de diseñadores gráficos y taxistas, es decir que para nada pretendo ser peyorativo con ellos, opino que tales actividades no son profesiones sino oficios, consistentes en las habilidades para crear ideas, imágenes, relieves, etc., por escrito, que llamen la atención al sentido de la vista (diseñador) y aquel que conduce un automóvil y presta el servicio al público de trasladarlo de un lugar a otro mediante una tarifa (taxista), y eso, salvo el diseño (en el que pueden haber cursos), generalmente no se estudia, y muchísimo menos se obtienen notas y títulos. El hecho que un conductor realice un examen para aprobar o no si conduce bien, y la correspondiente licencia para hacerlo, no es un estudio formal; y un curso de diseño gráfico tampoco lo es, en el sentido tradicional y literal del término. Otras habilidades -naturales, por lo demás- son las del pintor, o del músico, o del ajedrecista, entre otras, y mientras la pintura y la música no se estudien formalmente en institutos educativos superiores, no dejarán de ser unos oficios. Mientras que el ajedrez, en algunos países, en especial europeos, es materia obligatoria en la educación inicial, según tengo entendido, pero nada más.
    De otra parte, sin querer constituirme en un cazados de gazapos de esa pagina (sino todo lo contrario: es de valiosa ayuda para mí, lo cual agradezco) en el texto ut supra publicado se comieron la tilde en unas palabras, y se la colocaron a otras, verbi gratia (sic): <>
    (omissis)
    <>. (Mayúsculas agregadas).
    Puede ser que sean errores materiales de tipeo, totalmente involuntarios de parte de vosotros. Yo los noto no por criticar sino porque, por ser evidentes, se reflejan con mayor facilidad, de manera que, siendo quisquilloso en la escritura, debo hacer la llamada de atención, y es así como el «qué» no va acentuado, mientras que que sí va «enseñó» y el pronombre personal «él».
    Gracias por leerme.

    • Las citas textuales, pese a copiarlas, no aparecen en mi comentario. No sé por qué; confieso que las copié ad litteram. Debe de ser la tecnología. De ser culpa mía, lo admitiré plena y responsablemente, como asumo que el «que» final repetido es mío. Gracias.

    • Hola, Gustavo:

      Gracias por advertir las erratas.

      En cuanto al tema del talento, escribir es, ni más ni menos, un oficio. El sentido del post pretende subrayar que el talento es algo secundario. Muchos escritores creen que el talento basta y no se molestan en mejorar, en aprender el oficio. Otros viven demasiado pendiententes de si tienen o no talento, de manera que pierden su tiempo en dudas en lugar de estar escribiendo, aprendiendo y haciéndolo cada vez mejor.

      Lo que pretendemos subrayar es que hace falta trabajar, trabajar mucho. Y esa es una parte que muchos no quieren oír, tal vez porque se contradice con esa visión bohemia del escritor.

      Saludos.

    • Este comentario va dedicado a tí, Gustavo. Siento no haber escrito antes, pero hasta hoy no he podido leer los comentarios.
      Mi padre fue taxista y ya te aseguro yo que lo ejerció como una profesión y no como un oficio. Ni mucho menos, y por lo menos para mi padre, su trabajo consistía en trasladar a la gente de un sitio a otro solamente. Para eso tienes el metro.
      No, que va, cada carrera que hacía, era un relato, que no un cuento, y algunos taxistas, los vocacionales, son verdaderos psicólogos.
      Nada más subirte a un taxi, averiguan si sabes exactamente por dónde ir, o te tienen que orientar ellos. Es muy importante el inicio, porque de eso depende que el usuario al final del trayecto quede satisfecho y no piense que le han hecho el paseillo para que pagara más. Exactamente como un relato. El principio es muy importante.
      Luego viene el desarrollo. El taxista sabe si el usuario tiene ganas de hablar o no y sobre qué. Algunas personas te explican su vida en un cuarto de hora. Mi padre sabía más de la vida de muchas personas que sus propias parejas. Si no son de la ciudad, aprovechas para explicarles los sitios más destacables del recorrido, sólo por vocación y porque te gusta, aunque ya sé que no todo el mundo lo hace.
      Y nunca hay un único final, como en el relato, y muchas veces no se acaba, hay un to be continued, sobretodo cuando tienes clientes fijos, o cuando alguien se ha dejado la cartera o el móvil y al devolvérselos, les devuelves un trocito de su vida.
      En fin, que no pienses que te quería dar una lección ni mucho menos, pero pienso que cualquier oficio que sea personalizable en función de las habilidades y actitud de la persona es una profesión, y no necesariamente tienes que pasar por una universidad para adquirir el vocablo.
      De todas maneras, Gustavo, entre los años 2009 y 2013, los años más duros de la crisis, conocí a muchos taxistas con carrera que habían perdido su empresa y su dinero. Ésta no era su profesión, sino un oficio que encontraron para sacar adelante a su familia.
      Un abrazo Gustavo,

  • Me encanta el post, como siempre. Más realista imposible.
    Desde luego que es vocacional, 100%., porque con todo lo que hay que aprender, practicar, pensar y dedicar, casi nunca hay recompensa ni económica ni de reconocimiento para el talento, si es que lo hay.
    Creo que escribir nos hace mejores . Si encima escribimos bien ya es de nota porque ayudamos a otros a ser mejores al poder influir en ellos.
    Siempre he pensado que la gente que dedica tiempo a escribir ( siempre con respeto por supuesto ) es maravillosa porque se ayudan a encontrarse a sí mismas y dan rienda suelta a sus emociones.
    Sois unos súper genios !

    • Hola, Airún:

      Tienes razón, escribir nos hace mejores porque es un trabajo que requiere una enorme labor de introspección. También una labor de observación de las personas y el entorno, además del esfuerzo de comprendernos y comprender mejor lo que nos rodea. Y es cierto que todo ese trabajo se vuelca en obras que a su vez ayudan a mejorar a quienes las leen, permitiéndoles un conocimiento más profundo del ser humano y del mundo en el que vive.

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