Lectura creativa frente a lectura mecánica

En la recopilación Escribir ficción, de Edith Wharton (Páginas de Espuma, 2011), se incluye un texto titulado «El vicio de leer». En él, la célebre escritora estadounidense alerta sobre el mal que pueden hacerle a la literatura aquellas personas que tienen el mal hábito de la lectura.

Un momento, te estarás diciendo ahora mismo, ¿es que la lectura puede ser un mal hábito? ¿No se supone que leer es una de las mejores cosas en las que podemos invertir nuestro tiempo? No cabe duda de que leer es un acto que nos inspira, instruye y entretiene a partes iguales. Y, sin embargo, puede hacerse mal. Entonces es cuando se convierte en un mal hábito y cuando puede perjudicar, si no al lector mismo, sí a la literatura e incluso (atención) a los escritores.

Wharton se pregunta: «¿Por qué todos tenemos que ser lectores? No se espera de nosotros que seamos, todos, músicos. Pero lectores, sí». En efecto, ¿por qué todos debemos ser lectores? Porque, como sociedad, hemos convenido que la lectura nos hace mejores; pero ¿es eso cierto? George Steiner en su libro Un lector advierte que ni la lectura ni las disciplinas que englobamos en la rama de las humanidades nos hacen necesariamente más humanos.

No sabemos si el estudio de las humanidades, de lo más noble que se ha dicho y pensado, contribuye efectivamente a humanizar. No lo sabemos; e indudablemente hay algo terrible en dudar si el estudio y el placer que se encuentran en Shakespeare hacen a un hombre menos capaz de organizar un campo de concentración.

La visión de Steiner es tal vez pesimista, pero no deja de tener su parte de verdad.

De manera que leer no es obligatorio, y tampoco es necesariamente una herramienta para convertirnos en mejores seres humanos. De modo que, si leemos, debe ser porque de verdad sea una actividad que deseamos hacer, que nos enriquece y ayuda de alguna manera. De no ser así, se produce lo que se Edith Wharton denomina una lectura mecánica.

Lectura mecánica frente a lectura creativa

La lectura mecánica es aquella incapaz de extraer de la obra todo su significado. El lector avanza por el texto sin reparar en muchos de los aspectos que el autor ha puesto en él voluntariamente, como tampoco es capaz de enriquecer el texto con los frutos de su propia inventiva e imaginación. Por eso la lectura mecánica tiene en la lectura creativa su contrario.

La lectura creativa sería, por su parte, aquella que no solo capta cuanto el escritor vertió en la obra, sino que la completa y enriquece con sus propias experiencias, relacionándola también con otras lecturas y otras obras. La lectura creativa es aquella que no se ciñe únicamente a la historia, ni siquiera al lenguaje con el que esta está contada (aunque el lenguaje a menudo se pasa por alto en la lectura mecánica), sino que aprecia la obra como expresión artística y es capaz de entroncarla con la historia de la literatura y la historia personal de las propias lecturas, e incluso de los libros que no se han leído pero de los que se tienen referencias.

Por eso Proust apuntaba:

En realidad, cada lector es, cuando lee, el propio lector de sí mismo. La obra del escritor no es más que una especie de instrumento óptico que ofrece al lector a fin de permitirle discernir lo que sin ese libro tal vez no hubiera visto en sí mismo.

Tal vez la culpa de esa lectura mecánica a la que muchos lectores se ven abocados la tenga la prisa. En su artículo «Ponerse a leer», recopilado en el volumen La búsqueda de interlocutor (Siruela, 2021), Carmen Martín Gaite opina que «hay dos formas de ponerse a leer, como de ponerse a hacer cualquier cosa en la vida: una serena y otra impaciente». Cuando leemos serenamente «la cosecha de la lectura […] no está alterada por ninguna granizada intempestiva y somos capaces de recoger el fruto y de guardarlo en nuestros graneros con vistas a aprovecharlo algún día».

La lectura mecánica suele ser no solo una lectura presurosa, sino también una lectura que anhela en todo momento llegar al final, al desenlace. Como a lo único que presta atención el lector mecánico es a la historia, desea a todo trance conocer cómo acaba: ahí radica el valor de la obra para el lector, que con frecuencia olvida que en literatura es más importante el cómo se cuenta que lo que se cuenta.

