Escribe lo que te gustaría leer

Hay un consejo que se suele dar a los escritores que comienzan a dar sus primeros pasos por la senda de la escritura: escribe lo que te gustaría leer.

Contemplado desde cierta perspectiva, este consejo parece superfluo. En realidad, el libro que te gustaría leer seguramente ya ha sido escrito; no hace falta que lo escribas tú. Lo más probable es que ya hayas leído una gran cantidad de libros que te han encantado y con toda seguridad hay otros con la capacidad de gustarte, ya escritos, aguardando únicamente a que los descubras y los leas. Por eso infinidad de lectores nunca dan el paso de comenzar a escribir.

En realidad, el consejo no debería ser «escribe lo que te gustaría leer», sino «escribe un libro como los que te gusta leer». Ese sería un consejo en apariencia sensato y lógico. A menudo lo que nos impulsa a escribir es el deseo de emular, de crear nosotros también historias como las que nos emocionan e inspiran cuando leemos. En Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister, Goethe dice: «En todo hombre se despierta cierto indefinido deseo de imitar aquello que ve». Leemos una novela, un relato, un poema… y anhelamos ser capaces de crear algo similar: algo que conmueva, instruya, que capture y preserve como en una gota de ámbar un instante precioso de la experiencia humana.

La primera etapa de la escritura

Es natural, por tanto, comenzar escribiendo cosas semejantes a las que te gusta leer; imitar los temas, el estilo, los personajes de tus autores y obras favoritos. Como hemos dicho, ahí nace para muchos el primer impulso de narrar. Se podría decir que imitar es, casi siempre, la primera etapa de la escritura.

Pero esa etapa debe dejarse atrás lo ante posible. Horacio Quiroga advertía: «Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia». Y es que si aspiras únicamente a escribir obras como las que te gusta leer, si te conformas con permanecer en ese estadio inicial en el que emulas las historias y las maneras de tus libros y autores preferidos, nunca avanzarás por el camino de la escritura, nunca desarrollaras un estilo y una voz propios.

Lo cierto es que desarrollar un estilo propio es algo a lo que los escritores principiantes prestan poca atención. Es normal. En un primer momento dominar la técnica y las argucias narrativas es su principal objetivo; pero andando el tiempo es inevitable comenzar a hacerse preguntas sobre el propio estilo y plantearse cómo depurar uno característico y personal que distinga la obra particular y sea reconocible por los lectores.

El estilo es por tanto algo que trasciende la técnica y los recursos empleados por el escritor (aunque de algún modo también se alimenta de ellos). Y tiene que ver con la visión del mundo que el autor tiene y con la personalidad con la que se enfrenta a ese mundo. Edith Wharton decía que «El estilo es el ingrediente más personal en la combinación de los componentes de los que está hecha cualquier obra de arte».

Ya hemos hablado sobre el estilo en este otro artículo que te recomendamos leer.

El gusto por lo familiar

De manera que, si deseas ser de verdad buen escritor, tienes que ir más allá de la recomendación «escribe lo que te gustaría leer». Porque a menudo acatar esa premisa puede significar poner una piedra sobre tu propio estilo que no lo dejará emerger.

Jean Cocteau decía:

El escritor normalmente prefiere las semejanzas con su trabajo, que esté en armonía con lo que ha leído. Pero ahí, por supuesto, no es donde hay que buscar su originalidad.

Esta idea se relaciona con otra que también defendía Cocteau:

A la gente le encanta reconocer cosas y rechaza lo nuevo. Lo conocido es mucho más cómodo y halaga el ego del espectador.

Para el poeta y escritor hay lectores que prefieren aquellas obras «que les recuerdan a algo», «lo que resulta familiar se considera bueno».

Es quizá ese gusto por lo familiar lo que impulsa al escritor principiante a inspirarse en lo que conoce y aspirar a escribir algo que recuerde a los libros que él ha leído (y que le gusta leer). Bien es cierto que esa aspiración es más propia de aquellos escritores que, como lectores, han permitido que su paladar se acostumbre al sabor de un solo género o de un mismo tipo de literatura. En ese caso, todas sus lecturas tienen un común denominador, marcado por las convenciones del género y, por tanto, hay un referente muy claro de cómo debería ser esa hipotética obra que ellos quieren escribir, semejante a aquellas que les gusta leer.

Sin embargo, para aquellos otros escritores que, como lectores, tienen lecturas más variadas a sus espaldas es más difícil imaginar ese libro que les gustaría leer, porque sus rasgos son mucho más heterogéneos. Más allá de en haber sido escrita por maestros, ¿en que se parece la obra de Woolf, Marías, McCullers, Jelinek o Céline?

