Los tres fundamentos para ser escritor

¿Qué hay que hacer para ser escritor?

Esta es una pregunta habitual, a nosotros al menos nos la formuláis a menudo. Pero la respuesta no es sencilla.

Para comenzar, habría que empezar por definir qué es exactamente un escritor. Y aquí, de nuevo, la respuesta no es fácil. Para unos, escritor es el que escribe, para otros es el que publica, para otros es el que es leído… Y luego hay cuestiones de grado: el que publica, pero solo si lo hace en una gran editorial; el que es leído, pero solo si es por cientos o miles de lectores…

La respuesta es compleja, sin duda.

Sin embargo, a nuestro juicio ser escritor comienza por una cuestión de sentirse escritor. Es decir, es una cuestión de percepción interna. Cuando te sientes escritor, actúas como un escritor; y cuando actúas como un escritor, eres escritor.

Los escritores, por desgracia, no os sentís como escritores y os cuesta mucho actuar como tales.

Con harta frecuencia contactan con nosotros personas que nos dicen que no quieren ser escritores: solo quieren «plasmar las historias que llevan dentro y compartirlas con los lectores». Quieren hacerlo al menos una vez y, si funciona (es decir, si son capaces de hacerlo y si reciben el beneplácito de los lectores), proseguir.

Juzga tú mismo si esas personas que dicen no querer ser escritores no quieren, en el fondo, serlo. Lo que sucede es que no están seguras de lograrlo, así que actúan con cierta prevención. Es como si se dijeran «Bueno, si al final no lo consigo, tampoco pasa nada». El problema radica en que cuando intentas algo a medias lo más probable es que te quedes a mitad de camino.

Te han enseñado que si te preparas para lo peor no te frustrarás si lo peor sucede. El problema radica en que, si bien de esta forma fortaleces tu resistencia a la frustración, lo que haces también es aprender a dar por sentado que no vas a conseguir lo que te propones. ¿No es triste?

Por otro lado, los aspirantes a escritor, e incluso muchos escritores consumados, a menudo sufrís lo que suele denominarse el síndrome del impostor.

El síndrome del impostor en el escritor presenta muchas caras, pero en general hace que no te sientas justificado para decir sin ambages que eres escritor. Ni siquiera cuando se trata de decírtelo a ti mismo; o, mejor dicho, sobre todo cuando se trata de decírtelo a ti mismo.

¡Cuánto cuesta verse como escritor a los propios ojos!

Hay algo dentro de ti, una especia de boicoteador interno, que te hace sentir dudoso, inseguro, incapaz y por momentos asustado.

Sin embargo, sentirse escritor es una actitud que puede desarrollarse y entrenarse. Por suerte, la actitud es gratis.

Tan solo tienes que poner en práctica lo que en el entorno anglosajón se define como fake it ‘till you make it, es decir, simúlalo hasta que lo logres. Se trata de que finjas sentirte como un escritor hasta que deje de ser fingido. Y cuando te sientas escritor, entonces serás escritor.

Pero ¿cómo se siente un escritor? ¿Qué es lo que tienes que fingir hasta interiorizarlo?

Tres fundamentos para ser escritor

Muy sencillo. El sentirse escritor se asienta sobre tres fundamentos. Son tres fundamentos que son complementarios, por lo general se retroalimentan y cada uno contribuye al desarrollo de los otros dos.

Esos tres fundamentos son el saber, el saber hacer y el saber ser.

El saber

El saber es la parte cognitiva. Es decir, se relaciona con tus conocimientos.

Hablamos de conocimientos en sentido lato: todo lo que sabes. Porque un escritor tiene que ser una persona culta e instruida. Del mismo modo que tiene que tener un buen conocimiento (que a menudo es fruto del instinto, de la observación y de la empatía) del ser humano.

Pero, como es lógico, un escritor tiene que tener, sobre todo, conocimientos de escritura. Tiene que conocer las herramientas de su oficio.

Imagina la caja de herramientas de un carpintero: en ella se encuentra un sinnúmero de instrumentos: limas, gubias, escoplos, cepillos… El carpintero los conoce todos y sabe exactamente de cuál debe echar mano según lo que pretenda hacer con la pieza de madera en la que trabaja y el resultado que pretenda conseguir.

De igual manera, como escritor debes conocer los recursos y técnicas de que dispones para construir tus obras y elegir uno u otro en función de lo que pretendes hacer.

Tener unos conocimientos sólidos otorga una enorme seguridad, logra que la confianza en ti mismo y en tus capacidades suba enteros. Por eso el saber es básico para sentirse escritor y, sobre todo, para llegar a ser escritor.

