Cómo desarrollar una escritura consciente

¿Sientes que tu escritura está estancada?, ¿no percibes un progreso real en tu estilo? ¿Acostumbras a leer blogs sobre escritura, e incluso libros y manuales, pero no eres capaz de poner en práctica lo que te explican?

Lo que te falta es el desarrollo de una escritura consciente.

En nuestros artículos hemos aludido en numerosas ocasiones a la necesidad que tiene todo autor de desarrollar una escritura consciente. Es decir, buscar de manera intencional la mejora de tus textos, de manera que estos no sean fruto del azar o de la improvisación, sino de una práctica reflexiva y de un proceso de escritura consecuente.

Ahora bien, ¿cómo alcanzar esa escritura consciente?

Escritura consciente frente a escritura impulsiva

El primer paso es erradicar lo que podríamos llamar la «escritura impulsiva».

Muchos escritores os lanzáis a escribir apenas tenéis una idea para un argumento. No la sopesáis ni durante un instante, no valoráis sus posibilidades ni reflexionáis sobre cuál es la mejor manera de convertirla en palabras. Simplemente seguís el impulso y comenzáis a escribir.

Ya hemos hablado muchas veces de las fatales consecuencias de seguir ese tipo de impulsos: en el mejor de los casos darán lugar a bloqueos, en el peor a obras poco trabajadas, con tramas fofas, personajes planos, cronologías titubeantes y conflictos poco desarrollados.

Pero lo verdaderamente lamentable es que el escritor que dé a luz una de esas obras lo más probable es que sea incapaz de hacerlo mejor en la siguiente ocasión. ¿Por qué? Porque practica una escritura impulsiva, no reflexiva, y eso hace que no sea consiente de sus errores, del valor de sus decisiones o de sus aciertos…

La escritura impulsiva tiene dos padres. Por un lado, la mística del escritor, que lleva a que muchos autores creáis en la inspiración: «Ahora que tengo la idea debo escribirla de inmediato, antes de que la inspiración se desvanezca». Por el contrario, la buena escritura requiere reflexión, requiere tomar decisiones y sopesar opciones. Aunque suene bien, muy temperamental, no se escribe «con las tripas», se escribe con el cerebro. Escribir es una actividad intelectual.

Lo que apunta ya al segundo padre de la escritura impulsiva: no ser consciente de que escribir implica un enorme esfuerzo intelectual y la posesión de ciertos conocimientos.

En efecto, si no conoces los elementos que componen un texto de ficción ni sabes cómo se usan es difícil que puedas decidir cuáles de esos elementos vas a usar, cómo y por qué. Si eres un buen lector es probable que tu instinto te lleve por buen camino; pero si no acostumbras a leer mucho esa falta de conocimientos se apreciará en tus textos, que adolecerán de lo que podríamos definir como una cierta ingenuidad literaria.

Las bases de la escritura consciente

La práctica consciente de la escritura es lo único que puede llevarte a mejorar como autor, porque implica aprender y aplicar lo aprendido de manera premeditada, tras una reflexión previa.

Para desarrollar una escritura consciente necesitas:

  • Ser honesto contigo mismo: valora tus textos con ecuanimidad. No te engañes pensando que eres mejor escritor de lo que en realidad eres. Tampoco pensando que eres peor.
  • Conocer tus defectos y virtudes: cuando eres honesto sabes cuáles son tus defectos y deberías trabajar para ponerles remedio. Pero también sabes cuáles son tus virtudes, por lo que tu objetivo debería ser que toda tu escritura alcance el mismo nivel que aquello que mejor haces.
  • Ser inconformista: la escritura consciente significa conocer tus propios límites y trabajar cada día para superarlos. La escritura consciente te empuja a salir de tu zona de confort. ¿Nunca has escrito una novela con varios narradores?, ¿por qué no pruebas? ¿Siempre escribes el mismo género?, ¿por qué no exploras otros terrenos?

En resumen, solo podrás comenzar a desarrollar la escritura consciente cuando tengas una visión lúcida de ti como escritor: cuando conozcas tu proceso de escritura, comprendas dónde sueles fallar, medites sobre cómo podrías subsanar esos fallos y te pongas manos a la obra. Por supuesto, es igual de importante saber cuáles son tus aciertos y analizar el proceso que te llevó a ellos, para poder replicarlos en adelante.

Escritura consciente y práctica intencional

Solo la escritura consciente puede conducir a una práctica intencional, que es el único camino posible para desarrollar una mejor escritura.

La práctica intencional se basa en algo tan sencillo como exigirte llegar allí donde hoy no llegas, y esforzarte por conseguirlo. Es así como se alcanza un progreso real.

Por supuesto, tanto la escritura consciente como la práctica intencional implican tener unos conocimientos suficientes sobre narrativa y técnicas de escritura. Si no sabes nada sobre el arco dramático del personaje es difícil que puedas comprender que la mayoría de tus personajes no lo desarrollan. Y eso impedirá que puedas trabajar de forma precisa para mejorar ese aspecto concreto de tu escritura.

