Cuatro maneras de mejorar tu vocabulario

Si hay un anhelo común a la mayoría de los escritores principiantes es su deseo de mejorar su vocabulario.

No es de extrañar, ya que la realidad señala que un ciudadano medio español no utiliza habitualmente más allá de mil palabras y solo los muy cultos llegan a las cinco mil.

Si bien es cierto que todos tenemos un lenguaje más amplio del que usamos; es decir, tenemos un lenguaje activo que es el que usamos en nuestro día a día, y tenemos un lenguaje pasivo que es aquel formado por palabras cuyo significado comprendemos, aunque no las usamos de manera cotidiana.

Aunque nuestro lenguaje pasivo puede suponer varios miles de palabras, el lenguaje activo se reduce a unos pocos centenares de términos. El español tiene casi trescientos mil vocablos distintos (sin contar variaciones, tecnicismos o regionalismos), lo que implica que usamos un mínimo porcentaje de nuestro acervo lingüístico. Y ese porcentaje disminuye rápidamente debido a los pésimos índices de lectura y el bajo nivel cultural que tienen incluso aquellas personas que han recibido educación superior.

En el caso de un escritor, disponer de un rico vocabulario es una necesidad acuciante, ya que las palabras son las herramientas del escritor, como hemos señalado ya en infinidad de ocasiones.

En una carta a Louise Colet, Flaubert opinaba:

El estilo se encuentra bajo las palabras tanto como en el interior de las palabras.

Las palabras son los ladrillos con los que construyes tus textos, el conjunto de tu obra. Con ellas das forma a tu estilo y creas personajes, situaciones y mundos completos. Escribir no es otra cosa que transformar ideas en palabras.

Pero tienen que ser las palabras justas, apropiadas, exactas. Elegir mal tan solo una palabra puede desvirtuar por completo toda una idea.

Es indudable que, como escritor, tienes que tener un vocabulario extenso, rico, caudaloso. Cuando ese vocabulario amplio falta, se percibe enseguida.

  • Los textos carecen de riqueza léxica y en ellos a menudo se repiten una y otra vez las mismas palabras y las mismas expresiones.
  • Se usan frases hechas, que no son más que clichés que restan viveza y expresividad al texto.
  • Los personajes no tienen un registro propio y todos se expresan del mismo modo. Tampoco es posible distinguir una voz propia en el caso del narrador.
  • A menudo se usan fuera de contexto palabras cuyo significado exacto el autor desconoce. Se eligen palabras «bonitas» o altisonantes aunque no se ajusten al sentido del texto.
  • Relacionado con lo anterior, el texto está trufado de palabras y frases grandilocuentes que resultan afectadas, impostadas. Es lo que Augusto Monterroso denomina «frases notorias» en su obra Viaje al centro de la fábula. Y remata: «En cuanto la prosa se ve, es mala».
  • El estilo es pobre, plano, carece de la fuerza expresiva que un texto literario debe tener.
  • Cuando el lenguaje falla, a menudo también lo hacen la sintaxis y la ortografía.

En general, la falta de un vocabulario extenso es uno de los males más comunes de los escritores noveles. Mal que empeora cuando el escritor trata de paliarlo afectando un estilo pretendidamente literario que no maneja muy bien.

Tener un lenguaje amplio es, por tanto, un objetivo deseable para cualquier escritor. También para ti. Por eso hoy vamos a repasar algunas de las cosas que puedes hacer para mejorar tu vocabulario.

Vaya por delante que no hay una fórmula fácil (nunca la hay). Que tu vocabulario mejore pasa, principalmente, porque leas mucho, bueno y variado; y también porque el tiempo transcurra para que las palabras que la lectura te enseña se asienten y pasen a formar parte de tu habla cotidiana, de tu lenguaje activo.

Como te imaginarás, nuestra primera recomendación para mejorar tu lenguaje es, por tanto, que leas.

Lee para mejorar tu vocabulario

Recientemente, en un grupo de escritores en Facebook alguien preguntaba por el número de lecturas anuales de sus miembros. Las respuestas eran francamente descorazonadoras. Había quien confesaba leer un par de libros al año y algún otro que decía haber leído una media de doce libros anuales, pero que, tras la llegada de las redes sociales, ese número había descendido todavía más.

No se puede llegar a ser un buen escritor si no se es un ávido lector. Leer un libro al mes es una media muy pobre para alguien que aspira a dedicarse a las letras. Leer todavía menos de doce libros al año es no ya paradójico, sino francamente inconcebible. Es como si alguien que ni siquiera hace ejercicio aspirase a ser atleta olímpico.

Por otro lado, ya comentamos la necesidad (o el interés) que tiene cualquier escritor en fomentar de la lectura. Porque si las personas no leen, ¿quién comprará tus libros? Ten presente que si el índice de lectura es malo, la venta de libros también lo es. Y eso no es bueno para ti, porque dificulta que puedas desarrollar una carrera de escritor plena y te obliga a vivir en precario. Pero no puedes pedirles a los demás que hagan aquello que tú mismo no haces, por eso debes predicar con el ejemplo, ¿no crees?

