Hace un tiempo, una escritora comentaba en Twitter que a ella no le gustaban los pasajes narrativos extensos, ni a la hora de leer ni a la de escribir. PreferĆa los diĆ”logos, como un modo de meterse dentro de la cabeza de los personajes y vivir la historia como si fuera uno de ellos.
Como es lógico, cada autor tiene sus gustos y preferencias, su propio estilo, a la hora de plasmar las historias que escribe. Pero la narración, lo que podrĆamos llamar el discurso narrativo, tiene ventajas innegables que un buen escritor debe conocer.
Solo sabiendo para qué sirven las distintas herramientas que tiene en su caja podrÔ el escritor tomar las mejores decisiones acerca de cómo componer su obra. Por eso hoy queremos repasar algunas utilidades de la narración, para comprobar que puede resultar tan efectiva como un diÔlogo y que, simplemente, se trata de comprender cuÔndo conviene mÔs usar uno u otro recurso en función de la historia que estemos escribiendo, de cómo la estemos escribiendo y de qué efectos persigamos conseguir.
1. Introspección en los personajes
Comencemos por desarticular esa idea tan extendida de que el diÔlogo es la herramienta que mejor permite «meterse en la cabeza de los personajes».
Desde luego, el diĆ”logo es una herramienta efectiva porque nos permite conocer sin la intermediación del narrador las palabras que los personajes pronuncian; o quizĆ” serĆa mejor decir con una intermediación atenuada del narrador, pues no hay que olvidar que el narrador suele ser la voz que mĆ”s peso tiene en una obra literaria.
Pero esas palabras, ¿son siempre expresión de lo que sucede en el interior del personaje? No. Los personajes, cuando hablan (esto es, en los diÔlogos), pueden mentir. QuizÔ estén tristes o enfadados, pero no quieran reconocerlo ante su interlocutor. Hablan, pero disimulan o, directamente, mienten.
¿A quién recurre el autor para indicar que el personaje no estÔ siendo sincero cuando dice que se alegra mucho por la nueva relación de su expareja, cuando en realidad se siente celoso y deprimido? Exacto: al narrador.
Puede ser una pequeña acotación que indique, en medio del diÔlogo, que en realidad el personaje no se siente como dice, que estÔ ocultando sus pensamientos. Pero si se trata de situaciones complejas, el narrador tendrÔ que extenderse para explicarlas. HarÔ falta un pasaje narrativo de cierta extensión.
Por otro lado, justamente el discurso del narrador puede funcionar tan bien como un diƔlogo para permitir que el lector entre dentro de la cabeza de los personajes.
Hace poco repasƔbamos un ejemplo tomado de Emma para comprobar que un narrador en tercera es capaz de transmitir los sentimientos del protagonista tan bien como un narrador en primera. Ese mismo ejemplo nos sirve para ilustrar que un pasaje narrativo puede sumergirnos en la conciencia del personaje con la misma efectividad que un diƔlogo.
En la novela de Jane Austen, durante una merienda campestre Emma se porta de una manera muy poco amable con la señorita Bates, una solterona sin fortuna, y el señor Knightley se lo reprocha. Unos pÔrrafos de narración recogen el momento en que Emma reflexiona sobre lo sucedido.
Estaba mĆ”s perturbada de lo que podĆa expresar, mĆ”s de lo que podĆa ocultar. Nunca se habĆa sentido tan agitada, humillada y afligida, en ninguna otra circunstancia de su vida. HabĆa sufrido una impresión profunda. No podĆa negar la verdad de los argumentos de su amigo. SentĆa los cargos desde el fondo de su corazón. ĀæCómo habĆa podido ser tan cruel, tan brutal con la seƱorita Bates? ĀæCómo habĆa podido exponerse a crear tan mal concepto de personas que tanto estimaba? ĀæY cómo habĆa podido despedirse de Ć©l sin decirle una palabra de gratitud, de comprensión, de cortesĆa natural?
