Los tres problemas de un exceso de worldbuilding

Cuando escribes fantasía o ciencia ficción el worldbuilding es una faceta muy importante de la preparación de la novela.

Tienes que crear un contexto claro y suficiente en el que se desarrollará la historia, ya que en ambos géneros —más que en ningún otro— la ambientación, el mundo en que todo sucede, es, como suele decirse, «un personaje más».

El worldbuilding tiene un peso tan importante que sin él el argumento no se comprendería, perdería gran parte de su interés e, incluso, no podría llegar a desarrollarse.

Si te interesa el tema, aquí te contamos siete cosas que debes saber al crear mundos imaginarios.

Sin embargo, cuando te pongas a trabajar en el mundo de tu novela, tienes que tener mucho cuidado porque se te puede ir de las manos y acabar metido de lleno en uno de los tres problemas a los que conduce un exceso de worldbuilding:

  • Que fagocite la trama.
  • Que procrastines.
  • Que acabes escribiendo una saga.

El woldbuilding es importante, pero el argumento lo es más

Hablamos con conocimiento de causa. Algunos alumnos de nuestro curso de novela y gran parte de los que nos escribís nos confesais que lleváis meses trabajando en el mundo en el que sucederá vuestra novela.

Ya sabes: has ideado razas, una religión y un sistema político, trazado prolijos mapas y puesto nombre en ellos a cumbres y valles. Tienes una historia, una economía y una sociedad. Lo tienes todo menos el argumento.

Has construido un escenario grandioso. Pero ese escenario está vacío, en él no sucede nada.

Cuando se te pregunta por el personaje y sus avatares, qué le sucederá, qué objetivos persigue o qué obstáculos deberá superar, no hay una respuesta precisa. Tienes una idea vaga de quién será el personaje principal, pero no una historia nítidamente dividida en planteamiento, desarrollo y final. De hecho, casi nunca sabes cómo acabará la historia. Lo cual, por otra parte, es un mal común, ya que muchos escritores confían en que el final aparecerá por si solo a medida que escriban, aunque esto rara vez sucede así.

Lo poco que tienes claro respecto a tu historia es simplemente que debe dar lugar a que se muestre todo lo que has ideado. Y sobre tu personaje, que debe moverse arriba y abajo por el mundo para que haya lugar a que recorra todo el mapa que con tanto esmero has dibujado.

En definitiva, has creado un mundo complejo, pensando hasta en sus últimos detalles. Pero el argumento, lo que sucederá en ese mundo ideado con tanto mimo, es tan solo un tenue hilo. Tan tenue que a menudo se rompe cuando se tira de él.

Ten presente que lo que importa de tu novela es la historia, el argumento, lo que les sucede a sus personajes. Leemos porque nos sentimos identificados con los personajes, queremos ver si superarán las pruebas a las que se enfrentan, comprobar cómo se desarrollan y crecen, comparar las decisiones que toman con las que nosotros tomaríamos si nos viéramos en tesituras similares. Eso es lo que nos impulsa a adentrarnos en las páginas de una novela.

El ambiente, el contexto, la atmósfera o el mundo en el que ese personaje se mueve es secundario. Por supuesto tiene su importancia en cuanto ayuda a que la historia se comprenda adecuadamente. De hecho, la forma en que los mejores autores trabajan ambientes, atmósferas, contextos y mundos es uno de los signos de su maestría. Pero, incluso así, el mundo es secundario.

Nadie lee una historia solo por el lugar donde sucede, por el contrario, la lee por lo que sucede.

¿Qué significa todo esto?

Que lo primero a lo que debes prestar atención es al argumento de tu novela y al modo en que lo vas a presentar y desarrollar.

Tienes que tener claro quién es tu personaje y el arco dramático que recorrerá. Y tienes que saber cómo concluirá tu historia. Así te asegurarás de que no existan incoherencias y de que todo cuanto suceda apunte desde el primer momento hacia el desenlace. Un buen desenlace siempre es causal, nunca casual.

Los tres problemas de un exceso de worldbuilding

¿Por qué es tan importante que pienses primero en la historia? Porque, de no hacerlo así, corres el riesgo de que el worldbuilding fagocite la trama.

1. El worldbuilding fagocita la trama

Es decir, en tu intento de introducir en la novela todo lo que has ideado sobre tu mundo, darás al traste con el precioso equilibro que toda historia debe guardar entre sus diferentes elementos. Puede que te detengas a contar detalladamente la historia y costumbres de una raza solo porque a tu protagonista le atiende un camarero que pertenece a ella. En resumen, estarás ahogando la acción con capas de detalles superfluos.

No deja de ser curioso que los escritores noveles, que teméis tanto el relleno, no seáis conscientes de cuantas veces incurrís en él debido a un exceso de worldbuilding.

Sin embargo, cuando has planificado bien tu historia (bendito trabajo previo) y la conoces exactamente en cada uno de sus detalles no hay riesgo de que el worldbuilding devore otras partes importantes de la trama.

Eso es así porque parte del trabajo previo consiste en determinar qué datos de contexto necesitas para construir tu historia. De modo que luego puedes ceñirte a ellos y trabajar para crear únicamente aquello que es necesario, sin correr el riesgo de acabar hiperdesarrollando el mundo en el que sucederá tu novela.

Recuerda, el contexto de tu historia es tan solo un elemento más. Y es suficiente con contar lo preciso de él para que la historia avance y se comprenda. El resto, sobra, por bonito que sea idear un lenguaje o ritos religiosos.

Lo que nos lleva al segundo problema relacionado con el exceso de worldbuilding: la procrastinación.

