Editores, escritores y calidad literaria

A principios de este año publicamos un artículo en el que explicábamos que la falta de calidad literaria era el principal motivo de rechazo por parte de las editoriales. El dato lo aportaba en su blog el agente literario y exeditor Guillermo Schavelzon: «Dos tercios de los originales que reciben los editores no tienen ningún atractivo ni calidad como para ser leídos completos».

Nuestro artículo quería poner el foco sobre la evidencia incuestionable de que una parte importante de los originales que reciben las editoriales no tiene la calidad literaria suficiente como para que el editor se tome el tiempo de leer la obra completa para juzgar su valor literario y comercial y decidir si encaja en su línea editorial. Es decir, que muchos autores dan por válidas y finalizadas obras en las que en realidad deberían seguir trabajando. Si te interesa el artículo completo, lo encuentras al otro lado de este enlace.

Cuando el artículo apareció, también cuando lo anunciamos en redes sociales, recibió algunos comentarios que apuntaban a esos tópicos con los que algunos escritores se consuelan: que en realidad se publican muchas obras sin ninguna calidad, que los editores solo buscan el beneficio económico, que solo se publica a famosos (sean escritores o no) o que si no se tienen padrinos o contactos en el mundillo es imposible llegar a publicar.

Todos esos argumentos pueden ser ciertos, al menos en parte. Pero no conviene quedarse con esa visión sesgada y, enrabietados y culpando a los demás, obviar la necesaria autocrítica. Es muy dificil que sin ella un autor alcance avances significativos en su obra y en su carrera.

Calidad literaria y calidad comercial

Que se publican obras de poca calidad literaria es innegable. Pero esas obras son a menudo libros que curiosamente tiene muchos lectores y, por tanto, se venden muy bien. Son obras, entonces, de poca calidad literaria, pero de mucha calidad comercial. ¿Por qué los lectores eligen esas obras?, ¿qué tipo de lectores son quienes las prefieren? Esa es una cuestión de muchas caras que merecería ser tratada aparte, aunque algunas de esas preguntas ya quedaron resueltas cuando, hace años, hablamos de la fórmula para escribir best sellers.

Es sabido que las grandes editoriales tienen sellos dedicados a publicar literatura meramente comercial. Y muchas editoriales literarias tienen su best seller en la manga cuyas ventas les permiten seguir apostando por la calidad en sus otros títulos. De nuevo Guillermo Schavelzon habla de este peculiar fenómeno en un artículo de su recomendable blog.

Porque, sí, los editores quieren ganar dinero con su negocio. Es una aspiración legítima tan obvia que no debería sorprender a nadie. Ahora bien, hay editores y editores.

Los dos tipos de editores

En su libro Edición y literatura, Eva Ariza Trinidad lo explica muy bien. En principio, a todo editor se le suponen unos conocimientos literarios suficientes para desempeñar con criterio su oficio, además de un interés genuino por la literatura. Ese interés es justamente lo que le lleva a dedicarse a la edición. Por supuesto, los tipos de literatura en los que se interesa el editor pueden ser muy variados, distintos editores defienden distintos tipos de literatura, lo que se refleja en su línea editorial y en las colecciones que publican; y eso es algo estupendo, porque fomenta la bibliodiversidad. Pero, como es lógico, ese editor también tiene intereses comerciales, que derivan de la necesidad de que las obras que publica se vendan para asegurar la pervivencia de su empresa. Si no vende sus libros, la editorial quiebra y el editor ya no puede defender ni a sus autores ni el tipo de literatura que le gusta.

Pero hay otro tipo de editores:

Los grandes grupos suelen tener un director editorial, que coordina las tareas de los demás departamentos. A la persona que ocupa este cargo también se le llama «editor», quizá porque conoce el proceso de producción de los libros, pero sus destrezas son fundamentalmente financieras, no literarias. Suele llamarse «editores» a este tipo de directores por la actividad de la empresa que dirigen, pero en ellos solo recae la tarea de lograr que la editorial sea productiva —de hecho, sus discursos suelen centrarse en estrategias comerciales y no en reflexiones sobre las perplejidades de la literatura—.

