El escritor de brújula y sus caminos

Hace ya ocho años (tempus fugit) dedicamos un artículo a hablar de esas dos razas de escritores: los escritores de brújula y los escritores de mapa. En él enumerábamos sus características propias y hacíamos la recomendación, para los escritores noveles, de tener en cuenta la conveniencia de trazar un mapa que guie el trabajo, para no perderse en el viaje a través de la historia. Si quieres leer el artículo completo puedes hacerlo aquí.

Tantos años después, revisitamos este tema con ideas nuevas, las que dan ocho años de estudio y reflexión y de compartir ideas con vosotros, los escritores que tan generosamente nos acompañáis cada semana o hacéis nuestros cursos. De hecho, la idea de este artículo surgió de un comentario de uno de vosotros, que apuntaba:

Yo soy un escritor híbrido, con más tendencia a brújula, pero con un pequeño mapa para no ir perdido del todo, pudiendo elegir muchos senderos para llegar a un lugar.

Las etiquetas

Escritor de brújula… Escritor de mapa… Parece que necesitamos encasillarnos, ponernos una etiqueta: somos esto o aquello, así o asá. La realidad suele ser mucho más compleja y puede que, como el escritor que dejaba el comentario que copiamos arriba, tengamos simultáneamente rasgos de una y otra tipología. Porque la realidad es que cada escritor es único e, idealmente, debería tener un modo de trabajar (un proceso de escritura) que reflejase esa unicidad y se adaptase a sus circunstancias, modos de hacer, ideal literario, costumbres…

La cuestión no es ponerse la etiqueta de escritor de brújula o escritor de mapa. La cuestión es reflexionar con seriedad sobre quién eres tú como escritor y cuál es tu modo de trabajar.

Ahora bien, partir de esas etiquetas puede ser un buen comienzo. Soy escritor de mapa porque me ayuda tener un plano que me guie en el momento de ponerme a escribir. Soy escritor de brújula porque prefiero descubrir la historia mientras escribo y resolver los problemas sobre la marcha.

Pero la reflexión sobre el propio proceso de creación debería trascender esas etiquetas, superar ese punto de partida y seguir adelante. ¿Quién soy yo como escritor?, ¿cómo me enfrento al trabajo?, ¿qué dificultades suelo tener y cómo las encaro?, ¿qué he aprendido (o voy aprendiendo) de mi práctica de la escritura?… Un escritor que se tome en serio su oficio no debería quedarse en la visión superficial de ser de brújula o de mapa; debería ir más allá.

No hay muchos caminos

Pero, más allá de declarase escritor de brújula o escritor de mapa, y más allá de la necesaria reflexión sobre el propio proceso de escritura y el propio ideal literario, hay una realidad innegable: el escritor necesita pensar sus obras. Puede hacerlo por adelantado, puede hacerlo ya en marcha, pero pensar la obra, tomar decisiones, elegir y descartar es, justamente, la forma en que se escriben una novela o un relato.

Nuestro amigo mencionaba en su comentario la posibilidad de poder «elegir muchos senderos para llegar a un lugar». Esa es la cuestión: no hay muchos caminos. Hay uno. Podemos pensarlo por adelantado, antes de partir de viaje. O podemos descubrirlo sobre la marcha. Pero solo hay un camino, porque solo hay una manera de contar esa historia que quieres escribir.

Cuando comienzas a escribir tú ya tienes una idea, aunque sea general y somera, de la historia que quieres contar. Y solo hay una manera «buena» de contar esa historia. Tu trabajo consiste en averiguar cómo escribir esa historia de esa única manera buena. Y para ello tienes que reflexionar muy bien sobre lo que quieres contar y cuáles son las herramientas y recursos que te ayudarán a plasmar esa historia tal como la imaginas. Tienes que tomar decisiones.

El camino

Comparar la escritura de una obra literaria con un viaje, con recorrer un camino, parece muy adecuado, es una alegoría muy ilustrativa.

Lo primero, es necesario conocer el lugar desde el que se parte. Es decir, en qué momento comenzará tu historia. La historia que vas a contar tiene una línea cronológica, ¿en qué momento de esa línea situarás el comienzo?

Incluso los escritores de brújula deben tomar esa decisión por anticipado, o no podrán comenzar a escribir. Ahí tenemos la que puede ser la primera decisión. El escritor de mapa la tomará y la reservará, a la espera de las que vendrán después; hasta que no tenga el camino lo bastante claro no partirá. El escritor de brújula, por su parte, emprenderá el camino en cuanto la tome. Pero esa decisión primera ya determina en qué dirección va a marchar.

También conviene saber el lugar de destino, hacia dónde se dirigen el escritor y la historia: el final. El final alumbra la obra completa, le da su sentido, la historia adquiere su significado cuando la última pieza encaja y entonces el lector puede ver la imagen completa. Según sea el final, así serán el arco dramático del personaje y el arco argumental.

