Cómo crear atmósferas para mejorar tus novelas y relatos

Cuando ya dominas aspectos como la narración, los personajes, los diálogos o las descripciones llega el momento de ir más allá y añadir un nuevo elemento: la atmósfera.

La atmósfera es un elemento que, cuando se trabaja bien, puede convertir una buena novela en una obra maestra. Por eso hoy queremos darte algunas ideas para que sepas cómo crear atmósferas.

Qué es la atmósfera

La atmósfera narrativa es el clima emocional, el espacio psicológico, que envuelve a narrador y personajes e impera en el texto. Es decir, atañe a la forma en que la historia se presenta. Pero también atañe de forma inequívoca a la manera en que el lector recibirá la obra: Julio Cortázar definía la atmósfera como «ese aura que pervive en el relato y poseerá al lector como antes había poseído, en el otro extremo del puente, al autor».

En resumen, la atmósfera, cuando está bien lograda, es quizás, de entre todos los elementos que componen un texto literario, uno de los que resulta más claramente perceptible para el lector. Mientras que puede permanecer al margen de otros elementos, la atmósfera logra afectarle directamente y consigue que se sienta de manera semejante a como lo hacen los personajes. Por eso es tan afectiva cuando se usa bien.

Todos los relatos y todas las novelas tienen una determinada atmósfera, pero en ocasiones esta es de carácter neutro. En realidad, no todas las historias necesitan una atmósfera destacable, pero ciertos temas sí parecen pedirla. Tal es el caso de novelas de misterio o terror; seguramente se te ocurren numerosos ejemplos de obras de terror o misterio donde la atmósfera juega un papel destacado (es casi imposible escribir este género sin armar buenas atmosferas).

Pero también las atmósferas son básicas en novelas con un fuerte componente nostálgico o aquellas cuyos personajes se encuentran sometidos a una intensa presión que acaba por afectar a su equilibrio psicológico.

Tres ejemplos de atmósferas

Repasemos este fragmento de Lovecraft, el padre y maestro del «horror cósmico», tomado de su relato El ceremonial.

En la negrura inconcebible, más allá del resplandor gangrenoso de la fría llama, en las tartáreas regiones a través de las cuales se retorcía aquel río oleaginoso, extraño, insospechado, apareció danzando rítmicamente una horda de mansos, híbridos seres alados que ningún ojo, ningún cerebro en su sano juicio, ha podido contemplar jamás. No eran cuervos, ni topos, mi buharros, ni hormigas, ni vampiros, ni seres humanos en descomposición; eran algo que no consigo —y no debo— recordar. Daban saltos blandos y torpes, impulsándose a medias con sus pies palmeados y a medias con sus alas membranosas. Y cuando llegaron hasta la muchedumbre de celebrantes, las figuras encapuchadas se agarraron a ellos, montaron a horcajadas, y se alejaron cabalgando, uno tras otro, a lo largo de aquel río tenebroso, hacía unos pozos y galerías pánicos donde venenosos manantiales alimentan el caudal tumultuoso y horrible de las negras cataratas.

Mientras, en el relato de Charlotte Perkins-Gilman titulado El papel pintado amarillo, la autora fabula la experiencia de su propia depresión postparto (cuando ese concepto ni siquiera había sido acuñado), para cuya cura le recomendaron reposo y que abandonara toda actividad intelectual.

Veamos un fragmento de El papel pintado amarillo:

Por fin he descubierto algo, algo de verdad.

He terminado por conseguirlo gracias a una constante observación nocturna, cuando se transforma tanto.

El dibujo principal se mueve, y ¡no me extraña!, pues lo sacude la mujer que hay detrás.

Algunas veces creo que hay muchas mujeres detrás, y otras creo que solo hay una que se arrastra por las paredes con rapidez y hace que todo tiemble a su paso.

Después se detiene en los tramos más iluminados, y en los más sombríos se agarra a los barrotes y los sacude con fuerza. E intenta trepar por ellos y huir continuamente. Pero nadie podría escapar de ese dibujo; es tan asfixiante… Creo que por eso tiene muchas cabezas.

Cuando consiguen atravesarlo, el dibujo las estrangula y las pone boca abajo, y los ojos se les ponen en blanco.

