Cómo usar la emoción para mejorar tu escritura

¿Usar la emoción para mejorar la escritura? Pues sí.

Hay estudios científicos que demuestran que, al leer, en nuestro cerebro se activan las mismas áreas que si estuviéramos experimentando de verdad lo que la historia nos cuenta.

Cuando leemos, nos identificamos hasta tal punto con la historia y con sus personajes que sentimos lo que ellos sienten, ya sea miedo, amor o frustración.

De modo que cuando pasas al otro lado, y en vez de leer escribes, debes cuidar mucho cómo reflejar los sentimientos. Tienes que hacerlo de una manera clara y concisa, para que el lector pueda identificar fácilmente en qué estado anímico o espiritual has puesto a tus personajes. Solo así su cerebro podrá entenderlo y reproducirlo y se creará una conexión entre el lector y tu historia.

Por eso hoy vamos a explicarte los dos errores más habituales que cometen los escritores noveles al incluir emociones y sentimientos en sus novelas. También te contaremos cómo hacerlo bien a la hora de usar la emoción para mejorar la escritura.

Dos errores al usar la emoción

Hay dos errores comunes, aunque opuestos, que se cometen al usar las emociones en la escritura. Lo vemos de continuo en los alumnos de nuestros cursos de escritura.

Primer error

El primero de ellos es no usar las emociones en absoluto.

En tu narración las cosas suceden, pero parece que al protagonista no le afectan. Como si fuese una especie de psicópata sin sentimientos, nada de lo que le pasa parece inmutarle. Muere su hermano, pero no se le ve apenado o conmovido. Se enamora, pero esa alegría desbordante que provoca el amor le es totalmente ajena.

Lo que sucede es que, al escribir, te estás ahorrando trabajo (a lo mejor tienes el Síndrome del Escritor Vago). Escribes «Manuel se había enamorado» y esperas que con una sola palabra, «enamorado», el lector complete un significado complejo que, además, varía según las personas.

No pretendas que el lector haga tu trabajo y describe las emociones y cómo afectan a tu protagonista. Manuel enamorado canta boleros, o siente una ansiedad que le hace comer sin parar, o se queda mirando al cielo pensando en la sonrisa de su amor. ¿Qué hace Manuel?, ¿cómo se siente? ¿Qué pasa en su cabeza?, ¿y en su corazón?

No seas perezoso y dale todos los detalles al lector.

Segundo error

El segundo error es pasarse justo por el otro lado.

Atiborras tanto la narración de sentimientos, reflexiones y emociones que ahogas la acción. Cada gesto y cada acto de tu personaje desencadenan una batería de sentimientos que acaban por volver el texto excesivamente dramático y poco realista, cuando no directamente ñoño.

En un relato, en una novela, tiene que suceder algo. No puedes detener la acción a cada paso para contar lo que siente tu personaje cuando saca un yogur de la nevera, porque ese gesto le recuerda a su madre; y luego mientras busca una cucharilla en el cajón, porque tiene fobia al reflejo de la luz en los objetos metálicos.

Formas de usar la emoción para mejorar la escritura

Exponer las emociones de tus personajes contribuirá a mejorar la escritura porque hace que tu narración sea más profunda, pero hay que hacerlo con tiento y buen sentido. Vamos a ver cómo.

Elige la emoción adecuada

Las emociones y sentimientos de tu personaje tienen que adaptarse a la situación que estás contando. De lo contrario, parecerá forzado.

¿De verdad el gesto de sacar un yogur de la nevera puede traer a tu protagonista el recuerdo de su madre? Sí, claro que puede, pero no deja de ser extraño y el lector lo percibirá así.

Si necesitas que el protagonista recuerde a su madre, puede recibir una llamada suya, o encontrar una foto al buscar un libro… La situación es menos forzada, más natural, y el lector aceptará que esa llamada o esa foto desencadenen en el personaje una serie de recuerdos sobre su madre.

Ante una determinada situación, piensa cuál sería la reacción lógica.

¿Te enfadarías durante semanas por una discusión de pareja? Probablemente no, al cabo de unos días el enfado remitiría y todo volvería a la normalidad. Si tu personaje se enfada durante semanas porque discute con su novia, el lector pensará que tiene problemas psicológicos o que está exagerando.

Elige la palabra adecuada

Para mejorar la escritura es imprescindible saber elegir las palabras.

Muchas veces las escenas no trasmiten de manera adecuada las emociones simplemente por una cuestión de lenguaje.

Si dices «Laura estaba feliz» estás siendo muy poco específico. La felicidad tiene muchas gradaciones y lo que te corresponde como escritor es reflejar qué grado de felicidad sentía Laura.

Si la han ascendido, puede que Laura esté satisfecha más que feliz, porque el nuevo puesto reconoce su valía y su buen trabajo. Si ha aprobado una difícil prueba de acceso para formar parte de un equipo de científicos que irá al espacio, puede que Laura esté más que feliz, puede que esté exultante.

Elegir la palabra adecuada es cuestión de dos cosas. La primera tiene que ver con el apartado anterior: piensa bien qué emociones se corresponden con la escena o situación que estás narrando. Identifícalas bien.

