Cómo describir lugares y personajes con intención

Aprender a describir lugares y personas con claridad es una habilidad vital para todo escritor.

Aunque muchos escritores noveles las desprecian o las infrautilizan, las descripciones también son uno de los medios de los que te puedes servir para hacerte con la atención del lector y mantenerlo absorto.

Si no eres capaz de hacer buenas descripciones de los lugares en los que transcurre la acción de tus novelas no lograrás situar al lector de forma vívida en la escena que se está desarrollando ante sus ojos.

Lo mismo sucede si no eres capaz de describir con fluidez a los personajes que desarrollan la trama. Sin una imagen clara, ¿cómo podrá el lector empatizar con ellos?

Además, y como vimos en el artículo de la semana pasada, las descripciones de lugares y personajes ayudan a reforzar el estado de ánimo de los protagonistas y a transmitírselo con efectividad al lector, creando atmósferas.

El escritor que domina las descripciones tiene una gran parte del camino hecho para escribir buenas historias, porque en las descripciones —en cómo las hace y en cómo las usa– el escritor puede demostrar su maestría.

Si quieres aprender cómo describir lugares y personajes con claridad e intención, repasa las siguientes recomendaciones.

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1. Incluye descripciones a lo largo de tu historia

La primera recomendación es que te acostumbres a incluir descripciones en tus narraciones. Muchos escritores principiantes os olvidáis por completo de ellas y la acción de vuestras historias sucede en espacios en blanco, de los que de vez en cuando emerge un objeto o un personaje.

Escribir es, en gran parte, describir. Sin apoyarse en la descripción de paisajes, personas, habitaciones, calles, animales, ropas, objetos, plantas… ¿cómo crear ese mundo de palabras que habitan los personajes y en el que el lector también va a vivir durante una temporada?

Si en tus obras no hay descripciones, empieza a incorporarlas desde hoy.

Pero hemos hablado de describir lugares y personajes con intención, con un propósito, para que las descripciones cumplan un papel en la trama que vaya más allá de lo evidente: decir cómo son los personajes y el mundo que habitan.

Y uno de los papeles que las descripciones pueden cumplir cuando se usan con tino es contribuir a dar cohesión a la obra. ¿Cómo? Creando vínculos entre las distintas partes de la narración al incidir en aspectos que ya se le han presentado al lector previamente.

Lo vemos con un par de ejemplos.

En la novela Expiación, de Ian McEwan, toda la primera parte transcurre en la mansión familiar, en donde ocurre un grave suceso que marcará a los personajes de por vida. Esa mansión se describe brevemente al comienzo del capítulo segundo:

Ni el sol matutino ni cualquier otra luz podía ocultar la fealdad de la casa Tallis, que apenas contaba cuarenta años y era achaparrada, de un ladrillo anaranjado vivo y de un estilo gótico baronial con cristales emplomados […]. Allí se alzaba una casa de estilo Adam hasta que un incendio la destruyó a finales de 1880. Lo que subsistía era el lago artificial y la isla con sus dos puentes de piedra que sostenían el camino de entrada, y, a la orilla del agua, un templo de estuco en ruinas. El abuelo de Cecilia, que había medrado con una ferretería y labrado la fortuna familiar con una serie de patentes de candados, cerrojos, pestillos y picaportes, había impuesto a la nueva casa su gusto por las cosas sólidas, seguras y funcionales.

La fealdad de la casa y el gusto por las cosas sólidas del abuelo vuelven a mencionarse en diversas ocasiones a lo largo de la narración.

Realzaban el efecto asfixiante los paneles de madera oscura que arrancaban del suelo y revestían el techo, y el único cuadro del comedor, un vasto lienzo que colgaba sobre un manto de chimenea sin iluminar desde su construcción […]. El retrato, al estilo de Gainsborough, mostraba a una familia aristocrática —padres, dos chicas adolescentes y un niño, todos ellos de labios finos, y pálidos como demonios necrófagos— posando delante de un paisaje vagamente toscano. Nadie sabía quiénes eran, pero era probable que Harry Tallis pensara que darían una impresión de solidez a su casa.

De ese modo, no solo se van completando las imágenes de los lugares por los que los personajes se mueven, ayudando a que el lector pueda representárselos, sino que se ofrece una impresión de trabazón, porque hay ciertos elementos que recorren la narración de principio a fin. Es decir, las descripciones se vuelven también estructurales y contribuyen de ese modo a sostener la historia.