A pesar de la existencia de ese tipo de editores y editoriales, enfocados en lo comercial, lo cierto es que escritores y lectores siguen confiando en la figura del editor, en su labor mediadora y selectiva; como lo demuestra el hecho de que, a pesar de darse las posibilidades técnicas de la autopublicación, la mayoría de los lectores sigue eligiendo libros publicados por editoriales y numerosos autores siguen eligiendo la edición tradicional para poner sus obras a disposición de los primeros.

Entonces, y volviendo al asunto que nos ocupaba, esgrimir que una parte de lo que se publica no tiene calidad, cuando se menciona la realidad de que muchos de los rechazos editoriales se deben precisamente a ese motivo, es un consuelo tramposo. Porque la realidad es que también se publican muchos libros que sí tiene calidad (y sí, también de escritores noveles y desconocidos).

Saber distinguir

Un lector debe tener el conocimiento y la perspicacia de comprender a qué tipo de libro se enfrenta cuando toma uno de la mesa de novedades. ¿Qué tipo de editorial lo ha publicado? ¿Es una obra comercial o literaria?

Si se trata de una obra literaria, hay que distinguir entre calidad y gusto personal. Puede que haya obras de calidad que no nos gustan porque el tipo de literatura que defiende su editor no armoniza con el nuestro.

Pero si un lector —suponemos a los escritores también lectores— toma el último libro de un influencer de moda publicado por una gran editorial no debe sorprenderse de no encontrar calidad literaria en él. Ese libro no es una obra literaria, es un producto de consumo de masas.

De un escritor se espera que tenga cierto conocimiento sobre cómo funciona el mercado editorial y el ecosistema que alimenta, que sepa distinguir no solo entre los distintos tipos de editoriales (comerciales y literarias), sino también entre las obras que estas dan a la luz.

Cuando un escritor se queja de que se publican obras sin calidad, demuestra no conocer el medio editorial en que se mueve (lo cual siempre es perjudicial para un escritor). Y obvia el hecho de que el que se publiquen todas esas obras de poca calidad no dificulta su acceso a la publicación. Porque la editorial o el sello que publican a un influencer rara vez publicará a un autor literario. Y el público que consume los títulos de una editorial comercial rara vez se interesará por un autor literario. Son dos circuitos distintos que coexisten sin tocarse.

De modo que cuando hablamos de falta de calidad hablamos de las obras que aspiran a ser literarias y a ser publicadas por editoriales literarias. Esgrimir la queja de que sí se publican obras sin calidad parece un reconocimiento implícito de que, en efecto, la propia obra no tiene calidad; es como si el escritor dijera: «Puesto que se publican obras sin calidad, ¿por qué no la mía? Yo también tengo derecho, aunque no sea un famoso mediático».

O una acusación soberbia que parece decir: «Los editores no saben nada de literatura porque, de otro modo, ¡me hubieran publicado a mí!». El mensaje suena un tanto soberbio porque da por sentada la ignorancia de los editores (a todas luces falsa) y da a entender que el escritor tiene un mejor criterio (aunque más bien suena a falta de imparcialidad).

En vez de acusar a los editores o a otros autores, lo que el escritor debería hacer al conocer que dos terceras partes de los rechazos editoriales se deben a la falta de calidad sería emprender un ejercicio de autocrítica. ¿Tiene mi obra la calidad deseable?, ¿he trabajado con toda atención y seriedad en ella?, ¿aporta una mirada novedosa y original o me he dejado llevar demasiado por la línea de las lecturas que acostumbro a hacer o por la moda?, ¿hago un buen manejo de mis recursos y herramientas, comenzando por la básica de escribir sin faltas gramaticales? En general, ¿hay algo que pueda hacer para mejorar mi obra?

Es ese interrogarse de continuo sobre la propia obra lo que conduce a la calidad. Y es la calidad la que puede abrir la puerta de la publicación.