En su novela La inmortalidad, Milan Kundera se quejaba: «¿Acaso todo lo que no sea una loca carrera en pos de un desenlace final es aburrido?». Y establecía un paralelismo con degustar un rico plato:

Cuando masticas este magnífico muslo, ¿te abu­rres? ¿Tienes prisa por llegar al final? Al contrario, quieres que el pato penetre dentro de ti lo más lentamente posible y que su sabor no se acabe nunca. Una novela no debe parecerse a una carrera de bicicletas, sino a un banquete con muchos platos.

En efecto, una novela, una obra literaria no debe concebirse como una carrera de bicicletas, en la que se participa ansioso por llegar a la meta en el menor tiempo posible; sino como un festín, un banquete con muchos platos que degustamos con tranquilidad y fruición, atentos a los sabores y las texturas, a los matices. Solo esa degustación reposada hace que podamos recoger el fruto de nuestra cosecha de lectura, como indicaba Martín Gaite, para hacer uso de él algún día.

Caracteristicas de la lectura creativa

Edith Wharton insiste: «Leer no es una virtud, pero leer bien es un arte». Y, como cualquier arte, la lectura requiere de práctica y conocimiento para llevarse a cabo. Un conocimiento que, si se pone atención y voluntad, será la propia lectura quien nos lo otorgue.

Vladimir Nabokov decía que un buen lector tiene cuatro cualidades: memoria, imaginación, un diccionario y cierto sentido artístico.

La lectura creativa, que es la que realiza el buen lector, necesita de la memoria para recordar los sucesos de la acción, las relaciones entre los personajes y la progresión de la historia; pero también para relacionar esa lectura con otras, creando paralelismos, comparaciones, retroalimentaciones entre la obra que lee y otras obras que ha leído (o simplemente conoce).

También necesita imaginación, pero no solo para convertir las palabras en imágenes que proyectar en la pantalla de la mente. Para Nabokov «el lector debe saber cuándo y dónde refrenar su imaginación; lo hará tratando de dilucidar el mundo específico que el autor pone a su disposición». En efecto, la lectura creativa requiere de una cierta contención, de una cierta distancia imaginativa.

Por su parte, la necesidad de un diccionario simboliza el lenguaje, puesto que la lectura creativa exige disponer de un conocimiento profundo del idioma. El lenguaje es la pieza básica de la que se compone la narrativa. Sin lenguaje no hay obra. Un buen escritor sabe cuidarlo con mimo. Y un buen lector sabe apreciarlo con deleite.

Por último, la lectura creativa precisa de cierto sentido artístico. La buena literatura es una forma de arte, emplea ciertos recursos en conseguir crear un trasunto de la vida y, en ocasiones, también una impresión de belleza. Y el lector creativo sabe apreciar ambas cosas.

La lectura creativa es, sin duda, la verdadera manera de adentrarse en un texto y una de las cualidades que los escritores deberían desear para sus lectores utópicos y, cómo no, también para sí mismos. Sin embargo es posible que la lectura más extendida sea la lectura mecánica, que muchas personas tengan simplemente el vicio de leer.

Dos peligros de la lectura mecánica

El vicio de leer es por lo general un vicio inofensivo para el que lo padece, pero puede ser perjudicial para el escritor de dos formas. La primera forma tiene que ver con el hecho de que el escritor, comprendiendo que los lectores mecánicos son mayoría, decida escribir para ellos. Así lo ve de nuevo Edith Wharton:

El lector mecánico trabaja sistemáticamente contra lo mejor de la literatura. Obviamente, para quien más dañino resulta es para el escritor. La ancha vía que conduce a su aprobación es tan sencilla de recorrer y está tan abarrotada de prósperos compañeros de viaje que más de un joven peregrino se ha visto arrastrado a ella solo por su afán de encontrar comparsa; y tal vez no será hasta que el viaje termine, cuando llegue al Palacio de los Lugares Comunes y se siente a la mesa del banquete indiscriminado, con los juntaletras que más ha despreciado, sirviéndose sin reparos de ese mismo plato que se ha preparado en su honor, cuando se encuentre pensando en la otra vía y añorándola, ese camino recto que lleva hasta los elegidos, hasta los dichosos.