El tiempo no logró tranquilizarla. Mientras mĆ”s reflexionaba mĆ”s dolida se sentĆa. Nunca se habĆa sentido tan triste. [ā¦] Y, durante casi todo el viaje, Emma notó las lĆ”grimas correr por sus mejillas, sin preocuparse en absoluto por reprimirlas, por extraordinario que parezca.
Gracias a ese pasaje el lector comprende perfectamente cómo se siente Emma, su desazón y su vergüenza. EstÔ «dentro de ella». Un diÔlogo que la protagonista mantuviera con algún otro personaje también hubiera podido transmitir esos sentimientos, pero no de manera mÔs económica. Con su narrador, Austen logra transmitirnos el malestar de Emma en dos pÔrrafos; es probable que un diÔlogo hubiera debido extenderse mucho mÔs.
Por otro lado, Āæa quiĆ©n podrĆa contarle Emma cómo se siente? Emma es una joven orgullosa y autosuficiente. No hay a su alrededor un interlocutor al que Emma quisiera confesarle que se ha equivocado y que se siente humillada, por su yerro y por la reprimenda del seƱor Knightley. En esas circunstancias, parece difĆcil que Emma se abriera a nadie. De nuevo, la mejor opción es usar al narrador.
2. Caracterización de los personajes
Uno de los cometidos de los diÔlogos es contribuir a la caracterización de los personajes.
Como el diĆ”logo recoge las palabras del personaje, estas pueden decir mucho sobre Ć©l: su nivel de estudios, su profesión, rasgos de su carĆ”cter (es optimista, iracundo, amableā¦), su lugar de procedencia.
Pero los diĆ”logos por sĆ solos no son suficientes para caracterizar a un personaje. Por eso los buenos escritores se apoyan siempre en la narración. No meramente para describir fĆsicamente al personaje: es alto, moreno, lleva un traje gris y una mochila que parece muy llena; sino, especialmente, para darnos los rasgos de su carĆ”cter: es un hombre inseguro que tiende a pensar que los demĆ”s lo menosprecian.
Como en este ejemplo de Dientes Blancos, de Zadie Smith. Tenemos la descripción fĆsica de uno de los personajes:
La carnicerĆa de Hussein-Ishmael era propiedad de Mo Hussein-Ishmael, un hombretón que se peinaba con tupĆ© sobre la frente y cola de pato en el cogote.
Con unas pocas palabras el lector ya tiene datos para imaginarse al personaje: un hombre grande con un peculiar peinado. De nuevo, esta información no podrĆa presentarse de manera tan efectiva mediante un diĆ”logo.
Pero, ademĆ”s, poco despuĆ©s el narrador nos cuenta un rasgo peculiar de Mo, algo que caracteriza su individualidad: cada dĆa se dedica a matar palomas en un intento de erradicar la plaga que ensucia los aledaƱos de su tienda.
LlegarĆa el dĆa, Mo no lo dudaba, en que Crickelwood y sus residentes le agradecieran su diaria escabechina; el dĆa en que los hombres, mujeres y niƱos del vecindario no tuvieran que seguir mezclando una parte de detergente y tres de vinagre para limpiar la inmundicia que caĆa sobre el mundo.
De nuevo se apunta mediante el narrador, de manera económica, en unas pocas lĆneas, lo que impulsa a Mo a dedicarse a matar palomas. Conocemos su motivación y sus esperanzas. Por otro lado, ĀæcontarĆa Mo a alguien su esperanza de que un dĆa sus convecinos agradezcan sus desvelos?, Āæno temerĆa parecer ridĆculo?
Es posible que Mo acabe por confesarle a alguien sus aspiraciones en un diƔlogo, pero de momento, y gracias al narrador, el lector ya las conoce y conoce, por tanto, un poco mejor a Mo.
3. Atmósferas
La narración es también la forma mÔs eficaz de crear una atmósfera.
