Cómo escribir relatos puede ayudarte a ser mejor novelista

Cómo escribir relatos puede ayudarte a ser mejor novelista

La novela y el relato son géneros hermanos, aunque diferentes.

Por eso escribir relatos puede ser un ejercicio magnífico que te ayude a mejorar tus novelas.

Por su menor extensión hay menos peligro de que, por alguna eventualidad como falta de tiempo o un bloqueo, dejes inconclusa una pieza. Escribir relatos puede ayudarte a adquirir el hábito de la escritura y abrirte la puerta a escribir obras cada vez más largas.

Escribir relatos también contribuirá a que mejores tu escritura en líneas generales: ritmo, personajes, dosificación de la información, lenguaje, finales coherentes… Pero, sobre todo, escribir relatos puede ayudarte a mejorar de manera importante tus tramas.

La trama es la estructura interna sobre la que se sostiene una narración y es uno de los elementos básicos de las buenas novelas. Si en la novela es básica, en el relato una buena trama es imprescindible, por eso escribir relatos es indiscutiblemente uno de los mejores ejercicios para aprender a crear buenas tramas.

Vamos a explicarte por qué, pero antes vamos a detenernos un momento para ver en qué se diferencian relato y novela.

Diferencias entre relato y novela

La diferencia más obvia es la extensión. Sin que exista un consenso sobre un número fijo de palabras o páginas que, superado, convierta el relato en novela, sí es indudable que el relato tiene una menor extensión que la novela.

Precisamente su menor extensión le da al relato unas características propias que también ayudan a reconocerlo, aunque no hay que olvidar que en escritura no hay reglas fijas ni fronteras que no se puedan rebasar.

Se podría decir que el relato, debido a su brevedad, se centra en una única acción a la que da forma por medio de una trama sólida. En pocas páginas, en pocas palabras, el escritor tiene que ingeniárselas para construir una trama robusta, creíble, bien graduada y bien tensada.

La novela desarrolla y sostiene varias tramas secundarias, que se entrecruzan con la principal, usando para ello un mayor número de personajes. Pero el cuento se centra en pocos personajes (con frecuencia uno solo), que se enfrentan a un único suceso, en contraposición a las decenas de incidentes que pueblan una novela.

Al mismo tiempo, el relato interesa al lector, no tanto por el personaje (que tiene un desarrollo menor que en la novela, en la que la mayor extensión permite trazar un arco de personaje más complejo), sino por la peripecia en la que este está inmerso.

En la novela el personaje se enfrenta a una variedad de obstáculos y esa experiencia le hace evolucionar. Así, un elemento para captar la atención del lector es el desarrollo psicológico del protagonista. Mientras que en el cuento ese desarrollo no importa tanto como el saber cómo supera ese único incidente al que el argumento le ha hecho enfrentarse.

Los ambientes y las atmósferas también resultan más condensados en el relato. Lo normal es que en el relato se trabaje (en profundidad, eso sí) una única atmósfera, mientras que en la novela, por su diversidad de tramas, personajes y situaciones también es posible encontrar mayor variedad de atmósferas y ambientes.

Para finalizar, el lenguaje es un aspecto fundamental del relato. En palabras de Edgar Allan Poe, en el relato «cada palabra contribuye al efecto que el escritor previamente se ha propuesto». Todavía más que en la novela, en el relato la elección de cada palabra y la construcción de cada frase aportan al conjunto de manera definitiva.

Escribir relatos como tubo de ensayo para mejorar tus tramas

Con este breve repaso por las diferencias entre novela y relato ya te has podido hacer una idea de cómo practicar escribiendo relatos puede hacerte mejor novelista. Por ejemplo, si escribes relatos mejorarás tanto el uso del lenguaje como la creación de atmósferas.

Pero la escritura de relatos fortalecerá en especial las tramas de tus novelas. Como hemos dicho, la trama es la esencia misma del relato, por encima incluso del personaje.

Como el relato se suele centrar en un único incidente o peripecia, la forma en que esta se presenta y desarrolla es fundamental. Hay menos lugar para extensos desarrollos y el escritor debe mostrar su agilidad y destreza como en un juego de manos.

En la novela, el personaje se enfrenta a un conflicto, pero este se manifiesta a través de diferentes obstáculos que el protagonista deberá tratar de superar. Sin embargo, el relato se centra en uno solo de esos obstáculos. Es como si obstáculo y conflicto se identificasen.

