En su obra Diez grandes novelas y sus autores, el escritor inglés W. Somerset Maugham comienza desarrollando un interesante «arte de la ficción» antes de entrar a repasar diez grandes obras de la literatura universal, entre las que se encuentran Crimen y castigo, Tom Jones u Orgullo y prejuicio, entre otras.
En esa introducción, titulada justamente Ā«El arte de la ficciónĀ», Maugham desarrolla los diversos requisitos que a su juicio debe cumplir una novela que aspire a deleitar al lector; que es ādeleitar al lectorā la aspiración mĆ”xima que, de acuerdo con el autor, toda obra literaria debe tener, en cuanto obra de arte.
Asà introduce ese repaso: «Me voy a permitir ahora señalar cuÔles son, en mi opinión, las cualidades que ha de reunir una buena novela», y enseguida entra a enumerarlas.
En este y próximos artĆculos nos proponemos repasar, de la mano del cĆ©lebre autor de El velo pintado, esas cualidades que la novela debe tener. En el de hoy nos detendremos en el tema.
El tema en la novela
El tema es la idea principal o el significado subyacente que un escritor explora en una obra. Se relaciona con el aprendizaje que el lector puede sacar tras concluir la lectura. Es aquello de lo que trata una historia, pero no su argumento, no debemos confundir ambos conceptos. El argumento serĆa, mĆ”s bien, la anĆ©cdota de la que el escritor se sirve para exponer el tema.
Sobre el tema Somerset Maugham nos dice:
La novela debe tratar un tema de amplio interĆ©s, es decir, interesante no solo para un grupĆŗsculo ātanto si es de crĆticos, profesores o intelectuales como de cobradores de autobĆŗs o camarerosā, sino tan ampliamente humano que atraiga a hombres y mujeres en general; por fin, el tema debe ser de interĆ©s perdurable.
Tema, deleite e interƩs
Sin duda, un tema interesante es uno de los requisitos de una buena novela. Maugham cita en su obra a H. G. Wells, quien consideraba que la novela Ā«es el Ćŗnico medio que nos permite abordar la inmensa mayorĆa de los problemas que plantea [ā¦] nuestro desarrollo contemporĆ”neo. [ā¦] Ha de ser el mediador social, el vehĆculo de comprensión, el instrumento de autoexamen, la exhibición de morales y el intercambio de actitudes, la fĆ”brica de costumbres, la crĆtica de leyes e instituciones y de dogmas e ideas socialesĀ».
Es necesario puntualizar que Maugham no estaba de acuerdo con Wells, consideraba que el segundo le adjudicaba a la novela el papel de instruir al lector, rol que, a su juicio, la novela no debe tener; en cuanto expresión artĆstica, una novela solo debe aspirar al deleite, al goce, al esparcimiento.
QuizĆ” lo que sucede es que ambos, Wells y Maugham, tienen su punto de razón. La novela es una creación artĆstica y, como tal, su aspiración es deleitarnos, entretenernos, procurarnos goce estĆ©tico. Pero resulta que, como propugna el propio Maugham, su tema debe resultar interesante. Y no podemos olvidar que los temas que nos interesan son, justamente, los que Wells enumera: la sociedad en que vivimos, sus leyes y su moral, sus costumbres y dogmas; nos gustan las novelas que reflexionan sobre esos temas, ya sea para refrendarlos, ya para impugnarlos. De otro modo no existirĆan ni la novela realista ni la novela social.
Como nos gusta, igualmente, la novela que es Ā«vehĆculo de comprensiónĀ» e Ā«instrumento de autoexamenĀ». Es decir, aquella que se sumerge en las interioridades del ser humano y lo estudia y disecciona, exponiendo sus contradicciones, sus anhelos, sus claroscuros⦠Si no, no existirĆan ni la novela psicológica ni la novela de personaje.
De ambos espectros: lo social y lo individual (que en el fondo tienen un nĆŗcleo comĆŗn: el ser humano en cuanto ser social y el ser humano en cuanto individuo), se nutren los temas de la buena novela.
Un tema perdurable
Pero recordemos que Somerset Maugham proponĆa todavĆa otro requisito para el tema novelĆstico: debe ser perdurable. El escritor advierte:
Se precipita el novelista que decide escribir acerca de cuestiones cuyo interés reside en que estÔn de moda, cuando dejen de estarlo, su novela serÔ tan ilegible como el periódico de la semana pasada.
ĀæPor quĆ© nos interesan todavĆa novelas (o epopeyas o poemas Ć©picos, sus antepasados) escritas hace siglos e incluso milenios? A todas luces nuestras sociedades no son las mismas que dieron a luz a esas obras. Pero es que los temas que tocan son perdurables, todavĆa nos ataƱen. Tratan conflictos que aĆŗn hoy enfrenta el ser humano, como individuo y como sociedad: el poder, la justicia, el amor, la muerte, la traición, el cambio⦠(y sus opuestos).
No olvidemos que el motor de una novela es el conflicto y los personajes, que guardan una relación muy Ćntima entre sĆ. El conflicto es lo que impulsa al personaje, lo que lo hace moverse, rebelarse, o tal vez quedarse quieto intentando aguantar el chaparrón⦠Y el conflicto emana de forma natural del tema.
