Tres maneras de manejar el tiempo al escribir una novela

Saber manejar el tiempo al escribir una novela es importante.

La historia narrada puede suceder en unas pocas horas o puede sucederse a lo largo de años.

Puedes introducir anacronías que hagan retroceder el tiempo, como los flashbacks, o que den un atisbo de lo que sucederá en el futuro.

Así que ¿cómo manejar el tiempo al escribir una novela?, ¿cómo mostrar el tiempo y su paso?

Te mostramos tres maneras de hacerlo. Solo tienes que elegir la que mejor se adapte a tu historia.

1. Según la percepción interna del personaje

Todos tenemos un sentido interno del paso del tiempo. Depende de lo que estemos haciendo, el tiempo pasa volando o se alarga de manera inacabable.

Puedes servirte de la percepción del tiempo que tenga tu personaje para manejar el tiempo en tu novela.

Si está atareado o se lo está pasando bien, el tiempo transcurrirá deprisa.

Si está esperando que suceda algo o se está aburriendo, el tiempo transcurrirá despacio.

Pero también debes tener presente qué tipo de escena estás escribiendo.

Si es una escena trepidante, como una persecución o una pelea, el tiempo debe pasar rápido. La acción lo requiere, pero es que además, en una situación así, apenas nos da tiempo a retener los detalles, todo suele suceder muy rápido.

Pero si es una escena romántica, como una primera cita, el tiempo debe demorarse. El lector quiere saberlo todo, necesita los detalles.

Un truco: jugando con los tiempos verbales y con la longitud de las frases puedes reforzar la idea de que el tiempo pasa despacio o deprisa según necesites.

2. Con detalles que evoquen el paso del tiempo

El sol sale y se pone. La luna crece y decrece. Las estaciones pasan.

Para mostrar cómo pasa el tiempo al escribir una novela solo necesitas referirte a esos detalles externos a la acción que permitirán que el lector se ubique en el tiempo.

Primero hay adornos de navidad en las calles y más tarde los árboles de las aceras se han llenado de hojas.

La luz que entraba por una ventana se desvanece y deja paso a la oscuridad.

Las noches sin luna dejan paso a una noche de luna llena.

Eso sí, presta atención al transcurso del tiempo para no cometer errores.

Si tu protagonista sale todas las noches a reunirse con su amante en el bosque no todas las noches puede brillar la luna llena, aunque resulte muy romántico.

Si tu novela transcurre a lo largo de varios meses las temperaturas, la duración de los días, el follaje de los árboles o la ropa de los escaparates variarán.

Ojo, porque el paso del tiempo es un elemento muy útil para ayudarte en la ambientación de la novela. Aquí hablamos más de ello.

3. Transiciones escena a escena

Una última forma para indicar el tiempo al escribir una novela es mediante el uso de palabras que se refieran al paso del tiempo en las transiciones entre escenas.

Puede ser algo tan sencillo como: «Al día siguiente…» o «Había pasado una semana…»

Puedes usar aderbios de tiempo: antes, entretanto, pronto, todavía.

O puedes ser cronológicamente específico: «A las ocho y once de la mañana Ernesto salió hacia el trabajo».

Si usas palabras que aludan al tiempo al principio de las escenas estarás orientando al lector. Este sabrá en qué momento están sucediendo los hechos que estas narrando y podrá ubicarlos dentro de la cronología de la novela.

Y recuerda que siempre es bueno mantener al lector orientado. Que no sepa cuándo suceden los hechos, qué pasa antes y qué pasa después es una manera segura de sacarlo de la novela.

Nuestra recomendación es que uses juntas estas tres maneras de reflejar el paso del tiempo.

Usa la percepción del tiempo de tus personajes cuando las escenas lo requieran. Usa detalles que evoquen el paso del tiempo para crear un contexto para tu historia. Y añade palabras que se refieran al paso del tiempo (después, durante, pronto) para ordenar la cronología de las escenas.

De esta manera no puedes fallar.

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    • Entretanto, había pasado un año desde que la Dra. Martínez había solicitado un ejemplo para el truco del control del tiempo en la novela. Había pasado más de un año, y su comentario en el blog seguía sin respuesta.

      De pronto y sin previo aviso, se le atravesó un extraño. Éste había hecho un torpe intento, en mexicano, de contestar su comentario; él a su vez esperaba la respuesta de Martínez pacientemente….

      ¿Qué tal mi ejemplo?

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