El sentido de un final

Cuando se comienza a escribir una obra, ya sea una novela, ya un relato, se piensa mucho en su inicio. De todas partes se reciben consejos sobre cómo elaborar ese comienzo, porque es la puerta por la que el lector entrará en el texto y tiene que ser atrayente, expresivo e interesante. Pero no se habla tanto del final, de la meta a la que llegarán la historia y su protagonista, llevando con ellos al lector, cuando ambos hayan recorrido sus arcos. Por eso hoy, parafraseando el título del ensayo de Frank Kermode y de la novela de Julian Barnes, hablaremos del sentido de un final.

Principio y fin                                    

Tanto con el inicio de la obra literaria como con su final acontece lo mismo: se aconseja al escritor que da sus primeros pasos que procure que ambos —principio y final— sean impactantes. El inicio tiene que atrapar al lector desde la primera línea, y para lograrlo tiene que resultar sorprendente o turbador. En cuanto al final tiene que ser, sobre todo, inesperado, algo que el lector no se pudiera imaginar ni remotamente. Pero ambas ideas no son ciertas, o, mejor dicho, no lo son en todos los casos, para todas las historias.

Sobre el inicio ya hemos compartido algunas reflexiones: no se trata tanto de que sea impactante como de que sea la puerta de entrada que ese texto necesita. Lo mismo sucede con el final, con el desenlace. No se trata de que sea sorpresivo, sino de que sea la puerta de salida idónea para esa historia que se nos ha contado, tal como se nos ha contado. Henry James decía que la casa de la ficción tiene un millón de ventanas, dependiendo de por cuál se asome el escritor así serán su estilo y las obras que escriba. Podríamos añadir, siguiendo con el símil, que la casa de la ficción tiene además dos puertas, una de acceso y otra de salida, y, según sea esa casa, así han de construirse esas puertas. ¿Se trata de un palacio?, entonces necesitará puertas monumentales y lujosas; ¿es la casa de un hombre práctico?, entonces sus puertas serán sencillas y de fácil uso; ¿es una casa campestre?, entonces sus puertas serán seguramente de materiales naturales, enmarcadas por plantas trepadoras… Piensa en tu obra como en un edificio e imagina qué características tendría; según eso, así deberían ser las cualidades de su inicio y de su desenlace.

Pero este artículo trata del sentido de un final, así que centrémonos en el desenlace.

Todo tiene un final

En la vida todo tiene un final, y en cuanto la narrativa imita (hasta cierto punto) a la vida, también los textos literarios deben tener un final. Nuestro cerebro de sapiens se siente reconfortado cuando encuentra la secuencia planteamiento-desarrollo-desenlace, no solo en las historias, sino también en nuestra vida. A fin de cuentas, somos contadores de historias natos (incluso si no somos escritores) y continuamente estamos relatándonos lo que sucede y lo que nos sucede. Y eso que nos contamos sigue esa estructura con inicio, medio y final. Así, por ejemplo, la juventud tiene un final y da paso a la edad madura; quizá nuestra época en un trabajo o en una ciudad también tiene un desenlace; o una relación sentimental o de amistad. De continuo nos explicamos lo que nos acontece como historias que comienzan, se desarrollan y acaban, cerrando ciclos. Como dijo Ortega y Gasset «Sea un original o bien un plagio, el hombre es novelista de sí mismo».

Y esa costumbre afecta también a la narrativa, la impregna por completo. Las historias que inventamos con el fin de que sean leídas y disfrutadas por otros también han de tener su final.

El final está indisolublemente ligado en narrativa a dos elementos: tiempo y causalidad.

El paso del tiempo es el que lleva las cosas a su acabamiento. Pero en narrativa ese paso del tiempo es falso, podría decirse que el único tiempo que afecta al texto es el que emplea el lector en leerlo; y ese tiempo ni siquiera es uniforme y variará de lector a lector. Por tanto, el tiempo que «parece pasar» dentro de la narración lo crea el escritor de diferentes maneras.

De un lado, está la mera acumulación de acontecimientos a lo largo de un eje temporal: en el texto se nos narran hechos y, dado que en la vida real las cosas suceden en una línea cronológica, el lector traspasa de manera mecánica y natural ese modo de operar de la vida real al texto: si han pasado cosas es que ha pasado tiempo. La relación entre el número de cosas que suceden y el tiempo que ha pasado es uno de los elementos que componen el ritmo, pero esa es ya otra historia.

