Consejos de Danilo Kiš para un joven escritor

  • Cultiva la duda con respecto a las ideologías reinantes y a los príncipes.
  • Mantente alejado de los príncipes.
  • Cuida de no manchar tu lenguaje con el habla de las ideologías.
  • Estate persuadido de que eres más fuerte que los generales, pero no te midas con ellos.
  • No creas en proyectos utópicos, salvo en aquellos que concibas tú mismo.
  • Muéstrate tan orgulloso ante los príncipes como ante el populacho.
  • Ten tranquila la conciencia en cuanto a los privilegios que te confiere tu oficio de escritor.
  • No confundas la maldición de tu elección con la opresión de clase.
  • No estés obsesionado por la urgencia histórica y no creas en la metáfora de los trenes de la historia.
  • No te precipites, pues, en los trenes de la historia; se trata sólo de una estúpida metáfora.
  • Guarda siempre en tu mente esta máxima: «Quien alcanza el fin frustra todo el resto».
  • No escribas reportajes sobre países donde has estado de turista: no escribas reportajes sobre nada, no eres periodista.
  • No te fíes de las estadísticas, de las cifras, de las declaraciones públicas: la realidad es aquello que no se ve a simple vista.
  • No visites las fábricas, los koljoz, las grandes obras públicas: el progreso es lo que no se ve a simple vista.
  • No te ocupes de economía, de sociología ni de psicoanálisis.
  • No te embriagues de filosofía oriental, de zen-budismo, etcétera; tienes algo mejor que hacer.
  • Sé consciente del hecho de que la imaginación es hermana de la mentira, y por ello mismo es peligrosa.
  • No te asocies con nadie: el escritor está solo.
  • No creas a los que dicen que este mundo es el peor de todos.
  • No creas a los profetas, porque tú eres profeta.
  • No seas profeta, porque la duda es tu arma.
  • Ten la conciencia tranquila: los príncipes no tienen nada que ver contigo, porque tú eres un príncipe.
  • Ten la conciencia tranquila: los mineros no tienen nada que ver contigo, porque tú eres un minero.
  • Sé consciente de que lo que no has dicho en los periódicos no está perdido para siempre: es como la turba.
  • No escribas por encargo.
  • No apuestes por el momento, porque lo lamentarías.
  • Tampoco apuestes por la eternidad, porque lo lamentarías.
  • No estés contento con tu destino, porque sólo los imbéciles lo están.
  • No estés descontento de tu destino, porque tú eres un elegido.
  • No busques justificaciones morales a los que te han traicionado.
  • Guárdate de la temible perseverancia.
  • Cree a los que pagan cara su inconsecuencia.
  • No creas a los que hacen pagar cara su inconsecuencia.
  • No prediques el relativismo de todos los valores: existe la jerarquía de los valores.
  • Recibe con indiferencia las recompensas que te otorgan los príncipes, pero no hagas nada por merecerlas.
  • Estáte persuadido de que la lengua en la que escribes es la mejor de todas, porque no tienes otra.
  • Estáte persuadido de que la lengua en la que escribes es la peor de todas, aunque no la cambiarías por ninguna otra.
  • «Porque eres tibio, y no frío ni ardiente, voy a vomitarte de mi boca» (Apocalipsis 3, 16).
  • No seas servil, porque los príncipes te tomarían por un criado.
  • No seas presuntuoso, porque te parecerías a los criados de los príncipes.
  • No te dejes persuadir de que tu literatura es socialmente inútil.
  • No pienses que tu literatura es útil para la sociedad.
  • No pienses que eres un miembro útil de la sociedad.
  • No te dejes persuadir por ello de que eres un parásito de la sociedad.
  • Estáte convencido de que tu soneto vale más que los discursos de los hombres políticos y de los príncipes.
  • Sé consciente de que tu soneto carece de sentido frente a la retórica de los hombres políticos y de los príncipes.
  • Ten en todo tu propio parecer.
  • No des tu opinión en todo.
  • Es a ti a quien menos le cuestan las palabras.
