Cómo desarrollar el conflicto interno de tu protagonista

Si hay un elemento importante entre todos los que componen una obra literaria, ya sea una novela o un relato, ese elemento es el conflicto.

El conflicto, ya lo hemos señalado en más de una ocasión, es el motor de la narración. Sin él no solo es que la historia no avance, es que directamente no puede haber historia.

Sin embargo, el conflicto es el gran olvidado por los escritores noveles. Muchas veces no lo desarrolláis con la solvencia que requiere, lo que da lugar a tramas porosas y argumentos poco interesantes. E incluso en algunas ocasiones ni siquiera habéis sabido reconocer el verdadero conflicto de la historia, desarrollando en su lugar un conflicto secundario, con menor fuerza dramática, en detrimento del genuino conflicto.

El conflicto es uno de los elementos que forman un texto literario sobre el que podrás aprenderlo todo en el Curso de Novela; un completo curso en vídeo, con prácticas hojas de trabajo y, si la necesitas, la ayuda de un tutor a tu disposición. Puedes unirte al curso hoy mismo.

De modo que aprender a detectar el conflicto de tu historia es vital. Por eso, si hay un buen consejo que podemos darte es que, mientras haces el trabajo preliminar antes de empezar a escribir, dediques tiempo a identificar cuál es el conflicto interno de tu personaje: profundiza por ese lado y te aseguramos que vas a dar con el conflicto que hará que tu narración despliegue todo su potencial.

El conflicto interno

Si hay una lucha arquetípica es la del hombre contra sí mismo.

Por eso en todas las narraciones el conflicto interno, el que hace que el personaje se enfrente a sí mismo, es una de las fuerzas fundamentales que tensan la trama.

Como seres humanos, nuestros conflictos con los demás o con el mundo son de forma casi inevitable reflejos o proyecciones de nuestros conflictos internos: nuestras disonancias mentales, nuestros conflictivos deseos y nuestras necesidades.

El conflicto interno se ha representado a menudo mediante un ángel y un demonio sentados sobre los hombros del protagonista: el ángel le susurra al oído que se comporte de manera elevada y virtuosa, mientras el demonio le insta a que se deje llevar por sus apetencias.

Esa imagen dicotómica y sencilla que seguro que conoces sirve muy bien para representar el conflicto interno. Solo que, naturalmente, es algo simplista: para que el conflicto interno gane en profundidad y mejore tu narración tienes que atender a los matices. En la vida nada es casi nunca blanco o negro, bueno o malo, el conflicto interno de tu personaje va mucho más allá de elegir entre dos opciones.

En su elección pesan un sinnúmero de factores: lo que el personaje es, lo que anhela ser, su entorno (familia, sociedad, creencias), sus motivaciones, lo que le conviene, su educación, su ética, sus miedos… Y todo ello contribuirá a conformar su arco dramático, es decir, cómo se desenvuelve el personaje a lo largo de la acción.

Dependiendo del tipo de historia, el conflicto interno del personaje puede ser el conflicto principal, aquel en el que pongan el foco tanto el autor como, por supuesto, el narrador. Pero también es posible que el conflicto interno suceda entre bambalinas y bajo la superficie de la trama. En otras palabras, puede haber un conflicto externo bajo el cual se desarrolle el conflicto interno. De hecho, a menudo el conflicto externo puede ser considerado como una metáfora del conflicto interno. Así, la acción es la proyección sobre el mundo exterior de la lucha interna que libra el personaje.

Pero, como habrás adivinado, para poder desarrollar el conflicto interior con solvencia y en todos sus matices es preciso que profundices en lo que realmente ocurre dentro de tu personaje.

Lo que realmente quiere tu personaje

Tu personaje ha de tener un objetivo: algo que desea alcanzar o bien algo que desea evitar. El conflicto de la trama se relaciona siempre con ese objetivo. Pero, y ahí radica la clave de las buenas obras, eso que el personaje desea se relaciona inevitablemente con todo su patrón de creencias.

