Cómo los hábitos te ayudan a alcanzar tus objetivos como escritor

Cómo los hábitos te ayudan a alcanzar tus objetivos como escritor

En estos años hemos hablado con frecuencia de la importancia de marcarse objetivos como escritor.

Esos objetivos pueden referirse al número de palabras que escribes al día o al plazo para terminar una novela. Pero también pueden relacionarse con el número de suscriptores en tu lista de correo o el número de ejemplares vendidos de tu último libro.

La realidad es que para progresar necesitas marcarte objetivos.

Ellos son los que te ayudan a medir si estás avanzando o si permaneces siempre en el mismo lugar. Si estás haciendo las cosas bien o si necesitas cambiar de estrategia.

Por lo tanto esperamos que ya te estés marcando objetivos como escritor y que en algún lugar haya un documento en el que tengas escritos tus objetivos para los próximos meses. Un papel que mires de vez en cuando para ponerte las pilas y mantenerte enfocado.

Sin embargo, muchos de vosotros no sabéis cómo materializar esos objetivos. Cómo aterrizarlos y convertirlos en acciones que formen parte de vuestro día a día.

Por eso hoy vamos a hablar de cómo los hábitos te facilitan el alcanzar tus objetivos como escritor (de hecho, se podría decir que sin determinados hábitos es imposible alcanzar ciertos objetivos) y de cómo plantear esos hábitos para lograr aquello que quieres.

La relación entre hábitos y objetivos

La mística del escritor habla de inspiración, de talento, de la musa esquiva. De fuerzas incontrolables de las que el escritor depende. Y, por desgracia, la mayoría de los escritores noveles creen en esa mística.

Pero la realidad es que nada puede beneficiar tanto tu escritura y tu trayectoria como escritor como desarrollar determinados hábitos.

El hábito no es una de esas fuerzas incontrolables. El hábito es algo que nunca falla, algo que te sostendrá siempre, estés inspirado o no. El hábito es, simplemente, persistir en la práctica.

Seguro que tú también tienes objetivos como escritor, grandes o pequeños, expresados explíctamente o inconscientes, como un proyecto que hormiguea en tu interior. Escribir una novela es un objetivo. Crear tu plataforma de escritor es un objetivo. Proponerte escribir todos los días es un objetivo.

El primer paso para alcanzar tus objetivos pasa por convertirlos en algo tangible, algo concreto. Escribir tu novela en el próximo año. Escribir todos los días de cinco a seis. Publicar en tu blog durante tres meses consecutivos.

Y para convertir en realidad esos objetivos hay una palanca infalible: los hábitos.

Los hábitos son procesos que funcionan en segundo plano, casi de forma automática, y que alimentan tus metas y objetivos.

Los buenos hábitos te ayudan a alcanzar tus objetivos como escritor: escribir a diario, ocuparte de tu marketing, leer un libro a la semana, etc. Los malos te obstaculizan: procrastinar, no tener un proceso de escritura, perder el tiempo… En cualquier caso, los hábitos influyen poderosamente en tu comportamiento y son los que permiten que logres resultados o no.

Y es que hábitos y objetivos se interrelacionan. Sin ciertos hábitos es imposible alcanzar determinados objetivos como escritor. Por ejemplo:

  • Escribir tu novela en los próximos doce meses es un objetivo. Pero para alcanzarlo necesitarás el hábito de escribir varias horas todos los días.
  • Leer cincuenta libros al año es un objetivo. Llevar un libro siempre contigo o ponerte a leer en lugar de ver vídeos de YouTube son hábitos.
  • Escribir todos los días de cinco a seis es un objetivo. Pero mantener esa hora despejada en tu agenda cada día es un hábito.

El problema con los objetivos

Hemos dicho que cuando quieres cambiar un aspecto de tu vida, establecer un objetivo es a menudo el primer paso lógico. Pero quedarse en ese punto es peligroso.