Tal vez este tipo de lector, como escritor, descubra mucho más rápido que el otro la necesidad de construirse su propio estilo y dar a su obra rasgos que la hagan única.

Iliá Ehremburg dijo: «Es mejor escribir algo nuevo torpemente que repetir lo antiguo brillantemente».

No queremos decir con esto que el escritor deba buscar la originalidad a toda costa, obsesionarse con ella y tratar de desmarcarse de toda creación anterior. No solo sería algo imposible, porque somos increíblemente permeables a las influencias (todo a nuestro alrededor deja un poso que puede aflorar en nuestras obras; habría que aislarse del mundo desde el nacimiento para huir de las influencias); sino que además sería nefasto para un autor. Aunque parezca un contrasentido es justamente de la tradición, de la herencia literaria anterior, de donde surgen las obras novedosas.

Hemos desarrollado esta idea de manera amplia en este artículo sobre la originalidad.

A decir verdad, la originalidad casi siempre surge de manera fortuita, no premeditada. De nuevo Jean Cocteau decía: «Cuando aparece algo nuevo por primera vez, desconcierta a todo el mundo, incluido al artista».

Entonces, la frase de Ehremburg acerca de que es mejor escribir algo nuevo torpemente que repetir lo antiguo brillantemente puede aplicarse en realidad a la propia obra. El libro que quieres leer no debe asemejarse a aquellos que ya has leído: debe ser tuyo por completo.

De igual modo, si eres escritor (y lector) de literatura de género, también puedes hacer algo innovador, único, que marque un antes y un después; como hizo Patricia Highsmith con las novelas de suspense, con Extraños en un tren o John Le Carré con las novelas de espionaje con El espía que surgió del frío.

No te conformes con escribir el libro que te gustaría leer, un libro semejante a los que ya has leído (por buenos que sean). Busca tu propia voz y tu propia manera de hacer.

Y ahora cuéntanos, ¿has recibido tú el consejo «Escribe lo que te gustaría leer»? ¿Diste, o estás dando, tus primeros pasos siguiendo los de un escritor al que admiras? ¿Cuál es el modo en que buscas tu propia voz? Hablamos un rato en los comentarios.

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  • La verdad es que nadie me ha dado un consejo sobre escritura, pues, no es una habilidad que he demostrado ni he podido tener mentores escritores. Pero por mi cuenta, he intentado aprender sobre literatura porque desde pequeña me han gustado los animé, pero mis cuidadores veían ese gusto como algo incorrecto en mí. La situación me dio la oportunidad de usar mi imaginación para crear historias con juguetes e historietas narradas en modo brújula como diversión. Experimentación total que me gustaría retomar, pues veo que pueden salir muchas cosas solo fluyendo, pues, al conocer la complejidad de la vida, ahora podrías salir cosas más novedosas.

    Ahora mi modo de escribir es totalmente en modo mapa, sigo estructuras, métodos y consejos de todo tipo que me encuentro en internet y mi pecado ha sido dejar todo a medias, pero trabajo para romper el mal hábito.

    Quería dar mi opinión sobre esto y poder debatirla en este espacio, así que espero que alguien me lea.

    En internet hay muchas guías sobre consideraciones para escribir una buena historia y muchas personas hablan sobre los mismos temas: Creación de personajes profundos, sistemas de poder o magia coherentes, arcos de personajes significativos, los tropos y sus aplicaciones efectivas, una construcción de mundo consistente, lo que se debe contar y lo que se debe mostrar, la diferencia entre la trama y el argumento, intentos de explicar cómo sería un primer capítulo o un desenlace admirable y muchas cosas más como éstas, que para una mangaka como yo lo tomo como un desafío a mis habilidades y me impulsa a dar lo mejor de mí.

    Sin embargo, en estos momentos pareciera que toda esta información me hace repetir patrones, solo para crear el argumento de mis historias, caer en el basto agujero que es el worldbuilding y aprender de la psicología humana para satisfacer ese deseo de crear personajes creíbles. No sé si sea bueno o malo querer aplicar la teoría, pero tengo la sensación de que estoy creando historias envasadas, moldeadas o limitadas, la sensación de ser poco orgánica con respecto a la elaboración del manga objetivo.

