Cuándo dar una novela por terminada

Hace algunas semanas hablábamos de la importancia de la revisión y señalábamos que, por desgracia, hay bastantes autores que deciden saltarse esa etapa del proceso de escritura o bien que la realizan de manera poco escrupulosa. Como es natural, la obra de esos escritores no puede sino resentirse.

Si te perdiste el artículo, puedes leerlo aquí.

Sin embargo, hay otro tipo de escritor que peca justamente de lo contrario: corrige y corrige su novela hasta el punto de correr el riesgo de quedarse encallado eternamente en la fase de revisión, sin sentirse capaz de dar por finalizada su obra.

Tan malo es lo uno como lo otro: no corregir en absoluto o solventar la revisión con una mera lectura superficial, o detenerse perpetuamente en una sucesión de lecturas, enmiendas y reescrituras.

Pero mientras la primera opción delata al autor descuidado (o que padece el síndrome del escritor vago), algo con lo que nadie desea sentirse identificado, la segunda parece señalar al escritor concienzudo. Alguien que se toma su trabajo muy en serio y que no va a abandonar la tarea hasta asegurarse de que su obra es absolutamente perfecta.

El problema es que la perfección no existe. Inútil es buscarla, porque nunca la alcanzarás.

Tampoco el perfeccionismo es una buena cualidad, al contrario de lo que se acostumbra a creer. En realidad, el perfeccionismo tiende a paralizarnos y nos obliga a trabajar indefinidamente, sin que nos sintamos capaces de dar por concluida la labor. Es decir, el perfeccionismo tiene que ver con una incapacidad personal a la hora de poner el punto final a un trabajo, no se relaciona necesariamente con acabar por conseguir una obra mejor, como enseguida veremos.

Por eso, más que la perfección, te recomendamos buscar la excelencia y la mejora constante.

Una larga revisión no asegura una obra mejor

Someter tu novela a un largo proceso de revisión no asegura que tu obra vaya a ser al final sustancialmente mejor.

Una vez realizada una revisión concienzuda y metódica, seguir puliendo, modificando, quitando y añadiendo no mejora la obra. La cambia, sin duda, pero no necesariamente para mejor. De hecho, en ocasiones la cambia decididamente para peor.

En el caso de la revisión de una novela se puede aplicar la teoría de los rendimientos decrecientes. Aplicar más horas y esfuerzo en la revisión de tu novela implica llegar a un punto en el que ni ese tiempo ni ese esfuerzo van a dar frutos reales.

Si te sorprendes eliminando una palabra para volver a ponerla en el mismo sitio poco después, si has probado ya una docena de finales distintos y si no dejas de reordenar las escenas de algunos capítulos, probablemente has entrado ya en la fase de rendimientos decrecientes.

Qué se esconde detrás de la revisión eterna

Eternizarse en la fase de revisión es, si lo piensas bien, una especie de bloqueo. Sencillamente no puedes avanzar y dar por concluida la obra.

Y, como siempre que hablamos de bloqueo, lo que debes hacer es detenerte a averiguar qué se esconde detrás. Muchas veces tendrá que ver con ese perfeccionismo mal entendido del que hablábamos más arriba, pero hay otros tres factores que pueden dar lugar a que te quedes encallado en la fase de revisión.

Miedo a lo que viene después

El primer factor que puede hacer que conviertas la fase de revisión en una labor interminable es el miedo a lo que viene a continuación.

Sabes que cuando finalices de revisar la novela estará definitivamente terminada. Entonces habrá llegado el momento de buscar editor. Y puede que ese proceso te intimide por qué no sabes cómo abordarlo, sin contar con que puede implicar el rechazo de tu novela, lo que siempre es difícil de asumir.

De igual manera, si prefieres autopublicar, una vez que dejes atrás el proceso de revisión te toca internarte en el proceloso mundo de la edición: maquetar los interiores, diseñar la cubierta o contratar a profesionales que lo hagan por ti. Si es la primera vez que asumes el papel de editor puede que el temor a enfrentarte a todos esas labores desconocidas sea lo que te impulsa a entretenerte corrigiendo y reescribiendo.