El saber hacer

Por su parte el saber hacer se corresponde con la parte de la aplicación. Es decir, cómo aplicas lo que sabes.

Como puedes comprender, el fundamento del saber por sí solo no es suficiente. Necesita complementarse con la práctica.

Tener conocimientos, por grandes que sean, sirve de poco si a la hora de la verdad no sabes cómo ponerlos por obra y aplicarlos a tus textos cuando los concibes y mientras los escribes.

Por supuesto, necesitas realizar una práctica intencional. Esto significa ser consciente, en un primer momento, del recurso o técnica que estás utilizando y qué objetivo persigues al usarlo. En este momento contar con un guía experto que te indique si estás aplicando de manera correcta tus conocimientos es muy recomendable. Así podrás pulir defectos y estar seguro de que sabes poner en práctica tus conocimientos.

Como decimos, la guía es recomendable en un primer momento. Pero cuando gracias a la práctica interiorices el conocimiento, este será un caudal que fluirá libre y sin necesidad de ayudas.

Saber y saber hacer se dan la mano, el uno es el origen del otro, pero ambos se necesitan mutuamente. Y cuando sabes, y sabes hacer, adquieres una nueva seguridad y empiezas a sentir como un escritor.

El saber ser escritor

Por último, el saber ser se relaciona con la parte emocional, con el estado anímico.

Este estado anímico hunde sus raíces en parte en la formación. Porque la formación —complementada con la práctica— te da la indiscutible seguridad que otorga el saber.

Muchos bloqueos, miedos a la hoja en blanco, inseguridades, abandonos de novelas y desazones escritoriles varias se producen porque en tu fuero interno sabes que no estás preparado y, en consecuencia, sospechas que no lo estás haciendo bien. En ocasiones, de hecho, esas sospechas se confirman.

Es lo que pasa cuando accedes a un poquito de conocimiento, como el que te brinda el Curso de Novela. De pronto vislumbras todo un mundo de posibilidades y, al echar la vista atrás, comprendes cuántos errores has cometido.

Es cierto que en un primer momento la sensación de inseguridad y de inadecuación puede ser fulminante. Pero reconocer una carencia es el primer paso para enmendarla y comenzar a hacer las cosas mejor. ¿Cómo? Aplicándote al saber y al saber hacer.

No obstante, no queremos engañarte, la parte del saber ser escritor requiere de un trabajo continuo. No solo porque la formación y la práctica son constantes en el oficio de escritor (como en casi todos los oficios, por otra parte), sino porque ese boicoteador interno que señalábamos más arriba nunca se cansa de hacer de las suyas.

De manera que hay que emplear tiempo de continuo en vigilarle y ver qué tretas adopta para desanimarte y tentarte para que tires la toalla. Puede ser el síndrome del impostor, una tendencia incorregible a la procrastinación, pueden ser miedos o pensamientos negativos…

Saber ser escritor implica por tanto conocerte bien y saber cuáles son tus fortalezas y cuáles tus debilidades.

Para finalizar, te proponemos un pequeño ejercicio práctico. Con él lograrás empezar a poner en práctica el poderoso fake it ‘til you make it, que en el fondo no es más que una estrategia de visualización.

Imagina cómo es, cómo vive, cómo piensa un escritor. Siéntete libre para imaginar, no hay respuestas incorrectas. ¿Dónde vive?, ¿dónde trabaja?, ¿cómo invierte su tiempo?, ¿cómo afronta el proceso creativo de la escritura?, ¿con quiénes se relaciona?

Ahora imagina que ese escritor eres tú. ¿Cómo es tu vida, dónde vives y trabajas?, ¿quién hay en tu vida?, ¿qué escribes y cómo lo haces?, ¿cómo te sientes?, ¿qué haces en tu día a día?

Trata de conectar con esa imagen y de fijarla en tu mente. Tienes que tenerla presente todos los días, así que puedes dedicar unos minutos diarios a visualizarla, mientras te lavas los dientes o antes de dormir.

También debes empezar a hacer lo necesario para convertirte en la persona que has visto en esa imagen. Si esa persona dedica tiempo a leer y escribir, hazlo tú. Si tiene profundos conocimientos literarios, empieza a estudiar. Si es una persona disciplinada o hace ejercicio, ya sabes lo que tienes que hacer.

Ser escritor es una cuestión de percepción, así que tienes que trabajar la manera en que te percibes.

¿Hablamos sobre la autopercepción y la manera en que solemos boicotearnos en los comentarios? Cuéntanos cómo te ves tú y cómo te gustaría sentirte con respecto a tu escritura.

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