La segunda tiene que ver con tu vocabulario. Lee mucho (ser escritor es ser lector) para ampliarlo y trabaja siempre con un diccionario y un diccionario de sinónimos a mano. Eso te permitirá comprobar que la palabra que has elegido es la adecuada para expresar un determinado sentimientos, o buscar sinónimos que impidan que la repitas una y otra vez.

Céntrate en el personaje

Hemos hablado de ello en otro post. A veces, al escribir, abandonas a tu protagonista para centrarte en cualquier personaje secundario que aparece en la escena. Suele suceder por despiste, porque mientras escribimos en ocasiones perdemos de vista cuál es nuestra historia y quién su protagonista.

En el ejemplo del post que te enlazamos en el párrafo anterior (léelo completo), el narrador no se centra en lo que siente Gabriela, la protagonista, sino que se pierde en detalles sobre Diana, un personaje secundario.

Gabriela se paró a la entrada del salón. Desde allí divisaba a Diana y Lucía, que hablaban entre sí. Seguramente estaban comentando cada detalle de los vestidos de las mujeres a su alrededor. Diana se consideraba a sí misma la máxima conocedora en asuntos de moda desde que había regresado de París. Estaba al tanto de todas las tendencias y vestía como un figurín. Pensaba que así lograba atraer la atención de todos a su alrededor, porque le encantaba ser el centro de atención. Gabriela suspiró y se dio la vuelta. No quería hablar con Diana y Lucía, prefería salir a la terraza a tomar el fresco.

Gabriela avista a Diana desde el umbral de una puerta y decide esquivarla. Pero el narrador no nos cuenta por qué, cuando eso es precisamente lo que importa.

A Gabriela no le cae bien Diana, siente antipatía. Puede que también sienta celos, porque son rivales amorosas. Además, Gabriela tiene calor, lo que unido a los factores anteriores, hace que prefiera salir a la terraza.

Esos sentimientos son la explicación de la actitud de Gabriela y tienen que constar para que el lector los identifique.

Para hacerlo mejor, puedes incluso convertirlos en gestos, en algo físico. Por ejemplo, la antipatía que Gabriela siente puede reflejarse en un mohín de su boca, que se tuerce al divisar a Diana. El calor la hace transpirar levemente. Los celos hacen que la sangre circule más rápido por sus venas…

Y esto enlaza con la siguiente forma de mostrar la emoción para mejorar la escritura.

Muestra, no cuentes

El consejo por excelencia de la escritura creativa y que a los escritores principiantes les cuesta tanto poner en práctica.

Si escribes «Andrés estaba triste porque Emma había roto con él» estarás contando, no mostrando. Como ya has leído algunos consejos de escritura, te consideras un escritor avezado y sabes que tienes que mostrar, así que irás un paso más allá: «Andrés lloró durante toda una noche de insomnio cuando Emma rompió con él».

Vale, ahí ya tenemos una «muestra», las lágrimas, de la tristeza de Andrés, que en la otra frase era solo concepto abstracto. Y puede que si el lector viera ante así a Andrés sintiera lástima por él, porque el ser humano está preparado para responder ante el llanto o la sonrisa. Pero las páginas de un libro todavía no consiguen eso.

Por tanto, cómo mostrar de una forma de verdad efectiva la tristeza de Andrés. Explicando su causa. Y su causa va más allá de que Emma le haya dejado, porque lo que entristece a Andrés son las consecuencias de esa ruptura.

Andrés no era nada sin Emma. Se habían conocido en el último año de instituto y desde entonces apenas se habían separado. Emma siempre había sido un apoyo incondicional para él, todavía recordaba cómo le había ayudado a superar la muerte de su padre. Había estado discretamente a su lado y le había devuelto poco a poco la alegría. No imaginaba la vida sin ella y ahora veía desaparecer ante sus ojos todos los planes que habían hecho juntos: comprar una casa, adoptar un perro, tener hijos… y envejecer juntos. ¿Todo eso ya no se haría nunca realidad? No podía hacerse a la idea. Un hondo sollozo brotó de su pecho.

Ahí está, desmenuzada y comprensible, la tristeza de Andrés. El lector puede comprenderla porque has puesto ante sus ojos un pasado compartido y un montón de planes para el futuro. El vínculo que unía a Andrés con Emma aparece ante sus ojos y el lector puede entender la magnitud de lo que Andrés acaba de perder. Y el paso siguiente será que se pregunte ¿qué va a hacer ahora Andrés? ¿Va a renunciar a esos planes de futuro? ¿Va a tratar de recuperar a Emma? Intrigado continuará leyendo.

En esta entrada te contamos más sobre cómo aplicar el «mostrar, no contar» en tu escritura. Incluido cómo hacerlo cuando escribes diálogos o descripciones.

Ahora ya lo sabes, bien usada, la emoción puede ayudarte mucho a mejorar la escritura. Así que recuerda para siempre este mantra: Todas las historias se basan en la emoción, si no sentimos, no leemos.

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