En ambos casos, la proximidad de la publicación de la obra permite además que vislumbres lo que viene después: la exposición ante los lectores y la crítica, algo que los autores deseáis y teméis a partes iguales y que puede dar lugar a que prefieras quedarte en terreno conocido. Revisar es escribir y esa parte tú la tienes dominada, así que te eternizas en ella para no afrontar lo que inevitablemente vendrá a continuación.

Por cierto, si quieres conocer las distintas opciones de publicación y el papel que jugarás tú en función de la que elijas, no te pierdas este artículo.

No saber cómo afrontar el trabajo de revisión

Otro de los motivos que pueden hacer que te alargues en la fase de revisión se relaciona con no saber cómo afrontar el trabajo de revisión.

Ya sea porque lo compatibilizas con la escritura, ya porque no tienes muy claro en qué orden ni con qué criterio asumirlo, das vueltas y más vueltas al primer borrador sin poder decir nunca que la revisión te haya satisfecho.

El trabajo de revisión requiere cierto método y estrategia. Te remitimos de nuevo al artículo de hace unos días en el que te contamos cómo afrontar la revisión de tu novela.

También es preciso que aprendas a reconocer el límite a partir del cual la revisión deja de ser fructífera para convertirse en un sinsentido que solo va a consumir tu tiempo y tus energías. Es decir, debes aprender a reconocer cuándo entras en el territorio de los rendimientos decrecientes.

Si consideras que necesitas ayuda externa y profesional con tu revisión, nosotros te la brindamos a través de la Tutoría de Proyectos Narrativos.

La obra necesita mucha revisión

El tercer motivo por el que puedes quedarte estancado en la fase de revisión es que ciertamente la obra necesite mucha revisión.

Esto sucede cuando no se ha hecho el adecuado trabajo previo, lo que da lugar a un primer borrador que necesita todavía mucho mucho trabajo hasta poder darlo por bueno.

Cuando una novela no se planifica adecuadamente y no se sopesan con reposo las posibles opciones para tomar en consecuencia las mejores decisiones, la labor de revisión se alarga e intensifica porque los errores que se cometen durante la escritura son mucho más numerosos.

El Curso de Novela te enseña precisamente cómo hacer ese trabajo previo, para que tu primer borrador no incurra en esas faltas que son fácilmente evitables cuando se dedica algo de tiempo y reflexión a la fase de concepción de la novela. En este curso puedes tener, además, el asesoramiento de una profesora que te ayude a tomar las mejores decisiones de acuerdo con la historia que quieres contar y a cómo deseas hacerlo.

Da la obra por terminada incluso aunque sientas que no es perfecta

Si haces una labor de revisión concienzuda y metódica, tu novela estará lista. Puedes darla por concluida.

Es normal que al terminar la obra te invada cierta incertidumbre y abrigues algunas dudas sobre si podrías haberlo hecho mejor. Cuando eso te suceda, que te sucederá, recuerda las palabras de John Cheever:

En toda mi vida, nunca terminé nada para mi absoluta y duradera satisfacción.

Por su parte George Simenon decía:

Cuando una novela está acabada siempre tengo la sensación de que no lo he logrado. No es que esté desanimado, pero quiero volver a intentarlo.

Lo que coindice con lo que apuntó Iris Murdoch al respecto de que el escritor debe olvidarse del pasado y de lo que ha hecho, porque lo que importa es lo que crees que puedes hacer a continuación.

Por eso Simenon también apuntaba que cada cinco o seis novelas que terminaba sentía que su escritura daba un salto cualitativo. Percibía una mejora, que es lo que tú debes afanarte en buscar con cada obra, abrigando la esperanza de que cada vez lo harás mejor.

Como escritor debes aprender a vivir con la certidumbre de que cada una de tus obras podría haber sido mejor, pero también a aceptar que lo hiciste lo mejor posible que te era dado en aquel momento.

Como dejó dicho Leonardo da Vinci:

Una obra de arte nunca se termina, solo se abandona.

Nos interesa conocer tus experiencias y reflexiones sobre este asunto: si sientes que tu obra no es verdaderamente redonda; si te ha sucedido enredarte en cambios que, a la postre, no mejoraron sustancialmente el trabajo; si te cuesta dar por terminada una novela. Hay tertulia en los comentarios.

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