De manera que cuando trabajes en tu obra trata de identificar de manera certera ambos: tema y conflicto. En ocasiones conocer el tema nos lleva a comprender el conflicto; otras veces el conflicto alumbra al tema. Y, por cierto, el conflicto tambiƩn te ayuda a identificar el protagonista. Es cierto que un escritor suele tener muy claro quiƩn serƔ el protagonista de su novela desde buen comienzo, pero a veces reflexionar sobre el conflicto permite comprender que quizƔ haya otro personaje del elenco que puede verse mƔs afectado por el conflicto y que, por tanto, tiene mƔs posibilidades dramƔticas.
Cuanto el tema que toca el escritor no es perdurable, la novela tiene fecha de caducidad. Por eso tantas novelas de Ćndole propagandĆstica no han perdurado; superadas las condiciones dialĆ©cticas que alumbraron su nacimiento, las tensiones, las contradicciones y conflictos de una Ć©poca histórica concreta que el artista absorbe y plasma en su trabajo, la obra pierde sentido o interĆ©s para los lectores.
El tema y el autor
Ahora bien, el tema de toda novela siempre estĆ” condicionado por la mirada del escritor. AsĆ lo expresa Somerset Maugham:
El novelista estÔ a merced de sus inclinaciones. Los asuntos que escoge, los personajes que inventa y la actitud que muestra hacia estos estÔn condicionados por aquellas. Todo lo que escriba serÔ la expresión de su personalidad y la manifestación de sus instintos, sus sentimientos y su experiencia. Por mucho empeño que ponga en ser objetivo, sigue siendo esclavo de las peculiaridades de su carÔcter. Por mucho empeño que ponga en ser imparcial, no puede evitar tomar partido.
De manera que el tema se relaciona tambiĆ©n vivamente con el escritor. De entre los temas sociales o humanos que antes enumerĆ”bamos, el escritor elegirĆ” aquellos hacia los que se sienta naturalmente inclinado, aquellos que sean de su interĆ©s. Y sobre ellos desarrollarĆ” su obra. Hay autores que, de hecho, tocan un tema de manera recurrente y obsesiva a lo largo de toda su producción novelĆstica.
Pero el escritor no es un ensayista. El escritor es un artista. Aborda sus temas a travĆ©s del arte, del arte literario. Maugham nos da la siguiente definición de arte, tomada del Oxford Dictionary: Ā«La aplicación de habilidad tĆ©cnica a cuestiones relativas al gusto, como la poesĆa, la mĆŗsica, la danza, el teatro, la oratoria, la composición literaria, etc.Ā».
Y en otro momento apunta:
Henry James insistĆa una y otra vez en que el novelista debe dramatizar. Es una forma elocuente, aunque tal vez no muy clara, de decir que debe disponer los hechos de modo que capten y mantengan nuestra atención.
Es decir, el artista debe aplicar su habilidad técnica a disponer los hechos (que son los que ilustran el tema) de modo que capten y mantengan la atención del lector. Esa disposición «especial» de los hechos, para lograr la cual se necesita habilidad técnica, es la que asegura el goce estético, que es uno de los medios mÔs seguros para cautivar la atención del lector.
De modo que si el escritor trata un tema interesante y perdurable, que verse sobre esos asuntos que nunca dejan de apelarnos como seres humanos; y si trabaja sus materiales con habilidad que atienda no solo a lo que se narra, sino también a cómo se narra (que es donde reside el goce estético), tendremos uno de los componentes de una buena novela.
No es el Ćŗnico. En posteriores artĆculos repasaremos algunos otros āsiempre en compaƱĆa de Somerset Maughamā, como la estructura, los personajes o el narrador.
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Somerset Maugham! Qué escritorazo tan grande! Nosotros estudiamos » Al filo de la navaja» en el taller, y lo que hablas aquà era » oro en polvo» en nuestros encuentros! Muy bueno esto! De calidad!
Gracias por estos artĆculos tan interesantes y tan bien trabajados, llenos de información Ćŗtil. š
Acabo de terminar el borrador de mi quinta novela y me he dado cuenta de que estĆ” lleno de decisiones equivocadas. Y, para dejarlo reposar, he empezado otra novela en la que poder aplicar todo lo que he aprendido con ese proyecto fallido, que, al menos de momento, voy a dejar en la recĆ”mara. El caso es que en el nuevo proyecto todo parece encajar, y, entre otras cosas, es porque el tema estĆ” claro. TambiĆ©n el conflicto y la motivación del personaje, su crecimiento interior, su evolución a lo largo de la historia. AdemĆ”s, me estoy tomando con calma la escritura de esta novela, yo que soy muy arrebatada, y me estoy recreando en cada escena, sin prisas. Y noto que esta historia es mĆ”s madura, que ya no cometo errores que antes sĆ cometĆa, por falta de conocimiento.
En fin, quiero decir con ello que artĆculos como Ć©ste me ayudan a crecer, a entender por quĆ© funciona algo y por quĆ© lo contrario no lo hacĆa, asĆ que mil gracias. Y, en referencia al tema, en concreto, me he dado cuenta de que si no sĆ© decir en pocas palabras de quĆ© va mi historia, de quĆ© va de verdad, cuĆ”l es su fondo, es porque no voy por buen camino y debo rectificar cuanto antes. š
No te imaginas lo que me alegra, Nuria, saber que estos artĆculos te ayudan a crecer como escritora. š„° Mucho Ć”nimo con ese nuevo proyecto en el que trabajas.
El lunes artĆculo como escribir una buena novela, me ha impactado agradablemente.
Es sumamente instructivo para quien como yo estamos empezando a escribir.