Un ejemplo de atmósfera nostálgica lo encontramos en Rebeca, de Daphne de Maurier. Ya su comienzo evoca la nostalgia por la pérdida de Manderley, la casa solariega del esposo de la narradora y protagonista.

Anoche soñé que había vuelto a Manderley. Me encontraba ante la verja del parque, pero durante algunos momentos no pude entrar. La puerta estaba cerrada con candado y cadena. Llamé en sueños al guarda, pero nadie me contestó, y cuando miré detenidamente a través de los barrotes mohosos de la verja, vi que la caseta estaba abandonada.

No humeaba la chimenea y las ventanucas y sus celosías bostezaban en su abandono. Entonces, como todos los que sueñan, me sentí de repente dotada de una fuerza sobrenatural, y atravesé como un espíritu la barrera que me detenía. Serpenteaba el camino ante mí, retorcido y tortuoso como siempre, pero según avanzaba noté que había cambiado; ahora era estrecho y estaba descuidado, no como yo lo había conocido. Al principio me extrañó y no comprendí lo que había pasado; pero cuando tuve que bajar la cabeza, para no tropezar con una rama que cruzaba el camino, me di cuenta de lo ocurrido. La naturaleza había reconquistado lo que fue suyo y, poquito a poco, con sus métodos arteros e insidiosos, había ido invadiendo el camino, extendiendo por él sus dedos largos y tenaces. El bosque, siempre amenazador, incluso en tiempos pasados, había triunfado al fin. Oscuro y salvaje, llegaba hasta los bordes del camino.

Estos tres fragmentos logran transmitir un estado de ánimo que se repite a lo largo de toda la narración, hasta el punto de que logra infiltrarse en el propio lector, que acabará inmerso en la misma atmósfera. Examinemos algunos de los recursos que sus autores utilizaron para lograrlo.

Recursos para crear atmósferas

Descripciones

Hemos tomado tres fragmentos de tres obras, pero dos de ellos tienen una característica común: las descripciones se han usado no meramente para que el lector se ubique en un espacio físico, sino que han otorgado determinadas cualidades sensoriales a ese espacio que son las que contribuyen a crear la atmósfera.

Así, en el texto de Lovecraft se nos traslada a una maraña de cuevas a las que se accede por la cripta de una iglesia y que conducen a «una inmensa costa fungosa, iluminada por una columna de fuego verde y bañada por un vasto río oleaginoso que manaba de unos abismos espantosos». De allí surge «una horda de mansos, híbridos seres alados» que transportarán en sus lomos a la muchedumbre de celebrantes. A los celebrantes se los ha descrito previamente como personas de «blandura sobrenatural», «anormalmente pulposas»: «cuanto más miraba el rostro suave de aquel anciano, más repugnante me parecía su suavidad. No pestañeaba, y su color era demasiado parecido al de la cera.  Por último, llegué a la plena convicción de que aquello no era un rostro sino una máscara confeccionada con diabólica habilidad».

La descripción del entorno y de los seres que en él se hallan contribuye a crear esa atmósfera arcana, de misterio insondable que emerge de la sima de los tiempos.

Por su parte, Daphne du Maurier nos describe el Manderley al que, de manera recurrente, regresa en sus sueños. Describe las verjas, la caseta del guardia y el camino que desde ellas conduce hacia la mansión. Al margen del estado de abandono del lugar, du Maurier señala una serie de obstáculos que impiden a la protagonista avanzar hacia la que fue su casa: «la puerta estaba cerrada con candado y cadena», tiene que avanzar por un camino estrecho y «bajar la cabeza para no tropezar con una rama que cruzaba el camino». Esos obstáculos simbolizan la incapacidad real de la protagonista de regresar a su hogar destruido, perdido para siempre, y al que solo puede volver en sueños.

Como ves, en estos ejemplos las descripciones tienen un sesgo, no son neutras, meras enumeraciones de formas, colores y tamaños. Se han usado de manera intencional para crear una impresión que afecta a los personajes, por supuesto, pero que traspasa las páginas y llega hasta el lector.

Tal vez ahora que sabes el poder que puede tener una descripción te decidas a prestar más atención a las tuyas.

Lenguaje

Seguro que ya te has dado cuenta del enorme peso que la elección de las palabras tiene en estos fragmentos.

