Por qué escribir algo malo no importa

Por qué escribir algo malo no importa

Escribir algo malo no importa.

Escribir un relato flojo, que se cuele una laguna argumental en tu novela, que el desenlace sea un pegote que no casa con el resto de la historia o que los personajes te hayan quedado un poco desdibujados… no importa.

Repite este mantra: escribir algo malo no importa.

Quieres ser escritor, así que estás dando los primeros pasos por un camino que, entre nosotros, no es nada fácil. Pretender escribir un texto perfecto, querer manejar con soltura todos los elementos de una narración y dominar todas las herramientas del escritor desde el principio es simplemente imposible.

Querer hacerlo bien es algo que te honra. Te esfuerzas mucho por aprender y cada día vuelcas todo lo que sabes en tus relatos o en tu primera novela. Pero nadie nace aprendido, así que tienes que darte margen.

Tienes que darte permiso para hacerlo mal.

Escribir bien desde el principio no es posible

Entre los escritores principiantes es habitual pensar que deberían escribir bien desde el principio. Ni siquiera mañana, hoy mismo, ya, deberías estar escribiendo una obra maestra.

Pero cuando relees lo que has escrito y lo comparas mentalmente con los textos de tus escritores favoritos sientes que media un abismo. Entonces te sientes avergonzado. Tanto que en muchos casos ese sentimiento acaba por conducir a que se abandone la escritura: «Como no soy bueno ahora, nunca lo seré. Así que mejor lo dejo.»

Esto tiene que ver con el hecho de que la mayoría no concibe la escritura como una disciplina que se puede aprender. Seguimos creyendo en el talento a pies juntillas, en lugar de en el esfuerzo y la perseverancia.

Así que lo primero que tienes que hacer es comprender que estás al principio de un camino y darte tiempo.

¿Te acuerdas de cuando aprendiste a montar en bicicleta? No manejabas bien los pedales y el manillar se movía en todas direcciones. Te costaba mantener el equilibrio y a cada paso tenías que echar el pie al suelo para no caer.

Pero perseveraste, practicaste y al final llegaste a aprender a hacer caballitos y derrapes. Con un poco de tiempo y práctica aprendiste a montar en bicicleta y hoy lo haces sin pensar.

Por supuesto, también tuviste la inestimable ayuda de una mano amiga que te ayudó a mantener el equilibrio y te explicó cómo dar las pedaladas. Por eso hacer un curso de escritura viene tan bien al principio.

Michael Ende lo expresó así:

Quien no sabe tocar un piano se asombra de lo que es capaz un pianista. Pero el pianista tampoco lo ha sabido desde el principio, así, sin más. Se ha ejercitado muchos, muchos años. Con un escritor pasa lo mismo.

Hacerlo mal es también una manera de aprender

¿Sabes lo que dijo Ray Bradbury?

Escribe una historia corta cada semana. Es totalmente imposible escribir 52 malas historias seguidas.

Eso es porque hacerlo mal forma también parte del proceso de aprendizaje de un escritor.

El primer paso es determinar por qué algo no funciona.

Cuando lees uno de tus textos y sientes que algo falla en él tienes que aprender a encontrar el error.

Tener algunos conocimientos de narratología es algo básico en este momento, porque te ayudará a repasar el texto con conocimiento de causa y ver si lo que falla es, por ejemplo, el arco dramático del personaje, si alguna parte de la trama se ha desarrollado a costa de las otras o si el final no se desprende por lógica del desarrollo de la historia.

Determinar en qué falla tu narración no solo te ayudará a corregirla en el momento de la revisión, sino que te enseñará en qué puntos sueles fallar. Eso te permitirá estar atento en el futuro para no caer de nuevo en los mismos errores.

Además, puedes poner en marcha un plan de acción para aprender a hacerlo mejor. Por ejemplo, puedes buscar información sobre cómo hacerlo bien en páginas y manuales de escritura (como Madera de escritor, el nuestro). O puedes prestar atención a cómo han resuelto esos aspectos de la historia los autores de los libros que lees.

Tienes permiso para hacerlo mal

Insistimos: escribir algo malo no importa.

Todos los escritores (hasta esos que tanto admiras) han pasado por ello. Pero se dieron permiso para hacerlo mal y siguieron adelante. Aprendieron de sus errores para refinar su escritura y su estilo. Por eso se han ganado la admiración de miles de lectores.

Tienes permiso para hacerlo mal.

Pero tú también tienes que darte este permiso.

Aprender cualquier arte lleva tiempo. Si te exiges demasiado desde el primer momento uno, es probable que acabes por darte por vencido antes de convertirte en el maravilloso escritor que puedes ser.

Sé exigente contigo mismo, pero sin dureza.

Sabes que puedes hacerlo mejor, estás en ello. Pero para alcanzar cierta perfección hay que equivocarse primero muchas veces.

No se trata de que elimines a tu crítico interno, lo necesitas para mejorar. Se trata de que trabajes para que ese crítico tenga una voz amable que te señale tus errores solo para que aprendas de ellos, no para reconvenirte, no para desanimarte. Sino para recordarte que hacerlo mal forma parte del proceso de aprendizaje y que no solo puedes hacerlo mal, sino que incluso necesitas hacerlo mal.

Convierte en tu lema esta frase de Samuel Beckett

“Siempre lo has intentado. Siempre has fallado. No importa. Inténtalo otra vez. Falla de nuevo. Falla mejor”.

  • Que buen post, es verdad, cuando uno revisa sus trabajos anteriores se da cuenta de todo lo que esta mal o no le parece.

    • sinjania dice:

      Así es, Ángel. En cualquier trabajo puede haber cosas mal y no pasa absolutamente nada. Lo único que hace falta es revisar y mejorar. Y si vemos que hay fallos recurrentes, pues prestar atención cuando escribimos para tratar de evitarlos.

      Saludos

  • Me parece un post muy motivacional, perfecto para aquellas veces en las que dudamos que a alguien le guste lo que escribimos. En mi caso, lo que hago mucho es entrar a la web o blog de un escritor, leo su relato, pero pocas veces incluyo comentarios que pueden ayudar a mejorar su proceso creativo. Creo que desde el punto de vista del lector también está en nuestro poder ayudar a mejorar las narraciones de los demás aportando por ejemplo nuestras impresiones y opciones de mejora.

    • sinjania dice:

      Hola, Oyidaya:

      Tienes toda la razón, tener una opinión ajena siempre resulta enriquecedor y nos ayuda a ver nuestros textos con otros ojos y, en conscuencia, a mejorar.

      Saludos.

  • ¡Un artículo genial! Siempre me obligo a escribir, aunque no venga la inspiración porque es muy cierto que de los malos textos aprendemos. Ya cuando corrijo me llevo las manos a la cabeza e intento mantener la calma. Jaja, lo comparto en redes, saludos.

  • Gracias, hay momentos que llegamos a evadir el sentarnos a escribir y esta es una de las razones.
    En realidad es un proceso de aprendizaje que nunca ha de terminar, sin importar los éxitos logrados.

    • sinjania dice:

      Así es, Ernesto, nos asusta tanto hacerlo mal que acabamos por aplazar el momento de escribir. Y eso nunca es bueno.

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