El punto de vista profundo o cómo usar el narrador para generar empatía hacia tus personajes

Una de las características más interesantes de la literatura es que permite penetrar en el interior de los personajes y plasmar sus pensamientos y sentimientos de forma rotunda, colocándolos así delante del lector y fomentado que este empatice con el personaje de una manera que por ejemplo el cine (que suele ser el referente narrativo de muchos escritores principiantes) nunca logrará.

Como escritor debes tener siempre presente que leemos por los personajes. No por el mundo que has diseñado para que en él transcurra tu historia; tampoco por la intriga, el suspense o el terror; ni siquiera por tu estilo y tu manejo del lenguaje como autor. Lo que hace que un lector vuelva las páginas absorto son los personajes: saber qué les ocurre, cómo reaccionan a los acontecimientos que se suceden, cómo se relacionan con otros personajes, si conseguirán lo que pretenden o no…

Una de las maneras más efectivas que tienes como escritor para lograr captar esa empatía del lector hacia tus personajes es a través del narrador, ya sea un narrador en tercera persona o un narrador en primera (que a menudo suele corresponderse con el propio personaje). De ahí la tremenda importancia que tiene la adecuada elección del narrador, algo que nunca deberías hacer sin la adecuada reflexión previa acerca de las diferentes posibilidades de cada uno.

Por ejemplo, es común considerar que usar un narrador en primera persona y hacer que sea el propio protagonista quien narre su historia es una de las mejores maneras de lograr que el lector se identifique con él. El narrador cuenta de primera mano lo que le sucede, describe sus sentimientos y el lector escucha (lee) directamente sus pensamientos. Sin embargo, un narrador en primera persona tiene ciertas limitaciones que no encontrarás si eliges un narrador omnisciente, o que tenga al menos una omnisciencia selectiva.

Por cierto, si quieres aprenderlo todo sobre cada tipo de narrador y aguzar tu capacidad para determinar cuál es el que más te conviene usar según la obra que deseas escribir, no te pierdas el Curso de Novela.

Pero una vez que ya tienes claro cuál es el narrador que más conviene a la historia que te ronda por la cabeza, existe una forma de usarlo (sin importar la persona que hayas elegido: primera o tercera) que te ayudará a reflejar con precisión el paisaje interno del personaje para lograr que el lector se identifique con él.

Está técnica recibe con frecuencia el nombre de punto de vista profundo (por la expresión en inglés deep point of view).

El punto de vista profundo

El punto de vista profundo es una forma de narrar en la que el narrador desaparece para dejar que sea el propio personaje el que se exprese. Se trata de eliminar en lo posible cualquier marca del narrador con el objetivo de que este se difumine, quedando fuera del campo mental del lector.

Como ya supones, el punto de vista profundo puede aplicarse con relativa facilidad al diálogo, ya que en un diálogo es el propio personaje quien habla. En ese caso, basta con eliminar en lo posible las acotaciones del narrador.

En lugar de escribir:

—Vamos a buscarla. —En la voz de Marina se percibía la urgencia.

Podrías optar por:

—Vamos a buscarla de inmediato. ¡Date prisa!

Pero ya hemos comentado que el diálogo es solo un recurso más y que no puedes escribir toda tu historia sirviéndote tan solo de los diálogos de tus personajes. Necesitas también apoyarte en tu narrador, que para eso lo tienes.

Y la dificultad del punto de vista profundo estriba en aplicarlo en los fragmentos que corresponden al discurso del narrador. Porque, como hemos dicho, el punto de vista profundo lo que busca precisamente es lograr que el lector se olvide del narrador y reciba sin su mediación la historia (o al menos partes de ella).

¿Cómo se consigue «esconder» al narrador cuando lo que el lector tiene delante son sus palabras? Dispones de varias técnicas:

La primera es eliminar de su discurso todas aquellas palabras que actúan como filtro entre narrador y lector. Palabras como «dijo», «pensó» «sentía», «recordaba», etc.

Todas esas palabras interponen una fina pantalla que recuerda al lector (aunque sea a nivel subconsciente) que está leyendo una historia que alguien (el narrador) le está contando. Hay una figura interpuesta entre él, el lector, y el sujeto de la acción, el personaje.

Pero ese no es el único recurso en el que apoyarte para conseguir un punto de vista profundo. También puedes usar otros como el monólogo interior, el flujo de conciencia o el estilo indirecto libre.

Con un ejemplo captarás la diferencia. Fíjate en este párrafo escrito con un narrador en tercera:

Sandra oyó en sueños el llanto del bebé. Adormilada se preguntó si la fiebre habría vuelto. Todo el cansancio de la jornada cayó de nuevo sobre ella. Sentía que ya no podía más, otra noche sin dormir acabaría con sus fuerzas. Se levantó y fue hacia la cuna.

Ahora compáralo con este otro, escrito también con un narrador en tercera pero aplicando el punto de vista profundo.

El llanto del bebé llenó la noche, ¿habría vuelto la fiebre? Todo el cansancio de la jornada cayó de nuevo sobre Sandra. No puedo más, necesito dormir. Se levantó y fue hacia la cuna.