    De hecho, tengo un animé que me ha influenciado mucho, Hunter x Hunter, he notado, tanto por mi cuenta como por análisis ajeno, que me parece un animé muy completo por llenar mis exigencias de lo que creo que es una historia bien contada y me satisface que el autor haya manejado tanta complejidad sin que la trama pierda su ritmo de desarrollo.

    Este animé se convirtió en mi ejemplo a seguir en todos los aspectos, creo que hasta superó una historia que estuve trabajando hace años, no por su complejidad, sino que por su calidad. Aquí entra el tema del post, ya que sin algún consejo, buscaba escribir lo que me gustaría leer o ver. (Añadiendo que también me obsesiono por seguir los estándares de una ilustración de calidad).

    La influencia de Hunter x Hunter me parece muy marcada, más porque de antes escribía sobre aventura y descubrimiento, algo esencial en ese animé. Cuando pude verlo en Netflix creo que también me pilló mal parada, pues siento que mi trabajo se desplomó. El animé parecía narrar lo que busca narrar yo, pero mejor.

    Mis fuerzas por ser original van ligadas a mi orgullo, pero también a la admiración hacia el autor por superar mis expectativas. Nunca había llorado por un animé, con eso me basta para convencerme de que me ganó a través del corazón.

    La influencia de un género o un autor puede servir para motivarse, pero los estándares tan categorizados para beneficio de la estructura me opacan y me siento resignada a seguirlos, eso le quita lo orgánico y artístico que debería ser mi historia, me gustaría descifrar e identificar qué parte de mi razonamiento me lleva a seguir los métodos difundidos por el mundo y por qué se me hace tan frustrante el hecho de que priorizo la estructura de calidad a ser realmente creativa. Tal vez esté errada o tenga razón a medias. Aún así, todo el aprendizaje y experiencia se debe valorar como el regalo de la vida correspondiente.

    ¿Será que el arte, por muy relacionado a la creatividad, tenga las propiedades de una ciencia?

  • Escribo narraciones breves y poemas. De las lecturas hay frases que me motivan,quizás uso alguna y nace otro poema.Me gusta Alejandra Pizarnik, Federico Garcia Lorca, Olga Orozco, María Negroni .Muy bueno el artículo quizás a veces uno se mimetiza con algún autor pero creo siempre sale la propia voz.

  • En mi caso, no dudo que en algún momento haya imitado a algún autor, pero de forma inconsciente. En ocasiones es difícil evitarlo. Hay veces que se mezclan estilos sin apenas darnos cuenta.
    Considero que no necesariamente las personas se sienten cómodas por algo que se asemeje a lo que han leído, por la forma de escribir. Considero que se puede ser original y a la vez escribir de algo que interese al lector, las situaciones que suceden continuamente en la vida hacen que se identifique. Invito buscar que el lector se sienta identificado con lo que escribes y vayas modificando la forma en que se lo haces llegar. Poco a poco cambias la forma en que lo presentas y la vas haciendo tuya. También propongo que comiencen con cosas cortas. Les voy a escribir un microrrelato que tiene ese objetivo quizás les ayude a entender lo que planteo. Es una forma de ver distinta a algo común en mi país.

    El depredador

    Estaba agazapado, vigilando la llegada de su presa. En cualquier momento, aparecería y caería sobre ella. No tenía otro lado por donde pasar; el paso por allí era obligatorio. Había aplicado esa estrategia tantas veces y casi siempre le había funcionado. Solo debía esperar un poco más.

    La divisó a lo lejos; se acercaba lenta y despreocupadamente. Todos los sentidos estaban puestos en ella. Solo esperaba el momento oportuno y este llegó.

    «¿Mamá, qué me trajiste?» dijo el niño, abrazando a la mamá y abalanzándose hacia el bolso.

    La mamá había sido previsora. Desde hacía una semana, tenía en su cartera un paquete de caramelos para esas eventualidades. Extrajo algunos y se los entregó.

    «¿Pero de nuevo los mismos? ¡Ñoooooo!»

  • La atemporal y maravillosa Edith Warthon, que nada más leerla como mujer, te identificas con ella, pese a los decorados , maravillosos por cierto. La admiro como no! y leí toda su obra pero su impronta , su voz, sólo le pertenece a ella. Nemirovsky, otra escritora fantástica que me caló hondo.Su voz inconfundible, su mala infancia elevó su voz propia.Sara Mesa actual ,de escritura inconformista , transgresora con un punto ácido, ahí radica su voz. No hay que buscar un modo, tienes que dejar hablar a tus vivencias y escucharte; solo así saldrá tu voz propia. Yo creo tenerla y aunque desee cambiarla , es imposible.

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