Lo mismo sucede con las descripciones de los personajes, que pueden colaborar a subrayar cierto rasgo del personaje, al tiempo que reforzar la solidez de la narración. En Expiación se nos dice que Briony, la hermana menor, suele llevar sucia la ropa, como forma de destacar su carácter infantil, justamente para marcar la salida de la infancia que le acontecerá en la primera parte de la novela.

Podría haberse cambiado de vestido esa mañana. Pensó en que debería cuidar más su apariencia, como Lola. Era pueril no hacerlo. Pero qué esfuerzo representaba. […]. Atenazada por la opresión, la niña se levantó. El polvo del zócalo le había ensuciado las manos y la espalda del vestido. Enfrascada en sus pensamientos, se limpió las manos con la tela de la falda y se dirigió a la ventana.

Sabemos que Briony no se ha cambiado de vestido y que probablemente lleva la misma ropa que el día anterior. Además, al sentarse en el suelo, mancha su vestido; no solo eso, también se limpia las manos con la falda. Más tarde repetirá de nuevo ese gesto: «Bajó hacia atrás, agarrándose a las matas de hierba, y al llegar abajo solo se detuvo a limpiarse las manos en el vestido». Su propia madre piensa de ella que «siempre parecía necesitar un lavado y un cambio de ropa».

Ese volver sobre un detalle o aspecto que ya se ha mencionado sirve para dar no solo cohesión, creando una estructura sólida, sino también realidad a lo narrado. Como en la vida real, el lector se encuentra una y otra vez con determinados aspectos de un lugar o una persona y eso contribuye a transportarle a un mundo que parece auténtico, denso y estable.

2. Usa las descripciones de lugares para reforzar a los personajes

Las casas en las que vivimos, nuestras habitaciones, revelan mucho de nosotros. En ellas están nuestros objetos personales, nuestros recuerdos, los objetos que usamos y contemplamos a diario. Esos espacios tienen nuestra impronta y, por ello, revelan mucho de nosotros.

Por eso la descripción de un lugar puede decir mucho del personaje que lo habita. Y, de hecho, la descripción de sus pertenencias puede servir de excelente hilo conductor para permitirte contar cosas sobre él y dárselo a conocer al lector de ese modo.

Así lo hace Ian McEwan con la habitación de Robbie:

Apilados en un rincón, sus avíos de excursionista: botas, piolet, morral de cuero. Una mesa de cocina con marcas de cuchillo ocupaba casi todo el espacio. Inclinó hacia tras la silla y contempló el escritorio como quien contempla una vida. En un extremo […] estaban las carpetas y los cuadernos de ejercicios de los últimos meses de preparación de los exámenes finales […]. Posados parcialmente encima, había algunos de sus mapas de ruta, del norte de Gales, de Hampshire y de Surrey, y del abandonado viaje a pie a Estambul, y una brújula con un espejo de observación rajado […]

Más allá de la brújula estaban sus ejemplares de los Poemas de Auden y El chico de Shropshire, de Housman. En el otro extremo de la mesa se apilaban diversos libros de historia, tratados teóricos y manuales prácticos de jardinería paisajística. Había diez poemas escritos a máquina debajo de una nota impresa de rechazo de la revista Criterion, con las iniciales del propio Eliot. Más cerca de Robbie estaban los libros que le interesaban en aquel momento. La Anatomía de Gray estaba abierto con una lámina de dibujos hechos por el propio Robbie. Se había fijado la tarea de dibujar y memorizar los huesos de la mano. […]

En el espacio más lejano del escritorio, diversas fotografías: el elenco de Noche de Reyes en el césped de la facultad […]. Había otra foto de grupo en la que estaba rodeado por los treinta niños franceses a los que había dado clase en un internado cerca de Lille. En un marco de metal belle époque, tiznado de cardenillo, había una foto de sus padres, Grace y Ernest, tres días después de su boda. […]

En otro sitio, desperdigadas entre las notas de repaso, los libros de jardinería y los de anatomía, había cartas y postales: cartas de tutores y de amigos que le felicitaron por su primer puesto académico y que todavía le agradaba releer, y otras que interrogaban con cautela sobre su siguiente paso. […]

Con esta larga y pormenorizada descripción de la habitación de Robbie Turner, McEwan nos cuenta mucho de su personaje. Robbie es un joven brillante que ha terminado sus estudios universitarios de letras (ha alcanzado el primer puesto de su promoción) y se prepara para ingresar en la facultad de Medicina. Le interesa la jardinería, hace excursiones, le gustan el teatro y la literatura… Robbie tiene un prometedor futuro por delante, que se frustrará debido a lo que acontecerá en la mansión Tallis. Y, en el futuro, él no dejará de darle vueltas a lo que pudo haber sido y no fue, a todas esas promesas malogradas. Pero sin esta presentación, mediante una descripción, de sus aspiraciones y esperanzas, parte de lo que le sucede a Robbie no se comprendería.