Sin el «oyó», el «se preguntó» y el «sentía» y añadiendo una frase en estilo indirecto libre («No puedo más, necesito dormir») el narrador casi desaparece. Es como si presenciáramos directamente (sin que nadie nos lo explique) el llanto que rompe el silencio de la noche y la instantánea preocupación de Sandra al oírlo por si la fiebre ha regresado. También escuchamos sin filtros lo que piensa: no puede más, necesita dormir.

Más formas de construir un punto de vista profundo

Como ves, solo la forma en que usas el lenguaje ya contribuye en gran manera a crear el punto de vista profundo. Sin embargo, lo que verdaderamente diferencia a este tipo de narración se relaciona con la información: qué información se da y cómo.

Hemos quedado en que el punto de vista profundo pretende llevar la atención del lector hacia el personaje, evitando que parte de ella quede atrapada por el narrador. Eso implica que debes centrarte en lo que el personaje hace y, aun mejor, en lo que piensa y siente.

Con frecuencia la narración se queda en lo externo, hay poca introspección. Vemos al personaje moverse, hablar, ir y venir, pero no se nos permite echar un vistazo a lo que siente ni conocer sus reflexiones (a menos que se las cuente a otro personaje, pero en ese caso el lector es demasiado consciente de que asiste a un diálogo, no tiene esa preciosa sensación de haber entrado en la cabeza del personaje).

Por tanto profundiza en tu personaje y deja que sea el lector el que asista directamente como invitado de privilegio a esos momentos de introspección.

Además de esto, puedes crear un contraste entre la realidad aparentemente objetiva que proporciona el narrador y los sentimientos del personaje. Por ejemplo:

Jaime escuchaba atentamente al nuevo novio de Susana, que se sentaba a su lado. Qué hombre más aburrido. Laura le pidió que le pasará la ensalada.

En ese párrafo el narrador describe una cena y aunque según él Jaime escucha atentamente a su interlocutor, un pensamiento del personaje se cuela de improviso en la narración (Qué hombre más aburrido). El lector conecta de inmediato con el personaje a espaldas del narrador, como si el primero le hubiera hablado directamente para revelarle una verdad que el narrador desconoce o que no quiere que sepa. Es como cuando dos personas comparten un gesto cómplice a espaldas de un tercero.

Por último, una forma de reforzar el punto de vista profundo es mediante el archiconocido «mostrar, no contar». Hemos dedicado un artículo completo al tema, por lo que no nos detendremos demasiado ahora en explicar este concepto.

En definitiva, mostrar y no contar consiste en lograr que el lector se represente de la manera más vívida posible aquello que la narración refiere. No te limites a relatar, crea imágenes, escenas vivas que el lector pueda proyectar en la pantalla de su mente. Para ello tienes que manejar bien a tu narrador, usar de manera apropiada la descripción y profundizar sin cesar en tus personajes.

Narrador en tercera y narrador en primera

El punto de vista profundo puede usarse tanto con narradores en primera persona como con narradores en tercera. No obstante, en nuestra opinión puede resultar bastante más efectivo si se usa con un narrador en tercera.

No olvides que el punto de vista profundo pretende lograr que el lector se concentre en el personaje, que sienta que está dentro de su misma cabeza, dejando de lado al narrador.

Con un narrador en primera, si este se corresponde (como suele) con el protagonista, esto se consigue casi por defecto. Narrador y personaje son la misma persona, por lo que el lector todo el rato asiste a los pensamientos, reflexiones e ideas del protagonista.

Ahora bien, debes tener cuidado de no abusar de las palabras filtro, que lograrán interponer una pantalla, aunque sea tenue, entre la presencia del personaje y el lector. Hablamos de ello en este otro artículo, no te lo saltes.

Mientras que usar la técnica del punto de vista profundo con un narrador en tercera consigue crear efectos verdaderamente interesantes. Es como si de pronto sumergieras al lector en la conciencia del personaje e incluso, como hemos visto, puedes lograr crear un efecto de complicidad que aumentará su empatía para con el protagonista.

Ahora bien, como cualquier otra, esta técnica debe usarse con tiento. No es apropiada para todas las obras ni encaja en cualquier momento del texto. Eres tú, gracias a tu instinto narrativo, quien tienes que decidir en qué momento el narrador delega y deja vía libre a la expresión del personaje. (Ya sabes que puedes comenzar a afinar ese instinto ahora con nuestros cursos de escritura).

Aunque parezca una técnica novedosa, el punto de vista profundo es un viejo conocido de los escritores. Ya lo usaron Gustave Flaubert, Virginia Woolf o Alfred Döblin. Puedes ejercitarte tratando de localizar en las novelas que lees fragmentos donde se haya usado el punto de vista profundo y analizando con qué objetivo lo usó el escritor.

Ahora cuéntanos, ¿conocías esta técnica?, ¿la has usado alguna vez?, ¿te parece efectiva? Abrimos el coloquio en los comentarios, deja el tuyo.

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