Leer es el mejor curso de escritura que puedas hacer, impartido además por los mejores profesores. En los libros encuentras el uso de técnicas y recursos ya aplicados con acierto por los grandes maestros. Solo tienes que prestar atención.

Nosotros te recomendamos un régimen de cincuenta libros al año. ¿Aceptas el reto?

En lo relativo a mejorar tu vocabulario, en los libros es dónde están todas las palabras. Cervantes usó ocho mil palabras diferentes en El Quijote y en la versión inglesa de Orgullo y prejuicio Jane Austen usa más de seis mil. Imagina cómo puedes aumentar tu vocabulario leyendo.

Pero no es suficiente con leer. También tienes que leer variado. Es común que se conciba la lectura como una mera forma de ocio y por eso a muchos les basta con leer obras de un mismo autor o de un mismo género, que son los que les hacen disfrutar.

A menudo los grandes escritores y los clásicos parecen complicados e inasequibles, sobre todo a quienes no son lectores habituales, lo que hace que lecturas consideradas «más serias» o «mas cultas» se descarten para centrarse siempre en un mismo tipo de obras, por lo común más accesibles.

Si eres escritor, debes dejar de considerar la lectura como mero ocio. Por supuesto que lo es, pero, como rezaba aquella campaña de fomento de la lectura, «Leer te da más», sobre todo si eres escritor.

Para mejorar el vocabulario y convertirte en el escritor que quieres ser debes hacer dos cosas.

La primera es incrementar paulatinamente el número de libros que lees cada año. Ve poco a poco, no es necesario que te marques objetivos inasumibles, pero sé ambicioso.

Esto requiere un alto grado de compromiso y una buena dosis de disciplina, pero ¿qué no estará dispuesto a hacer un escritor por su obra?

Paralelamente, haz que tu régimen de lecturas sea variado. No te circunscribas a un único género, por mucho que te guste y aunque sea el que tú acostumbras a escribir. Antes bien, ábrete a nuevas experiencias lectoras: prueba con otros géneros, lee poesía y ensayo, relatos, autores clásicos, contemporáneos, desconocidos…

Si tu propósito es mejorar tu vocabulario te conviene leer libros escritos en diferentes lenguas. Cada idioma tiene su propia forma de expresión y de usar el lenguaje y, aunque los leas traducidos, serás capaz de captar esas sutilezas propias de cada idioma. Lo notarás en cuanto te acostumbres a leer más, y eso mejorará tu lenguaje y tu manera de usar el léxico.

Lee además obras escritas en diferentes épocas. Cada época tiene también su manera de usar el lenguaje, que varía rápidamente con el transcurrir de los años. Lee La Celestina y El Lazarillo, luego lee a Emilia Pardo Bazán, a Pío Baroja, a Carmen Laforet, a Juan José Millas o José Ángel Mañas… Apreciar las diferencias en el registro lingüístico de obras escritas en diferentes periodos históricos resulta fácil y muy instructivo y tu vocabulario se verá enriquecido casi sin que te des cuenta.

Lee no ficción

Continuamos con la lectura para recomendarte otra manera de mejorar tu vocabulario: lee no ficción.

Ensayos sobre arte, psicología, alimentación, naturaleza, política, sociología, religión…, biografías, libros de viajes, correspondencia de hombres y mujeres célebres… En los libros de no ficción también vas a encontrar una miríada de palabras nuevas, en gran medida vocabulario técnico y especializado, propio de un lenguaje profesional, que ampliará tu lenguaje activo.

Estas lecturas tienen la ventaja de que además te permiten ampliar tus conocimientos sobre una gran variedad de materias, conocimientos que tan indispensables e inspiradores le resultan a un escritor.

Recuerda que a un escritor se le presupone una gran cultura, debes estar siempre abierto a aprender, en todo momento y circunstancia. Además, nunca se sabe en qué momento ese conocimiento que vas atesorando te será útil mientras escribes.

Consulta el diccionario

Cuando se lee es común tropezarse con palabras cuyo significado se desconoce.

Cuanto menor sea tu vocabulario con mayor frecuencia asomarán esas palabras. Si aparecen a menudo, la tentación de obviarlas o deducirlas del contexto es muy fuerte. Simplemente continúas leyendo como si nada.

Hacerlo así supone un grave error. En primer lugar porque tu cerebro no le prestará la misma atención al resto del texto una vez que se ha topado con un término que no entiende. Una parte de él se queda enganchado preguntándose qué significa esa palabra, por lo que sacarás menos provecho de lo que leas a continuación.

La segunda, y que atañe en especial al tema que nos ocupa, es que si no buscas esa palabra cuyo significado ignoras estarás perdiendo la ocasión de ampliar tu vocabulario.

Unos consejitos para usar el diccionario mientras lees.