Es decir, tu personaje es como es (como tú decidiste que sería al completar su ficha de personaje antes de comenzar a escribir). De modo que cuando desea algo se pone en juego toda su personalidad; o incluso antes, porque esa personalidad previa también influye a la hora de que desee una cosa y no otra.

De modo que las creencias y valores, así como los miedos y taras, de tu personaje determinan sus objetivos. Y la persecución de sus objetivos hace, en la buena literatura, que se destape el conflicto interno del personaje.

Lo comprenderás mejor con un ejemplo:

En la novela Martin Eden, de Jack London, el joven Martin es un inculto marinero que conoce a la distinguida hija de una familia acomodada. Su objetivo se hace evidente enseguida: conseguir el amor de Ruth y poder formalizar su relación.

Sin embargo, ese deseo pone en juego un conflicto interno: Martin desea algo más que casarse con Ruth, Martin desea convertirse en miembro de esa sociedad brillante que ha conocido gracias a su trato con la familia de Ruth: personas adineradas, cultas, refinadas.

En resumen, Martin no quiere meramente alcanzar el amor, quiere también (tal vez sobre todo) convertirse en un burgués. Y para ello se dedicará con gran perseverancia al estudio, para adquirir la cultura y los conocimientos que le ayuden a convertirse en un escritor de éxito.

Como ves, hay una diferencia entre lo que parece que el personaje quiere y lo que realmente quiere. Por ahí apunta el conflicto interno.

Objetivos siempre positivos

Algo que debes tener en cuenta es que los objetivos de tu personaje siempre son positivos para él.

Cierto tipo de literatura naíf se centra en que los objetivos que persiguen sus personajes sean moralmente buenos, como evitar una catástrofe o ayudar a los demás. Pero, como ya hemos señalado, la realidad no es blanca ni negra y los buenos escritores son aquellos que son capaces de reflejar en sus obras esa amplia escala de grises.

De modo que el objetivo de tu personaje no tiene que ser necesariamente algo moralmente bueno, sino que debe ser algo que él, en ese momento y por su trayectoria vital, considere bueno.

Esto significa que tu personaje puede perseguir también algo malo. Sin embargo, es importante tener en cuenta que el personaje rara vez lo verá así. Si persigue ese objetivo es porque considera que es valioso y espera que contribuirá a mejorar su vida.

Y este matiz (hacer algo malo persiguiendo un buen fin) es algo que quienes escribís narraciones en las que entra en juego un villano debéis tener muy en cuenta. Nada más plano que un personaje que hace el mal por el mal.

Puede que tu villano esté dispuesto a hacer algo palmariamente destructivo y malvado, pero debe hacerlo convencido de que representa un bien (para él, para los suyos, incluso para el mundo).

Pero que el personaje quiera algo (también algo equivocado, o que quiera por una razón equivocada), no significa que eso sea lo que de verdad necesite o lo que a fin de cuentas construirá su felicidad.

Siguiendo con nuestro ejemplo, el conflicto interno de Martin Eden radica en que desea convertirse en un hombre de éxito, reconocido por lo que hace; quiere ser un hombre culto y disponer de los bienes materiales que le permitan llevar una vida cómoda e incluso elegante. Sin embargo, a la postre descubrirá que ahí no estaba su felicidad.

Qué es lo que tu personaje necesita realmente

Por eso otro matiz importante a tener en cuenta para trabajar el conflicto interno de tu personaje es aprender a distinguir entre lo que tu personaje quiere (tanto su objetivo principal como el objetivo latente que se relaciona con el conflicto interno) de lo que tu personaje necesita.

En el caso de Martin Eden su objetivo principal (al menos durante una parte de la novela) es obtener el amor de Ruth, conservarlo y llegar a casarse con ella.

Mientras que su objetivo latente, relacionado con su conflicto interno, consiste en convertirse en un respetado escritor, como medio para introducirse en la sociedad a la que desea pertenecer.