3. Haz que las descripciones vayan más de la apariencia externa

Esta tercera recomendación es sobre todo recomendable cuando se describen personajes: no te limites a describir su apariencia externa. Por supuesto que puedes indicar el color de sus ojos, de su pelo o de su piel, pero puedes ir más allá y buscar rasgos que nos cuenten cosas sobre su carácter o su psicología.

El color de los ojos o del cabello permite desde luego que el lector se haga una imagen externa del personaje, pero no le proporciona ninguna información sobre su personalidad. De hecho, el color de ojos, piel o pelo es bastante limitado: rubio, castaño, moreno, pelirrojo, piel clara, piel oscura o pecosa, ojos azules, negros, verdes o marrones. De modo que las descripciones pueden resultar estereotipadas o bien extenderse en detalles (del tipo «tenía los ojos castaños con matices dorados») que, de nuevo, no nos cuentan nada acerca del carácter del personaje.

El narrador de Expiación nos dice de Cecilia que «sus ojos eran oscuros y contemplativos». McEwan no especifica su color, solo indica que son oscuros, y añade el adjetivo «contemplativos», que parece atañer más a la personalidad de la dueña de los ojos, que a los ojos mismos.

Ya hemos visto como Ian McEwan nos presenta a Briony como una niña que siempre parece necesitar un lavado y un cambio de ropa. Mientras que de Paul Marshall se dice que «De la ceja le salían unos cuentos pelos negros, espesos y rizados, y de los orificios de las orejas le brotaba idéntica vegetación, cómicamente ensortijada como vello púbico», lo que otorga de inmediato un cariz desagradable al hombre, que confirmará su papel en la trama.

Las descripciones físicas también pueden usarse de modo que ayuden a presentar un contraste con el carácter del personaje. Ese es el caso de sor Marjorie Drummond, la monja al cargo de las estudiantes de enfermería: su aspecto maternal contradice la severidad de su trato.

Todas temían a sor Marjorie Drummond, su exigua sonrisa amenazadora y la suavidad de sus modales antes de estallar en cólera. En otro contexto, en otra profesión, su cuerpo rechoncho habría resultado maternal, o hasta sensual, pues sus labios sin pintar poseían un intenso color natural y dibujaban un dulce arco, y su cara de mejillas redondas y coloretes saludables de muñeca sugería un carácter bondadoso.

4. Elige bien las palabras

Las descripciones en ocasiones fallan porque el lenguaje con el que están compuestas, en especial los adjetivos, resulta plano, poco plástico. Elegir bien cada palabra es un arte en sí mismo, de hecho, es el arte que mejor debe dominar un escritor; y eso se hace evidentemente cierto a la hora de describir.

Escribir, y especialmente describir, implica el reto (y la oportunidad) de experimentar en busca de la imagen que sea tanto certera como exacta.

Escribir una novela es una oportunidad para jugar, experimentar, encontrar la imagen fresca y precisa. A la hora de describir lugares y personajes, detente a pensar en la especificidad de las palabras descriptivas que elijas, especialmente de los adjetivos.

Por ejemplo, en Expiación, los primos de los Tallis, que han sido acogidos en la casa familiar debido a que el matrimonio de sus padres está a punto de desmoronarse, son pelirrojos y pecosos. El narrador apunta: «La piel de sus primos era demasiado nítida, casi fluorescente». La blancura de la piel de Lola, Pierrot y Jackson podría haber sido descrita de muchas maneras, pero el decir que era «casi fluorescente» hace que el lector imagine de inmediato su palidez y brillo.

Del sol que atraviesa una puertaventana se dice que forma unos «paralelogramos de luz» sobre la alfombra azul pólvora. La elección de la palabra «paralelogramo» permite que el lector se represente con nitidez los rectángulos que el sol forma sobre el suelo al atravesar los cristales de la puertaventana.

5. Desarrolla un rico vocabulario

Como es natural, escribir buenas descripciones —escribir bien en general— implica un buen dominio del lenguaje que pasa necesariamente por disponer de un vocabulario amplio que te ayude a elegir la mejor palabra, la más expresiva y acertada.

