La cara oculta de la creatividad

En El pobre Goriot, de Honoré de Balzac, Vautrin, uno de los personajes, dice:

Nos doblegamos ante el poder de la genialidad, la aborrecemos, intentamos calumniarla porque toma sin compartir; pero nos doblegamos si persiste; en pocas palabras, la adoramos de rodillas cuando no hemos conseguido sepultarla en el barro.

Esas palabras recogen una gran verdad: la sociedad se rinde a la creatividad, pero después de haberle puesto todas las trabas posibles. La gente creativa —y los escritores lo sois— no gusta porque viene a ser un elemento extraño en medio de una sociedad homogénea. Por eso es importante que, como persona creativa, aprendas a lidiar con esa realidad.

Hoy hablamos de la cara oculta de la creatividad.

La creatividad y el sistema educativo

El primer lugar donde se proscribe la creatividad es en el sistema educativo. Si eres una persona creativa, ya desde niño se te intentará obligar a que renuncies a tu talento y a tu peculiar idiosincrasia para amoldarte a los requisitos de una educación estereotipada.

No nos malinterpretes. Somos muy conscientes de la importancia y el valor de la educación y del insoslayable papel que juega el sistema educativo a la hora de conseguir que los alumnos alcancen unas habilidades y unas destrezas determinadas que les permitan desarrollarse como personas y ciudadanos y ejercer en el futuro una profesión.

Pero no es menos cierto que el sistema educativo busca crear futuros empleados dóciles, que sepan acatar el criterio ajeno, recibir órdenes y desarrollar la tarea encomendada sin hacer/hacerse demasiadas preguntas. Es muy posible que la mayoría de nosotros fuéramos en nuestra niñez más creativos de lo que lo somos de adultos, pero el paso por la educación formal ha desactivado en parte nuestra creatividad.

Las personas creativas, que os perdéis con facilidad en vuestras ensoñaciones, que tenéis una imaginación fértil y que siempre os planteáis el porqué de las cosas probablemente tengáis cierta dificultad para adaptaros a vuestro paso por las aulas y, más tarde, en puestos de trabajo rutinarios.

Y esa dificultad para adaptaros, esa sensación de estar permanentemente fuera de lugar puede provocaros serios problemas emocionales y de autoestima si no desarrolláis las herramientas para lidiar con ella. El talante creativo puede ser una fuente de conflicto, con uno mismo y con los demás.

Castigo a quienes destacan

Por otro lado, las personas creativas tendéis a destacar entre la masa uniforme de la gente normal, y eso también puede resultar problemático.

Coge con pinzas eso de «la gente normal», porque la realidad es que todos somos creativos en mayor o menor medida, tal vez únicamente en un campo específico y no en otro… Lo que sucede es que en parte nuestra creatividad ha sido desactivada (como apuntábamos antes), en parte no solemos entrenarla y en parte tememos la condena ajena si nos mostramos excesivamente creativos.

Porque la realidad es que, como apuntaba Vautrin, el personaje de Balzac, la sociedad condena a las personas creativas. Desconfiamos de aquellos que destacan, tendemos a considerarles impostores, como si fingiesen o interpretasen un papel para parecer superiores, diferentes o especiales; precisamente, tal vez esa desconfianza sea fruto de que, al lado de una persona con una creatividad viva, nosotros mismos nos sentimos pequeños e insulsos.

En el fondo tiene lógica: una persona creativa viene a ser un elemento disruptivo entre la masa homogénea de personas menos creativas. Sus planteamientos e ideas pueden resultar chocantes, su manera de ver el mundo difiere de la de los demás, no hace las mismas cosas que la mayoría y, cuando las hace, acostumbra a hacerlas de manera diferente. Y todo ello genera incomodidad y desconfianza.

El precio que las personas creativas tenéis que pagar por ser diferentes es vivir rodeados de una cierta hostilidad de baja intensidad. Vuestro entorno —familia, maestros, compañeros de profesión, amigos, etc.— reconocerá a duras penas lo genuino de vuestros planteamientos, os considerará «raritos», minusvalorará vuestros logros (el típico «eso también lo puedo hacer yo») y solo se rendirá a la evidencia cuando un éxito palmario culmine vuestros esfuerzos. Cuando todo el mundo reconozca tu talento, hasta los mas renuentes acabarán por aceptar que probablemente es cierto que lo que haces merece la pena. 