El lector de mapa toma también esa decisión por anticipado y la reserva. El escritor de brújula en ocasiones parte sin tener claro su destino. Y coincidirás con nosotros en que caminar sin un destino no es exactamente caminar; más bien es vagar o vagabundear.

¿Es esto malo? No. Solo significa que el escritor de brújula tardará (probablemente) más en recorrer su camino. Porque recordémoslo: solo hay un camino y el trabajo del escritor consiste en dar con él, sea por adelantado o sea sobre la marcha. En sus vagabundeos el escritor de brújula se meterá por senderos que son callejones sin salida, puede que se atore en terrenos pantanosos, se topará con obstáculos que tendrá que sortear… Pero igualmente irá encontrando la manera de avanzar; ahora le tocará retroceder, ahora pararse a meditar sobre cómo resolver una dificultad narrativa, después vislumbrará por fin cuál puede ser el desenlace, su punto de llegada…

El trabajo es el mismo que hace el escritor de mapa, pero enfocado de forma distinta. Mientras el segundo prefiere pensar las cosas por adelantado y tratar de determinar qué problemas puede encontrarse para sopesar soluciones con antelación, el escritor de brújula prefiere descubrir el camino y resolver sus dificultades sobre el terreno.

En cualquier caso, ambos escritores necesitan conocer sus herramientas, porque ellas son las que les van a permitir tomar buenas decisiones y resolver los problemas. Ambos piensan cosas como: si quiero ir por aquí, ¿qué recursos me permitirían hacerlo?; si me he topado con este obstáculo, ¿qué herramienta me ayudará a retirarlo?; si el final es aquel, ¿cómo pavimento el camino hasta él para que el lector lo recorra sin tropiezos y disfrutando?

El escritor que eres

El escritor que eres guarda una estrecha relación con la persona que eres. Si eres reflexivo, previsor, si te gusta planificar y calcular por adelantado para evitar sorpresas y sobresaltos, probablemente seas un escritor de mapa. Si eres una persona impulsiva, espontanea, a la que no le importa tomar decisiones sobre la marcha, lo más seguro es que seas un escritor de brújula.

Pero, como decíamos al principio, en realidad no existen solo esas dos categorías. Al final, el propio proceso de escritura demanda del escritor una gran flexibilidad.

Puede que seas escritor de mapa, pero cuando termines la fase de ideación y planificación y te lances a escribir te encontrarás con imprevistos, porque la parte dionisíaca del trabajo te sugerirá nuevas posibilidades no contempladas y tendrás que hacer nuevas valoraciones y tomar nuevas decisiones.

Puede que seas un escritor de brújula, pero eso no te eximirá de detenerte de tanto en tanto a reflexionar sobre la marcha de la historia y a resolver los problemas que la creación plantee.

En una palabra, el trabajo de escribir una novela es el que es. Descubrir esa manera única que hay de contar esa historia que imaginas requiere pensar, tomar decisiones, sopesar posibilidades. No hay forma de eludir ese trabajo, se haga cuando se haga —antes o durante— y se haga como se haga.

Lo importante es encontrar una forma de trabajar que te sea útil a ti, con tus peculiaridades, tus costumbres y tu manera de entender tu trabajo y tu proceso creativo. Más allá de cualquier etiqueta.

Si quieres conocer bien los recursos y herramientas con los que el escritor compone sus obras y resuelve sus dificultades creativas, además de llevarte un método de trabajo que te ayude a pensar tu obra con eficacia, sea que prefieras hacerlo por adelantado o sea que prefieras hacerlo sobre la marcha, te invitamos a que le eches un ojo al curso de novela. Su completo temario te ayudará a conocer los elementos del texto literario y la batería de hojas de trabajo te ayudarán a tomar decisiones sobre cómo vas a contar esa historia que imaginas.

Solo hay una edición de este curso al año, pero puedes unirte sin compromiso a la lista de espera y te avisaremos en cuanto haya una nueva edición a la vista. En este enlace tienes toda la información sobre el curso y encuentras el formulario para la lista de espera.  

Y ahora cuéntanos: ¿eres escritor de brújula?, ¿de mapa?, ¿o has dejado atrás las equiquetas y andas en busca de tu propia manera de hacer?


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  • Que buen artículo Natalia. Yo soy una escritora en formación, sin etiquetas, porque no me pongo títulos que aún no me corresponden.
    Creo que la escritura nace primero en el corazón y luego fluye según la verdad que estamos dispuestos a hablar.
    Se escribe desde lo vivido, desde lo sanado quizás y también desde lo que aún está en proceso.
    Siempre tendremos mezclas: de fe y de duda, de luz y oscuridad, de palabras y gramática imperfecta con intenciones sinceras.
    Y está bien, porque escribir no es aparentar perfección, sino caminar con honestidad mientras el resto se va formando.
    Mi humilde aporte.