Tal vez el caso de Lovecraft es el más evidente, pues el autor de El ceremonial es un maestro a la hora de crear frases resonantes —que atraen sobre sí mismas la atención del lector y de las que casi se diría que resultan poéticas— para describir con ellas el horror; pero también Perkins-Gilman y du Maurier demuestran una gran pericia.

Como es natural, los adjetivos juegan un papel importante a la hora de crear atmósferas sirviéndose del lenguaje. Repasemos algunos de los que usa Lovecraft para ver cómo afectan al nombre al que acompañan. La negrura es «inconcebible», el resplandor de una llama es «gangrenoso», el río, «oleaginoso, extraño, insospechado» y «tenebroso».

La narradora de Perkins-Gilman nos habla de «observación nocturna» y de que el papel pintado en el que se halla su narradora es «asfixiante». Respecto al papel, antes nos ha dicho: «En mi vida he visto un papel más feo».

Es lo suficientemente apagado como para confundir a quien lo observa, lo suficientemente pronunciado para irritar e inducir a su estudio de continuo, y, si sigues sus curvas inciertas y poco convincentes durante un pequeño trecho, verás que de repente se suicidan: se sumergen en ángulos atroces y se destruyen a sí mismas en insólitas contradicciones. El color es repulsivo, casi repugnante: un ocre sucio y reprimido, curiosamente descolorido por el lento avance de los rayos del sol. En algunos sitios se torna en un naranja apagado aunque penetrante; en otros adquiere un tono sulfúreo y empalagoso.

En la descripción del papel la escritora usa adjetivos como «apagado», «repulsivo, «repugnante», «sucio», habla de curvas «inciertas» y ángulos «atroces».

Por su parte, Daphne du Maurier nos dice que los barrotes de las verjas de Manderley son «mohosos», el camino es «retorcido y tortuoso», «estrecho» y «descuidado», los métodos de la naturaleza para recuperar lo que fue suyo son «arteros e insidiosos» y el bosque «amenazador», «oscuro y salvaje».

En los tres casos, la riqueza de la adjetivación contribuye no solo a crear imágenes vívidas, sino a construir sensaciones. Pero también los verbos juegan un papel importante en estos fragmentos.

En El ceremonial el río se retuerce, los seres danzan rítmicamente y se impulsan a medias. En El papel pintado amarillo se descubre que el papel se mueve. La mujer que la narradora cree haber descubierto apresada en él se arrastra y todo tiembla, se agarra a los barrotes que el dibujo parece representar, los sacude, intenta trepar y huir, pero el dibujo la estrangula. Mientras, en Rebeca las ventanucas bostezan, el camino serpentea, la naturaleza invade.

Asimismo los nombres también cumplen un papel. En Lovecraft encontramos negrura, resplandor, horda, sano juicio, muchedumbre; y la elección del diminutivo «ventanuca» no es casual en du Maurier.

Todas esas palabras, nombres, adjetivos y verbos, han sido elegidos para crear un estado en el personaje y una impresión en el lector.

La experiencia del personaje

Hemos repasado cómo la acertada elección de las palabras con las que se construyen las descripciones de los espacios, los seres y los objetos que intervienen en la historia contribuye a crear atmósferas. Pero si lo hace es porque a través de esos recursos se logra transmitir de forma elocuente el estado de ánimo del personaje que se relaciona con esos seres, espacios y objetos.

Como el escritor no dispone de otro material, esa sensación se transmite de nuevo mediante las palabras.

El narrador de Lovecraft nos habla de algo que «ningún cerebro en su sano juicio ha podido contemplar jamás» y apostilla: «eran algo que no consigo —y no debo— recordar». De ese modo nos transmite la idea de algo tan horrible que puede llevar a un hombre a la locura y que, por eso, es mejor no recordarlo.

En el relato de Charlotte Perkins-Gilman la narradora se obsesiona con el papel que decora la habitación donde debe guardar reposo, porque tiene vedada cualquier otra actividad y solo puede dedicarse a reseguir el dibujo del papel pintado. La narración va refiriendo un estado de ánimo cada vez más oscuro e inestable, a medida que la propia identidad del personaje se desdibuja para convertirse en la mujer que vive prisionera en el dibujo del papel pintado amarillo.

