Por qué no necesitas talento para comenzar a escribir

A muchos aspirantes a escritores les preocupa el talento. ¿Tengo talento para escribir?, se preguntan. Quisieran tener la certeza de que lo tienen (o no), para de acuerdo con eso poner toda la carne en el asador y dedicar sus esfuerzos a la escritura con la certeza de que llegarán a escribir buenas obras; o, por el contrario, abandonar sus aspiraciones y dedicarse a otra cosa.

El problema es, como ya dijimos al hablar de la mística del escritor, que no hay modo de saber si se tiene talento. Todavía nadie ha inventado un talentómetro que mida la genialidad en una escala del uno al cien y por lo general serán los otros, lectores y crítica, quienes decidan si tienes o no talento. Pero para que puedan hacerlo, es necesario primero que hayas escrito algo que ellos puedan juzgar.

Repasamos hoy algunas ideas sobre el talento, con la esperanza de ayudarte a quitar ese peso de tus hombros y que comprendas que no es algo con lo que debas obsesionarte si quieres escribir.

¿Es necesario tener talento para comenzar a escribir?

Lo que sucede con el talento es que tendemos a pensar que se trata de algo innato, algo con lo que uno nace, como el color de los ojos o la forma de la nariz. De acuerdo con esta idea, hay quienes nacen con talento para escribir y hay quienes no lo hacen, y si no tienes la suerte de que este don forme parte de tu ADN, poco es lo que puedes hacer.

Sin embargo, esa idea, aunque extendida, no es cierta. El Diccionario de la Real Academia Española define el talento como:

  1. m. inteligencia (‖ capacidad de entender).
  2. m. aptitud (‖ capacidad para el desempeño de algo).

Es decir, el talento es, ni más ni menos, aptitud. Y la aptitud se define como:

  1. f. Capacidad para operar competentemente en una determinada actividad.
  2. f. Cualidad que hace que un objeto sea apto, adecuado o acomodado para cierto fin.
  3. f. Capacidad y disposición para el buen desempeño o ejercicio de un negocio, de una industria, de un arte, etc.
  4. f. Suficiencia o idoneidad para obtener y ejercer un empleo o cargo.

Las acepciones primera, tercera y cuarta son las que más podrían ajustarse a la «capacidad» que necesita un escritor para poder desempeñarse de manera idónea en su actividad, empleo o arte. Pero, si te fijas, en ninguna de esas acepciones se habla de que esa aptitud o capacidad sea algo innato, algo con lo que se nace, algo connatural a unas personas pero no a otras.

Es decir, el talento, como casi todo en esta vida, se puede desarrollar. Y esa es una buenísima noticia porque te permite dejar de gastar energías en pensar si has nacido o no con una especie de don divino y empezar a centrarlas en entrenar tu talento.

Otra manera de concebir el talento

De modo que lo que te proponemos es que dejes de ver el talento como una capacidad o habilidad innata, algo que simplemente se te da bien por naturaleza. Porque el talento no tiene que ver únicamente con aquello que se te da bien, sino sobre todo con lo que te emociona, te enciende y eleva, incluso si se te da mal.

Sí, incluso aunque escribir se te dé mal en un primer momento, eso no significa que debas abandonar la escritura si escribir es una actividad que te hace disfrutar, que te conecta contigo mismo o con los otros, que despierta en ti las ganas incesantes de encontrar un momento para dar salida a los personajes, argumentos y mundos que pueblan tu imaginación.

Si sientes que escribir se te da mal, si sientes que tus textos todavía no alcanzan la excelencia a la que aspiras, en realidad no es porque te falte el talento. Lo que realmente sucede es que no te has ejercitado lo suficiente, que todavía no sabes lo bastante sobre escritura y que estás en el camino de conocerte como escritor.

En lugar de desanimarte pensando que no has sido bendecido con el don de la escritura, céntrate en aprender todo lo posible sobre los mecanismos que operan en un texto literario y cómo se usan, lee todo lo que puedas y escribe con asiduidad. Así desarrollarás tu aptitud para escribir, tu capacidad para operar competentemente en la actividad de la escritura.

Ahora bien, estudiar, leer, practicar… son actividades que exigen esfuerzo, a qué negarlo. Por eso antes decíamos que el talento no tiene tanto que ver con algo que se te da bien como con algo que te apasiona. Porque va a ser esa pasión la que hará que no te pese dedicar tiempo y esfuerzo a aprender lo que sea necesario y a practicar cuanto sea necesario. La pasión te sostendrá y encontrarás recompensa en saber que estás andando el camino hacia el talento, hacia el momento en que serás un escritor excelente. A esa pasión hay quien le llama vocación.

De modo que si escribir se te da bien, si es algo para lo que tienes facilidad, pero no te eleva, pero no te apasiona, sencillamente escribir no es tu talento. Es algo que puedes hacer con relativa facilidad, pero a lo que seguramente no quieras dedicar el grueso de tu tiempo. No tendrás la motivación suficiente para entregarle a la escritura horas de aprendizaje y práctica (porque el aprendizaje y la práctica son necesarios incluso aunque se tenga talento).