La forma en que el conflicto/obstáculo se presenta es definitiva en el relato, no hay lugar a error.

Acción y orden cronológico

Acción es lo que sucede en el relato, la secuencia de hechos que componen el argumento.

Por lo general el escritor concibe la acción en función del tiempo cronológico: sucede una cosa, y después otra, y después otra… hasta llegar al final

Como el relato se centra en una acción simple (no hay tramas secundarias) la línea cronológica es limpia, no se ve entorpecida por subtramas ni accidentes complementarios. Escribir relatos te va a ayudar por consiguiente a trazar líneas de acción nítidas.

Es decir, te obligará a elegir aquellos hechos que son relevantes, prescindiendo de los acontecimientos accesorios que podrían corromper la línea de la acción. No solo eso, también te obligará a pensar cómo presentas cada uno de esos acontecimientos para realzarlo y hacer comprender su relevancia al lector, al tiempo que los usas para mantenerlo enganchado a la historia.

Además, también vas a aprender a perfilar el orden cronológico de tus historias, porque te obligará a prestar atención a cómo presentas el paso del tiempo (que en el relato suele ser más breve) para que sea coherente con la línea de acción.

Todo ello podrás replicarlo después en historias largas y novelas, dándoles un trazado cronológico más límpido.

Relación causa-efecto

Pero una buena trama presta atención a un segundo elemento que va más allá de la línea temporal trazada por la sucesión de hechos que conforman la acción. Hablamos de la relación causa-efecto.

Como los alumnos de nuestro Curso de Novela saben, en la novela la relación causa-efecto es básica, porque es la que sostiene (mucho más que el mero orden cronológico) el impulso que hace avanzar la historia hacia su desenlace. No se trata simplemente de que suceda una cosa y después otra, sino de que sucede una cosa porque antes sucedió otra que la originó.

Esa relación, que en la novela es compleja debido a la mayor cantidad de personajes, la mayor duración en el tiempo de la historia y la inclusión de tramas secundarias, en el relato es transparente. Por tanto, al escribir relatos puedes practicar la relación causa-efecto de forma más sencilla para aplicar después lo aprendido a tus novelas.

La tensión

Cada uno de los acontecimientos que componen una narración, sea un relato o una novela, debe engarzarse, como las cuentas de un collar, en un hilo. Ese hilo es la tensión y debe mantenerse tirante para que se aprecie la relación (temporal y causa-efecto) que existe entre cada uno de los hechos que se narran.

De nuevo, la mayor sencillez en el planteamiento de la historia, el menor número de personajes o el que el arco narrativo de estos sea menos complejo (de hecho puede llegar a ser inexistente) va a ayudarte a comprender los mecanismos que mantienen tirante el hilo de la tensión. Y cuando comprendas esos mecanismos podrás replicarlos en tus novelas.

El desenlace

Si hay una narración donde el final sea vital esa es el relato.

Lo hemos dicho ya en innumerables ocasiones: el final debe desprenderse de manera lógica (de ahí la importancia de la relación causa-efecto) de todas las cosas que van sucediendo a lo largo de la historia.

Incluso en esas novelas o relatos que impresionan al lector con sus finales sorpresivos, estos deberían guardar una relación férrea con los que ha pasado antes. Podría decirse que un buen final está ya implícito en el mismo planteamiento primero, porque es en él donde tiene su germen.

El relato te enseñará a conducir la acción hacia su final sin titubeos ni falsos movimientos (simplemente porque en el relato no hay lugar para ellos) y eso redundará en que escribas también mejores finales para tus novelas.

La aclaración sobra, pero merece la pena puntualizar que no hay que inferir, de todo lo anterior, que escribir relatos resulte más sencillo que escribir novelas.

El relato es una composición complicada y exigente, que pide un excelente conocimiento de los elementos del texto literario. Ahora bien, como juega con un número menor de esos elementos, es un buen terreno de prácticas para aprender a manejar algunos de ellos con soltura.

Y como esos elementos son ingredientes básicos de las buenas novelas (ingredientes a los que hay que añadir algunos más, como el desarrollo de personajes o la inclusión de tramas secundarias), pueden ser una excelente escuela si quieres mejorar tus novelas.