Es hora de que comiences a prestar atención a las palabras que usas, pero también a las que usan otros. Porque, como ya puedes suponer, es leyendo como un escritor amplía y enriquece su vocabulario. Aunque ese es el método básico (y más divertido) aquí te damos algunas ideas más para mejorar tu vocabulario.

Y, mientras lees, fíjate en cómo usan las descripciones los otros escritores, con qué palabras las construyen, qué imágenes eligen para que el lector pueda recrear todo el complejo mundo de lugares, personas y objetos que han creado para él.

¿Acostumbras a incluir descripciones en tus obras o eres de los que creen que son partes que el lector se saltará?, ¿te habías fijado ya en cómo la descripciones —de su apariencia o de sus estancias— pueden contarnos mucho de los personajes? ¿Qué otros trucos tienes tú para construir descripciones vívidas y nítidas? Hoy hablamos de las descripciones en los comentarios.

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2 COMENTARIOS


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  • Hola

    Las descripciones que han puesto son espectaculares, la parte de la habitación se me ha hecho larga y pesada, pero impresionante.

    En mi caso, (vuelvo a decir que no tengo ni idea de lo que hablo), yo prefiero dar las descripciones más cortas introducidas en el transcurso de la historia que se introduzca poco a poco de modo que el lector descubra a los personajes al ritmo deseado y al momento deseado.

    Por ejemplo:
    El pequeño Toni jugaba solo a la pelota en el patio delantero, corre enérgicamente de un lado a otro girando con la pelota entre sus pies, golpeándola para arriba y parándola con el pecho, la pelita le dejo varias marcas de baro sobre la ropa y uno de los cordones se le había desatado, su madre llego de la compra cargada de bolsas, él se paró un momento y prosiguió con su juego, mientras la mujer se esforzaba en mover las bolsas para poder agarrar el picaporte y abrir la puerta, en sus esfuerzos una de las bolsas se le cae, dejando que las manzanas salgan rodando. Toni recoge su pelota y se acerca.
    – ¿Manzana? No me gustan las manzanas, ¿me has traído caramelos?
    La madre le mira con el rostro sudado y casi sin aire.
    – Lo siento querido, los caramelos son malos para los dientes (dijo la mujer mostrando una amable sonrisa) pero preparare unas deliciosas manzanas al horno, ¿me ayudas a recogerlas?
    – ¡No! Yo quiero caramelos (contesto él y enfurruñado da una patada a una de las manzanas haciéndola volar hasta la carretera)

    Esta claro de lo descuidado, mimado y maleducado que es ese crio, la descripción se ha entregado a través de sus actos ante los acontecimiento, mas adelante se podría describir su habitación, de la misma forma, mientras el esta en la bañera por ejemplo; contaríamos como su madre después de meterle en la bañera y meter las manzanas en el horno, va recogiendo la ropa de todas partes de su habitación para poder hacer la colada, eso daría una descripción de su habitación y de el su comportamiento y gustos y al mismo tiempo de la madre trabajadora, que se sacrifica por su hijo, como su amor la siga y no ve como lo malcría. A continuación podemos poner como el cansancio de la madre (o alguna tontearía que el niño hace en el baño) hace que se la pase el tiempo y se queman la manzanas, donde las quejas del niño que antes dijo que no le gusta las manzanas pero ajora se queja por no tenerlas, nos muestra más características de su malgenio y maltrato a la madre; más adelante podemos poner una enfermedad a la madre y su fallecimiento lo que deja al niño malcriado solo, aquí es nuestra decisión como avanza, podemos hacer que aprenda la lección y el personaje cambie radicalmente dando igualmente descripciones en el transcurso de la historia, o podemos mantener su mala educación y llevarle por un camino de villano, y a su perdición.
    Lo que quiero decir es que a mi me gusta mas descubrir al personaje y ver su evolución en el transcurso de la historia, de que me describa un personaje y que tenga que cargar con eso toda la historia.

    Supongo que también depende de gustos.

    Hasta luego y Buena suerte

    George R3

    • Hola, George:

      Así es exactamente como lo hace Ian McEwan en Expiación (y tantos otros autores en sus obras). Ten en cuenta que solo hemos copiado algunos fragmentos significativos, pero si lees la novela completa verás que imbrica la descripción en la acción tal como tú apuntas.

      Saludos.

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