2. El worldbuilding es fuente de procrastinación

Así es: el worldbuilding es una terrible forma de procrastinación.

Debes saber que la peor procrastinación es aquella que te engaña haciéndote creer que estás trabajando, cuando en realidad no hay un progreso serio en tu labor. Y eso pasa muy, muy a menudo cuando creas el mundo imaginario en que tu novela tendrá lugar.

Cuando trabajas en el worldbuilding te puedes decir a ti mismo que estás trabajando. Después de todo estás invirtiendo horas y horas en idear detalles sobre el mundo; desde lo más evidente, como el paisaje, hasta lo mas complejo, como la cultura y la sociedad de quienes lo habitan.

En realidad, trabajar en el worldbuilding es algo que los escritores soléis considerar una tarea amena, divertida, muy creativa y que reta vuestra imaginación. En resumen, no os resulta difícil ni aburrido. Por eso es una gozada ponerse manos a la obra y por eso cuesta tanto saber cuándo parar.

Sin embargo, desarrollar el argumento, dirimir qué narrador es el adecuado, sopesar cómo mostrar la evolución del personaje, delimitar el conflicto… son tareas más complejas. A menudo el escritor las encuentra aburridas y con mucha frecuencia no se siente preparado para abordarlas porque no tiene los conocimientos precisos.

Por tanto, resulta más sencillo quedarse en la parte poco profunda de la piscina, dilatando una tarea que te resulta sencilla y gratificante. Pero dejar de hacer algo porque esa tarea te asusta o no te sientes preparado para llevarla a cabo no es otra cosa que procrastinar, como te contamos aquí.

Si llevas tiempo trabajando en el worldbuilding de tu novela, pero todavía no te has detenido a reflexionar en profundidad acerca de la historia que quieres contar y de su personaje, lo más probable es que estés procrastinando.

Además, también puedes sufrir el riesgo de sufrir el tercer problema relacionado con el worldbuilding.

3. Escribir una saga

Obviamente escribir una saga no es un problema en sí. Sin embargo, sí lo es cuando lo haces por una razón equivocada, como puede ser el miedo a empezar de cero o el creer que es una buena estrategia de marketing.

Y una de esas razones equivocadas para escribir una saga es haber empleado tanto tiempo en desarrollar el mundo que finalmente no cabe todo en una única novela.

Cuando piensas en todo el tiempo que has empleado en desarrollar tu mundo, la mucha pasión y cariño que le has puesto, lo bien que lo pasaste; cuando repasas sus detalles, regocijándote con tu talento imaginativo, no puedes resignarte a la idea de que al final haya cosas que queden fuera. Tienes que meterlas en la historia aunque sea con calzador.

Es decir, no solo corres el riesgo de ahogar tu trama en worldbuilding, quitándole todo su dinamismo y prestancia, además puedes ir un paso más allá y acabar por escribir una saga tan solo para tener ocasión de incluir todas las cosas que de otro modo se podrían quedar en el tintero.

Lo malo de esta decisión es que, como una saga tiene que ser concebida como tal desde el principio y tiene que realizarse un buen plan previo tanto para el conjunto como para cada parte en concreto, tu saga puede resultar floja. Una mera exhibición de un mundo, pero sin sustancia argumental.

Cómo hacerlo bien

Para finalizar, lo que debes tener claro es que el contexto es solo una pieza más de la novela (y no la más importante). No te lances a dedicar horas y más horas al worldbuilding.

Antes bien, crea primero un plan previo sólido que te permita saber qué historia vas a contar y cómo, quién es tu personaje y qué rasgos debes darle.

En lo tocante al worldbuilding, ese plan previo te ayudará a delimitar con exactitud qué contexto necesitas proporcionar para que tu historia se comprenda sin problemas y avance hacia su resolución sin digresiones. Con eso claro, cuando te pongas a trabajar desarrollarás lo que necesites y no más.

De esta manera te aseguras de estar trabajando de verdad en tu historia, sin riesgo de procrastinar. Estarás seguro de que no estás dedicándote a tareas que te resultan sencillas o divertidas, en lugar de estar trabajando en aquello que puede resultar más complicado, pero que es imprescindible si quieres escribir una novela brillante.

Por último, desarrollar un buen trabajo preliminar que te permita conocer cuánto y qué tipo de worldbuilding precisas hacer contribuirá a que las diversas partes de tu historia guarden el equilibro preciso; que pongas el foco en la historia, en lugar de en su contexto, para asegurarte de que este no se hipertrofia a costa del argumento en sí.

Y, por supuesto, que no acabas escribiendo una saga solo para tener ocasión de verter en ella los kilos y kilos de datos que acumulaste durante la fase de worldbuilding y de los que te has encariñado tanto que no puedes permitir que queden enterrados para siempre en las profundidades de tus archivos de trabajo.

Como siempre, queda abierto el turno de debate en los comentarios. Cuéntanos tu experiencia con el worldbuilding: ¿eres de los que le dedica horas de trabajo antes de haber ni esbozado el argumento?, o por el contrario ¿prefieres diseñar el contexto justo? ¿Alguna vez el worldbuilding se te ha ido de las manos? ¿Alguna vez el contexto ahogó la trama y tuviste que hacer un severo trabajo de corrección?

No te olvides de unirte a nuestra comunidad de escritores, si todavía no perteneces a ella. Todas las semanas te haremos llegar contenidos útiles que te ayudarán a mejorar tu escritura y desarrollar tu carrera. Solo tienes que dejar aquí debajo tu dirección de correo.

Deja un comentario:

1 comment
Añade un comentario
Gracias por compartir este contenido.
Puedes seguirnos en las redes para estar al tanto con los próximos artículos:

Comparte esto con quien quieras