La causalidad también contribuye a dar esa impresión de paso del tiempo: sucede una cosa y, como consecuencia, sucede otra. Por ejemplo, una pareja se enamora y, como consecuencia, están dispuestos a hacer lo necesario para poder estar juntos.

De ese modo, mediante esa sensación «fabricada» de paso del tiempo, la historia llega a su desenlace.

De adelante hacia atrás y de atrás hacia adelante

El desenlace, el final de la historia, es de vital importancia. Como queda dicho, es la puerta por la que saldrá el lector y tiene que estar en consonancia con el edificio que ha atravesado durante su lectura. Si ha cruzado estancias lujosas y refinadas y al finalizar se encuentra con una puerta estrecha, pobre, ruinosa, se sentirá perplejo. Aunque, por supuesto, puede que esa sea la impresión que buscaba crear el escritor y sea por eso por lo que le ha puesto una puerta de establo a un edificio monumental.

Para trabajar bien el final, debemos pensar en la historia que contamos en dos sentidos, de adelante hacia atrás y de atrás hacia adelante.

De adelante hacia atrás es el modo habitual en que solemos pensar en nuestras narraciones, siguiendo esa estructura arquetípica de inicio-nudo-final de la que ya hemos hablado. Tenemos en cuenta la línea temporal de los acontecimientos, qué sucede primero y qué sucede después; así como la línea causal: cómo cada acontecimiento engendrará sucesos posteriores. Y pensamos también en el cambio de los personajes, en especial del protagonista: dados los hechos que le suceden, cómo terminara el personaje; no solo desde una perspectiva material, sino también (sobre todo) psicológica o emocional.

Con esos parámetros, podemos ir pensando en nuestro final. Es importante tener claro que cada acontecimiento narrado ha de llevar hasta él. El final ha de desprenderse de manera lógica de todo lo que se ha expuesto a lo largo de la obra, por eso hemos de asegurarnos de que nada es incongruente con el modo en que planeamos finalizar la historia.

Pero también podemos hacer el trabajo a la inversa. Porque cuando llega el final es cuando, por fin, el lector tiene la información completa. A lo largo de su lectura ha ido recopilando laboriosamente cada pieza de información, relacionándolas entre sí y lanzando sus hipótesis sobre lo que iba a suceder a continuación y, por supuesto, sobre cómo podría acabar la historia. Ahora que el lector tiene la imagen completa es cuando todo el conjunto adquiere su verdadero sentido y cada parte se ve iluminada por la luz que arroja dicho final. El lector comprende mejor ahora, de una forma más completa, cada aspecto de lo leído. Han dejado de ser piezas conectadas solo por un orden cronológico o causal, de pronto tienen un sentido que las transforma.

El sentido de un final

Pensar en el sentido que otorga el final a todo lo que ha sucedido antes, desde el mismo comienzo, es un ejercicio muy interesante para el escritor durante la escritura de su obra. De hecho, conociendo el final es muchas veces más sencillo escribir un principio que se ajuste como anillo al dedo a la historia en sí y a su final.   

Pero antes hemos dicho que el final puede buscar, por ejemplo, crear cierta perplejidad en el lector. No meramente sorpresa, construida por un final inesperado; sino una determinada emoción que sea la que quede resonando en el lector una vez vuelva la última página del libro. Y para ello el escritor puede buscar que el sentido de su final modifique drásticamente el sentido que parecía tener todo lo que se ha narrado hasta ese momento.

Si ese fuera el caso, es necesario igualmente que el final sea coherente con todo lo anterior y que a la luz de ese final la historia siga teniendo sentido, un sentido distinto, alumbrado por una luz nueva y diferente, pero un sentido igualmente. Y las semillas de ese sentido se plantan en el texto ya también desde su comienzo.