  • Los objetivos tienen fecha de caducidad. Imagínate que cumples el objetivo de escribir una novela, es fantástico. Pero una vez terminada dejas de escribir. O que tienes el objetivo de correr un maratón, pero una vez que lo corres dejas de hacer ejercicio.
  • Los objetivos dependen de factores sobre los cuales no siempre tienes control. Alcanzar un objetivo no siempre es posible por causas ajenas a nuestra voluntad. Imagina que una enfermedad te impide cumplir tu meta de escribir una novela en un año.
  • Los objetivos se basan en la fuerza de voluntad y la autodisciplina. Y eso es algo que no todos tenemos. Aunque, por suerte, la fuerza de voluntad es eso, fuerza. Así que se puede entrenar y desarrollar. ¿Cómo? Con hábitos. Por ejemplo, si tu objetivo es ahorrar, evitar hacer compras innecesarias requiere fuerza de voluntad. Pero meter todos los días cincuenta céntimos en una hucha solo requiere hábito.
  • Los objetivos pueden estar mal planteados. Como aprenderás en Cómo ser un escritor más productivo, los objetivos deben estar bien planteados. A lo mejor plantearte escribir una novela en un año es para ti irrealizable porque no dispones de los conocimientos necesarios o no tienes el tiempo suficiente. Un objetivo mal planteado no te conducirá a ninguna parte más que a la frustración.

Los beneficios de tener hábitos

Los hábitos son lo que hace que las cosas difíciles se vuelvan fáciles.

En el hábito confluyen tres factores: saber qué hacer, saber cómo hacerlo y querer hacerlo. O lo que es lo mismo: conocimiento, habilidad y deseo.

Una vez que los tienes, los hábitos funcionan de manera automática. ¿Hay que recodarle a un fumador que fume? No, simplemente aprovecha cualquier ocasión propicia para encender un cigarrillo. ¿Por qué? Porque fumar es un hábito. Un mal hábito, cierto, pero un hábito al fin y al cabo.

Por tanto, desarrollar aquellos hábitos que te facilitarán alcanzar tus objetivos como escritor es la mejor manera de lograr estos.

Piensa en esto: el objetivo de escribir una novela en un año puede resultar intimidante. Un año es un plazo de tiempo muy largo y temes abandonar mucho antes. Por otro lado, una novela es una obra magna en la que intervienen muchos elementos, ¿cómo afrontar su escritura?

Sin embargo, escribir quinientas palabras todos los días es algo perfectamente asumible.

Quinientas palabras es una cifra que puedes alcanzar incluso en aquellos días en los que andes escaso de tiempo. Y te permite afrontar la escritura de la novela poco a poco, hoy una escena, mañana otra.

De esta manera escribir una novela se vuelve una meta alcanzable. Porque has transformado un objetivo en un hábito diario. De hecho, puede que haya días en que no te detengas en las quinientas palabras y escribas dos mil. Y al final no solo habrás escrito tu novela, sino que lo habrás hecho en menos tiempo del que pensabas.

Cómo incorporar hábitos de escritura a tu día a día

Y es que los hábitos son fáciles de incorporar.

Una vez que desarrollas un hábito, este se vuelve tan fuerte que cuesta mucho abandonarlo (por eso resulta tan difícil dejar de fumar). Después de aproximadamente 28 días de realizar una tarea a diario, tu cerebro se aferrará a esa costumbre con fuerza y la ejecutarás de manera casi automática. Se habrá convertido en un hábito.

De hecho, los hábitos son para toda la vida. Párate a pensar en todos los hábitos que rigen tu vida ahora mismo. Lavarte los dientes después de comer. Acostarte a una determinada hora. Hacer la limpieza de la casa un día concreto o en un preciso orden. Tus horas de trabajo y tus horas de ocio se rigen por un montón de hábitos que, en realidad, se encargan de hacerte la vida más sencilla.

Por suerte, los hábitos no solo se pueden adquirir, también se pueden diseñar y además se retroalimentan entre sí.

Por ejemplo, puedes sustituir el hábito de sentarte a ver la tele por el hábito de escribir todos los días. Y si desarrollas el hábito de escribir todos los días, lo más seguro es que acabes también por leer más.

