Cómo usar la narración de forma efectiva

Al concebir una historia, ya sea un relato o una novela, en un primer momento vemos la acción, a los personajes moviéndose e interactuando entre sí. Por eso se suele idear la obra en términos de escenas, como una serie no interrumpida de ellas, en las que a menudo hay diálogo.

Ya hemos visto, sin embargo, que una novela no se compone únicamente de escenas. Es un error construirla como una concatenación de escenas que conducen desde el inicio hasta el final.

Del mismo modo que no conviene presentar cada escena en forma de diálogos.

Tal vez esa forma de concebir una historia tenga que ver, de nuevo, con el hecho de que tenemos una mayor cultura audiovisual, lo que hace que imaginemos la historia que queremos concebir como una película, dividida en una secuencia de escenas que permiten ver a los personajes actuar y hablar.

Sin embargo, la narrativa tiene una herramienta poderosa que permite ligar las escenas entre sí para darles conexión, causalidad y reforzar la cronología: la narración.

La narración además contribuye a crear atmósferas y ambientes y permite conocer mucho mejor a los personajes, porque a través de su discurso el narrador puede penetrar dentro de sus mentes para mostrar sus reflexiones y sentimientos.

En resumen, la narración es el hilo conductor de la historia y casi se podría decir que su esencia. Pero en ella, además, se refugia la mejor literatura. Si sientes que a tus historias les falta algo, tal vez lo que les falte es narración.

Hay diferentes modos de usar la narración. Vamos a repasar algunos para que sepas cómo puedes aplicarla en tus obras.

Narración descriptiva

Seguro que al pensar en narración se te ha venido de inmediato a la cabeza la descripción. En efecto, la descripción es una de las formas que puede tomar la narración (pero no la única, como enseguida veremos).

La narración descriptiva permite crear imágenes que ayuden al lector a representarse tanto a los personajes como a los espacios por los que estos se mueven.

La semana pasada vimos que una descripción puede decir sobre un personaje mucho más que cómo es su aspecto físico, por lo que no nos detendremos en ese punto.

Pero también la descripción de una estancia, una calle o un paraje natural puede decir mucho más de lo aparente, contribuyendo a crear sensaciones y emociones en el lector. Y no olvides que esa puede ser una manera de atrapar al lector tan efectiva como los puntos de giro inesperados y las sorpresas.

Recurramos una vez más al genial Dickens para comprobarlo con un extracto de La casa lúgubre en el que se describe la caída de la noche en Tom-completamente-solo, «una calle sombría y negra cuyas casas amenazan ruina».

Las tinieblas envuelven Tom-completamente-solo y, haciéndose más espesas por momentos, desde que el sol camina hacia su ocaso, han acabado por invadirlo todo. En las buhardillas brillan algunas luces, que poco a poco se han ido extinguiendo, como la llama de la vida, en medio de aquel aire infecto, prestando sus últimos y siniestros resplandores a miserables seres. La luna ha dirigido su mirada macilenta y fría sobre aquel montón de inmundas ruinas, pero se ha ocultado luego. Todo yace en sombra, y Tom-completamente-solo, profundamente dormido, permanece inmóvil bajo el peso de la más espantosa pesadilla que haya salido del infierno.

Dickens no se limita a describir que el sol se pone y los vecinos de la calle apagan sus luces. Con su narración crea un ambiente de miseria y ruina que exhala desde las páginas y llega al lector. Lo logra por medio de la elección de sus palabras: tinieblas, infecto, siniestros, miserables, macilenta, inmundas, sombra, espantosa, pesadilla e infierno.

Pero también las imágenes contribuyen a crear ese ambiente de indigencia y desesperación. Las luces se extinguen como la llama de la vida, porque en ese inhóspito paraje esta parece no poder existir. La luna que brilla sobre ese triste rincón de la ciudad es «macilenta y fría», como si hasta al cielo llegara la degradación de la calle sobre la que brilla. Y, de hecho, la luna se ha ocultado, como si también ella volviera la mirada hacia otro sitio, igual que lo hacen las gentes respetables de la ciudad, que evitan Tom-completamente-solo y a sus moradores.

Aunque las descripciones sean tal vez las partes de un texto literario que más fácilmente se identifican como narración, lo que parece indicar que su concepto está claro en la cabeza de los escritores noveles, la necesaria descripción con frecuencia se omite de forma flagrante. En nuestro servicio de tutorías leemos muchas novelas en las que la descripción no existe o es meramente testimonial. Sin embargo, ya has comprobado que es mucho lo que se puede hacer con ella para literaturizar un texto y aumentar así su valor como obra de arte.  

Inmersión en el personaje

Ya hemos dicho que la literatura tiene una ventaja de la que adolecen las artes audiovisuales: la capacidad de penetrar en el personaje para mostrar sus pensamientos, sentimientos y reflexiones. Esa inmersión se realiza precisamente mediante la narración (siempre que uses un narrador omnisciente).

Usando de este modo la narración no solo conseguirás contar lo que sucede, sino que al tiempo podrás transmitirle al lector cómo el hecho narrado afecta al personaje. De este modo el lector conoce las reacciones del personaje casi de primera mano y con ello aumenta su empatía hacia él. (Otro modo de atrapar al lector).

Fíjate en este ejemplo tomado de La señora Dalloway, de Virginia Woolf:

No había que traer hijos a un mundo como aquel. No había que perpetuar el sufrimiento, ni acrecentar el número de animales lujuriosos, carentes de emociones duraderas, que solo se movían, que iban de aquí para allá, llevados por sus caprichos y sus vanidades.[…]
[…] A la hora del té Rezia le contó que la hija de la señora Filmer esperaba un bebé. ¡Y ella no quería hacerse vieja sin tener hijos! ¡Estaba muy sola, se sentía muy desgraciada! Lloró por primera vez desde su boda. Él la oyó sollozar a lo lejos; la oyó con mucha claridad y nitidez; era como un émbolo moviéndose rítmicamente. Pero no sintió nada.
Su mujer estaba llorando y él no sentía nada; tan solo que cada vez que Rezia sollozaba de aquella manera honda, silenciosa y desesperada, él daba un paso más hacia el abismo.

