Por qué un escritor necesita un mentor

Escribir es un trabajo creativo y, como tal, no hay moldes, recetas o rutas que puedas seguir a la hora de desarrollar tanto tu escritura como tu carrera de escritor.

Sin duda, esto supone una gran ventaja: miles de caminos se abren ante ti, gozas de total libertad para crear, para hacer, para innovar, para cambiar, para crecer. Pero también puede suponer un gran reto: ¿qué hacer?, ¿por dónde empezar? ¿Cómo elegir entre las numerosas opciones que tienes para, por ejemplo, contar una historia?, ¿cómo saber si la decisión que has tomado es la buena?, ¿qué pasa si te equivocas?

Por eso, para progresar en tu escritura no hay nada mejor que contar con un mentor.

Un mentor es una persona que goza de los conocimientos y la experiencia que tú (todavía) no tienes. Y pone ambas cosas a tu disposición no para imponerte su visión de las cosas, sino para ayudarte a descubrir tu propio camino y brindarte su apoyo mientras lo recorres (o al menos mientras recorres una parte del trayecto).

Tener un mentor no es obligatorio, por supuesto, pero sí muy muy recomendable. De hecho, puedes incluso tener varios mentores para diferentes ámbitos de tu carrera de escritor o varios consecutivos, cuyas enseñanzas y consejos se complementen para que tu visión de tu obra y de tu proceso de escritura se enriquezca y se matice.

Un mentor que te enseñe

La escritura, precisamente por su cariz artístico, no dispone de fórmulas magistrales. No hay nadie que pueda darte un patrón por el cual cortar tus novelas y relatos de manera sencilla y única. Pero sí que existen ciertas pautas, modelos, recursos y técnicas que se repiten una y otra vez en los textos literarios y que pueden ser aprendidas (y enseñadas).

Por eso la primera ventaja de tener un mentor es que él te va a brindar conocimientos.

Si quieres avanzar en tu escritura, pero eres consciente de que te faltan recursos o de que tus historias son todas muy similares en lo tocante a su estructura o de que a tus personajes les falta algo… Si en general sientes que tus conocimientos sobre narratología son muy básicos o rudimentarios un mentor puede ser la solución.

Por supuesto, hay otras maneras de acceder a esos conocimientos que te faltan. La primera y más divertida es leer mucha narrativa, pero este es un sistema que, aunque resulta cien por cien eficaz, requiere de años de práctica. Otra manera consiste en leer literatura especializada (o blogs) para hacerte con los conceptos que ahora te faltan.

La desventaja de ambos métodos es que en ninguno de esos casos contarás con una persona experta que te indique cómo aplicar esos conocimientos recién adquiridos a tus textos.

Lo bueno de tener un mentor es que él valorará tu trabajo con ecuanimidad y podrá darte consejos útiles para que apliques de manera óptima tus nuevos conocimientos a tus escritos.

Un mentor que te brinde una visión externa

¿Qué opinas de tus textos?, ¿qué piensas de la novela que estás escribiendo?, ¿cómo definirías tu estilo?, ¿cómo ves tu carrera de escritor?

Todos tenemos ideas sobre nosotros mismos y, además, en trabajos de índole creativa e intelectual es muy difícil juzgar de manera exacta, precisamente porque no hay una única manera buena de hacer las cosas.

La consecuencia es que, como es natural, tendemos a distorsionar las cosas. Y no solo por las particularidades de la creación literaria, sino por cómo funciona nuestro cerebro, con sus pensamientos limitantes, su síndrome del impostor o su tendencia a la procrastinación.

Hay algunos escritores que se creen verdaderos genios a pesar de escribir obras deslavazadas, con argumentos tópicos, llenas de agujeros argumentales y con personajes sin relieve. Estos autores se lanzan a publicar obras que necesitan todavía mucho trabajo porque no han tenido a nadie que les señale sus fallos.

Sin embargo, lo habitual es que los autores os juzguéis mucho peor de lo que sois. Os sentís inseguros (a veces en parte por la falta de conocimientos), no sois capaces de juzgar vuestra obra con cierta imparcialidad, magnificáis los errores y obviáis los aciertos.

Por eso casi siempre una mirada externa ayuda a poner las cosas en su sitio y supone una inyección de confianza. La confianza que necesitas para perseverar, para probar cosas nuevas, para tener fe en que lo que haces merece la pena y que un día no tan lejano tus lectores te lo agradecerán.

Un mentor que te descubra tus puntos ciegos

Ahora bien, lo anterior no significa que un mentor esté ahí solo para darte palmaditas en la espalda (aunque un buen mentor sabrá dártelas). La misión de un mentor es también descubrir tus puntos ciegos.

Los puntos ciegos, según la herramienta denominada «ventana de Johari», se definen como aquello que los demás conocen de ti, pero tú no. De acuerdo a esto, tu mentor, por su experiencia y sus conocimientos, va a descubrir cosas en tu escritura que para ti pasan desapercibidas, será capaz de identificar tus puntos de mejora y señalártelos para que comiences a trabajar en ellos.