El Curso de Escritura Creativa te ayuda a desarrollar una escritura consciente y una práctica intencional. Únicamente hay dos convocatorias al año de este curso, pero puedes unirte a la lista de espera y te avisaremos cuando se abra el próximo plazo de inscripción.

Por qué necesitas tú la escritura consciente

La escritura consciente y la práctica intencional son las únicas maneras de ver progresos reales, de llegar a dominar hoy las técnicas y recursos que ayer te parecían difíciles o arduos.

Y, sobre todo, la escritura consciente es la manera de dejar de pensar y hacer. Es una palabra, de pasar a la acción.

En palabras de Sylvia Plath:

Para escribir, lo importante no es hablar de ello, sino hacerlo; por malo o mediocre que sea el resultado, lo que cuenta es el proceso y la producción, no sentarse a teorizar sobre la manera ideal de escribir, o sobre lo bien que una podría hacerlo si realmente se lo propusiera y tuviera el tiempo necesario.

Sabemos que muchos de vosotros todavía no os decidís a comenzar a escribir. Estáis esperando a saber un poco más (o a saberlo todo) antes de dar el primer paso, escribir la primera palabra.

Pero el conocimiento es infinito, nunca se acaba. Puedes seguir aprendiendo eternamente, sin tregua, por lo que si no le haces tú un sitio de manera consciente a la práctica puede que nunca llegues a escribir nada.

En el fondo, ese deseo de saber todo lo que se puede saber sobre literatura y narratología antes de comenzar a escribir es tan solo una manera de procrastinar. Probablemente tienes miedo a hacerlo mal, o a que alguien pueda decirte que lo que escribes no es bueno porque no te has preparado lo suficiente. Precisamente la formación es uno de los cuatro focos de procrastinación del escritor.

Por otro lado, llega un momento en que hay que dejar de moverse en un plano teórico y comenzar a hacerlo en uno práctico. ¿Qué sentido tiene adquirir conocimientos si no vas a implementarlos? Es preciso que lo aprendido deje de ser conceptos inmateriales que almacenas en tu cabeza para convertirse en algo material: un texto en el que usaste tal o cual recurso, o prestaste especial atención al lenguaje, o probaste un narrador diferente. Hay que dejar de prepararse hasta el infinito.

Tener conocimientos, por grandes que sean, sirve de poco si a la hora de la verdad no sabes cómo ponerlos por obra y aplicarlos a tus textos cuando los concibes y mientras los escribes.

Cuando te quedas en el plano teórico es porque tienes miedo de bajar a la arena, donde están los que se arriesgan y hacen.

Lo cierto es que consumir conocimiento nunca te va a llevar a ningún sitio si no conviertes ese conocimiento en práctica y acción. El conocimiento por sí mismo no sirve de nada, solo sirve cuando encuentra la forma de ser aplicado.

Por otro lado, y aunque parezca una verdad de Perogrullo, aprender es aprender, pero escribir es escribir. Mientras aprendes, no escribes. Y si dedicas el grueso de tu tiempo a aprender, nunca escribirás. Ahora bien, aunque mientras aprendes no escribes, cuando escribes sí estás aprendiendo.

Por eso conocimiento y práctica tienen que ir de la mano. Porque escribir es lo que te permite poner en práctica ese conocimiento y volverlo algo vivo, algo tangible. La práctica de la escritura también te permitirá valorar si necesitas aprender más de una determinada parcela. Al escribir es cuando te das cuenta de que, por ejemplo, no dominas los diálogos o de que las descripciones te cuestan. Eso te permite identificar tus carencias para poder acotar sobre qué necesitas aprender más y, por supuesto, practicar más.

En definitiva, la escritura consciente implica conocer el recurso o técnica que estás utilizando (es decir, ciertamente exige un conocimiento previo) y una posterior reflexión sobre qué objetivo persigues al usarlo. La práctica intencional de la escritura exige un esfuerzo premeditado para elegir el recurso adecuado de acuerdo con el efecto que deseas imprimir a tu texto.

Poco a poco, a medida que vayas progresando en la escritura, esa reflexión y esa atención se volverán naturales en ti. Habrás integrado totalmente el conocimiento y la experiencia te permitirá valerte de él sin titubear.

Como hemos apuntado, cuando comienzas a practicar una escritura consciente es muy útil tener a alguien experto que te señale si estás aplicando de manera correcta tus conocimientos o si hay puntos de tu práctica que necesitan refuerzos. Pero cuando gracias a la práctica interiorices el conocimiento, este será un caudal que fluirá libre y sin necesidad de ayudas.

¿Cómo es tu proceso de escritura?, ¿está bien estructurado o tiendes a mezclar sus distintas fases? ¿Te has parado a pensar que quizá tu falta de productividad y tu incapacidad para culminar con solvencia tus proyectos de escritura provengan de un mal proceso de escritura?

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