Mientras que si dudas de si tienes talento para la escritura, porque te parece que es algo que quizás no dominas como te gustaría, pero escribir te enciende, te hace feliz, hace que el tiempo se pase volando… entonces simplemente date la oportunidad de aprender y practicar.

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Escribir bien no tiene que salirte de modo natural, que es lo que pensamos que sucede cuando se tiene talento. De hecho, eso sería lo raro.

Cuando leemos una obra que nos fascina y en la que podemos reconocer la finura con la que el escritor ha puesto en marcha sus engranajes, pensamos que ese escritor tiene un gran talento, lo que también nos lleva a creer que ese libro surgió de una manera sencilla, sin esfuerzo. Quizá por eso todos quisiéramos tener talento: para poder alcanzar resultados óptimos sin necesidad de esforzarnos demasiado. Y, cuando no es así, cuando escribir una buena obra exige de nosotros un esfuerzo continuado y, en ocasiones, atroz, tendemos a pensar que no tenemos talento, porque si lo tuviéramos escribir no nos costaría tanto.

Pero preguntémosles a aquellas personas cuyo «talento» admiramos: un músico, un deportista, un cocinero… Seguramente no les gustará que demos por hecho que la excelencia a la que han llegado no les ha costado esfuerzo, porque eso es minusvalorar la dedicación, el esfuerzo y la pasión que han dedicado a aprender, practicar, entrenar y recorrer con tesón su camino, sin importar el desánimo o los fracasos.

Por eso escribir tiene que ser aquello que quieres hacer por encima de cualquier otra cosa. Tu talento no consistirá en que escribir te resulte sencillo, por el contrario, tu talento consistirá en que no te importe dedicar horas a escribir, a formarte, a leer, a pulir cada texto una y mil veces. Para, a fuerza de dedicación, escribir cada vez mejor (incluso, quizás, también con mayor facilidad).

Por supuesto, si la facilidad para escribir y las ganas de hacerlo se han unido en ti, podría decirse que eres un ser bendecido. Aprovéchalo. Pero si ese no es el caso, recuerda que el talento no va primero, no es algo que sabes que tienes, es algo que primero tienes que desarrollar.

El talento nos hace especiales

Quizá esa tendencia a creer en el talento se relaciona con nuestro deseo de ser especiales. Reconocer que el talento no es algo connatural, algo innato, algo que se nos concedió como un don especial, es reconocer que no somos personas únicas, que somos sencillamente como cualquier otro. No hemos sido tocados, no hemos sido bendecidos, no hemos sido elegidos. Y lo cierto es que todos queremos ser especiales, y, en el caso de la escritura, podemos desear que los demás nos vean como alguien que tiene una gracia trascendente, algo que va más allá de nosotros mismos, algo casi mágico.

Pero lo cierto es que si te olvidas del talento y te pones a trabajar en serio para alcanzar esa excelencia que en apariencia el talento da, será justamente cuando seas especial. Porque en realidad es muy poca la gente que tiene el tesón y el compromiso necesarios para avanzar por el camino de la escritura sin flaquear. Quizás por eso pensamos que el talento es escaso, porque el talento no es otra cosa que constancia y entrega, y esas no son cualidades comunes.

Recuerda las palabras de Stephen King: «El talento es más barato que la sal de mesa. Lo que separa el individuo talentoso del exitoso es mucho trabajo duro».

¿Te preocupa a ti el talento, tenerlo o no? ¿Crees, como nosotros, que eso que llamamos talento es solo conocimiento y práctica? Este es un tema que promete un debate interesante, charlemos en los comentarios.

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  • Escribir es mi remanso. Me siento más tranquila y segura escribiendo que hablando.Después de descubrirme en el mundo de la escritura, es ahora que me pregunto , que haría sino escribiera? .La escritura se me metió dentro y ojalá que no se aleje nunca. Es mi disciplina diaria a la que le dedico mucho tiempo, a veces la comparo con correr, cuando me tiraba a los maratones y tenía que calzarme mis deportivas hiciera sol o lloviera, era necesidad. Ahora que ya no puedo correr, escribo.

    • ¡Exacto, Malena! Escribir, salvando las distancias, es como correr o hacer un ejercicio físico demandante: es algo exigente que requiere un alto grado de compromiso, y al mismo tiempo (o quizá por ello) es increíblemente placentero y adictivo.

      Un abrazo.

  • En lo personal, tengo facilidad para redactar escritos, solicitudes, contratos, etc.. que se relacionan con mi trabajo. Esa facilidad la adquirí por los años de estudio en la licenciatura y la maestría, y un buen día pensé, si llevo está habilidad para contar historias? Entonces empecé a a tomar cursos de escritura, a leer la mayor cantidad de libros al año, a escribir historias cortas. En el 2018 tuve mi primer contacto con los talleres de escritura, cuatro años después me siento con el talento suficiente para que mi mente y mi lápiz fluyan en una hoja de papel. 💜

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