  • Hola.
    Pues supongo que cada persona tiene su forma favorita de escribir una historia, aunque se entiende que algo de pensamiento previo ha habido.
    Yo soy una mezcla, se el principio,se el final( fundamental para mí, no se para otros) y se algunos momentos, pero luego la historia me lleva, a veces, por otros caminos . Eso sí, para la siguiente voy a planificar más.
    No estoy de acuerdo en que solo hay una manera correcta de escribir tu historia. De hecho, creo que hay muchas formas diferentes de escribir la misma historia.
    Un saludo

    • Hay muchas maneras de escribir una historia, pero solo una es la tuya. Tú sabes la historia que quieres escribir y tienes que ir haciendo elecciones y descartes para llegar a ella, desbrozando el terreno, hasta que queda limpio el camino. Pero solo hay un camino.

      Un abrazo.

  • Conoces el lugar. Sabes de él porque lees. Sabes de los autores y, en algún caso, de cómo llegaron allí. Pero era SU camino. Llegados con brújula o mapa (o un poco de cada) quién sabe…
    Los caminos, las sendas, se conocen al recorrerlos, no antes, por mucho que te los hayan explicado. Pero, sin duda, hay que ir preparado: a nadie se le ocurriría ir al Montblanc sin haber caminado nunca más allá de los viajes a la cafetera en la oficina, o del trayecto de la panadería al coche, o del coche al súper…
    Me permito un comentario de este pasado fin de semana. Cada domingo salgo con mi bici de montaña. Voy solo y no me alejo mucho de mi casa ni de zonas poco conocidas. Uno cree conocerlas todas, pero, de cuando en cuando, me meto por algún sendero nuevo esperando que sea transitable con la bici. Voy de manera intuitiva. Digamos que, para el caso, sería modo brújula. Sé dónde voy y por dónde amanece o se acuesta el sol; conozco los lugares y los montes, pero no todos los caminos y sendas que los recorren. Por eso, alguna que otra vez, me aventuro por alguno nuevo.
    Esta vez creía dirigirme a cierto valle, pero los giros y recovecos del bosque se empecinaron en llevarme la contraria. Al fin, la senda terminó de forma abrupta, ya que esta senda solo se usa para bajar la leña que calienta algunos hogares. Solo entonces miré el mapa en el móvil, que tenía en la mochila, para descubrir que estaba en mitad de ninguna parte. De haberlo consultado antes de tomar el camino me hubiera ahorrado… ¿qué? ¿El pedaleo? ¿Un trayecto a otro lugar conocido?
    Solo es una pérdida de tiempo si este viaje es para llegar a alguna parte concreta en un tiempo determinado, que hoy en día suele ser corto: esto es para ayer y debes hacerlo rápido para después hacer cualquier otra cosa…
    Pues no. De este trayecto nació otra historia. La razón de ir sin otra compañía que mi sombra no es otra que la de querer ser escritor: uno está solo consigo mismo; la mayoría de mis historias empiezan, se pulen, se modifican o mueren montado en el sillín de mi bicicleta…
    Bueno, perdón por el ladrillo, pero la práctica de este noble arte de escribir necesita de eso, precisamente; práctica… Sinjania me parece ser un muy buen lugar para practicar.
    Salut!

  • Muy buen post. Siendo un aficionado a escribir; reconozco que esto de brújula/mapa me obligó a revisar mi desorganización en su momento. Tiene que ver con la persona como bien dicen aquí. Trabajé toda mi vida en gestión de proyectos. La palabras plan, cronograma, diagnóstico, análisis, redacción fundada y otras generan un vicio por la perfección. Harto de eso, me he puesto ante el editor de texto en blanco y a por lo que aparezca. Lo disfruto. Pero muy cierto es, que llegará un momento donde acudiré a esos viejos hábitos para poner orden. Y también lo disfruto. Único problema a la vista: que la perfección no invite a la frialdad y a decir solo lo políticamente correcto. ¡Saludos!

  • Hola Natalia, durante mucho tiempo fui una escritora de brújula, me iba bien para escribir relatos.
    Escribía sobre la marcha porque tenía todo en mi cabeza. Soy una persona inquieta e impulsiva y cuando quise escribir una novela, me dí cuenta, de que esto de escribir sobre la marcha no me resultaba y comencé a hacer mis mapas mentales y organizar mi trabajo. También me dí cuenta de que al escribir algo mas grande que un relato necesitaba saber quién soy. Escribir con el corazón y la cabeza, no sólo con mi creatividad. Este artículo me ha dejado claro que si no me tomo en serio como persona nunca seré una buena escritora. Al interiorizar mi «historia» y conectar conmigo misma me facilitó el trabajo

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