De manera que a la hora de pensar nuestro final hay varias cosas que debemos tener en cuenta:

  • La primera, que toda obra literaria necesita un final. Puede ser un final abierto, pero debe tenerlo. Cada hilo argumental de la trama ha de quedar concluido.
  • Los personajes, especialmente el protagonista, han de haber recorrido su arco dramático y quedar en el desenlace en una posición distinta a aquella en la que comenzaron. (A no ser que sean personajes estáticos).
  • No es necesario que el final resulte sorprendente para el lector. Pero sí lo es que sea coherente con lo que se ha narrado.
  • Un buen final es aquel que no solo cierra la historia, sino que además arroja sobre ella una nueva luz que alumbra su sentido.
  • Conocer el final y el tono de esa luz que este arroja sobre la historia puede facilitar escribir un mejor comienzo.

Si te interesa aprender más sobre el final y sobre el resto de los principales elementos del texto literario, y hacerlo además de manera práctica, escribiendo pequeñas piezas que te permitan ensayar lo aprendido, no te pierdas la próxima edición del curso de escritura creativa. Los cuatro textos que escribas durante el curso serán revisados y corregidos de manera extensa y exhaustiva para que te lleves además una visión de tus fortalezas y puntos de mejoras.

Únete a la lista de espera siguiendo este enlace y te avisaremos en cuanto se abra el plazo de inscripción.

7 COMENTARIOS


Otros artículos:

Cómo usar lo «no narrado» al escribir
Seis tácticas de productividad para escritores
El peligro de las técnicas para atrapar al lector
  • Muy bueno y esclarecedor tú artículo Natalia, siempre tan acertada en escudriñar el tuetano del asunto. Gracias…

  • El sentido de un final un gran libro que he leído y forma parte de mi biblioteca muy acertado los comentarios sobre los principios de una obra y el sentido del final. Gracias por todo. Orlando

  • Mucho qué decir! …
    Temazo y re temazo en literatura y cine! Un mal film es el que te deja como viendo un chispero!
    Estoy dividiendo la historia en dos, terminando la primera porción: es una saga. Al llegar a este punto encontré grandes vacíos y he ido viendo el final, siempre ha sido claro, sin embargo este blog me arroja mejores visiones!
    Para mí la novela son hilos conductores y vasos comunicantes, así no se digan. Además es, sobre todo, análisis! A qué le voy a gastar más de cien hojas??? Y para qué?
    Gracias!

  • Gracias por los consejos. Generalmente los incorporo a mi caja de herramientas.
    Lo bueno de autopublicar en Amazon es que puedes corregir el texto cuantas veces quieras. Hasta que quede profesional.
    Un abrazo

    • Cuidado con eso, Óscar. La obra que entregamos al lector debería ser siempre su mejor versión. En mi opinión, es mejor no publicar que publicar una obra que sabemos mejorable (y que, de hecho, mejoraremos); porque el lector va a darse cuenta de sus fallos y eso hará que tal vez ya no desee leer más cosas nuestras.

      Un abrazo.

  • Muchas gracias por este artículo del sentido del final. Me ha encantado.
    Estoy de acuerdo contigo en que el final debe ser ante todo coherente, bien ligado, con lo que cuenta la historia. También ajustarse a lo que el autor quiere contar, es decir, impregnar de ( más) sentido al texto para así redondearlo. Por eso creo que el final, de una manera u otra, se relaciona con el tema. Así, final- sentido- tema, forman un triángulo donde cada lado vertebra a los otros dos. De ahí se desprendería esa coherencia que mencionas.

  • Buenas tardes. Me ha encantado este artículo, como todos los demás. Pero éste me hacía mucha falta. En el último curso que hice sobre narrativa, siempre me corrigieron el mismo error, que hago finales muy cortos, desenlaces muy rápidos en relación al resto de la historia. Así que, muchas gracias por esto. Un saludo 🫡

  • {"email":"Email address invalid","url":"Website address invalid","required":"Required field missing"}

    Conviértete en el escritor que anhelas.

    ¿ESTÁS PREPARADO PARA EMPEZAR?

    Mejora tu técnica narrativa, dispara tu productividad, potencia tu escritura creativa y aprende cómo atraer a los lectores que quieres.

    Una vez que acabas tu manuscrito es momento de revisarlo y sacar a relucir todo su potencial, con una mirada externa y profesional.

    Transforma tu manuscrito en una obra impecable, con nuestra revisión ortotipográfica y de estilo que dejará tu original libre de errores y listo para enviar a una editorial o concurso.

    >
    Comparte esto con quien quieras