Cinco maneras de desarrollar la creatividad

Cinco maneras de desarrollar la creatividad

La escritura, como proceso artístico, está íntimamente ligada a la creatividad. Parece claro que un escritor necesita ser creativo.

Por eso los escritores reverencian a la creatividad casi tanto como a la inspiración y al talento. Son cualidades que esperan tener (y que temen no tener), pero también son esquivas fuerzas que van y vienen libremente, causando así muchos problemas y sinsabores.

Tal vez hayas pasado alguna vez por una época de sequía creativa. No se te ocurre ninguna idea para escribir una nueva historia, o no sabes por dónde continuar la que estabas escribiendo. Pasan los días y la cosa no fluye, hasta el punto de que empiezas a ponerte nervioso. Sientes que has perdido una especie de poder que antes tenías y temes no poder recuperarlo nunca.

Qué es la creatividad

En realidad no tienes motivos para preocuparte: la creatividad no es ningún poder mágico. La creatividad es simplemente una habilidad. Todos la tenemos, en mayor o menor grado. Y la buena noticia es que se puede desarrollar.

La RAE define creatividad como «Facultad de crear» y «Capacidad de creación».

Una definición escueta en la que, como ves, no se hace referencia a que se necesite ningún tipo de característica especial para poseer la creatividad. Es tan solo la capacidad de crear algo. Y todos tenemos esa capacidad, porque todos podemos crear.

De hecho, lo hacemos: creamos el plato de comida que hacemos para alimentarnos, creamos frases para comunicarnos, creamos la combinación de ropa que nos pondremos al día siguiente para ir al trabajo, creamos ideas y pensamientos…

Albert Einstein dijo:

«La creatividad está al alcance de todos. El impulso creativo comienza con la visión, la emoción, la intuición. En definitiva, existe el arte de ser creativos en cualquier momento de la vida.»

Ahora bien, en el caso de la escritura, se trata de crear obras literarias. Una obra literaria es un texto con unas determinadas características: tiene un argumento, pretende comunicar una idea o mensaje, se sirve de determinados recursos literarios y busca producir un goce estético.

Por tanto, la cuestión que más debería preocupar a un escritor, que más debería preocuparte a ti, no es si eres o no creativo; no es si estás en una época fértil de creatividad o pasas por una sequía creativa; lo que debería preocuparte es mejorar tu conocimiento de los recursos literarios pensados para causar ese goce estético que es distintivo de la buena literatura, recursos que te permitirán presentar tu argumento con solvencia para comunicar ese mensaje que quieres transmitir con tu obra.

Todos tenemos la facultad de crear. Y, dominando los recursos precisos, todos tenemos la posibilidad de crear una obra literaria. Así de fácil.

La creatividad no es una cuestión de imaginación o inspiración. Es una cuestión de desarrollar las habilidades y conocimientos necesarios para dominar el arte de escribir.

Los tres pilares de la creatividad

Hay tres cosas básicas que debes hacer para desarrollar la creatividad como escritor. Son cosas sencillas.

  • Crear el hábito de la escritura: Practicar algo todos los días es la mejor manera de alcanzar la maestría. Da igual si se trata de un deporte, tocar un instrumento, ajustar una tuerca o escribir. Ya conoces nuestro mantra: a escribir se aprende escribiendo.
  • Formarte: También hemos hablado ya de eso. Necesitas aprender los recursos que convierten un texto en un texto literario. Esos que producen el goce estético propio de las obras artísticas. Conocer esos recursos es lo que te va a permitir jugar con nuevos enfoques, cambiar perspectivas, probar cosas nuevas, acatar la tradición o romper con ella…
  • Leer: En el fondo leer no es más que la manera más divertida de formarte. No se trata de que leas únicamente manuales de escritura. Se trata de que leas de todo: ficción, no ficción, poesía, teatro, biografías, el periódico, blogs de diferentes temáticas. No olvides que también tienes que leer obras que no sean de tu género, también obras que no te gusten, porque de todas ellas vas a aprender algo nuevo que aplicar (o evitar) en tus textos.