Esta situación suele afectar a la salud emocional de las personas creativas. Por un lado, sentís la falta de aceptación de quienes os rodean (porque la creatividad suele asociarse con una alta sensibilidad) y sois conscientes de que esa poca aceptación tiene su origen en vuestro talante «especial». Es frecuente que quienes se relacionan con personas de temperamento creativo tiendan a haceros ver que no sois especiales, por más que vosotros así lo creáis, y para ello minusvalorarán los frutos de esa creatividad o vuestra creativa forma de ser.

En realidad, las persona creativas, por todo lo expuesto, tendéis a percibir vuestra «diferencia» como un defecto, no como algo de lo que sentiros orgullosos. No eres tú quien se cree especial, son los demás quienes te tratan como si lo fueras y tu consciencia de ser diferente a menudo te hace sentir mal y desubicado.

El resultado es que las personas creativas tratáis de ahogar o disimular vuestra creatividad para así encajar en la uniformidad circundante. Si te esfuerzas en esconder tu talante creativo, si lo has hecho desde pequeño o si lo haces durante demasiado tiempo la realidad es que, en efecto, puedes ciertamente herir de gravedad tu creatividad, ya que esta es como un músculo que necesita ser entrenado de forma constante. Aquí te contamos algunas maneras de desarrollar tu creatividad.

Otra consecuencia fruto del carácter punitivo con el que la sociedad acoge la creatividad es que las personas con una mente creativa tendéis a aislaros. Para evitar conflictos, acabáis por reducir el contacto con los demás, rehuyendo las situaciones que puedan ponerlos en riesgo de destacar.

Aislamiento

Por eso el aislamiento es otro de los problemas a los que os enfrentáis las personas creativas. Los creativos tendéis a aislaros como una estrategia para evitar que los demás os consideren personas que buscan descollar, fingidores o «raritos». Como además el propio temperamento creativo tiende a la soledad, el aislamiento puede volverse todavía mayor.

Las personalidades creativas tendéis al aislamiento. Es en soledad donde escucháis mejor la voz de vuestra imaginación, donde podéis desarrollar vuestras ideas y donde tenéis libertar para soñar, crear, planear e idear.

Las personas creativas disfrutáis estando a solas, perdidos en vuestro rico mundo interior. Pero esa característica también pone en alerta a quienes os rodean, que de nuevo ven extraño o sospechoso ese deseo de soledad; en especial en una sociedad tan hiperconectada como la actual, donde todos tendemos a volcarnos hacia afuera y a rehuir los momentos de soledad.

De modo que quienes sois creativos tendéis a aislaros por naturaleza, y esa tendencia se ve reforzada al actuar como un mecanismo de defensa ante un entorno que os estigmatiza. Pero si te aíslas demasiado, puedes no tener los recursos para lidiar con los efectos de esa soledad y el discurso pernicioso que tu propia mente puede estar creando.

Porque la mente creativa también duda. Tu personalidad creativa se debate en la duda acerca de si tus ideas o concepciones son en realidad valiosas o útiles. Si además desarrollas alguna actividad artística, como es el caso de la escritura, dudarás de tu talento, de tus capacidades, de la pertinacia y solvencia de tu obra…

Y, aislado, carecerás de una visión externa que te ayude a poner las cosas en perspectiva, a valorar con ecuanimidad tu trabajo y tus ideas y a salir de los atolladeros mentales en los que a veces tu creatividad te haga encallar. Por eso a los creativos os resulta tan útil tener mentores o relacionaros con otras personas que también desarrollen trabajos creativos.

El éxito, a pesar de todo

A pesar de la oposición de su entorno y del conjunto de la sociedad, que mira con sospecha y prevención a las mentes creativas que destacan por no adecuarse a las ideas y modos generales, muchas personas creativas logran alcanzar el éxito.

Tal vez sea necesario puntualizar que el éxito no consiste en alcanzar la fama o un cierto nivel de ingresos (aunque, por supuesto, puede incluir ambas opciones). El éxito para alguien con carácter creativo consiste en materializar el proyecto que un día imaginó. En el caso de un escritor el éxito es, por tanto, concluir la obra e, idealmente, que esta sea leída.

Por desgracia, tener una mente creativa no te asegura al cien por cien que seas capaz de materializar tus proyectos, de culminar una obra. Para alcanzar él éxito te hacen falta tres ingredientes más. Esos tres ingredientes son: un plan, perseverancia y resiliencia. Sin ellos es como si tuvieras un coche con un potente motor, pero sin gasolina ni ruedas ni volante.