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  • Dalila Solórzano dice:

    ¡Hola! ¿Pueden los relatos contener diálogos?

    • sinjania dice:

      Hola, Dalila:

      Por supuesto, los relatos pueden contener diálogos. Te recomendamos que elijas algunas antologías de relatos de varios autores y épocas y los leas para que veas cuánta riqueza narrativa puede contener un relato.

      Un saludo.

  • Muy buen artículo. Ahora que me estoy metiendo más de lleno en el mundo de los relatos mini consejos como los que ofrecen aquí me vienen muy bien para pulir ciertas cosas.

  • Jorge Amorós dice:

    Curioso y contradictorio lo que ustedes dicen sobre la novela y el cuento:
    Monterroso comentaba lo siguiente cuando alguien le decía que estaba escribiendo una novela:
    ¡Ah, te estás entrenando para escribir cuentos!
    Uds. piensan diferente ¿?

    • sinjania dice:

      Hola, Jorge:

      Más bien se trata de un camino de ida y vuelta: del cuento a la novela y de la novela al cuento.

      Como indicamos en el artículo (y basándonos en nuestra experiencia impartiendo cursos de escritura), muchas personas sueñan con escribir una novela. Y se lanzan a ello sin saber manejar los mecanismos de la ficción. Como la novela es más extensa, se pierden y acaban escribiendo algo que no les satisface o incluso acaban por abandonar.

      Para esas personas es un buen entrenamiento el relato, que como pieza más corta prescinde de ciertos elementos (como el desarrollo del personaje) y permite centrarse más en la trama. Ojo, esto no quiere decir que escribir buenos relatos sea sencillo, porque para nada lo es. Pero sí es un buen ejercicio previo que puede dar soltura.

      Es cierto que un novelista que maneje bien la arquitectura narrativa puede ser un excelente cuentista, porque sabe dónde debe podar la historia para ir a lo esencial. Pero, volvemos a lo mismo, hace falta un buen manejo de los recursos y técnicas. Y esos se aprenden muy bien escribiendo cuentos.

      De hecho, después de la “deconstrucción” de la novela con la que jugó el siglo XX, muchos escritores volvieron al cuento como manera de volver a “aprender a narrar” (por decirlo de algún modo). De volver a aprender a montar tramas robustas, que son las propias del cuento. De ahí que el cuento sea un excelente campo de experimentación para los novelistas.

      Pero insistimos en que no queremos decir con esto que escribir relatos sea más sencillo, o que el relato sea un género menor o el hermano pequeño de la novela. Para nada. Quien haya leído a Chéjov lo sabe.

      Un saludo.

  • Juan Pérez dice:

    Todos los consejos que decís son maravillosos. Pero el único secreto que quiero saber es cómo un libro tan sencillo como “El niño con el pijama de rayas” se vendiera como rosquillas: fue traducido a muchos idiomas y aprovechado para una película. Es un ejemplo. Vuelvo a decir que todos vuestros comentarios son maravillosos, pero yo quiero saber el secreto de por qué unos libros triunfan (unos poquitos) y otros (la mayoría) no. ¿Predomina por encima de la bondad de lo escrito, la suerte? ¿Por qué la editorial apostó por este libro, que en parecidas ocasiones hay ochocientos mil?

    • sinjania dice:

      Hola, Juan:

      ¡Qué pregunta tan difícil nos planteas! Sinceramente, creemos que no hay ningún secreto, sino una serie de afortunadas coincidencias.

      En principio deberíamos decir que entra en juego el buen oficio del escritor. Aunque hay muchos libros con buen oficio que no han triunfado y hay muchos libros sin ningún oficio que triunfan.

      Después deberíamos hablar de los gustos del público (que no siempre es el mejor gusto). De nuevo hay libros buenísimos a los que el público no encumbra y libros malísimos a los que sí. Y viceversa, por supuesto.

      Después deberíamos hablar de la capacidad de la editorial para leer los gustos del público y presentarles el libro. Una editorial fuerte (en España El niño con el pijama de rayas lo publicó Salamandra), tiene una gran capacidad de promoción. Pero hay libros publicados por editoriales pequeñas que también tienen éxito de público.

      Por tanto se trata de que varios profesionales (escritor, editor, equipo de marketing, etc.) hagan un buen trabajo. Y también un poco de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado.

      Saludos.

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