Leer no es sexi

Hoy es el Día del Libro y en circunstancias más felices lo estaríamos celebrando por todo lo alto. Con firmas de libros, puestos en las calles, flores y mucha alegría. Desde luego los lectores, escritores, libreros y editores nos merecemos un día para festejar unidos aquello que tanto amamos.

El problema viene después, cuando la fiesta termina y regresamos a la cotidianidad de los índices de lectura (y ventas) en descenso. Entonces constatamos la realidad: que los libros nos importan a muy pocos, porque a la mitad de la población (siendo optimistas) no le gusta leer.

De cifras de lectura y de por qué deben preocuparte si eres escritor hablamos el año pasado por estas fechas.

En España llevamos ya muchos años de campañas de promoción de la lectura. Pero habida cuenta de que los índices de lectura no dejan de descender, parece que no están funcionando. ¿Por qué?

Por qué fallan las campañas de promoción de la lectura

La respuesta no es sencilla, pero sí podemos señalar varios factores que influyen en la desafección que el grueso de las personas siente por la lectura.

El primero es, obviamente, nuestro estilo de vida. Llevamos vidas rápidas, aceleradas, con multitud de ocupaciones y obligaciones que no le dejan mucho espacio a una actividad que requiere tiempo y cierto sosiego, como lo es la lectura.

Aunque esa es una realidad innegable, no es menos cierto que tampoco nos afanamos mucho en hacerle hueco en nuestras rutinas diarias a la lectura. La posponemos en favor de otras actividades y esperamos que en algún momento alguien nos regale el tiempo que decimos necesitar para sentarnos tranquilamente a disfrutar de un libro.

La realidad es que nadie te va a regalar ese tiempo si no te lo regalas tú. Con la lectura sucede como con la escritura: eres tú quien debes organizar tu día a día y procurarte el tiempo preciso para dedicarle a aquello que amas y que deseas hacer. No pongas la culpa fuera (el trabajo, la familia, la casa…), porque la solución está en tu mano. Tendrás que reorganizarte, tendrás que acomodar tu agenda, tal vez tengas que renunciar a alguna otra ocupación. Para leer, como para escribir, debes ser tú quien encuentre el tiempo.

La falta de tiempo es la excusa por antonomasia, pero en muchos casos no es más que eso: una simple excusa. La verdad desnuda es que mucha gente no lee porque no quiere, a lo mejor simplemente porque no le gusta.

Pero la lectura continúa teniendo una pátina que nos gusta que nos recubra. O, en el peor de los casos, hay una especie de convención social de que es «algo que conviene hacer», como sucede con el ejercicio. Por eso a nadie le gusta confesar abiertamente «No leo porque no me gusta» o «No hago ejercicio porque no quiero». La respuesta válida socialmente es «No tengo tiempo».

Como es natural, no a todos nos tienen que gustar las mismas cosas, el mundo sería un lugar muy aburrido si así fuera. Por lo tanto, si no te gusta leer no pasa nada (a no ser que quieras ser escritor, en cuyo caso tienes un serio problema).

Pero, aunque es normal que leer no le guste a todo el mundo, también es normal que en nuestra sociedad guste cada vez menos. Vivimos en una sociedad hiperconectada, en la que una actividad potencialmente solitaria como lo es la lectura queda totalmente desplazada. ¿Os imagináis el Instagram de una persona que tarde tras tarde cuelgue un selfie leyendo? La misma butaca, la misma lámpara, el mismo libro durante varios días (e incluso semanas). Por más que los memes de las redes sociales digan lo contrario leer no es sexi.

Todavía más, vivimos en la sociedad de la satisfacción inmediata. Compro algo en Amazon hoy y mañana lo puedo tener en mi casa. Pero un libro no se lee en una tarde y uno no se convierte en un buen lector de un día para otro. Y la realidad es que, para disfrutar de la lectura de ese modo que conmueve todas las fibras de tu ser y hace que sea algo sin lo cual no puedes entender tu vida, hace falta ser un buen lector. Y, por ende, hace falta haberle dedicado mucho tiempo a la lectura.

Tal vez las campañas de promoción de la lectura fracasan porque tratan de convertir el libro en un objeto de consumo más. En algo que te hace sexi, algo que puedes fotografiar y compartir en redes, que puedes consumir rápido y pasar a otra cosa. Pero la realidad es que esas no son las cualidades de la lectura ni las de los verdaderos lectores, por eso esas campañas están condenadas al fracaso. Prometen algo que no es, y es lógico que cuando el no lector descubre el engaño abandone la lectura. Por eso sería más correcto que las campañas de promoción hablaran de la lectura tal cual es.

Leer no es sexi

La realidad es que la lectura requiere de un esfuerzo, una concentración y una pericia que los seres humanos no traemos de serie, hay que desarrollarlos.

En efecto, todos aprendemos a leer en el colegio: sabemos unir las letras y formar palabras, pero por desgracia con eso no es suficiente. Hace falta también eso que se denomina comprensión lectora y que asegura que entendemos las ideas del texto leído, su significado, y que somos capaces de ponerlas en relación con nuestras propias ideas.

De modo que tenemos que saber leer y es necesario tener una buena comprensión lectora. Y adquirir ambas cosas requiere práctica, constancia y esfuerzo. Leer no es un entretenimiento banal, leer se parece más a tocar un instrumento o practicar alguna disciplina artística o deportiva. De ahí que las campañas que banalizan la lectura no funcionen.

El libro no es un objeto de consumo más. El libro es una herramienta de conocimiento, es el vehículo del saber, es un instrumento que nos ayuda a conocernos mejor a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.

La literatura no es una mera cuestión de «cultura», en abstracto; no consiste en saber quién escribió qué y en qué año o en poder recitar el argumento de una obra. La literatura es un instrumento para el desarrollo humano. Porque la literatura es un acto de comunicación intencional que nos permite ponernos en el lugar de los otros, comprender cómo funcionan diferentes culturas, qué es la ética o cuáles son los mecanismos que mueven el mundo.

De modo que para desear leer debemos empezar por reconocer que es algo bueno para nosotros y, en consecuencia, estar dispuestos a hacer el esfuerzo que exige. Basta de ocultar ese esfuerzo, pongámoslo en valor.

Seamos conscientes de la dedicación, la entrega, el tiempo, la concentración que son precisos para leer. Y asumamos que si queremos ser lectores, buenos lectores, se nos pedirán esa dedicación, entrega, tiempo y concentración. Como siempre, no hay una fórmula mágica. No vas a convertirte en un lector erudito (algo imprescindible para ser un buen escritor) sin compromiso ni esfuerzo.

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  • Quizás leer, per se, no sea sexi. Pero los resultados de ser un buen lector no los desprecia nadie. Quizás, el punto en cuanto a las promociones es que, para ir por lo cierto, debe asociarse el esfuerzo con el placer. La gente relaciona el esfuerzo con lo desagradable y, bien mirado, una buena cuota de esfuerzo en la correcta dirección sólo trae beneficios. Por lo que esa percepción, común, está errada. Muy buen artículo, gracias.

  • No estoy de acuerdo en que «leer no es sexi». En general, soy despistada con la gente, pero cuando veo a alguien con un perro o un libro… lo veo, lo miro. Sé que detrás de ese perro o ese libro hay una «persona». Y un hombre o una mujer leyendo con un perro a su lado… mmm. ¡Qué interesante!
    Con el resto de la gente, paso a su lado como si no existiesen.

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