La atmósfera narrativa es el clima emocional que envuelve al narrador y a los personajes. Y también al lector. Cuando estÔ bien lograda la atmósfera es quizÔs, de entre todos los elementos que componen un texto literario, uno de los que resulta mÔs claramente perceptible para el lector.
Pero es imposible construir una atmósfera meramente con diĆ”logos. La atmósfera brota del discurso del narrador, de las descripciones que hace de lugares, personas, estados de Ć”nimoā¦, de las palabras que usa en cada pĆ”rrafo y en cada frase.
Es precisamente el filtro que el narrador impone al texto lo que contribuye a crear el clima emocional que forma la atmósfera.
Como en este pasaje de un relato de Noctuario de Thomas Ligotti:
Comenzó a moverse de una habitación a otra en una laboriosa expedición y se convirtió en fugitivo en un mundo de retorcidas suposiciones. Una ventana permitĆa que penetrase alguna iluminación vidriosa, una luminiscencia cristalina, pero con frecuencia se confundĆa debido a ciertas variaciones que percibĆa en los diseƱos de estas habitaciones. Forzado a doblar una esquina invisible, llegó hasta una pequeƱa puerta, y por el vano se divisaban finas lĆneas de luz que aparecĆan y desaparecĆan de forma intermitente en la oscuridad. Abrió la puerta. Al otro lado habĆa un largo pasillo de techo bajo con una hilera de pequeƱos faroles que se apagaban y encendĆan al unĆsono a lo largo de ambas paredes. Se quedó quieto y observó. Y es que tuvo la impresión de que algo brotaba en el pasillo durante los intervalos de oscuridad, un enjambre de oscuras formas que apenas se dispersaban de forma imperfecta cuando volvĆa la luz, retorcidos espectros que de alguna manera pertenecĆan a las propias paredes y se extendĆan con deformes miembros. Se agachó y luego cruzó los brazos sobre el pecho para no tocar nada que no debiera ser tocado. Cuando la luz volvió a inundar el pasillo, echó a correr por Ć©l y se sintió lanzado hacia delante, extraƱamente propulsado por una fuerza que no era la suya propia y que no podĆa controlar. Se quedó trabado en una barandilla, lo cual evitó que se desplomase por el hueco de una escalera que se perdĆa en las oscuras profundidades.
Este fragmento de Ligotti crea una impresión de vago temor, con ese pared donde unas luces parpadean y, en los momentos de oscuridad, algo amenazante y deforme parece amenazar al personaje. ¿Cómo transmitir esa impresión con un diÔlogo?
Estas tres que acabamos de repasar no son las únicas ventajas que incluir pasajes narrativos puede incorporar a tu obra para hacer que sea mÔs rica y elocuente. Con ellos puedes también exponer y reforzar el tema de tu obra, usarlos como transiciones entre escenas o incluir resúmenes que sirvan al lector para recapitular lo sucedido hasta el momento.
Por razones de espacio hemos copiado fragmentos breves. Sin embargo, los pasajes narrativos pueden extenderse durante pĆ”ginas y pĆ”ginas. Los buenos escritores saben cómo utilizarlos y los buenos lectores saben cuĆ”nta información Ćŗtil para la correcta comprensión de la obra atesoran sus lĆneas.
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De acuerdo totalmente, ahora me queda mĆ”s claro. Excelente y agradable artĆculo. Muchas gracias.
Mi enhorabuena por vuestro artĆculo, siempre es un placer leeros.De acuerdo con lo que decĆs, yo soy soy mĆ”s de pasajes narrativos con ellos doy mĆ”s detalles y veracidad a mi historia y resulta mĆ”s elocuente. Alguna vez incluyo diĆ”logos cortitos que la misma narración me pide pero son escuetos reconozco, necesarios en su justo momento. No, yo no abuso ni los uso mucho, lo reconozco, tampoco creo que me hagan mucha falta, solo los precisos.