La segunda y principal forma en que la lectura mecánica es perjudicial para el escritor es que si este es él mismo un lector mecánico, difícilmente va a hacerse con los recursos y herramientas que necesita para llevar adelante su obra. Y es posible que ni siquiera tenga una idea clara de lo que su obra puede llegar a ser o del lugar que quiere que ocupe en las filas de la literatura. Puede que se conforme con escribir una obra menor cuando tiene el potencial para escribir una obra memorable.

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Ahora cuéntanos, ¿qué opinas de la lectura mecánica?, ¿eres tú un lector creativo?, ¿qué otros peligros te parece que conlleva la lectura mecánica? Hablamos en los comentarios.

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8 COMENTARIOS


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  • Estoy de acuerdo. Las prisas, nos llevan a sitios, pero tal vez sitios a los que en verdad no queremos ir. Un agricultor sabio le comentaba a uno no tan sabio, lo primero que tienes que hacer, antes de empezar a cultivar, antes de eliminar las hierbas, que tu consideras como malas, es quitarte las prisas. cuando la prisa deja de estar presente, empiezas a acompasar tu ritmo con el de la madre tierra. en este sentido, veo cierto paralelismo.

  • Esta entrada me hizo recordar cuando en secundaria todos leíamos apresurados los cuentos, libros y relatos que nos mandaban los profesores de castellano y literatura. Ya en la universidad, pude en verdad disfrutar de esos libros.

  • Un llamado de atención. Me estoy preguntando que clase de lector soy. Lo que sí sé es que de adrede leo despacio. Me han ofrecido cursos de lectura veloz y los he rechazado; por lo mismo. Gracias, excelente blog.

  • Dichosas dicotomías. ¿No será más que blanco y negro? Soy lector, y presumo de ello. Nunca paré a pensar si leo bien, o no. Leo, que es más de lo que se esperaba de mí. A veces rápido, deseando saber el final. Otras, despacio, para no terminar. Creo que cualquier lector abraza ambas formas, incluso en un mismo libro. O eso me parece.
    Salut!

  • Cualquier lectura es preferible a ninguna. Cada cual lee como sabe, como puede; le han enseñado o no. Es imposible saber lo que sucede en la cabeza del lector ni qué es lo que una lectura sea ésta del tipo que sea pone en movimiento en ella. Leer no nos hace mejores (nada sino nosotros mismos puede hacerlo), pero no leer nos vuelve más manipulables y necios .

  • TODAS MIS FELICITACIONES a sinjania y su dueño por este artículo tan fundamentado acerca de la lectura tan poco tratada en nuestra educacion y cultura un gran vacío que llevamos todos fatalmente en nuestra actitud intelectual y sensible hacia el mundo ,hacia nosotros y los demás ,ese vacío nos quita dramáticamente la incomprensión DE NOSOTROS MISMOS del mundo social que nos rodea , nos suprime el sabor de la taza de te que experimento MARCEL PROUST DE LA CUAL SURGIÓ la obra magna de :En busca del tiempo perdido esto es lo maravilloso de existir a pesar de la muerte como destino de lo vivo. ,pero tambien unos ojos y cerebro magistral para pensar, ver imaginar y concluir si se puede , cuando todos somos narrativos por esencia, estamos siempre contando anécdotas o historias del diario vivir .
    ,Enriquecedor e inspirador este breve artículo, pero tan iridiscente en sugerencias por todas sus fuentes a las que echa mano y a la vez produce nuevos conocimientos.
    en relación al tema………………………….de …………………..CHILE

  • Es una entrada muy interesante. La prisa es, para mí, una de las principales razones de la lectura mecánica. Esa lectura presurosa se convierte en hábito y desplaza y destruye a la otra lectura, la lectura creativa o lectura serena que decía Carmen Martínez Gaite. Otro aspecto muy acertado que señala Nabokov son las cualidades que se necesitan para ser un buen lector, cualidades estas que se complican aún más con la prisa, a saber: memoria, imaginación, sentido artístico y también un diccionario o al menos la aplicación del móvil con la RAE…

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