Septimus Warren Smith es un excombatiente de la Primera Guerra Mundial con estrés postraumático. Su salud mental se está deteriorando rápidamente. Él, tras sus experiencias en el frente, no desea tener hijos, pero su mujer sí.

En los párrafos del ejemplo, la narración se adentra en la mente de Septimus para consignar lo que el personaje piensa. No se pueden traer hijos a un mundo habitado por «animales lujuriosos» que se mueven según les dictan «sus caprichos y vanidades». Su mujer sin embargo desea tener un hijo porque se siente sola y desgraciada. El llanto de Rezia es incapaz de conmover nada dentro de Septimus, hasta tal punto se siente ajeno a los sentimientos de su esposa, cuyo llanto despersonaliza al compararlo con un «embolo moviéndose rítmicamente».

Tres párrafos bastan para que comprendamos cómo se siente el personaje, para que vivamos desde dentro su experiencia: el llanto, la indiferencia y la desesperación.

Contar y no mostrar

Sí, has leído bien: hemos revertido el tradicional consejo de «mostrar, no contar»; porque, en ocasiones, hay que contar y no mostrar. Y para ello se usa la narración.

Hay determinadas partes de la historia que deben ser mostradas para que el lector se las represente de manera fidedigna y detallada. En esos momento sí conviene crear escenas.

Pero hay otros momentos en los que, por el contrario, conviene presentar determinada información a través del discurso del narrador, bien porque sea una información de menor relevancia, bien porque precisa ser resumida para no alargarse innecesariamente al proporcionarla.

Así lo hace Edith Wharton para presentar la infancia y adolescencia de Lily, la protagonista de La casa de la alegría.

La vida continuó desarrollándose conforme a esta pauta errática y agitada durante toda la adolescencia de Lily; una sinuosa y rápida corriente por la que la embarcación familiar se deslizaba entre diversiones, remolcada por una corriente subterránea de perpetua necesidad: la de obtener más dinero. Lily no podía recordar una época en que el dinero fuera suficiente, y de un modo vago su padre siempre parecía tener la culpa de tal deficiencia. No podía ser ciertamente culpa de la señora Bart, quién según sus amigas era una «excelente administradora», famosa por el ilimitado efecto conseguido con medios limitados; para la dama y sus amistades había algo heroico en vivir como si una fuera mucho más rica de lo que indicaba la propia cuenta bancaria.

Los tres o cuatro párrafos anteriores a este, también de narración, presentan a la señora Bart como una mujer volcada en aparentar una riqueza que no posee, y al señor Bart como un hombre taciturno al que evidentemente preocupan los derroches de su mujer. Durante un par de párrafos más la narración se extiende para explicar cómo, en ese ambiente, Lily se ha aficionado al lujo y cómo su grandiosa presentación en sociedad (y las facturas que la acompañaron) acabaron por minar la economía familiar y llevar al señor Bart a la ruina. Solo entonces Wharton muestra, escenificando el momento en que el señor Bart comunica a su mujer y a su hija que está arruinado.

Esos párrafos de narración consiguen varias cosas.

  • Dan información relevante sobre Lily, la protagonista, al informarnos sobre cómo el ambiente en el que se ha criado y las ideas de su madre han moldeado su carácter.
  • Dan información sobre el medio social en el que la protagonista se moverá: un medio frívolo en el que el dinero y las apariencias lo son todo. El conflicto de Lily surge precisamente por su relación con ese medio.
  • Dan información sobre las costumbres de la buena sociedad de la época: presentaciones en sociedad, fiestas y recepciones, institutrices y niñeras, vacaciones en Newport o Southampton…

De forma económica, pero vivaz, Edith Wharton presenta mucha información de contexto a través de la narración.

Como ves la narración es un recurso poderoso y versátil que puede ayudarte a contar mejor tu historia al penetrar en los personajes, crear ambientes o aportar contexto, evitando además que tu novela sea una mera sucesión de escenas sin un soporte que les de ilación y coherencia.

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4 COMENTARIOS


Otros artículos:

  • Saber cuándo contar para avanzar la historia y no aburrir con detalles irrelevantes, y saber cuándo hay que detenerse y mostrar con descripciones necesarias la historia que se cuenta, yo creo que es cuestión de práctica, de mucha práctica. Aunque siempre habrá -y los hay- quien intuitivamente, por tener ese raro don, dé con el deseado equilibrio sin necesidad de tanta experiencia ni tanta práctica. Yo creo que tener un don innato ayuda en cualquier actividad que queramos realizar. Así que, los que no dispongamos de esa rareza, merecida o inmerecida, no nos queda otra que aplicarnos duro y equivocarnos «n» número de veces hasta dar con la tecla, si ello llegara a suceder algún día.

  • Contar y no mostrar…
    Con lo difícil que me resulta a mi «mostrar y no contar».
    La virtud está en el término medio, pero resulta muy complicado ser un escritor virtuoso en este mundo de imágenes vertiginosas.
    No hay varita mágica. El éxito está en el trabajo…

  • Excelente nota! A veces me parece que pongo mucho diálogo y pocas descripciones, y otras todo lo contrario. Tengo que encontrar alguna especie de equilibrio entre ambos para que la historia avance mucho mejor.
    Gracias!!!

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