Pero esos puntos ciegos no se referirán únicamente a la escritura. Un buen mentor es capaz de identificar vicios o fallos en tu proceso de escritura, así como en tu relación con tu creatividad en general. Puede que perciba tu falta de confianza en ti mismo, la ausencia de un proceso ordenado de trabajo, falta de disciplina o temor al éxito.

Tu mentor sabrá orientarte sobre esos aspectos y darte consejos útiles y aplicables que te ayuden a descubrir tus puntos de ciegos.

Por supuesto, los puntos ciegos también pueden tener un carácter positivo: tu mentor también identificará aquellas fortalezas de tu escritura y de tu carácter que juegan a tu favor, para que las potencies y les saques todo el rendimiento posible.

Un mentor que te impida poner excusas

La mayoría de nosotros somos expertos en poner excusas. Se las ponemos a los demás y, lo que es peor, nos las ponemos sin cesar a nosotros mismos.

«Ahora no es el momento», «No estoy preparado», «Cuando tenga algo más de dinero», «Cuando tenga más tiempo», «En realidad no me hace falta», «No es más que un sueño que nunca se hará realidad»…

Encontramos todo tipo de excusas para no hacer aquello que queremos hacer, pero que en realidad nos da miedo (o pereza). Quieres ser escritor, pero encuentras un montón de excusas para no escribir a diario, para no formarte, para no avanzar por el camino que te llevará a escribir cada vez mejor.

Un buen mentor es un desarticulador de excusas. En parte porque sabe reconocerlas y te dará un toque de atención cuando te cace empleándolas.

Pero más a menudo tu compromiso para con tu mentor hará que seas tú el que no desees caer en la trampa de las excusas fáciles. Entre mentor y mentorizado se establece un pacto por el cual cada uno se compromete a poner lo mejor de sí mismo. De esta manera te sentirás responsable de cumplir con tu parte y serás tú el primero que no desee poner excusas.

Por eso tener un mentor es como aplicar un catalizador que estimulará tu desarrollo como escritor.

Un mentor si estás estancado

En ocasiones es como si nos quedásemos estancados, incluso en aquellas áreas que más nos apasionan, como la escritura.

Al comienzo te bastas y te sobras a ti mismo: tienes todo un mundo por descubrir y poco a poco lo vas haciendo. Pero, tarde o temprano, llega un momento en que dejas de percibir un progreso real: siempre haces lo mismo y de la misma forma, así que dejas de sentirte ilusionado.

Ese es un momento crítico en el que la ayuda de un mentor puede ser providencial. Como ya hemos dicho, un mentor te aportará nuevos conocimientos y pondrá toda su experiencia a tu servicio. Te ayudará a identificar tus puntos ciegos y tus potencialidades; te brindará una mirada externa desapasionada que te permitirá conocer las luces y sombras de tu escritura y de tu proceso creativo; barrerá con las excusas que te estás poniendo.

Tu mentor te pondrá una inyección de nuevas ganas que te ayudará a retomar el camino y proseguir trabajando en tus proyectos con renovada ilusión.

¿Dónde encontrar a tu mentor?

Los mentores están en todas partes. En ocasiones puede establecerse una relación de mentoría informal con un amigo o un conocido cuya experiencia pueda servirte de orientación. En ocasiones ni siquiera tienes por qué tener una relación directa con una persona y tu mentor puede ser, por ejemplo, un bloguero al que sigues porque sus ideas te ayudan a ver la luz.

De igual manera, la mentoría puede ser puntual, para ayudarte en un momento concreto, o durar años. Puedes tener un único mentor que te oriente en un área concreta o varios simultáneos o consecutivos, cuya asesoría se complemente.

Tu relación con tu mentor puede ayudarte a asumir los altibajos naturales que supone el desarrollo de cualquier carrera, también la de escritor. La guía de un mentor te da confianza para perseguir tus ambiciones. Su apoyo te reta a estar abierto a nuevos enfoques cuando te sientes encallado. Sus preguntas reflexivas pueden ayudarte a cambiar la perspectiva y conectar los puntos de manera diferente y novedosa. En definitiva, la influencia de un mentor dejará un legado duradero en tu trabajo y en tu vida.

Si te interesa comenzar una relación con un mentor, algunos de nuestros cursos de escritura incluyen una mentoría personalizada.

Como el Curso de Novela, en el que puedes disponer de una asesoría que te ayude a tomar las mejores decisiones para tu obra mientras preparas su plan preliminar.

O en la Tutoría de Proyectos Narrativos, donde tu tutora leerá tu obra con mirada atenta y profesional para detectar sus aciertos y sus puntos de mejora, además de brindarte opciones que te ayuden a resolver los problemas que pueda haber encontrado en tu trama.

También en el Curso de Escritura Creativa tendrás un mentor a tu disposición durante tres meses, que te brinde nuevos conocimientos y te proponga ejercicios para mejorar tu estilo.

Elige el curso que mejor se adapte a tus necesidades. y, si tienes alguna duda, consúltanos. Nos encantará asesorarte.

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