Qué es el suspense y cómo usarlo

Año tras año, los thrillers y las historias de suspense y misterio dominan las listas de los libros más vendidos. Parece claro que a los lectores les gusta el suspense. Ahora bien, escribas o no estos géneros, lo cierto es que te interesa saber manejar este recurso. Porque el suspense es uno de los ingredientes de una buena trama.

En el artículo de hoy vamos a tratar de examinar qué es el suspense, qué aporta a la trama y cómo puedes incorporarlo en tus obras.

Qué es el suspense

Empecemos por definir qué es el suspense.

El diccionario de la Real Academia lo define como «Expectación impaciente o ansiosa por el desarrollo de una acción o suceso, especialmente en una película cinematográfica, una obra teatral o un relato».

Subrayemos las palabras expectación impaciente. Es decir, el lector se siente impaciente por conocer cómo se desenvolverán los acontecimientos. Pero ¿de dónde surge esa expectación? De la incertidumbre.

El suspense es el elemento de una narración que crea incertidumbre acerca de lo que sucederá. Esa incertidumbre se relaciona con los objetivos del protagonista, con lo que está en juego para él, porque el lector se pregunta si el personaje conseguirá lo que quiere o no. Es precisamente averiguarlo lo que espolea al lector a seguir leyendo.

Es importante distinguir entre el suspense como género y el suspense como elemento de una historia. Si bien los thrillers y las narraciones de suspense y misterio tienen tramas que dependen del suspense, en realidad es crucial que toda obra contenga suspense de alguna manera.

La expectación por lo que sucederá no surge necesariamente en función del género de la historia; aunque, naturalmente, si escribes novelas de suspense este será uno de los ingredientes principales de tus tramas y tendrás que ser todo un maestro en aplicarlo y graduarlo.

El lector está expectante también cuando lee una novela psicológica, una novela romántica o cualquier tipo de novela. Servirse del suspense no es privativo de los autores que escriben thriller, misterio o novela negra. De hecho, como ya hemos dicho, servirse del suspense colabora de manera decidida a construir buenas tramas. Y seguro que tú quieres construir una buena trama, aunque tu novela no sea de suspense.

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Por qué funciona el suspense

Convengamos entonces en que el suspense es un elemento imprescindible en cualquier novela o relato. Y lo es por cómo funciona nuestro cerebro y, en concreto, por cómo funciona nuestro cerebro lector.

Ya hemos visto que el suspense se relaciona con la incertidumbre. Y la vida humana es incierta. Ninguno de nosotros sabe lo que le va a pasar, por eso todos especulamos y hacemos pronósticos. Nuestro cerebro está programado para «leer» las situaciones y hacer predicciones de futuro. Si llegas tarde de forma rutinaria al trabajo, sabes que es posible que te amonesten e incluso que te despidan. Si pides una cita a esa chica que te gusta y te dice que sí es posible que entabléis una relación amorosa…

Analizar las situaciones y extraer consecuencias de ellas es una destreza evolutiva que nos ha permitido permanecer a salvo durante milenios. Y continuamos usándola cada día.

Esa destreza, además, tiene también aplicación cuando las situaciones que analizamos no son las de nuestra propia vida, sino las de historias de otras personas e incluso las de historias inventadas. Cuando a la luz de las hogueras nuestros ancestros contaban historias —inventadas o reales—, los oyentes eran capaces igualmente de hacer pronósticos y sacar conclusiones a medida que recibían la información. Y ocurre exactamente lo mismo cuando leemos.

Cuando leemos, examinamos las piezas dispuestas por el narrador con el objetivo de predecir y anticipar lo que podría suceder en la historia. El suspense no es otra cosa que la incertidumbre que el lector trata de resolver, formulando hipótesis sobre lo que podría suceder y avanzando con entusiasmo por la historia para ver si tiene razón.

Manejar el suspense consiste en manejar de manera adecuada las piezas de información que componen una narración. Pero, cuidado, ese manejo no implica necesariamente ocultar o retener información para mantener al lector a oscuras. Antes bien, es aconsejable dosificar la información de manera que permita al lector unir las piezas por sí mismo, para convertirlo así en un participante activo e involucrado en la construcción de la historia.

Permitir al lector desarrollar sus hipótesis siempre es bueno. El lector, que desea saber si tiene razón, avanza por la historia para averiguarlo. Si ha atinado, recibe la recompensa del acierto. Si no lo ha hecho, recibe la recompensa de la sorpresa, porque la acción transcurre por derroteros que él no ha sabido prever.

Ambas opciones son deseables. Y una buena trama es la que ofrece al lector las dos posibilidades: acertar unas veces y sorprenderse otras.

Cómo usar el suspense

El suspense es, por tanto, uno de los elementos de cualquier trama. Se relaciona directamente con la dosificación de la información. Tienes que presentar las piezas de información que componen la historia de manera que el lector se haga preguntas, pero también que pueda apostar vaticinios.

Tienes que aludir a su curiosidad. De hecho, la curiosidad es probablemente lo que nos impulsa a adentrarnos en las páginas de una historia. Algo en ella: el título, la sinopsis del argumento, el tema o el autor… nos llama la atención y causa nuestra curiosidad. Así que ella nos impulsa a comenzar a leer.

De hecho, es por la curiosidad que acicatea al lector por lo que no es necesario que las primeras páginas de una novela sean impactantes. En ese primer momento es la curiosidad la que lo impulsa: aunque no juegues tus mejores bazas para epatarlo, seguirá igualmente adelante porque quiere satisfacer esa primera curiosidad que lo impulsó a elegir ese libro y no otro.

Si juegas con la curiosidad de tu lector a lo largo de la trama, si lo impulsas a plantearse preguntas y a hacer predicciones habrá suspense en tu novela.

Hemos dicho que el suspense crea incertidumbre acerca de lo que sucederá. Y que esa incertidumbre se relaciona con los objetivos del protagonista, con lo que está en juego para él, porque el lector se pregunta si el personaje conseguirá lo que quiere o no.

Eso significa que el suspense emana en gran parte del conflicto y de cómo lo plantees. El conflicto de tu historia se materializa en obstáculos que el personaje debe superar, en metas que debe alcanzar, en problemas que debe resolver… Y el suspense se hace manifiesto porque el lector trata de aventurar si el personaje será o no capaz de superar los conflictos, alcanzar las metas y resolver los problemas. Ya sabes: el lector hará sus pronósticos y seguirá leyendo para saber si ha acertado.

Por último, el suspense se relaciona íntimamente con la forma en que has presentado tanto al personaje como a su historia. Si no logras hacer atractivo a tu personaje, si no consigues que el lector sienta empatía por él, simplemente no habrá suspense. Porque si el personaje deja indiferente al lector, si este no se involucra con lo que le sucede, es evidente que el lector no se molestará en lanzar hipótesis y hacer vaticinios. No habrá curiosidad y el lector avanzará por la historia pasivamente, por tanto, sin disfrutar.

Esperamos que esta pequeña explicación te haya permitido comprender que el suspense es un ingrediente que forma parte (o debería) de todas las obras literarias. Incorpóralo a las tuyas, incluso si el suspense no es tu género.

En resumen, juega con la curiosidad del lector, haz que se pregunte si el personaje alcanzará o no sus objetivos y ocúpate de que tu personaje y su historia no sean indiferentes al lector. Con todo ello lograrás introducir el suspense en tu historia.

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