Se trata de construir tus hábitos no solo para acercarte a tus objetivos como escritor (lo cual sin duda es importante), sino sobre todo para que tengan un impacto amplio y positivo en tu vida, en tu día a día.

Para construir ese hábito que deseas incorporar a tu rutina, empieza poco a poco y ve aumentando la complejidad a medida que desarrolles el hábito.

Si quieres tener el hábito de la escritura, no te propongas escribir todos los días una hora. Lo más seguro es que no encuentres el momento porque el tiempo es hoy día un bien escaso.

Pero puedes proponerte escribir doscientas palabras al día. Escribir doscientas palabras al día apenas te costará esfuerzo y, una vez forme parte de tu rutina, podrás aumentar el número de palabras y el tiempo que le dedicas. De hecho, al final encontrarás el momento adecuado para sentarte a escribir cada día.

De lo que se trata es de cambiar el enfoque y no centrarse tanto en el objetivo como en el hábito que te ayudará a lograrlo.

No te centres en la idea de escribir una novela. Pon tu energía en escribir todos los días. Céntrate en desarrollar un hábito de escritura fuerte, sólido, que haga que todos los días a una hora concreta te sientes ante tu escritorio y te pongas a la tarea de escribir.

No te obsesiones con leer cincuenta libros al año. Pon el foco en apagar la tele, dejar el móvil en otra habitación y sentarte a leer todos los días durante un par de horas.

No te abrumes con la idea de tener tu plataforma de autor. Acostúmbrate a dedicar todas las semanas unas horas a escribir un nuevo post para el blog.

Los objetivos se basan en la motivación y esta a veces falla (aunque es posible trabajarla, como te contamos aquí), pero los hábitos son prácticamente automáticos. Costumbres tan incorporadas a tu vida que no tienes ni que pensar en ellas, simplemente las haces.

De hecho, se podría decir que tú eres la suma de tus hábitos

Así que para alcanzar tus objetivos como escritor no te centres tanto en la meta a cruzar como en desarrollar el hábito concreto que te conducirá hasta ella.

Un buen hábito que te ayudará a cumplir tus objetivos como escritor es leernos todas las semanas. Para hacerlo no tienes más que unirte a nuestra comunidad de escritores dejando abajo tu nombre y tu correo.

  • Me gusta saber que somos un manojo de hábitos. Desgraciadamente la mayoría son hábitos malos que nos esclavizan e impiden crecer. Ver programas insulsos, chatear en la red, chismorreo en el barrio, tomar, fumar, vagar, perder el tiempo. Una vez leí que: “El tiempo perdido es lo único que no se puede recuperar”. Y agregaban: “la vida es demasiado corta para desperdiciarla un sólo día”. Para desarrollar buenos hábitos necesitamos ayuda externa, un libro de superación, un psicólogo, sociólogo, filósofo, sacerdote, , Sinjania, etc. Un día descubrimos que hay hábitos mucho más placenteros y edificantes: Escribir, pintar, observar el cielo, investigar, hacer el amor, escuchar el silencio, soñar, orar, meditar, ¡tener una meta!, etc. Acabo de investigar que la inteligencia puede aumentar, también el talento, creatividad, neuronas, imaginación. Durante siglos se ha mantenido que con la mente podemos forjarnos el futuro que queramos. Todo, absolutamente todo es posible.

  • Ana dice:

    Siempre sueño con todo lo bueno y he aprendido que el sueño tiene que tener cuerpo. Gracias porque todo esto son ustedes
    quienes predican con tanta seguridad ,que mis sueños están a
    Punto de caramelo.

  • GILBERTO dice:

    Es un excelente material para nosotros los nóveles escritores. Muchas gracias.

    Deseo hacer el curso de novela, por favor envíenme toda la información como y porqué medio se se puede hacer el pago de la misma. Vivo en Colombia en una pequeña ciudad.
    Gracias por su información
    Gilberto Buitrago Pulido

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    Gracias por compartir este contenido.
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