11 COMENTARIOS


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  • Me pareció muy interesante este blog, es verdad que muchas editoriales se les nota, no tanto el interés de publicar la obra del autor presentándola sin faltas de ortografía, muletillas etc, sino lo importante para la editorial es cobrar poniendo unos precios exagerados casi imposibles de costear. Me he topado con editoriales que simplemente no contestan, no dicen si la obra vale la pena publicar o no, o si requiere de muchos cambios, simplemente no contestan y uno como escritor está esperando mes con mes una respuesta, está uno consciente que para el editor es un negocio, sin embargo le dejan a uno la sensación de quererle sacar más que una buena obra; dinero. También he notado que a mucha gente le gusta leer cosas sencillas, sin mucha profundidad. En fin, esta es mi experiencia al respecto. Gracias.

    • Hola, Tayde:

      Apuntas varias ideas interesantes, pero que no conviene confundir.

      Por un lado, es necesario indicar que quienes cobran al autor no son editoriales, no al menos de las que mencionamos en el artículo.

      No queremos meterá a todas las empresas que cobran al escritor por publicar en el mismo saco, porque hay empresas de coedición eficientes y profesionales. Pero también las hay que, en efecto, prometen al lector una calidad editorial y una difusión que no están en condiciones de ofrecer (aunque cobran como si lo fueran). En este artículo hablamos de los distintos tipos de editoriales: https://www.sinjania.com/publicar-un-libro/

      Por otra parte, es cierto que a menudo los editores no contestan al envío de originales por parte del escritor. Haciendo de abogados del diario, diremos que las editoriales grandes reciben miles de manuscritos y las pequeñas y medianas, cientos. En el caso de las pequeñas editoriales, disponen de pocos recursos humanos como para destinar a una persona a enviar correos de rechazo en respuesta a los cientos de escritores que les hacen llegar su obra.

      Por otra parte, como comentábamos en este otro artículo (https://www.sinjania.com/falta-de-calidad-literaria-el-origen-del-rechazo-editorial/), muchos editores consideran que no es su trabajo indicar al escritor dónde falla una obra cuando la descartan, porque no son profesores de creación literaria.

      Por último, si una editorial no responde, la práctica dice que el autor puede tomar ese silencio como un no.

      Un abrazo.

  • Muy buen artículo, como siempre. En estos días me pasó de leer un libro de alguien que tiene varias publicaciones, alguien «conocido en el medio». Y para mi gusto, tenía errores graves, de todo tipo: El lenguaje, la incoherencia de algunos hechos, la inverosimilitud de la trama. Para mis adentros es un impulso a seguir escribiendo: Me creo capaz de escribir algo mejor, asique si se publica algo así, seguro que lo mío puede ser publicado. Capaz debo tener un poquito menos de autoexigencia.

    También recuerdo comentarios de Stephen King, por ejemplo en «La historia de Lisey». El producto final es una obra muy buena, muy bien escrita y que te sumerje en la historia (he leído cosas flojas de King y esta es de las potentes) En el comentario final el propio autor dice que cuando le entregó el manuscrito al corrector este se lo entregó garabateado por todas partes: Es decir SK se había pasado por alto miles de cosas mal escritas y tuvo que reelaborar todo eso.

    Saludos, y gracias por todo lo que hacéis.

  • Un artículo muy interesante. Soy escritora novel y desconocida y escribo una novela juvenil de género fantástico y romance. ¿Me podrían decir una editorial literaria cuya linea editorial encaje con mi libro?

  • Ciertamente estoy absolutamente de acuerdo con lo que comentas y escribes en este artículo, pues yo mismo he sufrido este apartado del editor en alguna ocasión y luego he dado con otros editores que han dicho justamente todo lo contrario sobre mi obra. En la actualidad voy a publicar una novela que se titula “TODO ES AIRE MENOS TU” Y he topado con la cruda realidad de alguna editorial , que la ha rechazado sin dar demasiadas explicaciones y otras diciendo que es una buena obra que merece ser publicada , pero que no encaja en la línea Editorial. Ahora si tengo Editorial y resulta que la obra es de Maximo interés por lo tanto estoy muy muy de acuerdo con todo lo que propones y escribes. Gracias y saludos

  • Control de calidad: la palabra «enrrabietados» se escribe con doble r. En otros blogs se puede pasar por alto, aquí no. Les felicito por su buen hacer en pro de la literatura. Existe un grave problema de formación literaria que ha generado malos escritores y peores lectores. Pero los buenos, los buenos escritores de verdad, siempre consiguen llegar a su público y, tarde o temprano, encuentran el mejor camino para ello. Que se lo pregunten, por ejemplo, a Andrea Abreu. No creo que a ella le haya resultado fácil, pero ha llegado, entre otros miles de lectores, a mí, que aún disfruto de «Panza de burro».

