El crítico literario no puede ser un disc-jockey

No hace mucho el crítico literario Ignacio Echevarría analizaba en su columna de El Cultural cuál iba a ser probablemente el papel del crítico ante el «cambio estructural que se viene produciendo entre las relaciones del medio con sus destinatarios, de los diarios con sus lectores, del autor con su público».

Es innegable que la frontera entre escritor y lector se ha vuelto porosa. El lector quiere compartir su punto de vista con respecto a cualquier realidad que le concierna; de ahí los miles de comentarios en las noticias de los medios online, aunque esto ya sucedía antaño con las cartas al director (y fue motivo de reflexión para Walter Benjamin). Y ese deseo de compartir su opinión atañe también a la cultura y, evidentemente, a la literatura. Si el lector siempre ha gustado de dar a conocer su opinión sobre el último libro leído, hoy en día la nuevas tecnologías (especialmente los blogs y las redes sociales) han puesto en sus manos las herramientas para hacerlo e incluso llegar a miles de personas.

Pero el radical trastocamiento de la tradicional jerarquía entre artista y espectador va todavía más allá. Hoy en día es cada vez más común que el lector se convierta en autor de una producción literaria propia que, nuevamente gracias a las nuevas tecnologías, puede poner a disposición de otros lectores/autores.

En este contexto, ¿cuál es la labor del crítico literario? Echevarría predice, siguiendo la estela de Reinhard Baumgart, que la figura del crítico tendrá un papel semejante al de un disc-jockey en una pista de baile. Es decir, alguien con la sensibilidad suficiente (que no es mucha, por otra parte) para percibir el estado de ánimo de los bailarines/lectores y proporcionarles la música/literatura en sintonía.

Sin embargo, precisamente en un contexto en el que las barreras entre lector y escritor se han difuminado y cuando el número de obras publicadas (y autopublicadas) no deja de ascender año tras año, la figura del crítico literario —como la del editor— son más importantes que nunca.

Si la labor del crítico literario es someter a juicio las  propuestas editoriales y orientar al lector con honestidad, ese ejercicio debe quedar al margen de modas o intereses comerciales. No debe limitarse a señalar al lector otro libro más semejante a los últimos éxitos de ventas. Por el contrario, debe esforzarse en encontrar y señalar nuevos autores con suficiente calidad, rescatar a los clásicos, descubrir nuevas literaturas…

Ante la avalancha de nuevos títulos en papel y formato digital, los millares de libros provenientes de la edición tradicional y la autopublicación, la labor del crítico literario es más necesaria que nunca. Y poco importa, si la cumple con  honestidad y rigor, si el crítico la lleva a cabo desde un modesto blog o desde las páginas culturales de un importante diario.

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CATEGORÍAS: Crítica literaria

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