Desarrollar el hábito de la escritura, formarte y leer, esos son los tres pilares sobre los que se asienta la creatividad. Como ves no son nada del otro mundo, están al alcance de cualquier persona.

Ojo, no están ordenados de más a menos importante. Son todos indispensables y debes ponerlos en práctica de forma conjunta y paralela. Lo bueno es que no te va a costar.

Más maneras de desarrollar la creatividad

Esas tres actividades tan asequibles son la base de la creatividad de un escritor. Pero por supuesto hay otras formas de trabajar y fomentar la creatividad.

Porque la creatividad es como un músculo que se fortalece cuanto más se usa.

Una manera de desarrollar tu creatividad es empaparse del trabajo creativo de otros. Escuchar música, visitar museos, ir al teatro y al cine, leer (de nuevo), disfrutar de una buena comida, etc.

Al apreciar el trabajo creativo de otro te imbuyes de las horas de estudio y práctica de esos artistas y puedes apreciar las diferentes técnicas, recursos y habilidades que han puesto en juego para crear sus obras.

¿Puede el uso del color de un pintor cuyo cuadro aprecias en un museo ayudar a tu escritura? La respuesta es sí. Porque todas las artes guardan relación entre sí, también con el acervo anterior y, por supuesto, con la época y la sociedad en la que nacieron. Una perspectiva amplia de todos esos elementos va a enriquecer tu cultura, a darte nuevos enfoques y, en resumen, a beneficiar tus textos.

Lo mejor es que disfrutarás poniendo en práctica esta forma de fortalecer tu creatividad. Porque ver una película o escuchar música son actividades sin duda placenteras.

Todavía hay otra forma de potenciar tu creatividad que, además de divertida, resulta muy eficaz: realizar tú mismo otras actividades de índole artística o creativa.

Escribir es un trabajo muy absorbente y también muy exigente. Por eso conviene alternar la escritura con otras disciplinas que te ayuden a desconectar y relajarte.

Puedes hacer ejercicio, quedar con amigos e incluso realizar actividades mecánicas como limpiar la casa o conducir. Ese tiempo de desconexión en el que no estás escribiendo no es nunca tiempo perdido: tu cerebro sigue trabajando en un segundo plano en la historia que tienes entre manos. Por eso a veces mientras paseas o haces cualquier otra tarea lejos de tu escritorio, te viene de pronto a la cabeza la forma perfecta de presentar esa escena que se te resistía.

Pero los beneficios serán todavía mayores si esas actividades también son creativas. Puedes tocar un instrumento, dibujar, bailar, formar parte de un grupo de teatro. O puedes hacer actividades más sencillas pero igualmente creativas: cocinar, tejer, hacer manualidades, construir un mueble, la fotografía…

¿Por qué es importante ejercitar la creatividad?

Como hemos dicho, la creatividad es algo que todo el mundo tiene en potencia. Tú también.

Convertir esa potencia en acto, en algo real que forme parte de tu día a día es cuestión de intención, de dedicar tiempo y recursos para desarrollarla y fortalecerla.

Escribe a diario, lee a diario, estudia a diario.

Ve al cine, visita museos, asiste al teatro, acude a conciertos.

Práctica una actividad creativa al margen de la escritura que te permita desarrollar nuevas experiencias y potencie en ti nuevas formas de expresión que puedas después volcar también en tus obras literarias.

Si conviertes la creatividad en un hábito evitarás esa montaña rusa anímica que muchos escritores se quejan de sufrir: días en que la escritura fluye y días en que, de pronto, todo se estanca. Imposibilidad de encontrar nuevas historias. Falta de originalidad al abordar determinados temas o situaciones…

Todo son ventajas, porque una vida creativa es una vida más feliz.

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