Un plan

Tienes una visión y tienes las ideas para llevarla a cabo. En el caso de un escritor, tienes un argumento y unos personajes y sabes cómo usar los elementos de la ficción para contar esa historia de la manera más interesante. Pero si no tienes un plan bien estructurado para trabajar en tu obra, es muy probable que nunca acabes tu novela.

A los creativos fantasear se os da muy bien, pero eso no es suficiente. Si no tienes un plan, los mil inconvenientes de la vida diaria se cruzarán en tu camino para impedir que tu idea vea la luz: falta de tiempo, pensamientos limitantes, procrastinación… En este artículo hemos recogido ocho razones que impiden que tus ideas se conviertan en realidad.

Tu plan debería incluir desde un buen trabajo previo a la escritura, que te permita conocer cada recoveco de la obra (aunque planteado con flexibilidad, para dejar espacio al cambio creativo), hasta una buena organización de tus jornadas de trabajo, pasando por una buena calendarización de las distintas fases del proceso de escritura.

Perseverancia

Ya hemos dicho antes en diversas ocasiones que escribir es un trabajo exigente que, además, se prolonga en el tiempo. Por mucho que lo hayas escuchado por ahí, no se escribe una novela en un par de meses.

Por eso hace falta perseverancia para trabajar en tu obra día tras día. Incluso aunque estés cansado, incluso aunque tengas otras ocupaciones, incluso aunque el proceso se complique y te haga dudar. Incluso aunque haya días bajos, momentos en que sientas deseos de abandonar y lanzarlo todo por la borda; incluso aunque haya días en que te preguntes si realmente vales para escribir, si tienes talento.

Sin perseverancia y tesón es muy probable que acabes por darte por vencido, aunque tengas la mente más creativa del siglo.

Resiliencia

En efecto, habrá días bajos y mil complicaciones. Habrá desgana y dudas. Habrá obstáculos. Por eso, además de creatividad, necesitas resiliencia: capacidad para adaptarte a la adversidad para hacerle frente, superarla y salir fortalecido del proceso.

Debes aprender a gestionar los obstáculos que te separan de tus objetivos, tal como te contamos en el Curso de Productividad para Escritores.

Ahora ya lo sabes: la creatividad tiene una cara oculta y es mejor que aprendas a lidiar con ella. También es importante que tengas claro que no basta con ser creativo para alcanzar el éxito o ser un buen escritor, hay otros factores que también tienen un peso importante.

Es tu turno: ¿te consideras una persona creativa? ¿Has reconocido algunos de los factores que hemos enumerado —el aislamiento, el castigo— como consecuencias de tener una mente creativa? ¿Estas de acuerdo en que la creatividad por sí sola no es suficiente para construir una obra sólida?

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8 COMENTARIOS


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  • Excelente artículo, me ha aportado una claridad impresionante y además me he sentido identificada. Saludos.

  • Un artículo excelente. Nunca pensé que alguien pudiera describirme sin conocerme. Me siento afortunada de pertenecer al grupo de los creativos. Gracias

  • Excelente artículo. Una detallada radiografía del espíritu artístico. Siempre es reconfortante conocerse a sí mismo y saber que no estamos solos en esa permanente búsqueda.

  • Excelente tarde para todos. No sabía que existía una cara oculta de la creatividad, ha Sido interesante conocerla. Pondré en humilde práctica lo aprendido, saludos a todos los seguidores y trabajadores de Sinjania.

  • Buenísimo, como siempre. Y hace meses, quizás años, recibo estos artículos. Este lo acabo de compartir en mi muro de Facebook y en el de Twitter. Saludos afectuosos desde La Habana, Cuba.

  • Muy buen trabajo. Y sí, yo también tengo mi lado oscuro, pero no me dejo vencer por eso, lo aprendí de mi propio “proceso” creativo. Cuando sobrevenía la duda o el medio, la inconformidad u otra negatividad le daba espacio, algo de tiempo, la mandaba a paseo luego de que se explayara me ponía a escribir o hacer mis foto y mis audiovisuales, y así tomé, incorporé, casi inconscientemente, como hábito, que la misma creatividad supera cualquier obstáculo; mejor, ya nada me bloquea ni atenta mi creatividad, a no ser que tenga que dormir para tener más fuerzas, o la voluntad de reescribir algo para que me quede mejor. Pienso en mi propio éxito y conformidad conmigo mismo y aunque no soy el gran escrito ni el más publicado en mi ciudad (ya no se diga país) tengo mucha paz conmigo mismo. Luz a la oscuridad y como siempre me digo: la musa es mujer y hay que tratarla bien.

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