  • Tus palabras no tienen precio.
  • No hables en nombre de tu nación, porque ¿quién eres tú para pretender representar a cualquiera si no es a ti mismo?
  • No estés en la oposición, porque no estás enfrente, sino debajo.
  • No estés del lado del poder y de los príncipes, porque estás por encima de ellos.
  • Lucha contra las injusticias sociales sin hacer de ello un programa.
  • Cuídate de que la lucha contra las injusticias sociales no te desvíe de tu camino.
  • Conoce lo que piensan los otros; luego, olvídalo.
  • No concibas un programa político, no concibas ningún programa: concibe a partir del magma y del caos del mundo.
  • Guárdate de los que te proponen soluciones finales.
  • No seas el escritor de las minorías.
  • Tan luego como una comunidad te haga suyo, ponte a ti mismo en cuestión.
  • No escribas para el lector medio: todos los lectores son medios.
  • No escribas para la elite; la elite no existe: tú eres la elite.
  • No pienses en la muerte, pero no olvides que eres mortal.
  • No creas en la inmortalidad del escritor; eso son tonterías de profesores.
  • No seas trágicamente serio, porque resulta cómico.
  • No seas actor, porque los ricos están acostumbrados a que se les divierta.
  • No seas bufón de corte.
  • No pienses que los escritores son la conciencia de la humanidad, tú has visto demasiados crápulas.
  • No te dejes persuadir de que no eres nada ni nadie: tú has visto que los ricos tienen miedo de los poetas.
  • No vayas a la muerte por ninguna idea ni convenzas a nadie de que muera.
  • No seas cobarde, y desprecia a los cobardes.
  • No olvides que el heroísmo se paga caro.
  • No escribas para las fiestas y los jubileos.
  • No escribas panegíricos, porque lo lamentarías.
  • No escribas oraciones fúnebres a los héroes de la nación, porque lo lamentarías.
  • Si no puedes decir la verdad, cállate.
  • Guárdate de las medias verdades.
  • Cuando se celebra una fiesta, no hay razón alguna para que tomes parte en ella.
  • No prestes servicios a los príncipes ni a los ricos.
  • No pidas servicios ni a los príncipes ni a los ricos.
  • No seas tolerante por cortesía.
  • No defiendas la verdad a cualquier precio: «No se discute con un imbécil».
  • No te dejes persuadir de que todos tenemos igualmente razón ni de que los gustos no se discuten.
  • «Ser dos a estar equivocados no quiere decir que se sean dos a tener razón» (Popper).
  • «Admitir que el otro pueda tener razón no nos protege contra un peligro diferente: el de creer que todo el mundo posiblemente tiene razón» (Ídem).
  • No discutas con ignorantes sobre cosas de las que, gracias a ti, oyen hablar por primera vez.
  • No tengas ninguna misión.
  • Guárdate de los que tienen una misión.
  • No creas en el pensamiento científico.
  • No creas en la intuición.
  • Guárdate del cinismo, entre otros del tuyo.
  • Evita los lugares comunes y las citas ideológicas.
  • Ten el valor de decir que el poema de Aragón a la gloria de la G. P. U. es una infamia.
  • No le busques circunstancias atenuantes.
  • No te dejes convencer de que en la polémica Sartre-Camus los dos tenían razón.
  • No creas en la escritura automática ni en el difuminado querido: tú aspiras a la claridad.
  • Rechaza las escuelas literarias que te son impuestas.
  • A la sola mención del realismo socialista renuncia a toda discusión.
  • Sobre el tema de la literatura comprometida permanece mudo como un muerto: deja eso a los profesores.
  • Al que compare los campos de concentración con la prisión de la Santé, mándalo a paseo.
  • Al que afirme que la Kolyma es diferente de Auschwitz, mándalo al diablo.
  • Al que afirme que en Auschwitz sólo se exterminó a piojos y no a hombres, échalo fuera.
  • Al que afirme que todo esto representaba una necesidad histórica, aplícale el mismo tratamiento.
  • «Segui il carro e lascia dir le genti» (Dante).

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