El primero, tenlo cerca de ti. El diccionario suele estar aparcado en alguna estantería inaccesible, pero para un escritor es una herramienta de uso continuo, por lo que conviene tenerlo siempre a mano, también cuando se lee.

En efecto, estamos hablando de diccionarios en papel y no de los cómodos diccionarios online. Tener cerca un dispositivo para consultar un diccionario online mientras lees (como el móvil o una tableta) puede conducir a que abandones la lectura y acabes mirando el wasap, revisando el correo o leyendo un blog. Evita distracciones usando un diccionario en papel.

El segundo consejo es que, si necesitas consultar el diccionario de manera puntual, lo hagas mientras lees. Pero si la obra que lees está llena de palabras que no conoces, lo mejor es que no interrumpas la lectura a cada paso. Toma nota de todas las palabras cuyo significado necesitas buscar y hazlo más tarde, cuando ya hayas termiando de leer.

Es probable que debas releer algún fragmento, pero te resultará menos cansado que interrumpir la lectura después de cada párrafo.

Por supuesto, no hay que usar el diccionario únicamente cuando se lee. Si mientras ves una película o hablas con un amigo se usa una palabra que no conoces, búscala de inmediato en el diccionario. En esa situación sí que vienen muy bien los diccionarios online (de algo tenía que servir tener siempre el móvil en la mano).

Por cierto, no te limites a buscar palabras. Cualquier dato o situación que despierte tu curiosidad y sobre el que creas que puedes informarte mejor es una oportunidad para ampliar tus conocimientos. Hoy todos llevamos internet en el bolsillo, nunca acceder al conocimiento fue tan fácil.

Usa las palabras que has aprendido

De acuerdo, ya tienes la costumbre de consultar el diccionario cuando no conoces una palabra. El problema es que los nuevos términos que encuentras no se te quedan en la memoria y, de hecho, no es la primera vez que buscas de nuevo un término que ya has buscado y cuyo significado se te ha olvidado. (Nos pasa a todos, no te preocupes).

Para fijar una palabra en tu mente y que pase a formar parte de tu lenguaje activo lo que tienes que hacer es usarla.

Cuando localices una palabra nueva en el diccionario, construye de inmediato un par de frases con ella. Asegúrate de que la usas en el contexto adecuado, porque no todas las palabras sirven para lo mismo aunque su significado sea similar. Hay matices, y esos matices son los que debe dominar un escritor.

Incluso puedes probar a incluir esa palabra recién adquirida en la obra que estás escribiendo en ese momento. Pero, una vez más, permanece atento para usarla en el contexto apropiado.

Intenta hablar mejor

Pero no solo te limites a usar tus nuevas adquisiciones lingüísticas en tus textos. Si es posible, haz que pasen a tu lenguaje hablado, a la manera en que te expresas día a día.

Acostumbramos a hablar muy mal. ¿Quién no usa con frecuencia frases como «Dame de ahí esa cosa para poder eso en la botella», en lugar de «Dame de encima de la mesa el embudo para poder echar el vino en la botella»? Omitimos palabras, las acortamos, usamos muletillas y frases hechas… En general nos esforzamos muy poco en hacernos comprender, sobre todo en un ámbito coloquial, y si no fuera porque nos apoyamos en gestos y onomatopeyas o por la buena voluntad de nuestros oyentes a veces comprendernos resultaría harto difícil.

Como ya hemos señalado nuestro vocabulario se empequeñece día a día y algunos sectores de la población, especialmente los jóvenes, tienen ya serias dificultades para usar un habla formal; el que usamos en el trabajo, por ejemplo.

Así que un buen paso para mejorar tu vocabulario puede ser simplemente esforzarte en hablar mejor. No uses términos como «cosa» o «chisme», usa la palabra a la que te refieres. Trata también de hacer frases completas y bien estructuradas.

Si hablas mejor, escribirás mejor.

Te hemos dado cuatro consejos muy sencillos para mejorar tu vocabulario. Seguro que ya los conoces todos, aunque tal vez todavía no los pongas en práctica.

Sin embargo hemos querido escribir este artículo porque con mucha frecuencia nos llegan correos de escritores que nos cuentan que saben que tienen un problema de vocabulario limitado y nos piden alguna manera de mejorarlo. Tenemos la impresión de que algunos de esos escritores esperan una solución cuasi mágica, como si existiera un truco secreto que permita memorizar sin esfuerzo el diccionario.

Leer y dejar pasar el tiempo para que el vocabulario madure es el único truco, y no es secreto. Entendemos que exige tiempo, paciencia y ganas. Es una labor de hormiguita que deberías empezar hoy mismo, pero que te prometemos que da sus frutos.

Si la paciencia y las ganas son lo tuyo y no buscas el camino fácil para convertirte en escritor, tu sitio está en nuestra comunidad. Únete ya dejándonos tu nombre y tu dirección de correo para que todas las semanas te hagamos llegar nuevos artículos pensados para ayudarte.

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