  • Hola Sinjania.
    Escribir un libro no es fácil, y más si es el primero. Se requiere conocimientos a base de leer mucho y aprender de los maestros. Además de formación académica.
    Con lo cual reconocer que tenemos fallos es muy humilde, y eso, nos pone en el camino de ser escritores.
    Cierto es que acabar un manuscrito no es tener el libro terminado, hay que corregir, quitar, poner, volver a corregir. Dejar la obra reposar, retomarla y continuar con los arreglos. Inclusive tener opiniones de terceros o lectores 0 que nos ayuden.
    A veces los deseos de ver nuestro libro publicado, nos hace precipitarnos y cometer el error de darlo al editor con infinidad de errores.
    Hay que aprender a controlarse, y a aceptar los consejos de los editores.
    Pero sí es cierto que es un camino muy complicado por ser desconocidos. Un famoso ya tiene asegurado la edición de su libro sin ser escritor. La editorial se encarga de ponerlo en condiciones para la venta. Esa ventaja no la tenemos los mortales de a pié.
    Un saludo cordial.

  • Ocurre que además el escritor muestra su obra a parientes, amigos, los que obviamente lo encuentran fantástico y lo envía a un editorial muy ilusionado. El rechazo suele ser durisimo. Es duro exigible autocritica.

  • Me encanta la visión de este artículo. Estoy de acuerdo con todos sus planteamientos.
    En realidad, creo que todos (escritores, lectores, editores y la población en general) deberíamos hacer autocrítica sobre la calidad literaria de lo que se publica, de lo que compramos y de lo que leemos. Al menos, como bien decís, deberíamos comprender que la palabra «literatura» no incluye todas y cada una de las publicaciones que encontremos en librerías o en la web.
    Por mi profesión, me encuentro con estos problemas más a menudo de lo que desearía: autores que quieren publicar hoy mismo sin pensar si merece o no la pena su obra; autores que rehúyen de cualquier corrección poniendo excusas; autores que se creen autores antes de publicar su primera obra… Y la falta de calidad aparece en cualquier detalle y ensombrece la obra: en un contenido poco interesante, en una estructura caótica, en una falta de corrección lingüística, en las prisas por vender…
    Aunque, por suerte, la pregunta que se plantea en el artículo: «¿Hay algo que pueda hacer para mejorar mi obra?» tiene una respuesta muy clara: SÍ. Acude a un lector beta, alguien fuera de tu entorno que se lea la obra con ojo crítico. Acude a un corrector, alguien que sepa comprender tu texto y te ayude a llevarlo a la excelencia. Acude a profesionales, que para eso están.
    Pero antes, debes estar dispuesto a aprender, dejarte llevar y, en algunos casos, desistir. Os aseguro que, si un autor quiere convertirse en un escritor, lo conseguirá aunque el camino no sea fácil ni veloz.

  • ¡Hola! Me pareció muy interesante este posteo, sobre todo porque son cosas que se estan viendo hoy en el mercado. Lamentablemente creo que es importante resaltar hoy el contexto en el que se esta moviendo la industria: bookstagrammers, influencers y wattapad. He visto muchos editores buscando escritores en estas plataformas (ig y wattapad), ciertamente en muchos casos han salido creaciones buenas e interesantes. Pero también he visto casos de pobreza literaria y que, sin embargo, grandes editoriales han publicado esos libros, simplemente porque quien los escribia tenia x cantidad de seguidores. Sin dudas como escritor es muy importante perfeccionarse, conocerse, conocer aquellas cosas que aún están flojas y deben mejorarse y también conocer a qué mercado apunta, y empezar a buscar editoriales en consecuencia a eso.

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