Sin embargo, cuando finalmente Martin alcance lo que deseaba y sea un personaje público reconocido y con un buen nivel de vida, se dará cuenta de que eso no es lo que quería.

Martin es una persona honesta que además ha adquirido una gran cultura, casi se ha convertido en un filósofo. De modo que cuando la sociedad patricia a la que tanto ha trabajado por pertenecer le abre sus puertas, no tarda en descubrir que en su mayoría está compuesta por personas zafias de ideas estereotipadas. La cultura y refinamiento que él tanto admiró son solo un barniz superficial comprado casi siempre con dinero.

De modo que lo que Martin hubiera necesitado en realidad, lo que le hubiera hecho feliz, sería haber continuado siendo un humilde marinero. O, en su defecto, ser escritor, pero rehuir la compañía de la buena sociedad.

Así las cosas, tal vez toparse con Ruth y su familia no fue para él un golpe de suerte, sino el momento en que comenzó su mala fortuna.

El camino que el personaje recorre

Al apreciar el cambio de Martin te darás cuenta de cuán importante es para el conflicto interno (y el desarrollo de la trama en general) desarrollar el camino que el personaje recorre.

Los atributos del carácter de Martin le hacen triunfar en su objetivo: es un hombre acostumbrado al trabajo duro, de modo que puede afrontar sin problemas las largas jornadas de estudio mientras se forma. Tiene además gran tesón y determinación.

Pero su lucha por alcanzar su objetivo (el obvio: casarse con Ruth) y el interno (pertenecer por derecho a la buena sociedad) también modifica su carácter: Martin se vuelve un hombre mas culto y sabio, mejor conocedor del ser humano.

Esas nuevas características se mezclan en él con algo que había en su temperamento desde el principio: un talante genuino. Ahora juzga mucho mejor a los hombres, y su autenticidad le hace ver que no es entre ese tipo de hombres entre quienes él desea vivir. Y eso le lleva a tomar su dramática decisión final.

En conclusión

Antes de comenzar a escribir asegúrate de conocer el conflicto interno que se agazapa dentro de tu personaje.

  • Para eso tienes en primer lugar que construir muy bien a tu personaje. Recuerda, tú eres el que decides qué atributos morales tendrán tus personajes y al hacerlo debes valorar cuáles deberían ser para que el argumento despliegue todo su significado. Ya sabes que escribir es tomar decisiones.
  • Después tienes que responder a la pregunta sobre qué es lo que realmente quiere tu personaje. No lo que quiere en apariencia, sino cuál es ese objetivo último del que tal vez ni el propio personaje sea consciente.
  • Ten presente además que aquello que tu personaje persigue no tiene por qué ser bueno para él ni suponer su felicidad (tampoco tiene que ser bueno para los demás). Él está convencido de que sí, por supuesto, pero no es obligatorio que así sea. Y esa contradicción supone un interesante combustible para el conflicto interno.
  • Por eso también debes saber qué es lo que realmente convendría a tu personaje, al margen de lo que él considere que necesita y de sus esfuerzos por lograrlo.
  • Y, para terminar, ten muy presente el camino que tu personaje recorre y cómo las experiencias que atraviesa le hacen cambiar. Ese cambio debe aparecer en la narración y una de las maneras de hacerlo es dejar constancia de cómo quien es ahora tu personaje valora aquello que tanto se ha esforzado por conseguir.

Como ves, los factores que influyen para desarollar bien el conflicto interno son varios. Y así sucede con cada elemento que conforma una obra literaria.

Y ahora respóndenos: ¿acostumbras a prestarle atención al conflicto interno en tus novelas y relatos?, ¿tienes algún truco para identificarlo sin lugar a dudas? ¿O bien nunca te habías planteado que el conflicto pueda surgir de la diferencia entre lo que tu personaje quiere, lo que realmente quiere y lo que en realidad le convendría?

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