Ya hemos hablado de cómo Daphne du Maurier usa los obstáculos que impiden a la protagonista avanzar hacia la casa para simbolizar la imposibilidad de la joven de regresar a la casa destruida. De ese regreso imposible, de ese exilio, emana la atmósfera de nostalgia que pespuntea toda la obra. A pesar de que la protagonista no fue realmente feliz en la mansión señorial de su esposo, no puede evitar recordarla con añoranza.

Ahora te toca a ti. Examina aquellos libros cuya atmósfera te haya impactado y fíjate en las técnicas y recursos que el escritor ha empleado para conseguirlo. Anótalos en tu diario de lecturas para repasarlos cuando te plantees crear atmósferas en tus propios textos.

Y si quieres mejorar en el empleo de este recurso, no te pierdas el Curso de Escritura Creativa. En él se les dedica todo un tema a las atmósferas y tendrás que hacer un ejercicio para poner en práctica lo visto a nivel teórico que tu profesora revisará y comentará contigo para ayudarte a mejorar en la construcción de atmósferas.

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¿Te parece difícil crear atmósferas? ¿Te habías detenido a pensar cómo las palabras construyen sensaciones? ¿Es algo que ya haces? ¿Se te ocurren otras formas de hacer aflorar una atmósfera que no hemos mencionado en el artículo? Tu opinión nos interesa.

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  • Buen artículo, repasaré mis escritos y pondré más atención en mis descripciones, sobre todo aquellos donde expreso estados de ánimo de mis personajes. Gracias, es de mucho valor para mí.

  • Estoy muy de acuerdo que en su época estos libros tuvieron éxito igual que muchos otros, en una de las partes de Retorica de Aristóteles hablaba de una combinación y separación de la poesía y la literatura, muchos estaban en contra y muchos a favor pero en definitiva este tipo de lenguaje se usaba por entonces o está escrito por algún escritor fan de ese género de habla (escritura) y a su tiempo esta escrito para os que siguen admirando ese género.

    No digo que este mal, a mi me gusta mucho la poesía, igual que me gusta las tartas y las patatas fritas, pero no me veras metiendo patatas fritas en una tarta de chocolate.

    Por ejemplo, podríamos decir:
    Mientras la joven estaba sentada observando por la ventana como el viento mueve lentamente las hojas amarillentas del árbol, la puerta chirrió detrás de ella al abrirse lentamente…
    A mí esto me parece simple y bonito y da una sensación de a la atmosfera.
    O podríamos decir:

    Mientras la joven en sus suspiros amorosos que inundaban la habitación de su soledad observaba el espacio abierto del patio abatido del viento que gira en circulo abatiendo con su dolor las hojas moribundas del árbol tan solo como ella misma, la puerta estallo en un grito de amargor y desesperación mientras se abre movida por el vacío fantasmagórico de la desesperación, dando paso a una desconocida experiencia poseída de la muerte en su corazón ya fenecido…
    Hay personas que pueden disfrutar una exageración semejante pero realmente no hablamos así, los sentimientos los sentimos no los nombramos, nuestra mente fluye más rápido si damos pasos a esos sentimientos en vez de nombrarlos a través de las palabras del escritor, una exagerada descripción del entorno para crear una atmosfera a la fuerza puede dar una impresión de falsedad.

    A lo mejor, (yo no sé mucho de esto, pero) a lo mejor se debería conseguir una atmosfera mas natural por lo menso en día de hoy debería ser así, hay que dar a la atmosfera presentada una atmosfera lo más parecida lo posible a como seria si lo que ocurre en la novela ocurriese en la realidad.

    Hay que saber que escribimos, una novela, una obra de teatro o un poema, hay ingredientes que se pueden mesclar y hay otros que se repelan, busquen bien.

    Y usar palabras que solo existen en los diccionarios de hace 2000 años para dar al lector la idea de que el/la escritor/a es una persona muy culta puede destruir una obra magnifica.

    No obstante: Sabemos cómo fue antes pero no sabemos como será en el futuro por lo tanto experimentar con sus ideas podría dar lugar a una nueva formula de esperarse y crear entornos magníficos.

    Buena suerte.
    George R3

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